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Archivo del Autor: Monica
Bailén de Benito Pérez Galdós
Gabriel despierta herido en casa de Gregoria y El Gran Capitán, mote jocoso que recibe el entrañable
viejo soldado Santiago Fernández, asistente del marqués de Sarriá por
aquellos tiempos remotos. Fue Juan de Dios quién
lo encontró y le puso en manos del Gran Capitán a instancias de una
desesperada Inés, que anda desaparecida y desconsolada en la creencia de
que Gabriel está muerto. Por
todo el país corren rumores y noticias exageradas y fantásticas sobre
la formación de ejércitos españoles en los cuatro puntos cardinales, y
las sucesivas derrotas y desplantes de las tropas francesas. Pero Gabriel no tiene más pensamiento que reencontrarse con Inés y hacerle saber que sigue vivo; por eso, en
cuanto se recupera, corre a casa de la marquesa pero
allí le informan de que toda la familia se ha ido a Córdoba. Y nuestro
héroe no lo duda ni un instante, hacia Córdoba se ha dicho. Acompañado
por un misterioso personaje, Santorcaz, y por un joven sirviente que
encuentran por el camino, Andresillo Marijuán, sus pasos le encaminan
hasta Bailén. Allí recalan en casa de la condesa de Rumblar, el ama de Marijuán,
pero pronto deciden alistarse como soldados e incorporarse a la pequeña
comitiva del hijo de la condesa (por una peseta al día, además del
equipo necesario), que va a luchar por su patria contra el francés para
salvaguardar el honor de la familia. Gabriel lo tiene fácil para
localizar la casa de Amaranta en Córdoba pues, extrañamente, el
primogénito de la condesa de Rumblar lleva unas cartas con su dirección.
Pero cuando llegan a la ciudad, ésta ha sido asaltada por el enemigo. A partir de entonces, los acontecimientos bélicos se precipitan y Gabriel se ve envuelto en una de las batallas más decisivas de la Historia de Europa.
viejo soldado Santiago Fernández, asistente del marqués de Sarriá por
aquellos tiempos remotos. Fue Juan de Dios quién
lo encontró y le puso en manos del Gran Capitán a instancias de una
desesperada Inés, que anda desaparecida y desconsolada en la creencia de
que Gabriel está muerto. Por
todo el país corren rumores y noticias exageradas y fantásticas sobre
la formación de ejércitos españoles en los cuatro puntos cardinales, y
las sucesivas derrotas y desplantes de las tropas francesas. Pero Gabriel no tiene más pensamiento que reencontrarse con Inés y hacerle saber que sigue vivo; por eso, en
cuanto se recupera, corre a casa de la marquesa pero
allí le informan de que toda la familia se ha ido a Córdoba. Y nuestro
héroe no lo duda ni un instante, hacia Córdoba se ha dicho. Acompañado
por un misterioso personaje, Santorcaz, y por un joven sirviente que
encuentran por el camino, Andresillo Marijuán, sus pasos le encaminan
hasta Bailén. Allí recalan en casa de la condesa de Rumblar, el ama de Marijuán,
pero pronto deciden alistarse como soldados e incorporarse a la pequeña
comitiva del hijo de la condesa (por una peseta al día, además del
equipo necesario), que va a luchar por su patria contra el francés para
salvaguardar el honor de la familia. Gabriel lo tiene fácil para
localizar la casa de Amaranta en Córdoba pues, extrañamente, el
primogénito de la condesa de Rumblar lleva unas cartas con su dirección.
Pero cuando llegan a la ciudad, ésta ha sido asaltada por el enemigo. A partir de entonces, los acontecimientos bélicos se precipitan y Gabriel se ve envuelto en una de las batallas más decisivas de la Historia de Europa.

Cerrar el ciclo de reseñas de la lectura conjunta de Bailén tiene una clara desventaja: se ha dicho tanto y tan bueno en todos los blogs que corro el riesgo de aburrir y repetirme hasta la saciedad. Por lo que más que reseña, me gustaría compartir con vosotros aquello que más he disfrutado de esta lectura.
Dicen los entendidos que los Episodios Nacionales no son, precisamente, el mejor exponente de la literatura de Benito Pérez Galdós. Sin embargo, además de constituir unas lecciones amenas y críticas de la Historia de este país, no puedo evitar encontrar en estos Episodios el fantástico dominio de su autor sobre los recursos narrativos y novelescos. Y no me refiero solo a los recursos formales sino también a las estrategias narrativas para contar siempre con la atención del lector: un ritmo continuado, el dominio del clímax y el anticlímax (los momentos más enervantes y dramáticos de la batalla de Bailén salpicados por la lectura sentimental de las cartas de Gabriel), la alternancia de humor/acción/suspense, etc. Es decir, que si a Galdós se le denomina como «dramaturgo y cronista» no son estas, precisamente, palabras huecas en Bailén.
He disfrutado especialmente que, además de los capítulos cómicos (mítico el encuentro entre Malespina y el tío de Amaranta) el suspense, y hasta los románticos (¿os dicho cuánto me sorprendió encontrar ese encuentro típico del romanticismo en un autor tan realista y poco afectado como este autor?), Galdós dispara con pólvora en Bailén: contra la Inquisición, contra los abusos de la Iglesia, contra la monarquía absolutista de los Borbones, contra el anquilosamiento y la injusticia de la retrograda nobleza española, rompiendo una lanza a favor de la igualdad de todos los ciudadanos. Unos ciudadanos que, por cierto, están dejándose la vida (literalmente) por la libertad de su país.
Y como remate final, la brillantísima metáfora de un estúpido noble español (ese mayorazguito), símbolo del atraso de un país todavía feudal, huérfano de la Ilustración por cortesía de la Inquisición y la monarquía y su corte, como bufón de unos ciudadanos del mundo que en su día tuvieron la Marsellesa como un himno a la libertad y a la igualdad social.
Benito Pérez Galdós refleja con claridad una pena profunda, un lamento intrínseco: qué pena tanto valor, tanto arrojo, tanto esfuerzo y sufrimiento de un pueblo honorable y fuerte que consigue echar fuera al invasor de su tierra para acabar luego en las garras del deleznable y retrógrado Fernando VII, su Santa Inquisición, sus diezmos, sus inútiles cortesanos y su salvaje represión e injusticia. Y qué poquito nos acordamos de que fue ese pueblo soberano, por iniciativa propia, quién doblegó por vez primera en Europa a los ejércitos invencibles de Bonaparte.
Y aunque Bailén podría tener la lectura de que el absolutismo católico venció a los republicanos de la meritocracia, lo cierto es que ni el ejército español de Bailén era precisamente retrógrado (¡luchaban por iniciativa propia, sin rey!) ni los ejércitos franceses que allí se les opusieron eran ya precursores de aquellos hermosísimos ideales de la Revolución Francesa.
Lector, Bailén te hará recordar por qué los Episodios Nacionales son la mejor saga de novela histórica en lengua castellana.
También te gustará: Trafalgar; La corte de Carlos IV; El 19 de marzo y el 2 de mayo
Fin de la lectura conjunta de Bailén. Si quieres leer el resto de estupendas reseñas de los participantes, las tienes AQUÍ
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La señorita Mapp de E.F. Benson
En el bucólico pueblecito inglés de Tilling la vida sigue su curso sin apenas sobresaltos. El mayor Flint y el capitán Puffin juegan a golf, el padre Bartlett aburre a sus escasos feligreses desde el atril, las Poppit hacen gala de su ordinaria orden del Imperio Británico, Irene pinta al carnicero como si fuese Adán, Diva se pasa «un momentito» por las tiendas y a Elizabeth Mapp no se le escapa ni un detalle desde el mirador de su pintoresca casita. El problema es que el deporte nacional de Tilling es el cotilleo y la reina de los enredos no es otra que la señorita Mapp. A ella no se le escapa nada por mucho tiempo: la juega de borrachos de los dos solteros, las pretensiones nobiliarias de nuevos ricos de las Poppit, las innovaciones de alta costura de Diva o incluso los devaneos amorosos del señor Wyse. Y si quieres tener una vida agradable en la pequeña comunidad de Tilling es mejor que no te pongas el mismo vestido que Elizabeth Mapp para ir a jugar al bridge o decidas hacerle la corte al mayor Flint.

La señorita Mapp es otra de las divertidas comedias sociales inglesas que E.F. Benson dedicó a la pequeña burguesía rural eduardiana. Elizabeth Mapp, malvada, cotilla y con una gran imaginación para dar rienda suelta a sus pequeñas tramas sociales y venganzas varias, es la brillante protagonista de esta pequeña comunidad de excéntricos personajes. Se diferencia de Lucía (Reina Lucía) en que no tiene pretensiones culturales y en que sus maniobras están teñidas de mucha más mala uva.
«La señorita Elizabeth Mapp aparentaba unos cuarenta años, y había aprovechado esa circunstancia para restarse un par de ellos. Su rostro lucía un saludable color rosado y en él habían dejado huella la curiosidad crónica y la iracundia; pero estas emociones tan vivificantes también le habían permitido desarrollar una asombrosa actividad mental y corporal.«
Esta estupenda novela se disfruta por cada uno de los personajes que la habitan, por el satírico humor y la ironía de Benson. Pero también, y no menos importante, es una lectura recomendable por la magnífica prosa de su autor, capaz de hacer disfrutar al lector de frases extraordinariamente divertidas con impecable imperturbabilidad británica y retratar la vida de un pequeño pueblo rural de la época con aguda precisión crítica. Pese a que el estilo y la inteligente comedia de E.F. Benson brilla de igual manera en ambas novelas, La señorita Mapp resulta algo más divertida que Reina Lucía; seguramente por su ritmo menos pausado, por un mayor protagonismo de todos los personajes y por los descarnados planes de Mapp, a quien Benson le niega la tenue capa de ternura y cariño con la que a veces disculpa a su ignorante y esnob Lucía.
«En Tilling nadie podía estar sin hablarse con otra persona más de un par de días, porque si no se dirigían la palabra, no podían mantener nuevas disputas entre ellos (y nada sería más trágico).«
La edición impecable, como nos tiene acostumbrados, es de Impedimenta. Y la estupenda traducción con sus pies de página (consuelo y guía del lector) son de José C. Vales.
Lector, buena lectura para disfrutar y relajarse sin renunciar a las mejores formas. Perfecta para los adictos a la literatura de humor británico.
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50/30 Historias para el camino de JAP Vidal
Mireia se abre paso en un vagón del metro de la ciudad. Apenas consigue que los viajeros la dejen pasar y nadie se levanta para ofrecerle su asiento pese a su evidente embarazo. Por desgracia, eso no es ficción. Finalmente consigue sentarse y puede dedicarse a su lectura, 50/30 Historias para el camino. «Lo de 50/30 imagino que debe ser por la tarjeta de cincuenta viajes para realizar en un mes, no está mal la idea«, piensa Mireia. Y así inicia su viaje a lo largo de los cincuenta relatos de JAP Vidal. Princesas de parque, fantasmas justicieros, milagros envenenados, dioses vikingos, héroes confusos, prostitutas sin pasado, musas traicioneras, escuderos cansados, niñas rescatadas… Los personajes del autor y sus historias desfilan con firmeza ante los ojos de Mireia, la acompañan en el viaje, despiertan la curiosidad del lector desprevenido.
«Era ya de noche cuando cuando atravesábamos el falso puente del Trabajo (que ya no es Digno), y acabábamos de ver pasar un par de trenes en direcciones opuestas (…). Seguí su dedo y allí estaba la luna, con alguna de las pocas estrellas que nos deja ver la contaminación urbana. Mi hija me ha regalado la luna para celebrar el aniversario de nuestro primer viaje a través del puente indigno.«

50/30 Historias para el camino es un libro de relatos, el primero que JAP Vidal ha publicado. Cuenta el autor que la mayoría nacieron en su blog, Retalls de Lectura, y que muchos están inspirados en su vida cotidiana, en sus viajes, en su mirada a lo largo de todo este tiempo. Quizás por eso mismo, 50/30 Historias para el camino haya resultado ser un conjunto de historias tan heterogéneas, porque aunque el mundo casi nunca cambia, la mirada del escritor (transformadora de realidades) sí que lo hace, y constantemente.
Amigos, curas, ratas, luchadores, personajes mitológicos y bíblicos, niños, extraterrestres… Los protagonistas de estos relatos son variopintos pero todos traen un pequeño obsequio para el lector que sepa buscar: la sorpresa, lo inesperado, ese punto de vista distinto que convierte la realidad en algo peculiar. Como los mensajes de una señora muerta a la que le han robado las joyas o las primeras navidades en soledad de Sergio, la búsqueda de una hija que llega tarde a conocer a su madre o los jugadores desesperados por acabar con la maldición de Guttman. La intriga, la sorpresa o el giro argumental que suele estar presente en los relatos de Vidal aportan esa pizca de originalidad e ingenio que los hace únicos.
Si bien es cierto que el lector a veces se quedará con ganas de saber más, de que la historia hubiese sido más larga o hubiese profundizado más en el argumento (imposible, lector, es un relato), otras veces es esta brevedad, ese destello, lo que más se disfruta. Destaca especialmente el sentido del humor de algunas historias (La curiosidad mató al gato o ¿Superhombre?), la ácida crítica política y social de otros (El guitarrista de Hamelín), la intensa ternura y la belleza de los gestos más sencillos (Amores pequeños, El mendigo de Munich), o el recurrente tema de las discrepancias religiosas (El mayor engaño de la Historia, El cura rojo, El niño y el cura).
Personalmente, mis preferidos son aquellos en los que lo cotidiano, aquello que casi todos compartimos con el autor, ha sido capaz de hacerme sonreír y sorprenderme, como, por ejemplo, En orden de cola o el magnífico A puerta fría (oh, qué odiosos son «los del gas» o «los de la luz», cómo supera en este caso la realidad a la ficción y cómo me gustaría que más de uno se encontrase con los designios que JAP Vidal les tiene preparados); y, cómo no, quizás porque conozco a su irresistible protagonista, todos en los que aparece esa regaladora de lunas y artífice de las sonrisas más sinceras.
Lector, un estupendo libro para que te reconcilies con los relatos, sin lugar a dudas. Advertencia: una vez empieces a leer no te garantizo cuándo serás capaz de dejar de hacerlo, ¡te podrá la curiosidad!
El blog del autor: Retalls de Lectura
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La firma de todas las cosas de Elizabeth Gilbert
Alma Whittaker nace con el siglo XIX, en White Acre, la impresionante mansión de Filadelfia propiedad de su familia. Su padre, Henry Whittaker, es un ambicioso e inteligente aventurero que adquirió experiencia botánica en los jardines de Kew y aprendió cómo quería vivir a bordo del Resolution, a las órdenes del mismísimo capitán Cook. Su madre, una estricta holandesa repudiada por su familia debido a su matrimonio, la educa en los principios de la razón, la ciencia y el debate. Alma ya lee en griego y en latín a los nueve años, se sienta a cenar y a debatir en el comedor de White Acre con los más relevantes científicos de la época, y siente una predilección por la botánica que a Henry le parece de lo más conveniente para sus prósperos negocios farmacéuticos ¿Pero dónde queda el cariño en la temible educación de Alma? Ninguno de sus progenitores la toca jamás, no hay muestras de cariño ni de consuelo en Whitte Acre. Alma sabe que para los demás, ella no es más que un monstruo, un pequeño monstruo extraño que sólo halla consuelo en la obra perfecta de la naturaleza.

Elizabeth Gilbert, autora del best seller Come, reza, ama, se sumerge en los albores del siglo XIX para presentarnos a una heroína tan curiosa y singular como el pensamiento científico de la época. En un momento en el que científicos como Henslow, Herschel, Lyell o Darwin, entre muchísimos otros, planteaban la evolución de las especies y entraban en controversia con los principios de la creación divina, Alma Whittaker no duda en alinearse con botánicos y naturalistas hasta convertirse ella misma en una reputada investigadora, pese a la discriminación de género que suponía para la época.
La firma de todas las cosas es una novela de ritmo pausado en lo que a acción se refiere porque su intensidad y su interés radica en los debates de sus protagonistas, en sus relaciones dentro del ambiente peculiar y protegido de White Acre, en las sinergias de sus habitantes y en el marco científico-histórico del siglo. La vida de Alma es tan excéntrica para una dama de la alta sociedad americana de principios del siglo XIX, que el lector se descubre totalmente fascinado por el personaje y sus pensamientos. Alma Whittaker es protagonista absoluta por derecho propio, su personaje brilla en medio de la niebla gris que la rodea en la mansión, es un brote de colores intensos en medio de la más estricta oscuridad. Alma es la reencarnación de la propia Ilustración que se yergue indómita y llena de luz sobre el oscurantismo de una sociedad todavía lastrada por las ideas retrógradas del pasado.
Gilbert escribe una novela grandiosa, que abarca con mesura y buen pulso el espíritu del que fue el siglo de la Ilustración. Con un léxico rico y un estilo impecable, lleno de calidez (imprescindible para acercarse al lector), Elizabeth Gilbert teje la historia de Alma, que es también la historia del descubrimiento del mundo natural que la rodea en su época. Una historia extraordinaria, una narración inteligente y bien pautada, que encantará a los lectores más curiosos y encontrará la complicidad de los amantes de la historia de la ciencia.
Lector, viaja en el tiempo hasta un momento en el que los descubrimientos científicos estaban casi a la orden del día y eran una aventura apasionantemente peligrosa. Deja que Alma te muestre la extraordinaria vida litófaga de sus bosques de musgo.
Muchas gracias a editorial Suma de Letras por facilitarme el ejemplar de esta singular novela.
También te gustará: Las huellas de la vida; La evolución de Calpurnia Tate
Esta reseña ha sido publicada originalmente en el blog Momentos de Silencio Compartido como colaboración en la iniciativa de Equipo de Redactores.
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La firma de todas las cosas (para kindle)
La firma de todas las cosas (en papel)
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Reina Lucía de E.F. Benson
Emmeline Lucas, más conocida como Lucía, rige los designios de los habitantes más ilustres del pequeño pueblo inglés de Riseholme. Desde la intimidad de su casa isabelina, The Hurst, la reina Lucía conspira incansable, y en supuesto italiano, para seguir siendo el centro de la vida cultural y social del lugar. La acompañan sus más fieles súbitos: Pepino, su esposo, y Georgie, su mejor amigo. Nada escapa a sus redes pretenciosas, ni siquiera el nuevo gurú de la señora Quantock o los últimos y más recientes cotilleos sobre el Coronel. En realidad, estar al tanto de los secretos de todos los habitantes de Riseholme tampoco es ninguna proeza porque todos ellos hace tiempo que practican con fruición el deporte del cotilleo y el espionaje de los vecinos. Pero cuando Olga Bracely, una famosa diva de la ópera, decide quedarse a vivir en Riseholme, todo el equilibrio social se tambalea y Lucía ve como su reinado corre peligro de extinguirse. Y es que, por primera vez, hay alguien capaz de descubrir sin esfuerzos la pretendida sofisticación cultural de los Lucas.
«Nunca imaginé lo tremendamente interesantes que son las pequeñas cosas que le pasan a la gente de aquí. Todo es emocionante a rabiar, y allá donde mires hay otras cincuenta cosas igual de excitantes ¿Es porque todos os tomáis un interés tan excesivo en esas pequeñas cosas por lo que resultan tan apasionantes o es que son apasionantes en sí mismas, y la gente normal y aburrida, los que no son riseholmenses, no se dan cuenta de lo interesantes que son? El sarampión de Tommy Luton, los secretos de los Quantock, ¡el amante de Elizabeth…! Y pensar que yo creía que venía a un remanso de paz…«

Reina Lucía es la primera novela de una serie de seis que Edward Frederic Benson escribió en clave de humor sobre la burguesía rural inglesa de las primeras décadas del siglo XX. Una inteligente sátira, sazonada al más puro humor inglés, con la sutileza que solo Benson consigue imprimir en las disparatadas elucubraciones de sus protagonistas. Y aunque el autor se consideraba a sí mismo, esencialmente, un escritor de historias de fantasmas, lo cierto es que su saga humorística no tiene nada que envidiar a las obras de Nancy Mitford, P.G. Wodehouse o Stella Gibbons, entre otros de sus contemporáneos.
Reina Lucia es una novela que se disfruta por su buen ritmo de entuertos riseholmenses y sus retorcidos y patéticamente cómicos protagonistas, sátira implacable de la decadencia de una clase social y un estilo de vida (atención a los diálogos de Lady Ambermere: «Sí, algunos de esos brahmines proceden de familias bastante decentes (…). Yo siempre estuve en contra de considerar a toda esa gente de piel oscura un mismo grupo y llamarlos negros. Cuando estábamos en Madrás, yo era famosa por lo bien que discriminaba.«)
Los secretillos capilares de Georgie, las visitas intempestivas de Hermy y Ursy, los cambios espirituales de Daisy, los inesperados amores otoñales del coronel, el sincero encanto de Olga o las farsas culturales de Lucía son algunos de los detalles de los que puede disfrutar el lector más desprevenido. Pero además del buen ritmo narrativo de E.F. Benson (al fin y al cabo el éxito de una comedia es su ritmo) y de sus personajes, Reina Lucía destaca especialmente por sus excelentes diálogos y sus ingeniosos juegos de palabras. Y en este sentido, se merece especial atención la encantadora traducción que José C. Vales ha hecho para la edición de Impedimenta, pues no sólo traslada con gracia esos juegos de palabras del original sino que además toma al lector de la mano y lo acompaña gentilmente a lo largo de toda la novela gracias a unas notas a pie de página realmente estupendas.
Lector, no importa si se te requiere con indumentaria Hitum, Titum o Scrub; si reina Lucía te convoca tienes que asistir.
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