Calendario de Adviento Serendipia 2025

Ladies and gentlemen:

Por séptimo año consecutivo, me complace invitaros a participar en nuestro Calendario de Adviento Serendipia.

Ya sabéis que jugamos en Instagram y que subimos una fotografía literaria cada día desde el 1 hasta el 24 de diciembre, ambos incluidos. Jugamos con el hashtag #CalendarioAdvientoSerendipia

Os dejo aquí las premisas por si en la imagen no se ven demasiado bien:

1. Autor/a que has descubierto este año y que se queda entre tus favoritos/as.

2. No te cansas de (re)leerlo.

3. El libro más excéntrico de tu estantería.

4. Libro y chocolate (puede ser a la taza, en tableta, bombones, etc.). Si no te gusta el chocolate, vale otro dulce.

5. Te hizo amar la literatura.

6. Ciudad literaria en la que pasarías la Navidad.

7. Leyendo fuera de casa.

8. Libro que te hubiese gustado escribir o que sientes que lo han escrito justo para ti.

9. Libro con un título que incluya todas las vocales.

10. Libro con el/la protagonista más Grinch.

11. Tres clásicos maravillosos.

12. Una saga de fantasía/terror/ciencia ficción que te encante.

13. Enseña unos cuantos libros que tengas todavía pendientes de leer. No te vamos a juzgar XD

14. Con nieve o dorado en la cubierta.

15. Con animal dentro o fuera del libro.

16. Abriga un libro con bufanda y/o gorro y/o jersey y/o guantes, etc.

17. Libro que te ha puesto la piel de gallina (por las razones que sean).

18. Tres libros favoritos de una de tus editoriales preferidas.

19. Un libro que te encontró cuando más lo necesitabas.

20. Libro ambientado en invierno con bebida caliente. Presume de taza.

21. Recomienda un libro ilustrado o recomienda a un ilustrador/a.

22. Dos libros (o más) con cubiertas muy parecidas.

23. Libro que te imaginas adaptado a la pantalla/teatro como un musical.

24. Libro navideño favorito enseñando árbol de navidad o adorno navideño que prefieras.

Gracias por salir a jugar. Feliz adviento.

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La muerta enamorada y otros relatos fantásticos, de Théophile Gautier

En los relatos de La cafetera. Cuento fantástico (1831) y Ónfale. Historia rococó (1834), un protagonista joven y atolondrado se enamora perdidamente de una mujer hermosa y fantástica, pero cuando despierta no está seguro de si ha sido un sueño o algo mucho más escalofriante y sobrenatural.

La muerta enamorada (1836) es el relato que da nombre a esta antología de cuentos sobrenaturales de Théophile Gautier. Un joven sacerdote, a punto de tomar los hábitos, cae presa de la bella Clarimonde, la misteriosa cortesana italiana que lo arrastrará hasta la romántica Venecia, donde el precio a pagar por sus placeres puede que se cobre en sangre.

El caballero doble (1840) interpreta una antigua leyenda nórdica sobre el nacimiento de un niño cuyo destino se rige por dos estrellas, una malvada y otra benévola. En El pie de momia (1840) y en Arria Marcela (1852), Gautier explora lo sobrenatural y lo fantástico invitando al lector al Antiguo Egipto, en el primer relato, y a recorrer las calles de Pompeya justo antes de la erupción del Vesubio —con una espléndida descripción histórica—, en el segundo.

Puede que el relato más sorprendente y espeluznante sea Dos actores para un papel (1841), por la intervención de Lucifer en persona y por esa mirada tras las bambalinas tan bien caracterizada por el autor.


Alba Editorial
Traducción de Andrés Ruiz Merino
Tapa dura
168 páginas
Fecha de publicación: noviembre de 2025
ISBN: 978-84-1178-201-2

Théophile Gautier (1811 – 1872) fue un poeta, novelista, periodista y crítico literario educado en París y precursor de movimientos artísticos como el parnasianismo o el simbolismo. Gautier, que se inició en el arte como crítico cultural por indicación de Honoré de Balzac, adscribe sus primeros relatos de ficción al romanticismo de su época hasta que, en 1835, publica su novela Mademoiselle de Maupin, en cuyo prólogo expone los principios del «arte por el arte» que constituirían parte de los fundamentos del parnasianismo. Este movimiento tendría su más visible exponente en el libro de poemas de Gautier, Esmaltes y camafeos (1852). Este principo —alrededor del que otros autores de la talla de Oscar Wilde, en Gran Bretaña, o Charles Baudelaire, en Francia, también publicarían— partía del supuesto de que el arte no tenía por qué justificarse moralmente.

Los relatos de la antología La muerta enamorada y otros relatos fantásticos, recogidos por Alba Editorial en su colección Alba Clásica con traducción de Andrés Ruiz Merino (atención a las fabulosas y más que bienvenidas notas a pie de página de este traductor), fueron publicados originalmente por Théophile Gautier entre los años 1831 (La cafetera) y 1851 (Arria Marcela), por lo que son perfectos para observar la transición de sus inicios romanticistas hacia otra manera de entender la literatura, enmarcada en el movimiento cultural del parnasianismo. En este sentido, La cafetera y Ónfale están escritos en un tono y un lenguaje descriptivo propios del romanticismo, con ese ensalzamiento casi desesperado de la belleza, la presencia de lo onírico y de la muerte, o unas descripciones que me llevaban a imaginar a los personajes dentro de un cuadro de Fragonard.

La muerta enamorada, en cambio, aunque conserva rasgos de expresiones románticas propias de la literatura de su época, lleva el relato más allá de cualquier consideración moral, sin detenerse en juzgar el comportamiento blasfemo del sacerdote protagonista o de la petición de Clarimonde de que la ame más que a su dios. Gautier muestra sin caer en moralidad alguna, llevado por una narración que mantiene la tensión hasta el final a un ritmo desasosegante. Destaca la escena sublime del joven protagonista masculino acudiendo al dormitorio de la cortesana muerta, para dispensarle la extrema unción, como si entrase por vez primera en su cámara nupcial: «Pues el amor es más fuerte que la muerte y acabará por vencerla«. No desvelaré más de este relato más allá del apunte a los lectores de que Théophile Gautier escribió y publicó La muerta enamorada 36 años antes de que Sheridan Le Fanu publicase su Carmilla y unos 61 años antes de que Bram Stoker publicase Drácula.

Tal vez sean La muerta enamorada y Arria Marcela —ambientación que me ha recordado a Memorias de los últimos días de Byron y Shelley— los dos relatos de esta antología en los que resulta más evidente la destreza de Gautier para mantener la tensión narrativa y enredar al lector en una atmósfera de desesperación y desastre inminente. Con la diferencia de que La muerta enamorada es mucho más romántica, en estilo y forma, que Arria Marcela, algo más sobria, muy bien documentada y enmarcada en la Pompeya del emperador Tito Flavio. Sin embargo, también he disfrutado enormemente de El pie de momia, el cuento más divertido de esta antología. Si bien Gautier muestra trazas de un travieso sentido del humor en los dos primeros relatos (La cafetera y Ónfale), en El pie de momia cuenta una historia sobrenatural de tinte cómico en la que guiña un ojo a la supuesta superioridad de los colonizadores imperialistas de su siglo y anticipa ese interés creciente en la egiptología, las momias y sus maldiciones, que habría de ponerse tan de moda en la Francia y la Inglaterra victorianas.

Lectora, cuentos sobrenaturales, escalofriantes y divertidos para conocer a Théophile Gautier.

También te gustará: El carruaje fantasma y otros cuentos góticos; El castillo de Otranto; La máscara de la muerte; La joya de las siete estrellas; Carmilla; El monje

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El viento en el rosal y otras historias de lo sobrenatural, de Mary E. Wilkins Freeman

Una niña que no aparece, pero que debería estar ahí cuando su tía va a recogerla a casa de su madrastra viuda. Tres hermanas que sospechan algo terrible, hasta que las sombras en la pared acaban por confirmar lo que tanto temen. Una bella mujer rodeada de muerte. Una habitación que guarda la esencia de la persona mezquina que la habitó. Un trato demasiado bueno en la compraventa de una casa. Dos amigas que se susurran una historia escalofriante. Seis historias de fantasmas, de apariciones, de casas encantadas, de personajes malditos, de niñas perdidas y familias acechadas por lo extraño y lo sobrenatural.

Mary Eleanor Wilkins Freeman (1852 – 1930) fue una novelista estadounidense, nacida en Massachusetts, que comenzó su carrera literaria tras quedarse huérfana y tener que valerse por sí misma. Tanto sus relatos y novelas, como sus antologías de cuentos infantiles, tuvieron muy buena acogida tanto por parte del público como de la crítica literaria, que apreciaban sus historias costumbristas ambientadas en Nueva Inglaterra. En 1926, fue premiada por la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras con la medalla William Dean Howells. En enero de 2021, La biblioteca de Carfax publicó El viento en el rosal y otras historias de los sobrenatural, una antología de seis relatos de Mary E. Wilkins Freeman, con traducción de Shaila Correa y prefacio de Ana Morán Infiesta.

He disfrutado de estos seis relatos de Mary E. Wilkins Freeman con la calma que se merecen y, cada vez que terminada de leer uno, pensaba que era mejor que el anterior. He cerrado esta magnífica antología con la sensación de que no puedo escoger un cuento favorito porque todos, excepto, quizás, el de El solar vacío —que se me ha quedado un poquito corto en comparación con la excelencia de los demás—, me han encantado (en el sentido de gustar, no en el sentido sobrenatural del término (o eso espero)). Tenía el listón alto después de leer El carruaje fantasma y otros cuentos góticos, de Amelia B. Edwards, y La máscara de la muerte y otras historias, de H. D. Everett, pero los relatos de Mary E. Wilkins son incomparables e imposible de eclipsar.

Destaca, por encima de todo, la prosa hábil y precisa de la autora, su don para sugerir entre líneas los detalles más terribles, la maestría con la que mantiene la tensión hasta el final y pone los pelos de punta a lo largo de las páginas, que todas sus protagonistas y la mayoría de sus personajes sean mujeres extraordinarias, fuertes e independientes, y que sea capaz de trasmitir todo un universo familiar en apenas un párrafo o un par de líneas de diálogo. Me ha encantado el apunte final de El viento entre el rosal, la relación entre las tres hermanas protagonistas de Las sombras en la pared, o el misterio planteado, la mirada crítica hacia los estereotipos de género y la narración oral de Luella Miller. Pero, sobre todo, me lo he pasado en grande con La habitación sudoeste, por su sentido del humor, por el retrato de cada uno de los personajes y por la malevolencia que rezuma entre párrafos cada vez que se refiere a la señora que murió en la dichosa habitación. Aunque Mary E. Wilkins Freeman se educó en una familia e institución religiosas, ambas muy estrictas, se las ingenia para mostrar el carácter independiente, inteligente y reivindicativo de todas sus mujeres sin salirse ni una coma de lo que se consideraba correcto en los estándares sociales y de género de su época. Estoy deseando leer algunos de sus relatos costumbristas porque sé que los voy a disfrutar a lo grande.

Lectora, y además sus manifestaciones sobrenaturales dan yuyu.

También te gustará: La máscara de la muerte y otras historias; El carruaje fantasma y otros cuentos góticos; Cuentos de brujas de escritoras victorianas; No mires ahora y otros relatos

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Prohibido morir aquí, de Elizabeth Taylor

Durante sus muchos años de matrimonio, Laura Palfrey formó un equipo formidable con su esposo. Siempre se adaptó a las complejas circunstancias de su vida en las colonias británicas, pero al volver a Inglaterra, la anciana viuda comprende que tanto tiempo en el extranjero la ha dejado sin amistades. En parte para paliar esa soledad, pero también porque cree que Londres le ofrecerá suficientes distracciones, decide mudarse a vivir al Claremont, un hotel con tarifas reducidas para ancianos de pocos recursos que deseen hospedarse permanentemente o hasta que no sean capaces de valerse por sí mismos. Aturullada por un extraño orgullo, la señora Palfrey confiesa a sus nuevas amistades del Claremont que su nieto Desmond irá a visitarla pronto. Pero las semanas van pasando y la anciana no puede quitarse de encima una soledad casi paralizadora… hasta que conoce a Ludo, un joven escritor con el que traba la amistad que siempre hubiese deseado mantener con su verdadero nieto.

«A veces, cuando estaba recién casada, anhelaba liberarme… liberarme de la crianza de mi hija, liberarme de las obligaciones sociales, liberarme de mis deberes. Y liberarme también de las preocupaciones que ocasionan los seres queridos, las enfermedades de la niña y de mis padres que envejecían, de los problemas de dinero. Cada uno de nosotros alguna vez deseó huir de todo aquello. Pero en realidad no deberíamos desear eso, porque con el tiempo descubrí que solo podemos ser libres cuando nadie nos necesita.«

Elizabeth Taylor (1912 – 1975) fue una escritora británica considerada como una de las mejores, e injustamente olvidadas, narradoras del siglo pasado. Comparada a menudo con Barbara Pym o Elizabeth Bowen, las historias y los personajes de Taylor se consideran demasiado arraigados en su tiempo como para encontrarles un paralelismo con Jane Austen, aunque a menudo se equipara su inteligencia narrativa con la de gran autora georgiana. Publicó su primera novela, At Mrs Lippincote, en 1945, de la mano del editor Peter Lewellyn Davies —el niño que inspiró a J. M. Barrie su Peter Pan y primo de la escritora Daphne du Maurier— quien supo ver su talento literario mucho antes que el resto de la crítica de su época. Prohibido morir aquí (la horrible traducción al castellano del título Mrs. Palfrey at the Claremont) es una obra de madurez; publicada en 1971, fue su penúltima novela (Blaming, 1976, se publicó póstumamente). Aunque fue candidata al Booker Prize y The Guardian consideró Mrs. Palfrey at the Claremont como una de las mejores novelas de todos los tiempos, Elizabeth Taylor no recibió en vida el reconocimiento de un premio literario de prestigio.

Esta es la primera novela que leo de Elizabeth Taylor y me he estrenado por todo lo alto. Le debo esta maravillosa lectura a la acertada recomendación de MH, de Las inquilinas de Netherfield, quien ha leído y reseñado gran parte de la bibliografía de esta autora tan de su agrado (Un alma cándida, Una vista del puerto, Angel, La señorita Dashwood). He disfrutado especialmente con el ritmo narrativo de la autora y con la admirable fluidez con la que cambia el punto de vista del narrador para ofrecernos un atisbo de los pensamientos de cada personaje; recurso que utiliza con precisión para mostrar, en lugar de describir, las contradicciones, los miedos y los deseos más íntimos de Laura Palfrey y del resto de caracteres con los que interactúa. La prosa de Elizabeth Taylor es precisa y luminosa, sus personajes complejos y conmovedores, pero su mar de fondo resulta, a menudo, desesperanzador y triste. La autora retrata con maestría a tres generaciones de clase media en el Londres de los años sesenta: viudas mayores que han vivido los últimos vestigios coloniales del imperio victoriano y que perdieron a sus maridos en la Segunda Guerra Mundial, sus hijos egoístas y vanos, que se desentienden de sus mayores pero, a la vez, también de su propia prole, y los nietos de las viudas, desengañados, perdidos, intentando sobrevivir de su intelecto. El personaje protagonista de la señora Palfrey, encantadora, valiente y cansada, aunque no entiende del todo por qué las cosas se han torcido tanto como para terminar sola, sabe bien qué le espera a partir del momento en el que entra a vivir en el hotel Claremont. Elizabeth Taylor consigue que queramos salir a pasear con ella cada vez que abrimos esta conmovedora e inteligente novela.

Lectora, me ha gustado incluso más que las novelas de Barbara Pym.

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La chaise longue victoriana y la torre, de Marghanita Laski

La chaise longue victoriana. Tras un embarazo y un parto complicados por un diagnóstico de tuberculosis, Melanie está impaciente por salir de la cama y volver a su vida de antes. Nerviosa y algo desquiciada por ese confinamiento forzoso de tantos meses, recibe la visita de su médico con inquietud. Pero el galeno tiene buenas noticias: parece ser que sus pulmones se están recuperando bien y para hacerle la vida un poco más amena, recomienda un pequeño cambio de aires. ¿Qué le parecería a Melanie trasladarse de la cama al salón y reposar en la peculiar chaise longue victoriana que compró en un anticuario un poco antes de recibir el primer diagnóstico y la orden de guardar cama?

La Torre. Caroline ha acompañado a su marido Neville en un viaje de trabajo a Florencia. Siempre a la sombra de la condescendencia de su esposo, decide sorprenderlo mostrando interés e iniciativa por la cultura, el arte y la arquitectura de la Toscana. Quedan apenas un par de horas para que anochezca, pero Caroline visita la Torre del Sacrificio, construida en 1535 por Niccolo di Ferramano, un misterioso y oscuro alquimista del que se rumorea que practicaba magia negra.

«Y en el instante antes de darse cuenta de lo que estaba tocando, la inundó el mismo recuerdo que se había agitado en su interior al ver por primera vez la chaise longue en la calle Marylebone… solo que ahora era más profundo, real e intolerablemente doloroso, un recuerdo de amor apasionado, el de un cuerpo que la oprimía y se fundía con el suyo, aplastado en la chaise longue victoriana.«


Automática Editorial
Traducción de Laura Salas Rodríguez
136 páginas
Fecha de publicación: octubre 2025
ISBN: 978-84-10-14120-9

Marghanita Laski (1915 – 1988) fue una periodista y novelista británica que desarrolló su vida profesional en el ámbito académico (fue profesora en Oxford y colaboró en la elaboración del Oxford English Dictionary) y literario. Nacida en el seno de una familia intelectual, sobrina del socialista Harold Laski, mantuvo a lo largo de su vida una mirada crítica sobre la religión y fue activista a favor del desarme nuclear durante la Guerra Fría. Participó en diversos programas radiofónicos culturales y publicó seis novelas, además de relatos y ensayos literarios sobre Jane Austen, Rudyard Kipling o George Elliot. Su novela corta La chaise longue victoriana salió a librerías en 1953, y el relato de La torre, en 1955. En septiembre de 2012, Automática editorial, que había empezado su andadura editorial a principios de ese mismo año, publicó por primera vez una edición en castellano de La chaise longue victoriana, con traducción de Laura Salas. Cumplido el trigésimo aniversario de Automática Editorial, y para conmemorar el éxito de este clásico de terror psicológico y fantástico (uno de sus títulos más vendidos), este sello independiente ha publicado una nueva edición que incluye el relato de La torre, también con traducción de Laura Salas. Tanto la edición de 2012 como la de 2025 abren con el magnífico prólogo de la autora y crítica literaria Isabel Núñez (1957 – 2012).

Este año, para mi spooky season, he leído La chaise longue victoriana y La torre como parte de mis lecturas clásicas de terror y góticas. Era la primera vez que me asomaba a una obra de ficción de Marghanita Laski y he quedado impresionada. Su prosa es rotunda, incisiva, de frases cortas y adjetivos bien escogidos, y las tramas de la novela y el relato, aunque sencillas en apariencia, contienen un universo en un grano de arroz y varias capas de significado. Leer a Laski no requiere esfuerzo, porque su estilo es prístino y directo, pero tiene el don de envolverte, de adentrarte en un complejo y fascinante laberinto oscuro y terrible. Ambas narraciones están protagonizadas por mujeres de clase media inglesas que viven a la sombra de sus maridos, sometidas y dependientes como las perfectas esposas modelo de los años cincuenta del siglo pasado. Y justo ese es el punto de partida de las historias góticas que la autora nos narra porque es esa mirada crítica, que señala lo terrible del estereotipo de género, la que abre la puerta de lo inquietante.

La chaise longue victoriana destaca por su atmósfera opresiva, subrayada por la incapacidad de Melanie, la protagonista, para moverse físicamente y su incomprensión de lo que le está ocurriendo. El punto de vista de la narración pasa con soltura y acierto del médico que la atiende y que la conoce desde pequeña —lo que resulta útil para describir a Melanie y sus circunstancias— a la voz interior de la protagonista. Esta segunda narración da acceso a los lectores al pensamiento de Melanie, por lo que mantiene el suspense in crescendo hasta un final inesperado y sorprendente. En La torre, en cambio, también tenemos un narrador en tercera persona, pero el foco siempre está en Caroline, que se define a sí misma en relación a su marido. Mucho más breve que La chaise longue victoriana, en La torre todavía resulta más evidente el talento narrativo de Laski para contar mucho en muy pocas líneas, y de nuevo deja boquiabiertos a los lectores con un final imprevisible, psicológico, angustiante. La complicidad con el lector, esa confianza de Marghanita Laski en el entendimiento de quien la lee, el juego que establece entre el horror de lo sugerido y lo terrible de la realidad, constituyen otra de las características literarias de esta magnífica autora.

Lectora, de esas historias que siguen dando vueltas en tus pensamientos mucho después de que hayas cerrado el libro.

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