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¡Adiós, Mr. Chips! de James Hilton
Mr. Chips vive tranquilo en la casa de huéspedes de la señora Wickett, justo al lado del colegio Brookfield, en el que enseñó durante toda su vida. Mr. Chips recuerda perfectamente el rostro de cada uno de sus alumnos y siempre tiene preparadas un montón de anécdotas divertidas para los numerosos ex-alumnos que le visitan casi a diario para tomarse un té con su viejo profesor. Pocos saben que una vez estuvo casado con la extraordinaria e inteligente Katherine, aquella jovencita sufragista que plantó cara a su recalcitrante conservadurismo y llenó su vida de luz. Así era Katherine, capaz de darle el toque de atención que necesitaba justo cuando sus políticas didácticas en Brookfield se estaban volviendo grises y aburridas, capaz de llenar de ternura su mirada de profesor y convertirlo en uno de los maestros más queridos por sus alumnos, en toda una leyenda imperecedera después de casi cincuenta años de enseñanza.
«Pero lo que más recuerdo son sus caras. Nunca las olvido. Tengo millares de rostros en la memoria, las caras de todos los chicos del colegio. Si ustedes vienen a visitarme en los años venideros, como espero que harán, trataré también de recordar sus caras de adulto, aunque no les prometo nada (…). Les recordaré siempre como les conocí en Brookfield, ¿qué culpa tengo yo de que ustedes se empeñen en cambiar? Tomé las instantáneas para mi memoria en clase, en el patio, en el campo de juegos, y allí siguen siendo siempre niños, con las miradas brillantes, la risa y los cabellos al viento, ingenuos y alegres ¿Les parece mal que les conserve frescos en la memoria y me resista a dejarlos envejecer, a volverse obesos y calvos?«

James Hilton (Lancashire, Inglaterra 1900 – California, EUA 1954) fue un escritor inglés de ficción conocido sobre todo por Horizontes lejanos, llevado a la pantalla por Frank Capra. En ¡Adiós, Mr. Chips! Hilton nos presenta a un personaje único, excéntrico, divertido y entrañable, un viejo profesor que rememora su vida académica y personal en el ocaso de su vida. Mr. Chips sabe que a principios del siglo XX, Inglaterra no va a tenerlo todo tan fácil y sencillo como durante el largo reinado de la Reina Victoria, intuye que se avecinan tiempos tormentosos e intenta alegrar la vida de sus alumnos para hacerles sentir a salvo y seguros en Brookfield, porque los niños que se saben queridos serán los hombres fuertes del futuro. Mr. Chips no flaquea, siempre haciendo sonreír a sus alumnos, siempre, pese a que la Gran Guerra se lleve a muchos de ellos y las bombas caigan sobre las aulas de Brookfield mientras él está impartiendo clase de latín (magnífico capítulo).
¡Adiós, Mr. Chips! no es una novela sobre enseñanza o métodos didácticos, ni mucho menos, ni tampoco una oda al trabajo del profesorado inglés a principios del siglo XX, tampoco. Es la historia de un profesor que, pese a no ser el mejor de los profesionales, supo tender una mano a sus alumnos y hacerles sonreír pese a la dureza de los tiempos que corrían en la Inglaterra de la Gran Guerra. Con una prosa sencilla, muy inglesa y elegante, Hilton crea a través de su propia memoria un personaje entrañable que conmueve al lector con su actitud ante la vida pero, sobre todo, con su capacidad de escuchar a los demás, ser capaz de cambiar con el siglo y amar con generosidad. Divertídisimo el humor inglés del personaje, presente en cada anécdota recordada y en los diálogos de la novela.
Quizás antecedente de El club de los poetas muertos, recomiendo al lector que no se pierda la versión cinematográfica de 1969 de ¡Adiós, Mr. Chips!, protagonizada por Peter O’Toole y dirigida por Herbert Ross.

Lector, emoción, ternura, risas y alguna lágrima si te pasas a tomar el té con Mr. Chips y dejas que te explique sus batallitas en Brookfield. Te quedarás con ganas de más.
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Apocalipsis para principiantes de Nicolas Dickner
En agosto de 1989, Michel Bauermann tenía dieciséis años y llevaba una existencia tranquila y sin complicaciones en un pequeño pueblo de Québec, Rivière-du-Loup. Su padre había heredado el negocio de la fábrica de cemento de sus padres, estaba preocupado por la falta de interés de sus hijos en continuar el legado familiar y solía lucir una fabulosa sonrisa a lo Paul Newman. Su madre cuidaba de todos ellos y reunía a todo el clan por acción de gracias. Pero en el verano de 1989, el destartalado coche de Anne Randall, en plena huida existencial, se rinde a las fueras de Rivière-du-Loup y ella y su hija Hope deciden quedarse a vivir allí. Las Randall tienen una larguísima lista de antepasados locos, una enorme familia totalmente obsesionada por predecir la fecha del fin del mundo, con sus particulares visiones del Armagedon y una colección casi infinita de enfermedades mentales. Hope parece ser Randall solo a medias, y aunque asegura no estar obsesionada por predecir el fin del mundo, lo cierto es que para los convencionales Bauermann resulta una chica bien extraña. Para Michel, quién a partir de entonces fechará aquellos días de televisión y búnker como el tiempo que pasó junto a la excepcional Hope Randall, ya nada volverá a ser igual a partir de ese verano de 1989.
«-¿Alguien puede nombrar otro relato apocalíptico de la Biblia? (…)
-El Diluvio
-¿Y qué podrías decirnos sobre el Diluvio? (…)
-Que es un relato sospechoso. (…) Yavhé desencadena el fin del mundo seis páginas después de haberlo creado. Muy mal debió de haberle salido la primera creación ¿no le parece?«

Apocalipsis para principiantes es la historia de una amistad a prueba de bombas nucleares: la tierna, ingenua y extraordinaria relación entre Michel Bauermann y la excéntrica Hope Randall. Michel es un chico de raíces sólidas y entorno tranquilo, Hope es una nómada que ha tenido que cuidar de su madre desde la infancia. Dos náufragos que se encuentran y se aferran fuertemente de la mano mientras asisten boquiabiertos a la caída del muro de Berlín, a los bombardeos norteamericanos sobre Kuwait o a la posterior guerra de Irak. La mirada de Michel, tiernísima, sincera, desgrana con encanto y mucho humor los años en los que él y Hope fueron compañeros de búnker.
Nicolas Dickner recrea la adolescencia de unos niños occidentales que crecieron en plena guerra fría, con la amenaza constante de un ataque nuclear soviético como parte de una realidad cotidiana probable.
«Crecí en un mundo obsesionado por el apocalipsis.
En el patio de la escuela primaria, el holocausto atómico era un tema de conversación como cualquier otro. Entre rayuela y rayuela, hablábamos de búnkeres, radiaciones, plutonio y megatones.«
Por eso cuando Michel entiende parte de la visión del mundo de Hope, la acepta como algo natural, algo probable. Incluso cuando cae el muro de Berlín, las guerras se suceden, el cambio climático es una amenaza muy real y las religiones del mundo siguen profetizando el horror y la muerte.
Dickner escribe con soltura y mucho ingenio una historia divertida y llena de ternura, en donde los protagonistas (vulnerables, inteligentes, perdidos) se hacen con el cariño del lector desde las primeras páginas. El autor hace gala de una prosa sencilla, precisa, sorprendente a la hora de descontextualizar adjetivos y curiosamente divertida cuando roza las imágenes más poéticas (imágenes delicadas, surgidas de lo cotidiano, con la nítida belleza de un haiku). Por todo ello, Apocalipsis para principiantes en una novela curiosa de personajes encantadores y trama discretamente errante (muy buena en su planteamiento inicial y hasta la mitad del libro) pero que adolece de cierta ida de olla algo innecesaria en sus últimos capítulos.
Lector, cuando el paquete de fideos chinos deshidratados marca que la fecha del fin del mundo es el 17 de julio de 2001, nada debería ser más importante que el muchacho enamorado que nos coge de la mano al otro lado del sofá.
Muchas gracias a Ediciones Siruela por el envío del ejemplar.
Esta reseña forma parte de la iniciativa del Equipo de Redactores de Momentos de Silencio Compartido.
También te gustará: El tipo más raro del mundo; Mi familia y otras especies en extinción; La tienda de los suicidas
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El proyecto esposa de Graeme Simsion
Don Tillman está a punto de cumplir cuarenta años y cree que ha llegado el momento de emparejarse de por vida y tener una familia propia. Es inteligente, atractivo, con sentido del humor y buen trabajo como profesor adjunto de genética en la Universidad de Melbourne, ¿por qué le cuesta tanto encontrar novia? Quizás por su poca habilidad social, su falta de empatía y sus dificultades para entender las expresiones humanas. Aplastantemente lógico y racional como es Don, crea un cuestionario previo que todas las candidatas a una primera cita con él deberán cumplimentar y aprobar. Se pone en marcha el Proyecto Esposa: vegetarianas estrictas, fumadoras, impuntuales y malas en matemáticas abstenerse. Cuando sus dos mejores amigos intentan convencerle de ser algo más flexible en sus requisitos, aparece Rosie, la chica más hermosa del mundo. Don la descarta en seguida como aspirante a Proyecto Esposa, pero sin embargo le resulta imposible no ayudarla en su propia búsqueda, pese a los problemas que ésta le va a ocasionar.

La clave de El proyecto esposa está en su peculiar narrador, Don Tillman, un profesor con síndrome de Asperger que, pese a su temible inteligencia y a las pistas de sus amigos, es incapaz de diagnosticarse. Encantador por su vulnerabilidad ante las trampas de la interacción social, Tillman se convierte en un protagonista entrañable y divertido con el que el lector se va identificando poco a poco hasta compartir con él su original punto de vista sobre el mundo y sus habitantes. Sin duda, se trata de un personaje logrado, muy bien construido, alrededor del cual gira toda una trama de equívocos y situaciones divertidas. Y aunque el resto de protagonistas no tienen una profundidad psicológica similar, lo cierto es que aportan el contrapunto perfecto para la progresión de Tillman.
Sorprendentemente, cuando el lector empatiza con este obsesivo protagonista, es capaz de contemplar desde su punto de vista lo absurdo de la comunicación humana ¿Por qué las personas dicen lo contrario de lo que sienten? ¿Somos conscientes de que muchas convenciones sociales están basadas en el absurdo y la hipocresía? Las emociones son complejas, es cierto, pero muchas veces las soluciones sentimentales serían más sencillas si se actuase con mayor sinceridad, con más «literalidad emocional».
Graeme Simsion es un escritor con talento, muy bueno a la hora de meterse en la piel de su protagonista y adaptar toda la sintaxis, todas las expresiones y los diálogos, a la robótica forma de hablar y de pensar del peculiar Don Tillman. Toda la novela funciona precisamente por ese registro del autor tan bien pautado y conseguido, seguramente inspirado y bien documentado por los años como informático de Simsion o, al menos, por su estrecha relación con la lógica computacional y los hombres de ciencias. El resultado es una novela divertidísima, con diálogos muy ingeniosos y una trama sencilla que da mucho juego precisamente por sus personajes y sus circunstancias personales. Atención al hermoso gesto final de un protagonista que se siente capaz de cambiar su propia esencia por amor, aunque para ello tenga perderse él mismo por el camino. Sin duda, una lectura espléndida por su sentido del humor y sus inteligentes planteamientos, pero también por el ingenio del autor, su estupenda prosa y la ternura de su mirada de escritor (aunque sea de ficción).
Lector, te presento a Don Tillman, un personaje que te hará reír y pensar. Imposible no encariñarse con él, pese a sus absurdos proyectos.
Muchas gracias a Ediciones Salamandra por facilitarme el ejemplar.
También te gustará: Mi familia y otras especies en extinción; Las normas de la casa
Esta reseña ha sido publicada en el blog Momentos de Silencio Compartido como colaboración en la iniciativa de Equipo de Redactores.
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El pasaje de Justin Cronin
En unas instalaciones secretas militares de Colorado, un cientifico experimenta con cobayas humanas en busca de una solución para todas las enfermedades mortales. Los sujetos experimentales han sido elegidos entre presos del corredor de la muerte, asesinos, psicópatas y monstruos confesos a los que nadie echará de menos. Wolgast y su compañero son los agentes federales encargados de recoger a los condenados y llevarlos hasta el laboratorio, pero cuando les ordenan que vayan a recoger a Amy, una niña huérfana de seis años, ambos comprenden que su trabajo ha llegado demasiado lejos. Todo se precipita cuando se produce un inesperado fallo de seguridad en las instalaciones militares y los doce infectados con el virus escapan sembrando la muerte y el horror allá por donde pasan. Wolgast consigue salvar a Amy pero la humanidad ya está perdida ¿Cómo sobrevivir a la plaga de los doce? Espeluznantes, casi invencibles, sobrehumanos, escaparan a todo control con el único propósito de exterminar a todos los seres humanos. Atacan por la noche, de tres en tres, devoran a las personas o las convierten en monstruos. Y no hay cura conocida para el virus.

Se cuenta en el mundo editorial norteamericano que cuando Justin Cronin presentó El pasaje, las editoriales entraron en guerra por hacerse con sus derechos de publicación. Lo cierto es que, independientemente de su calidad literaria, Cronin ha escrito una novela totalmente fascinante, capaz de hipnotizar a cualquier lector, incluso a los que no son aficionados a la ciencia ficción.
Sus atractivos evidentes son muchos y diversos: buenos personajes de psicología compleja, bien construidos y carismáticos; estupendas escenas de suspense, de acción, de terror, emocionantes y trágicas; un buen ritmo sostenido de narración con varios clímax de infarto; y secuencias casi cinematográficas (parece ser que Ridley Scott ya tiene los derechos para llevar El pasaje a la pantalla grande). El pasaje recrea un escenario postapocaliptico en el que la humanidad vive al borde de la extinción por culpa de unos monstruos inmortales creados en un laboratorio. Cronin no omite nada en la historia, desde el descubrimiento del virus hasta los últimos pobladores humanos acosados por los virales. De esta manera, el lector tiene las claves del origen de la tragedia pero también un montón de misterios que resolver cómo quién o qué es Amy, porque era distinta antes de ser infectada por el virus, cuáles son las intenciones de los doce, qué son los sueños recurrentes de los humanos, etc.
Cronin escribe con fluidez y sabe crear atmósferas y situaciones con originalidad y eficacia. Destaca su buen pulso a la hora de alternar tiempos narrativos y hacer confluir lineas argumentales y personajes, así como la voluntad de sorprender y mantener en vilo al lector. Se trata de una historia monumental, original (pese a tema postapocaliptico o de los monstruos devora personas) y muy adictiva, que atrapa desde sus primeras frases y durante sus algo más de mil páginas.
Lo mejor: los personajes, las tramas, las escenas cinematográficas y el miedo que te hace pasar. Toda la historia funciona extraordinariamente bien, convence y atrapa.
Lo peor: el exceso de páginas (se podrían eliminar algunos capítulos que no aportan demasiado), que no es autoconclusiva (el lector se queda con un montón de preguntas al final) y que se trata del primer libro de una trilogía.
Lector, una monumental historia coral sobre el fin de la humanidad que te dejará sin aliento.
También te gustará: El año del diluvio; Spin; The Relic
Descubrí esta novela por una recomendación de Isi. Gracias, compañera, tenías razón!!
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¡Abajo el colejio! de Geoffrey Willans, ilustrado por Ronald Searle
Ola, mi nombre es Nigel Molesworth y en este libro os voy a ablar un poco de como es mi colejio, mis profesores y el direztor. Mi colejio se yama san custodio y apenas quedamos un puñado de balientes y agerridos muchachos porque casi todos son unos barbilindos, como mi ermano molesworth-2. Este colejio de San Custodio es un sitio a donde los padres nos lleban para desacerse de nosotros, prebio pago de tope dinero. En lo mas alto de la cadena alimenticia esta el direztor, que solo piensa en como atizarnos bien atizados y en escaquearse todo lo posible mientras recauda fondos entre los padres mas ricachos del colejio. Luego estan los profesores, que suelen ser más o menos pasables dependiendo de sus asijnaturas. Y por ultimo estamos nosotros, los pazientes heroes que sobrebiben dia a dia a esta tortura colejial.
«Mientras tanto se descubrieron los libros y un montón de gente aprendió a leer. Tampoco es que sea para tanto por que asta alguien como molesworth-2 sabe leer, pero ellos pensaron que era fabuloso y eso llebó a una trajedia muy grande: de paso inbentaron el colejio… Tanbién llebó al CONOCIMIENTO.«

La siempre extraordinaria Editorial Impedimenta vuelve a deleitar (y sorprender) a los lectores con ¡Abajo el colejio! una estupenda historia con el más genuino humor inglés contada desde el punto de vista de Nigel Molesworth, un alumno de armas tomar. Sarcástico, desesperanzado sobre las posibilidades de San Custodio, pero siempre valiente y demoledoramente sincero a la hora de informar sobre asignaturas y profesores, Nigel ofrece todo un manual de supervivencia para el colegial inglés.
«La historia enpezó mal y desde entonces ha ido a peor. Pasa como
cuando a peason y a mi nos descubren cada vez que vamos a fumar al
jardín ¡Sienpre caen los mejores onbres! (…) Por último nos machacaron
los yankis que tiraron nuestro té en el puerto de boston vestidos de
indios. Ese fue el fin de todo.» (Sobre la asignatura de Historia).
cuando a peason y a mi nos descubren cada vez que vamos a fumar al
jardín ¡Sienpre caen los mejores onbres! (…) Por último nos machacaron
los yankis que tiraron nuestro té en el puerto de boston vestidos de
indios. Ese fue el fin de todo.» (Sobre la asignatura de Historia).
¡Abajo el colejio! es una lectura divertida e ingeniosa que mantiene la sonrisa del lector de capítulo en capítulo y que resulta muy refrescante por su capacidad de sorprender y noquear a golpe de consejo disparatado. Además, las ilustraciones de Ronald Searle son tan ingeniosas y divertidas como el texto de Willans. Y la magnífica traducción de Jon Bilbao, que tuvo que luchar a brazo partido con su corrector de word y sus diccionarios, hace de esta lectura un placer inesperado.
Lector, para adictos al humor británico de internado inglés.
También te gustará: Y a mi sobrino Albert (…); Doctor en Irlanda; Jovencitos con botines
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Etiquetado feelgood, humor literario, Libros excéntricos, Novelas adorables
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