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El entierro de mi tío, de Venance Konan

El tío Kouadjo ha muerto de un ataque de ira, nada sorprendente para sus vecinos de la pequeña aldea baoulé (pueblo de la Costa de Marfil que vive en el centro del país) en la que ha pasado toda su vida. Puede que Kouadjo fuese el peor cazador del pueblo pero era el más excelente de sus camorristas: siempre dispuesto a dar una buena tunda a quien le provocase, siempre preparado para discutir o insultar a quienes según él lo mereciesen. A su muerte, sus sobrinos vuelven a la aldea para organizar el entierro y rendirle honores pero nada es tan sencillo como parece. La lluvia que convierte en barrizales los caminos, las antiguas rencillas entre archienemigos, un asunto de adulterio o un sacerdote algo aprensivo son apenas una pequeña muestra de las dificultades a las que tendrán que enfrentarse los sobrinos del tío Kouadjo para dedicarle un último homenaje.
«Apilamos un montón de telas kita de gran valor, las pesadas pulseras de oro de mi tío y su fusil. Aquí, hacemos así las cosas. Enterramos a los hombres con todas sus pertenencias. Con lo cual, todas las riquezas que produce nuestra sociedad se sepultan bajo tierra junto a los muertos mientras que los vivos siguen viviendo en la miseria.«

Editorial: 2709 books
ISBN: 978-84-941711-1-6
Formato: epub
Traducción de Alejandra Guarinos Viñals
Fecha de publicación: diciembre 2013
PVP: 2,00 €
Venance Konan (Costa de Marfil, 1958) estudió Derecho en la Universidad de Niza pero en cuanto regresó a su país se dedicó a ejercer su verdadera vocación, el periodismo. Konan ha ganado varios premios en periodismo de investigación y en narrativa, género en el que se ha iniciado con gran éxito desde 2003 con Les prisonniers de la haine. La editorial 2709 books publica en castellano Robert y los catapila, En nombre del partido, La guerra de las religiones, La gata de Maryse, además de El entierro de mi tío.
El entierro de mi tío es un relato simpatiquísimo sobre un excéntrico marfileño que hace la vida imposible a sus allegados incluso después de muerto. Venance Konan narra con soltura y naturalidad las costumbres del pueblo baoulé siempre desde una perspectiva entrañable y cercana (son sus raíces) pero también con un divertido guiño al lector europeo ajeno a su cultura. No solo se disfruta por el carisma de sus personajes —el tío Kouadjo, su archienemigo Kouakou Ba, Théogène y sus hermanos, y otros— sino también por el contraste costumbrista africano y por la gracia y sutilidad del autor a la hora de tirar con bala.
De frases cortas y concisas, lenguaje muy directo y léxico rico, la prosa de Venance Konan destaca por su concisión y su luminosidad. Como buen periodista, su mensaje llega claro y sin ambigüedades al lector pero su rumor de fondo siempre es cálido, optimista (pese a la crítica implícita) y tocado por un fresco sentido del humor.
Lector, una lectura divertida y distinta que te dejará con ganas de más Venance Konan.
Nota (I): Atención a la convivencia entre las religiones y fetiches tradicionales de los baoulé y el cristianismo colonial; no tiene desperdicio.
Nota (II): El pequeño glosario de términos marfileños, africanos y/o baoulé al final del libro resulta un gran acierto para la ambientación cultural del lector.
Nota (III): Si tienes un momento, pasa a conocer 2709 books, una pequeña editorial digital con mucho encanto que tiene detalles tan cucos como personalizar el ebook de cada lector con un ex libris.
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Por no mencionar al perro, de Connie Willis

El historiador Ned Henry ha sobrepasado con creces los cuatro saltos temporales por mes que decretan los médicos en la red por culpa de la búsqueda del tocón del pájaro del obispo. Faltan apenas quince días para la inauguración de la reconstrucción de la catedral de Coventry y Lady Schrapnell, la mecenas que financia y supervisa, sigue obsesionada con encontrar esa horrible obra de arte victoriana que se perdió en los incendios de los bombardeos de la Luftwaffe sobre Gran Bretaña en 1940. Cuando Henry regresa a la actualidad, el año 2057, los médicos le diagnostican vértigo transtemporal agudo y le recetan dos semanas de intenso descanso. El exhausto historiador sabe que no podrá descansar a menos que se escape del delirio de Lady Schrapnell así que corre al laboratorio central de saltos temporales y le pide ayuda al director, el señor Dunworthy. Dunworthy, alarmado por la cantidad de saltos de Henry y viendo su lamentable estado, decide enviarlo a la época victoriana para que pueda descansar. Pero justo en esos momentos, aparece la agente Verity con un problema de trasferencia y el señor Dunworthy decide matar dos pájaros de un tiro: mandar a Henry al 7 de junio de 1889, a Oxford, para que descanse en la Inglaterra victoriana y de paso solucione la pequeña trasgresión de Verity. La cuestión es que Ned Henry, por culpa de su vértigo transtemporal, no entiende el alcance de su sencilla misión y aparece en medio de la apacible campiña inglesa de finales del siglo XIX sin tener ni idea de lo que se espera de él.
«-Es del siglo veinte -dijo ella-. Lo que significa que está fuera de su área. No puedo autorizar su marcha sin preparación.
-Bien -el señor Dunworthy se volvió hacia mí-. Darwin, Disraeli, la cuestión india, Alicia en el país de las maravillas, Turner, Tennyson, Tres hombres en una barca, miriñaques, croquet…
-Limpiaplumas – dije yo.
-Limpiaplumas, tenacillas para el pelo, tapetes de ganchillo, el príncipe Alberto, chaqués, represión sexual, Ruskin, Fagin, Elizabeth Barrett Browning, Dante Gabriel Rosetti, George Bernard Shaw, Gladstone, Galsworthy, el renacer gótico, Gilbert y Sullivan, tenis sobre hierba y sombrillas. Ya está -le dijo al serafín-. Está preparado.«

 

A veces, cuando cierras un libro que has terminado de leer vives varios días más dentro de su universo, codeándote con sus personajes, reviviendo diálogos y situaciones. Incluso sientes nostalgia de pasar sus páginas, de seguir inmersa en su genial aventura, y te cuesta empezar una nueva lectura porque ¿cómo vas a querer dejar atrás a Ned Henry y a Verity, a la insufrible Tossie y al enamoradizo Terence, al perfectísimo Baine, al temperamental Cyril, al despistado profesor Peddick, a Princesa Arjumand o al increíble Finch/Jeeves? Por no mencionar al perro, de Connie Willis es ese tipo de libro.
Genial, divertido, con una trama original y unos personajes extraordinarios, Por no mencionar al perro es una novela que me parece del todo imprescindible para aquellos que saben disfrutar de Wodehouse, Stella Gibbons, Jerome K. Jerome, Edmund Crispin, E.F. Benson, D.E. Stevenson, Arnold Bennett, etc. Y es que esta estupenda novela de Connie Willis no solo es un simpatiquísimo homenaje a Tres hombres en una barca de Jerome sino que recoge con gran acierto y encantadores guiños la mejor tradición literaria inglesa de la sátira, la ironía y el humor.
Desde las referencias al Jeeves de Wodehouse, o a La Piedra lunar de Wilkie Collins, hasta las constantes menciones de autores y obras de la Inglaterra de los siglos XIX y XX, pasando por las bromas a costa de la huída de Elizabeth Barrett Browning o a las ocupaciones de Charles Dodgson, y hasta la aparición estelar en el Támesis de los protagonistas de Tres hombres en una barca (novela a la que Por no mencionar al perro debe su título, su inspiración, su espíritu y su divertidísimo homenaje), entre otros muchísimos más detalles, Willis ofrece al lector un constante juego metaliterario en diálogos desternillantes o comparaciones divertidísimas que se ganan la complicidad del lector desde las primeras páginas. Una gata llamada Princesa Arjumand, una matrona victoriana afecta al espiritismo que crítica a Arthur Conan Doyle, un duro enfrentamiento entre teorías históricas (Overforce vs Peddick), un joven que habla con citas de Tennyson, un secretario del siglo XXI que siempre ha querido ser como Jeeves… Las páginas de esta estupenda novela de humor están llenas de personajes extraordinarios y situaciones cómicas marcadas por dos constantes debidas al destino: la búsqueda de una obra de arte horrible (y por ello indestructible)
«-Las cosas horribles no se destruyen nunca -continuó ella-. Era una ley. La estación de St. Pancras no resultó afectada por el Blitz. Ni el Albert Memorial. Y esto sí que es horrible.«
y salvaguardar el continuum histórico propiciando que la bella pero tonta Tossie (¡Por todos los dioses! ¿qué nombre es Tossie?) conozca a su marido, un señor del que los historiadores solo saben que su apellido empieza por «C».
«-¿Quién es ese señor Chips o Chesterton o Coleridge con quien se supone que va a casarse?»
 
«-Y si encuentra a alguien llamado Chaucer o Churchill, envíelo a Muchings End.»
No importa si el lector adivina quién es ese futuro marido antes de la mitad de la novela, Por no mencionar al perro es tan divertida, interesante, simpática, original y genial que no podrá dejar de seguir leyendo con idéntico entusiasmo.
Lector, hacía tiempo que no me divertía tanto con una novela.
Nota: Esta reseña es de esas que siempre tenemos la sensación de que se nos quedan cortas y cojas. Me ha gustado tanto este libro, y quiero recomendároslo por tantas cosas, que seguro que podría haberlo hecho muchísimo mejor pero me ha podido el entusiasmo. Disculpa lector, ¡pero que gustazo encontrarse de vez en cuando con lecturas como esta!
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Por no mencionar al perro

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Ahí os quedáis de Jonathan Tropper

Judd Foxman lleva algunas semanas viviendo en un sótano de alquiler, sin trabajo, alimentándose de pizza, comida china frita y mucho alcohol. Su vida en una bonita urbanización de clase alta se vino abajo cuando llegó temprano a casa, con una tarta de chocolate en las manos, para celebrar el cumpleaños de su mujer y encontrársela en su cama con su jefe. La tarta de cumpleaños, con velas encendidas incluidas, acabó estampada contra el culo de su ex-jefe (una muy tibia venganza para la rabia y la desolación que siente el pobre Judd). Solo la noticia de la muerte de su padre, Mort Foxman, que llevaba tiempo enfermo, es capaz de hacerle salir de su inmundo sótano de alquiler. Judd no está preparado todavía para enfrentarse al mundo pero mucho menos para pasar una semana entera con su madre y sus tres hermanos: Wendy, esposa de un capullo y millonario corredor de bolsa y madre de tres niños pequeños adorables; Paul, gerente de la empresa familiar y eternamente enfadado con el mundo desde que un terrible accidente frustró su brillante carrera en el beisbol; y Phillip, un eterno Peter Pan incapaz de dejar de acostarse con todas las mujeres que se le ponen delante. Los Foxman al completo, obligados a guardar juntos la Shivá por la muerte de su padre, conscientes de su incapacidad para demostrar sus sentimientos o hablar siquiera de ellos, se enfrentan con horror a esa semana en familia.
«-Está bien llorar -dice mamá en voz baja.
-Lo sé.
-También puedes reír. No hay una sola respuesta emocional correcta.
-Gracias, mamá.
Mamá es psicóloga, obviamente. Pero también es más cosas. Hace veinticinco años escribió un libro llamado La cuna y todo lo demás: guía materna para la correcta crianza de los hijos. El libro resultó ser un fenómeno nacional y elevó a mi madre a la cumbre de los expertos en criar niños. Huelga decir que mis hermanos y yo estábamos jodidos más allá de toda esperanza.«

Algunos críticos estadounidenses comparan a Jonathan Tropper con Nick Hornby, el autor de Alta fidelidad o En picado; Ahí os quedáis es la primera novela que leo de Tropper y me ha parecido mucho más divertido que Hornby aunque más superficial a la hora de abordar los problemas y las motivaciones de sus personajes. Aunque lo que sí comparten ambos autores es una predisposición a los finales realistas, alejados del happy end hollywoodiense, de esos que dejan al protagonista en una encrucijada y la sensación de ser capaces de tomar cualquier camino posible (tampoco sin pasarse, que esto no es J.J. Abrams), y un elenco de personajes que han tocado fondo, salpican sus diálogos de cantidades ingentes de palabrotas y hablan/piensan/practican continuamente variaciones del verbo follar.
Ahí os quedáis es una novela sobre todo divertida que sabe sacarle un excelente partido a los diálogos ingeniosos, de réplicas rápidas y políticamente incorrectas, y la vertiente más humorística de unos protagonistas que, pese a vivir las horas más bajas de su existencia y estar totalmente destrozados, son capaces de reírse de sí mismos y comprender que sus problemas no van a arreglarse en una semana ni en un mes (puede que jamás lleguen a solucionarse) pero que algo funciona mal en ellos y en sus seres queridos pero que, contra todo pronóstico, se dan cuenta de que siguen queriendo a esos mismos seres imperfectos y algo cabrones, como ellos. Y es todo ese elenco de personajes dolorosamente humanos, tratados desde una perspectiva llena de cariño y de humor, el que da vida a una trama que a menudo acaba por conmover al lector además de hacerle sonreír.
Lector, no he visto la película pero difícilmente puede superar a unos personajes (y unos diálogos) como estos. Una lectura divertida para el verano que se aleja de lo convencional con excelente pulso narrativo.
Nota: Para que os hagáis una idea, esta novela es como La joya de la familia pero con más mala leche y más políticamente incorrecta que la versión (algo) dulcificada de esa película. Por cierto, qué poco me gustan las portadas de libros con el cartel de la película.
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Cosas raras que se oyen en las librerías, de Jen Campbell

Jen Campbell se crió en un pueblo del nordeste de Inglaterra. Tras estudiar literatura inglesa en la Universidad de Edimburgo se mudó a Londres, donde trabaja en una librería de viejo(1). Y allí descubrió que los compradores de libros tienen sus particulares rarezas. Campbell recoge en este divertidísimo libro conversaciones reales(2) entre libreros y clientes en la Edinburgh Bookshop, la librería Ripping Yarns y algunas otras. Además, Malpaso editorial ha tenido el detalle y el acierto de enriquecer este bombón de libro con algunas conversaciones entre libreros y clientes autóctonas de este país al final de sus páginas. Un compendio de diálogos enloquecidos y descacharrantes que resultan imposibles leer sin caer en la carcajada.
(1) Fragmento biográfico de la editorial.
(2) Sí, sí, habéis leído bien, he dicho reales como la vida misma.

«¿Tenéis Expiación? Pero no quiero un libro con la imagen de la película en la cubierta, por favor. El cuello de Keira Knightley me pone enfermo.«
«CLIENTE: Se dice que mil monos con máquinas de escribir podrían acabar produciendo maravillas… ¿lo sabía?
LIBRERO: Sí.
CLIENTE: ¿Tiene algún libro de esos?
LIBRERO: No.«
Muchas más veces de las que nos imaginamos, la realidad supera a la ficción. Este es el caso de los diálogos entre clientes y libreros que ha recogido Jen Campbell en Cosas raras que se oyen en las librerías. Los lectores tendremos la tentación de pensar que no es posible, que nadie puede haber dicho eso… pero lo es.
Tengo una amiga farmacéutica que una vez me dijo «Me matan cuando vienen y me dicen «no recuerdo el nombre del medicamento pero eran unas pastillas redondas, pequeñas y blancas»; y se sorprenden de que no sepa cuál es«. Todas las personas que trabajan de cara al público deberían escribir un libro con las anécdotas sobre su trato con los clientes, porque la originalidad de la raza humana nunca dejará de sorprendernos. En el caso de Cosas raras que se oyen en las librerías creo que gusta el triple porque somos lectores, adoramos los libros y nos encantan las librerías. Y creo que después de leerlo miraremos con más cariño (si eso es posible) a nuestros libreros preferidos.
Lector, una lectura para disfrutar y reír. Porque sí, porque tú te la mereces. 
Ah, por cierto, seguramente los Monty Python deben estar muy orgullosos de algunos de los clientes que se pasan por la Ripping Yarns.
Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a la magnífica labor editorial de Malpaso y a sus iniciativas, no solo por sus ediciones metaliterarias (me encantó La librería más famosa del mundo) sino también por la calidad de las mismas y por su iniciativa al incluir e-book en la edición física de sus libros. 
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Trabajos de amor ensangrentados, de Edmund Crispin

El director Horace Stanford y la señorita Parry, responsables de la escuela y del instituto para señoritas de Castrevenford, respectivamente, están ultimando los preparativos para la obra de teatro que forma parte de los actos de celebración de la entrega de premios de fin de curso de ambas instituciones. Su mayor preocupación es el extraño comportamiento de una de las alumnas que actúa en la obra, pero el director cree haberlo solucionado rápidamente en cuanto deduce que se debe a sus encuentros clandestinos con uno de sus muchachos. Sin embargo, todo resulta ser mucho más siniestro y alarmante de lo que parecía en un principio: alguien ha robado ácido del laboratorio del pabellón de ciencias, la chica ha desaparecido y dos de los profesores de Castrevenford han sido asesinados en extrañas circunstancias de un disparo en la cabeza. Por suerte para el director Stanford, el profesor de Oxford y afamado detective Gervase Fen acaba de llegar a la escuela invitado por él mismo para la entrega de premios de fin de curso. Como el policía local se declara novato en las lides de investigar un asesinato, la generosa oferta de Fen de hacerse cargo del caso le viene caída del cielo.
«-Los dos paquetes tenían la misma caligrafía, muy retorcida y desvaída, y con algunas extrañas faltas de ortografía. Uno de los dos fajos, como le dije, eran cartas privadas. El otro parecía como de poesías, aunque confieso que no pude sacar nada en claro de ello, más allá del título.
Fen se inclinó hacia delante.
-¿Y qué era?
-Oh, Trabajos de amor logrados -dijo el señor Taverner.«

Han pasado diez años desde que el profesor Gervase Fen solucionara (delirantemente) los misteriosos casos de La juguetería errante. Fen vuelve a sembrar el pánico entre conductores y transeúntes a bordo de su querido Lily Christine y acude al rescate de las tribulaciones de un buen amigo, el director de la escuela Castrevenford, que se encuentra con dos profesores asesinados, la desaparición de una adolescente y la sospecha de un manuscrito perdido y hallado de (nada más y nada menos) William Shakespeare. Y todo en medio de un montón de alumnos en plena celebración de fin de curso, sus insoportables padres, un profesorado peculiar, un perro que bien podría haber sido (en sus buenos tiempos) el sabueso de los Baskerville y un algunas jovencitas insuperables.
Trabajos de amor ensangrentados es una estupenda novela de detectives al más puro estilo de Edmund Crispin: humor, personajes excéntricos, escenas delirantes, persecuciones surrealistas y deducciones holmesianas de uno de los investigadores más carismáticos de la novela del siglo XX, Gervase Fen. Originalmente publicada dos años después de La juguetería errante (1946), el autor se reafirma en su prosa rica y elegante, algo burlona, sarcástica, y consigue una novela y una historia mucho más fluida y madura que en la mencionada juguetería. Un caso interesante, con el atractivo de una posible obra perdida de Shakespeare (Trabajos de amor logrados), que pone a prueba la capacidad deductiva de su personaje protagonista y atrapa al lector tanto por sus enigmáticas escenas del crimen como por su divertida y extraña galería de personajes.
Lector, súbete a Lily Christine y acompaña a Fen en esta nueva y misteriosa investigación en plena campiña inglesa.
También te gustará: La juguetería errante
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Trabajos de amor ensangrentados

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