Lengua de dragones, de S. F. Williamson

Tras la Gran Guerra, no todos los territorios europeos consiguieron que dragones y humanos viviesen en paz y armonía. En Gran Bretaña, donde la reina Ignacia firmó un tratado con el gobierno, la paz perdura; aunque el malestar por la férrea dictadura de la primera ministra Wyvernmire, un sistema de clases cruel y opresivo, y las malas condiciones draconianas empiezan a desestabilizarla. Vivien Featherswallow, una joven traductora de lenguas dracónicas perteneciente a la segunda clase social, cree tener un futuro brillante en su Londres natal, dedicada al estudio y la interpretación. Pero cuando su familia se ve amenazada de muerte y el gobierno la obliga a descubrir el secreto de comunicación más íntimo y poderoso de los dragones, Vivien entiende que no habrá paz mientras continue la dictadura de la corrupta Wyvernmire. Atrapada entre la amenaza de muerte que pesa sobre sus seres queridos y la terrible responsabilidad de aniquilar a los dragones, la traductora deberá tomar las decisiones más valientes y arriesgadas de su vida. Pese a que signifiquen el inicio de otra guerra y la pérdida más terrible.

«De pronto recuerdo nuestra infancia durante la Gran Guerra, cuando humanos y dragones luchaban juntos, cuando los dragones emplazados en el exterior de nuestro búnker hacían anillos de humo para hacernos reír.
—La paz no es paz si solo la disfrutan unos cuantos —dice Marquis—. Y lo sabes.«

S. F. Williamson es una traductora literaria británica que en la actualidad vive en Francia con su marido y dos gatos. Lengua de dragones es su primera novela, una fantasía dracónica que se aleja del romantasy y plantea una ucronía, situada en 1923, sobre una Europa en la que dragones y humanos conviven tras haber luchado juntos en la Gran Guerra. Williamson no solo nos cuenta una historia donde los dragones también son protagonistas, sino que además su trama gira en torno a la investigación sobre los idiomas, las lenguas, la traducción y las formas de comunicación de los dragones, lo que hace de Lengua de dragones una de las lecturas más originales y emocionantes que he leído en lo que va de año.

No es ninguna casualidad que S. F. Williamson se lleve la ambientación histórica de su ucronía a 1923, en un momento en el que Europa todavía no se había recuperado de los horrores de la Gran Guerra y los avances en tecnología de comunicaciones seguían en fase de investigación y desarrollo. Quizás por eso, las máquinas de traducción que aparecen en Lengua de dragones recuerdan a los rudimentarios prototipos que derivaron en Enigma, el ingenio desencriptador que resultó crucial en la victoria aliada sobre los nazis en la Segunda Guerra Mundial. De la mano de su amor por su profesión de traductora, y con la riqueza lingüística de quienes crecemos bilingües (sus abuelos eran galeses), Williamson plantea una fantasía en la que la comprensión de un idioma otorga ventaja y poder, pero también una responsabilidad abrumadora. Me ha gustado especialmente la trama lingüística y política de la novela, los giros de trama de la segunda mitad de la historia, que no fuese romantasy (la historia de amor queda en un agradable segundo plano y muy bien integrada en la trama principal) y la personalidad y las dudas morales de Vivien Featherswallow, una protagonista poderosa con sus luces y sus sombras que no cae en estereotipos. Pero, sobre todo, atención a los dragones porque su presencia argumental es magnífica y enamora.

Lectora, deseando que llegue la segunda parte de esta bilogía dracónica.

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Lady Ludlow, de Elizabeth Gaskell

Han pasado muchas décadas, pero Margaret Dawson todavía recuerda con cariño el tiempo que vivió en la mansión de la condesa viuda Lady Ludlow, señora de Hanbury Court. El padre de Margaret había muerto, dejando esposa y nueve hijos en una situación delicada. Lady Ludlow, una prima lejana por parte de madre, responde a la petición de ayuda ofreciéndole a Margaret que se mude a Hanbury Court, bajo su protección. Viendo la actitud severa e inflexible de su señora, la joven Dawson poco podía imaginar que sus años en Hanbury, pese a los problemas de salud, serían algunos de los más felices de su vida. Porque la querida Lady Ludlow, anclada firmemente en su época georgiana y con férreos prejuicios sobre la educación de los menos favorecidos, los matrimonios desiguales, los disidentes religiosos, los primeros telares mecanizados o contra cualquier otro cambio moderno, resulta ser una persona extraordinaria. Margaret recuerda los enfrentamientos de su señora con las ideas del nuevo clérigo de Hanbury sobre una escuela dominical, o el duelo de poder entre la condesa y su administrador, o su leal amistad con la excéntrica señorita Galindo, aquel pequeño mundo en la campiña en donde todos giraban alrededor de la querida, muy querida y respetada, Lady Ludlow.

«—Resultó que, cuando me puse a escribir, no tenía nada que decir. Pero a veces, cuando cojo un libro, me pregunto por qué dejé que esa excusa tan pobre me frenara. A otros no los ha frenado.
—Pero yo creo que estuvo muy bien que así fuera, señorita Galindo —apuntó mi señora—. Estoy totalmente en contra de que las mujeres, como con tanta frecuencia suelen hacer, usurpen sus trabajos a los hombres. Aunque quizá, después de todo, la idea de escribir un libro mejorara su caligrafía. Es de las más legibles que he visto en mi vida.«


Alba Editorial
280 páginas
Fecha de publicación: septiembre 2025
Traduce Jesús Cuéllar
ISBN: 978-84-1178-183-1

Elizabeth Gaskell (1810-1865) publicó por primera vez Lady Ludlow (1858) por entregas, en la revista de Charles Dickens, Household Words; aunque en 1859 la incluiría en un libro de relatos titulado Round the sofa. Junto a Cranford (1853) y a Las confesiones del señor Harrison (1851), Lady Ludlow forma parte de las llamadas Crónicas de Cranford, quizás las novelas más entrañables, divertidas y de corte costumbrista de la autora; las tres ambientadas en una campiña inglesa inspirada en Knutsford, el pueblecito de Cheshire en donde Elizabeth Gaskell creció feliz.

Lady Ludlow también comparte con Cranford y Las confesiones del señor Harrison el tono ligero y encantador, tocado por el gran sentido del humor de su autora, y el protagonismo de un elenco de personajes espléndidos y carismáticos (en su mayoría, femeninos) cuyas diferencias de opinión a menudo se convierten en el corazón de la trama. Elizabeth Gaskell muestra, siempre con una mirada amable y optimista, la vida cotidiana, hogareña y pública, de la sociedad inglesa lejos de las grandes ciudades del siglo XIX. El encanto de Lady Ludlow reside en el carisma de su protagonista y en los lazos y las anécdotas de convivencia de una pequeña comunidad en la Inglaterra rural, pero también en la habilidad con la que Gaskell rememora, a través de la mirada de una mujer victoriana, las antiguas costumbres, ideas y forma de vida de una aristócrata arraigada a las primeras décadas del siglo XIX. En este sentido, destaca el peculiar razonamiento de Milady sobre la educación como arma de progreso —atención a la historia parisina durante la Revolución francesa— o su estricta observación de una etiqueta social que ya había empezado a cambiar incluso antes de la llegada de la joven reina Victoria al trono. Gaskell narra con maestría sus historias alrededor de una protagonista formidable, tercamente arraigada en el pasado, pero, a la vez, capaz de contradecirse —como estar en contra de que las mujeres usurpen el trabajo de los hombres cuando ella gestiona sus propias tierras y se encarga de su comunidad— o de ceder al cambio positivo de los nuevos tiempos y las buenas gentes que la rodean, debido a la generosidad, la valentía y la inteligencia de su naturaleza.

Cuando hace años tuve mis más y mis menos con la novela Norte y sur, considerada la obra maestra de Elizabeth Gaskell, mi amiga Rosa (MH en Las inquilinas de Netherfield) me recomendó que para entender mejor a esta gran autora victoriana empezase por cualquiera de las tres novelas cortas de las Crónicas de Cranford. Porque me encontraría con una Gaskell más amable, menos sombría, con más sentido del humor, pero también con una aproximación a las grandes cuestiones sociales, económicas e históricas que la autora desarrollaría tan magníficamente en Norte y sur. Las novelas de Gaskell son independientes y autoconclusivas, y su estilo narrativo es claro y fluido, pero sigo pensando que MH tiene toda la razón al recomendar este orden de lectura para irnos familiarizando con la obra de una de las autoras más emblemáticas del siglo XIX.

Lectora, a los pies de Lady Ludlow.

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Auge y reinado de los mamíferos, de Steve Brusatte

Hace 325 millones de años, los bichos escamosos que salieron del agua para vivir en la tierra se separaron en los dos linajes ancestrales que darían lugar a mamíferos, reptiles y dinosaurios: los diápsidos (reptiles y dinosaurios), que desarrollaron dos aperturas parecidas a ventanas tras las cuencas oculares a fin de proporcionar unas mandíbulas más grandes y fuertes, y los sinápsidos (mamíferos), que desarrollaron una única y amplia apertura. Millones de años después, los diápsidos culminarían en reptiles y dinosaurios, y los sinapsidos en los primeros proto-mamíferos. La mordedura grande y fuerte, junto con otras circunstancias, contribuyó a la existencia de los grandes dinosaurios, tanto carnívoros como herbíboros. Cuanto mayores eran los dinosauros, más pequeñitos se hacían los proto-mamíferos, en una estrategia de supervivencia. Sus dientes de corona diversa y sus mandíbulas reducidas dejaban espacio para que el cerebro fuese más grande dentro de la cavidad craneal. Su pequeño esqueleto, más flexible, le otorgaba cierta velocidad y, en el Jurásico, mientras los dinosaurios crecían rápido y recubrían su cuerpo de plumas para protegerse del cambio climático, los mamíferos se habían vuelto pequeños, veloces, con sentidos bien desarrollados, endotérmicos, aunque también crecían rápido y sabían esconderse bien… Tanto, que quizás consiguieron sobrevivir al impacto del meteorito que acabó con el reinado de los dinosaurios.

«Este no es un libro sobre los humanos. Nosotros, Homo sapiens, solo somos una entre las más de 6.000 especies de mamíferos que viven en la actualidad (…). No todo gira en torno a nosotros. La historia de los mamíferos que se ha relatado en estas páginas, que se remonta a aquellos bichos escamosos de los pantanos de carbón, que ha resistido extinciones en masa, dinosaurios y climas crueles, no es un simple trasfondo para nuestra inevitable coronación. Ballenas del tamaño de submarinos, mamuts lanudos y dientes de sable, monos a bordo de almadías oceánicas y murciélagos ecolocadores son todos especiales por derecho propio. Como, desde luego, lo somos nosotros: un primate de cerebro grande, manos diestras y dos piernas, cuya inteligencia y capacidad para la destrucción no tienen parangón entre los mamíferos. Además, somos los únicos que podemos contemplar nuestros propios orígenes.«

Steve Brusatte es un prestigioso paleontólogo y biólogo evolutivo, de origen estadounidense, que desde hace unos años también se dedica a la docencia en la universidad de Edimburgo. Doctorado por la universidad de Columbia, su pasión por los dinosaurios le viene desde la infancia y le ha llevado a viajar alrededor del mundo para trabajar en los yacimientos más eminentes, descubrir una docena de nuevos fósiles de vertebrados, elaborar teorías evolutivas científicamente relevantes, publicar ensayos tan maravillosos como Auge y caída de los dinosaurios, y colaborar como asesor con la BBC y 20th Century Fox en películas como Walking with dinosaurs o con las dos últimas grandes producciones de la franquicia de Jurassic World. En los últimos años, su carrera profesional lo ha llevado a especializarse también en la biología evolutiva de los mamíferos, de ahí este magnífico ensayo cuya lectura me ha acompañado durante los tres meses de verano: Auge y reinado de los mamíferos. Una nueva historia. Desde la sombra de los dinosaurios hasta nosotros.

Leer a Steve Brusatte, escriba sobre lo que escriba, siempre es un placer. Auge y reinado de los mamíferos es un ensayo sobre biología evolutiva, para disfrute de todos los lectores curiosos, que se remonta al inicio de los primeros animales que hollaron la Tierra, hasta la aparición del mamífero más letal que conocemos en la actualidad: nosotros. Brusatte tira del hilo de cada cambio evolutivo enmarcado dentro de su período geológico, pero también, a medida que las masas continentales se desgajan y alejan, por áreas geográficas. Con una prosa amena y carismática, anécdotas sobre sus descubrimientos y los de sus compañeros paleontólogos en diferentes yacimientos, y unas ilustraciones y fotografías de lo más interesantes, el prestigioso paleontólogo no solo nos embarca en un fabuloso viaje evolutivo de millones de años sino que también nos muestra cómo los científicos fueron cambiando la clasificación de las diferentes ramas y familias animales a medida que la paleontología también evolucionaba.

Los debates entre Richard Owen y Charles Darwin sobre los terápsidos (parecían mamíferos, pero con características reptilianas), la reticencia de Thomas Henry Huxley y su círculo a reconocer la evidencia de las extinciones de especies, la rivalidad casi criminal entre Cope y Marsh, el presidente Jefferson y la sala de los huesos de la Casa Blanca, las exploraciones de Roy Chapman Andrews que inspiraron el personaje de Indiana Jones, la revolución que causó la secuenciación de ADN en los árboles genealógicos de las familias animales… Steve Brusatte entrelaza con acierto y maestría los avances de la paleontología y la zoología señalando que «la evolución no planea el futuro, sino que opera en el momento, adaptando a los organismos a los retos inmediatos a los que se enfrentan«. Los pequeños cambios en la disposición y forma de los dientes (cambios alimenticios), la mandíbula (cambios craneales), velocidad de crecimiento, adaptación al medio y dispersión geográfica, etc., en diferentes eras y períodos geológicos, fueron perfilando la supervivencia o extinción de pelicosaurios, terápsidos, cinodontes, multituberculados, terios, artiodáctilos, perisodáctilos, megafauna… Cada reflexión y evidencia contribuyen a hacer de Auge y reinado de los mamíferos una lectura apasionante y maravillosa, que se disfruta a pequeños sorbos y que se echa mucho de menos cuando se llega a su última página.

Lectora, el ensayo más apasionante sobre nuestros ancestros y compañeros de planeta que leeremos jamás.

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Viaje al centro de la Tierra, de Jules Verne

Axel lleva una vida tranquila y ordenada en Hamburgo como pupilo de su tío, el prestigioso profesor de mineralogía Otto Lidenbrock. Pero todo cambia cuando el profesor vuelve a casa con libro antiguo de gran valor científico en el que encuentra un mensaje cifrado de Arne Saknussemm, el alquimista del siglo XVI. Axel preferiría quedarse en su hogar, junto a su hermosa prometida, Graüben, disfrutando de las comidas de la querida Marta y estudiando con el profesor, pero cuando descifra el mensaje de Saknussemm nada ni nadie frenará el entusiasmo de su tío: el reputado alquimista sitúa la entrada hacia el centro de la Tierra en el cráter del volcán Sneffels, en Islandia, y que el punto exacto de acceso lo marcará el sol, en cierta fecha de verano. Con la ayuda de un extraordinario guía islandés llamado Hans y la determinación invencible del profesor Otto Lidenbrock, Axel se verá arrastrado hacia las entrañas de la Tierra en la aventura más peligrosa y fantástica de su vida.

«Los cálculos del profesor eran exactos. Habíamos ya excedido en seis mil pies las mayores profundidades alcanzadas por el hombre, tales como las minas de Kitz-Bahl en el Tirol y las de Wuttember en Bohemia. La temperatura que en aquel punto debiera haber sido de 81º, era apenas de 15º, lo que daba mucho que reflexionar.«

La edición de RBA, de la Colección Hetzel, contiene las ilustraciones originales que también se muestran en la adaptación cinematográfica de 2008. Esta edición también incluye dos relatos cortos de Jules Verne: Un drama en México (1845) y la desternillante y genial Diez horas de caza (1881).

Viaje al centro de la Tierra es una novela clásica de aventuras, de fantasía, de viajes y descubrimiento, pero también muy característica de su autor. Jules Verne se hace eco de las teorías científicas de su época (escribió esta novela en 1863) sobre el núcleo terrestre y fantasea alrededor de ellas para narrar en primera persona, desde el punto de vista de un geólogo y mineralogista, una aventura trepidante. El autor sabe que su novela tiene más de fantasía que de ciencia ficción, pero la arropa con datos científicos reales e invita a sus lectores a viajar hasta las remotas tierras islandesas (atención a la excelente documentación de Verne al respecto).

Bernd Brunner recoge, en su ensayo La invención del norte, que en el siglo XIX la mitología nórdica, pero también reputados científicos, médicos y geólogos como Linneo (1707- 1778), o intelectuales como E. T. A. Hoffman (1776 – 1822), señalaban la entrada a los infiernos subterráneos a través de las minas de cobre de Falun (en Suecia). Y que el astrónomo, físico y matemático Edmund Halley (1656 – 1742), entre otros de sus colegas, creía que el núcleo del planeta estaba hueco y que a través de las grietas tectónicas del norte se escapaban sus gases y emanaciones minerales que explicaban las auroras boreales. No es casualidad que Julio Verne escoja el cráter del Sneffels, en Islandia, como la peligrosa entrada al centro de la Tierra; ni tampoco que en el capítulo XXXVIII, Axel, el narrador de la historia, mencione los hallazgos paleontológicos de 1863 en el Somme, que situaron la presencia del Homo sapiens en Europa 600.000 años antes de lo que pensaban los victorianos; o que el relato de Verne cite a científicos de su época o a animales antediluvianos como ictiosaurios o plesiosaurios. Quizás, Viaje al centro de la Tierra no pueda catalogarse estrictamente en el género de ciencia ficción, pero sí que es una novela de aventuras fantásticas que cimenta muchos de sus principios en las teorías y conocimientos científicos de su época. Aunque también podríamos decir que, en esta ocasión, la visión científico-futurista del gran Jules Verne no dio tanto en la diana como en otras de sus obras.

La novela está narrada en primera persona por Axel, el sobrino de Otto Lidenbrock, quien hace gala de un sentido del humor muy agradable al principio de la obra, aunque se va diluyendo a medida que los capítulos se suceden y la intensidad del drama va en aumento (sí, Axel es un poco angustias). Quizás porque es la segunda obra del autor, la novela cojea un poco de ritmo desigual: dilatando demasiado los capítulos iniciales y dejando al lector con la miel en los labios cuando la trama se pone interesante y aparecen la flora y la fauna fantástica del interior de la Tierra (la película de 2008, protagonizada por un magnífico Brendan Fraser, adapta bien la premisa de Verne y suple, para nuestro disfrute, esta pequeña carencia).

Lectora, una aventura perfecta para recordar nuestros veranos de infancia.

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La señorita Else, de Arthur Schnitzler

Else, la joven hija de un abogado vienés de cierto renombre, pasa las vacaciones de verano junto a su tía y a su primo Paul en un hotel de moda de las montañas de San Martino di Castrozza, donde se da cita la buena sociedad de Viena. Pese a la posición social de su familia, Else depende de la buena voluntad de su tía y no ha recibido una educación práctica para poder desarrollar una carrera profesional acorde con lo que está bien visto en una mujer de su posición. Entonces llega un telegrama de su madre comunicándole una mala noticia y, lo que es más alarmante, dejando en sus manos la posibilidad de salvar el futuro de toda su familia. Por primera vez en su vida, Else deberá enfrentarse a unas decisiones terriblemente injustas, denigrantes y comprometedoras, para las que ni su educación ni su experiencia vital la han preparado.

«Sí, aquí estoy, en San Martino di Castrozza, sentada en un banco en la linde del bosque y el aire es como el champán y hasta parece que estoy llorando. Sí, ¿y por qué lloro? Pero si no hay ningún motivo para llorar. Son los nervios. Debo dominarme. No puedo dejarme ir así. Pero llorar no es nada desagradable. Llorar siempre me hace bien (…). ¿Quién llorará cuando me muera? Oh, qué bonito sería estar muerta. De cuerpo presente en la sala, las velas encendidas. Velas largas. Doce velas largas. El coche fúnebre ya está abajo. Hay gente en el portal de casa.«

Arthur Schnitzler (1862 – 1931) fue un dramaturgo y médico austríaco cuyas obras de ficción exploraban cuestiones como la muerte, el erotismo, la psicología y la crisis social y cultural de la Viena de principios del siglo XX. Fue uno de los primeros autores en lengua alemana en utilizar la técnica narrativa de la voz interior para profundizar en la psicología de sus personajes, lo que llamó el interés y despertó la admiración de Sigmund Freud. Schnitzler publicó por primera vez La señorita Else en 1924 y fue un gran éxito, pero su obra fue prohibida hacia 1933, debido al ascenso del partido nazi en Alemania y a las leyes antisemíticas.

La señorita Else es una novela corta —132 páginas en la traducción de Clara Formosa Plans al catalán, para la edición de Petits Plaers de Viena Edicions— que utiliza la técnica narrativa de la voz interior para mostrar a una joven protagonista en un momento crucial de su vida. Schnitzler utiliza frases cortas, sincopadas, de una gran expresividad, que se van sucediendo en una velocidad creciente, más breves y más deslavazadas, a medida que la intensidad emocional de Else se descontrola hasta el colapso. Destaca el conocimiento psicológico del autor y el acierto al ponerlo al servicio no solo de la comprensión de carácter de su personaje sino también para elaborar una crítica brutal y profunda a la corrupta sociedad vienesa de la época y al maltrato desesperante hacia unas mujeres a las que no se les permitía desarrollar intereses profesionales propios o tomar decisiones vitales que no coincidieran con los intereses de su familia y, en concreto, del cabeza de familia. El climax final, paroxístico y terrible, remata con brillantez esta pequeña obra dramática, tan vívida y plausible que podría tratar sobre un personaje real.

Esta novela breve me la recomendó MH de Las inquilinas de Netherfield, quien me picó la curiosidad con una observación en la que, ahora que la he leído, coincido plenamente con ella.

Lectora, sublime y terrible, en muy pocas páginas.

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