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¡Abajo el colejio! de Geoffrey Willans, ilustrado por Ronald Searle
Ola, mi nombre es Nigel Molesworth y en este libro os voy a ablar un poco de como es mi colejio, mis profesores y el direztor. Mi colejio se yama san custodio y apenas quedamos un puñado de balientes y agerridos muchachos porque casi todos son unos barbilindos, como mi ermano molesworth-2. Este colejio de San Custodio es un sitio a donde los padres nos lleban para desacerse de nosotros, prebio pago de tope dinero. En lo mas alto de la cadena alimenticia esta el direztor, que solo piensa en como atizarnos bien atizados y en escaquearse todo lo posible mientras recauda fondos entre los padres mas ricachos del colejio. Luego estan los profesores, que suelen ser más o menos pasables dependiendo de sus asijnaturas. Y por ultimo estamos nosotros, los pazientes heroes que sobrebiben dia a dia a esta tortura colejial.
«Mientras tanto se descubrieron los libros y un montón de gente aprendió a leer. Tampoco es que sea para tanto por que asta alguien como molesworth-2 sabe leer, pero ellos pensaron que era fabuloso y eso llebó a una trajedia muy grande: de paso inbentaron el colejio… Tanbién llebó al CONOCIMIENTO.«

La siempre extraordinaria Editorial Impedimenta vuelve a deleitar (y sorprender) a los lectores con ¡Abajo el colejio! una estupenda historia con el más genuino humor inglés contada desde el punto de vista de Nigel Molesworth, un alumno de armas tomar. Sarcástico, desesperanzado sobre las posibilidades de San Custodio, pero siempre valiente y demoledoramente sincero a la hora de informar sobre asignaturas y profesores, Nigel ofrece todo un manual de supervivencia para el colegial inglés.
«La historia enpezó mal y desde entonces ha ido a peor. Pasa como
cuando a peason y a mi nos descubren cada vez que vamos a fumar al
jardín ¡Sienpre caen los mejores onbres! (…) Por último nos machacaron
los yankis que tiraron nuestro té en el puerto de boston vestidos de
indios. Ese fue el fin de todo.» (Sobre la asignatura de Historia).
cuando a peason y a mi nos descubren cada vez que vamos a fumar al
jardín ¡Sienpre caen los mejores onbres! (…) Por último nos machacaron
los yankis que tiraron nuestro té en el puerto de boston vestidos de
indios. Ese fue el fin de todo.» (Sobre la asignatura de Historia).
¡Abajo el colejio! es una lectura divertida e ingeniosa que mantiene la sonrisa del lector de capítulo en capítulo y que resulta muy refrescante por su capacidad de sorprender y noquear a golpe de consejo disparatado. Además, las ilustraciones de Ronald Searle son tan ingeniosas y divertidas como el texto de Willans. Y la magnífica traducción de Jon Bilbao, que tuvo que luchar a brazo partido con su corrector de word y sus diccionarios, hace de esta lectura un placer inesperado.
Lector, para adictos al humor británico de internado inglés.
También te gustará: Y a mi sobrino Albert (…); Doctor en Irlanda; Jovencitos con botines
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La princesa prometida, de William Goldman
«Éste es el libro que más me gusta de todos, aunque nunca lo he leído.«
Cuando William Goldman era pequeño, tuvo que guardar cama algunas semanas mientras se recuperaba de una fea pulmonía que lo había mandado al hospital. Durante su convalecencia, su padre, un voluntarioso barbero que había emigrado desde Florín y aún seguía teniendo algunos problemas con el inglés, decide leerle la mejor novela del escritor florinés S. Morgenstern: La princesa prometida. Morgenstern había emigrado a Nueva York y el padre de Goldman había ido a verle una vez; tenía una cabeza enorme, pero escribió el mejor libro de todos los tiempos. Y esa fue la primera vez que William Goldman escuchó la historia de Buttercup y Westley, de Íñigo Montoya y Fezzik, de Vizzini, del hombre de los seis dedos, del malvado príncipe Humperdinck y de todo lo que les aconteció desde que, en una pequeña granja de vacas lecheras, el mozo de cuadras pronunció un «como desees«.
Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas. Serpientes. Arañas. Bestias de todas clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasión. Milagros.
¿Quién puede resistirse a una historia como esta?

La princesa prometida es una extraordinaria novela clásica de aventuras que nadie, bajo ninguna circunstancia ni excusa (ni siquiera la de la edad ¿qué excusa es esa? ¡por favor!), debería perderse. Y aunque hayas visto la película de Rob Reiner (una excelente adaptación, sin duda) ya sabes, lector, que el libro te aportará toneladas de magia extra. Recuerda que Goldman solo ha escrito para nosotros las mejores partes y nos ha ahorrado todos esos capítulos tan enojosos sobre la economía de Florín, los derechos de sucesión al trono, las descripciones sobre el equipaje o sobre los festejos de boda.
Aventura, amor verdadero, humor y algunas observaciones útiles sobre la vida llenan las páginas de este libro original y único pensado para uso y disfrute del lector. Personajes inolvidables, sorpresas y un tono narrativo peculiar con mucho sentido del humor hacen de La princesa prometida una historia que invita al lector a desaparecer del mundo real mientras está viviendo trepidantemente entre estas páginas. William Goldman no solo enriquece la trama con sus prólogos y anotaciones (no te pierdas ni una sola línea, de verdad que merecen la pena) sino que aporta siempre esa nota de ternura, de ilusión y de nostalgia que siempre tiene la complicidad del lector.
Lector, no sé por qué estás aquí, perdiendo el tiempo en leer esta reseñita, cuando podrías estar ya a medio camino de Florín perseguido por un gigante, un maestro de la esgrima y un genio del mal que han raptado a la mujer más hermosa del mundo.
Agradezco infinitamente a Isi la organización de la lectura conjunta de La princesa prometida en la que participamos el pasado mes de abril; hacía años que había leído este libro pero se me había olvidado lo mucho que lo había disfrutado. Gracias por tus buenas ideas, Isi.
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La nariz de Edward Trencom de Giles Milton
A principios de 1969, Edward Trencom se siente un hombre razonablemente feliz y satisfecho. Gracias a su portentosa nariz, preciada herencia de familia, -larga, aguileña y provista de un característico abultamiento redondeado sobre el puente- ha llevado el negocio de sus antepasados a la fama mundial: la más célebre formagerie de Inglaterra. Trencom no solo es capaz de identificar el tipo y la procedencia de cualquier queso de su tienda, sino que además puede decir sin apenas error de cálculo cuándo y dónde fue ordeñada la vaca de cuya leche está hecho el manjar. La tienda original de los Trencom se quemó en el incendio de Londres de 1666, pero desde entonces, y gracias a la buena previsión de los varones narigudos de la familia que han ido heredando el negocio, la formagerie se conserva como proveedora de la casa real desde el siglo XVIII. Edward, felizmente casado con su querida Elizabeth e instalado en su olorosa rutina, cree que la vida no puede depararle más. Hasta que una mañana, un misterioso olor en sus almacenes le lleva hasta una caja de documentos antiguos y la sospecha de que una espantosa maldición pesa desde hace siglos sobre todos los herederos Trencom de prodigiosa nariz.

«—Cuando todos los demás están perdiendo la cabeza, es cuando más falta hace que una conserve la suya.
Elizabeth, que por entonces tenía diez años poco más o menos, le había preguntado cómo se conservaba la cabeza, una pregunta muy pertinente teniendo en cuenta que había estado leyendo un libro sobre María Antonieta.»
Giles Milton es un escritor y periodista inglés más conocido por sus estupendas guías de viaje, investigaciones y ensayos como Nathaniel’s Nutmeg (el hombre que tuvo el coraje de cambiar la historia). La novela La nariz de Edward Trencom (una novela de historia, intriga oscura y queso) es su primera obra de ficción en la que se barajan géneros como la intriga, la novela negra de ambientación histórica y el fino humor británico al estilo de la vieja escuela de P.G. Woodehouse, Stella Gibbons o Arnold Bennett.
Con una prosa magnífica y un ritmo narrativo sostenido, Milton consigue atrapar al lector desde el principio en una historia excéntrica y sorprendente sobre el heredero de una nariz prodigiosa en lo que se refiere a todos los quesos del mundo. Roquefort, brie, tulumotiri, cheddar, emmental, tynwood, gilden, stilton, charworth, bridgeworth… Un sinfín de quesos desfilan por entre las páginas de las aventuras y desventuras de los Trencom y su formagerie a lo largo de la Historia, dotando de su propio aroma y exquisitez las inquietudes de Edward. Divertida, distinta, bien tramada y mejor narrada, La nariz de Edward Trencom es una novela distinta, elegante y extravagante que hará las delicias de los lectores más curiosos, aquellos que siempre buscan lejos de las estanterías de best sellers o novedades. Destaca la antología en el tiempo de los antepasados del actual Trencom, sus rocambolescas muertes y sus peripecias para salvar sus quesos, así como el relato exquisito y divertidísimo del noviazgo y posterior matrimonio de Edward y Elizabeth, una pequeña joya dentro de esta historia que brilla por su originalidad y su fantástico e inteligente humor.
Lector, déjate sorprender por una historia distinta de excéntrico humor británico.
También te gustará: Enterrado en vida; Mr. Rosenblum sueña en inglés; El libro de la señorita BuncleSi quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
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La reina se va de viaje de William Kuhn
La reina Elizabeth II está algo alicaída, se siente triste, tiene la sensación de haber quedado relegada a un mero símbolo nacional, a una inútil. Y es curioso que sea precisamente ahora, casi diez años después de la muerte de Lady Di, cuando la monarquía alcanzó las más altas cotas de impopularidad entre los británicos, cuando le ha sobrevenido la tristeza. La única que quizás se haya percibido del cambio de humor de la reina haya sido Shirley McDonald, su encargada de vestuario durante más de veinte años. El mayor Thomasson, caballerizo real, ajeno a los sentimientos de su Majestad, tampoco acaba de encontrarse bien del todo desde que volvió de Irak, donde perdió a su mejor amigo. Lady Anne, dama de la reina, lo acoge bajo su protección, quizás porque es incapaz de reconocerse a si misma lo mucho que echa de menos a su hijo Dickon, valiente activista de Greepeace. Y en las caballerizas de palacio tampoco parece haber mucha felicidad; la hermosa Rebecca anda siempre enfurruñada pese a que el ingenioso y encantador Rajiv hace todo lo posible por ponerle una sonrisa en la boca. Y aunque la idea de la escapada no fue idea de Rebecca, quién ni siquiera alentó a la reina, Elizabeth II va a aprovechar una serie de circunstancias relacionadas con un caballo al que le gusta el cheddar, para marcharse en busca de los recuerdos más felices del pasado. Shirley, Thomasson, Lady Anne, Rebecca, Rajiv y William, el mayordomo, pese a que el personal de su majestad jamás se mezcla, harán una excepción y unirán esfuerzos y viejas lealtades para ir en su busca antes de que los medios de comunicación se enteren del periplo de la reina.

La reina se va de viaje es una agradable novela sobre una reina que desafía al protocolo para encontrarse a si misma y recuperar la fe en lo que es. Pero también es la historia de las personas que salen en su busca porque de verdad la aprecian: un puñado de hombres y mujeres que llevan años conviviendo con una inacabable soledad y que, ahora, de repente, a raíz de un incidente tan imprevisto como la fuga de su Majestad, aprenden que abrirse a los demás tampoco resulta tan terrible como habían pensado.
Personalmente, elegí La reina de va de viaje algo influenciada por el buen recuerdo que guardo del libro de Alan Bennett, Una lectora nada común (que por cierto, aparece mencionada en esta novela en una situación muy graciosa), esperando encontrar una novela del más puro humor británico. Descubrí, un poco tarde, que el autor, William Kuhn es, en realidad, norteamericano y quizás por eso -pese al profundo amor y respeto que asegura tener (y demuestra) por la cultura británica y la ciudad de Londres-, La reina se va de viaje no ha resultado ser tan británicamente divertida como me esperaba.
Es cierto que se trata de una novela divertida, llena de situaciones cómicas basadas en un inteligente equívoco de roles y un delicado equilibrio de circunstancias, muy alejada de la comedia norteamericana. Pero no acaba de tener ese temple genuino de humor británico de, por ejemplo, El mayor Pettigrew se enamora o la ya mencionada Una lectora nada común (por citar dos títulos contemporáneos), que tanto me habían gustado. A Kuhn, como escritor, se le nota que no acaba de sentirse a sus anchas en las profundidades de otra cultura (el humor es la máxima expresión de una civilización), y se le nota sobre todo en los diálogos: buenos, contundentes, graciosos, pero un pelín forzados a la hora de trasmitir ese humor tan inglés de Wodehouse, Fitzgerald, Gibbons o Waugh. O quizás he pecado de demasiado quisquillosa y susceptible en mi lectura, advertidos quedáis.
De todas formas, La reina se va de viaje es una novela muy divertida y bien tramada, con unas situaciones ingeniosas y bien resueltas y unos personajes profundamente humanos y conmovedores por su sincera vulnerabilidad. William Kuhn acierta completamente al no descargar todo el peso de la trama en un único personaje y su acción (la reina y su huida), sino que muy hábilmente despliega toda una serie de protagonistas, llenos de carisma e interés, que aportan el condimento perfecto a su novela. La historia se convierte así en una obra coral de excelente ritmo y mayor encanto, que incluso se permite, con muy buen tino, alguna reflexión interesante y acertada sobre el pueblo británico y su expresión del duelo a lo largo de los dos últimos siglos.
Lector, aquí tienes una divertida y delicadamente conmovedora novela para un viaje de placer sin moverte de tu sillón preferido.
Nota para los más curiosos: Sí, la reina habla de su annus horribilis, de Lady Di, de sus cuatro hijos, de su marido, de sus perros y hasta de su predilección por seguir las costumbres de su abuela la reina Victoria.
También te gustará: Una lectora nada común; El mayor Pettigrew se enamora; Mr. Rosenblum sueña en inglés
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La señorita Mapp de E.F. Benson
En el bucólico pueblecito inglés de Tilling la vida sigue su curso sin apenas sobresaltos. El mayor Flint y el capitán Puffin juegan a golf, el padre Bartlett aburre a sus escasos feligreses desde el atril, las Poppit hacen gala de su ordinaria orden del Imperio Británico, Irene pinta al carnicero como si fuese Adán, Diva se pasa «un momentito» por las tiendas y a Elizabeth Mapp no se le escapa ni un detalle desde el mirador de su pintoresca casita. El problema es que el deporte nacional de Tilling es el cotilleo y la reina de los enredos no es otra que la señorita Mapp. A ella no se le escapa nada por mucho tiempo: la juega de borrachos de los dos solteros, las pretensiones nobiliarias de nuevos ricos de las Poppit, las innovaciones de alta costura de Diva o incluso los devaneos amorosos del señor Wyse. Y si quieres tener una vida agradable en la pequeña comunidad de Tilling es mejor que no te pongas el mismo vestido que Elizabeth Mapp para ir a jugar al bridge o decidas hacerle la corte al mayor Flint.

La señorita Mapp es otra de las divertidas comedias sociales inglesas que E.F. Benson dedicó a la pequeña burguesía rural eduardiana. Elizabeth Mapp, malvada, cotilla y con una gran imaginación para dar rienda suelta a sus pequeñas tramas sociales y venganzas varias, es la brillante protagonista de esta pequeña comunidad de excéntricos personajes. Se diferencia de Lucía (Reina Lucía) en que no tiene pretensiones culturales y en que sus maniobras están teñidas de mucha más mala uva.
«La señorita Elizabeth Mapp aparentaba unos cuarenta años, y había aprovechado esa circunstancia para restarse un par de ellos. Su rostro lucía un saludable color rosado y en él habían dejado huella la curiosidad crónica y la iracundia; pero estas emociones tan vivificantes también le habían permitido desarrollar una asombrosa actividad mental y corporal.«
Esta estupenda novela se disfruta por cada uno de los personajes que la habitan, por el satírico humor y la ironía de Benson. Pero también, y no menos importante, es una lectura recomendable por la magnífica prosa de su autor, capaz de hacer disfrutar al lector de frases extraordinariamente divertidas con impecable imperturbabilidad británica y retratar la vida de un pequeño pueblo rural de la época con aguda precisión crítica. Pese a que el estilo y la inteligente comedia de E.F. Benson brilla de igual manera en ambas novelas, La señorita Mapp resulta algo más divertida que Reina Lucía; seguramente por su ritmo menos pausado, por un mayor protagonismo de todos los personajes y por los descarnados planes de Mapp, a quien Benson le niega la tenue capa de ternura y cariño con la que a veces disculpa a su ignorante y esnob Lucía.
«En Tilling nadie podía estar sin hablarse con otra persona más de un par de días, porque si no se dirigían la palabra, no podían mantener nuevas disputas entre ellos (y nada sería más trágico).«
La edición impecable, como nos tiene acostumbrados, es de Impedimenta. Y la estupenda traducción con sus pies de página (consuelo y guía del lector) son de José C. Vales.
Lector, buena lectura para disfrutar y relajarse sin renunciar a las mejores formas. Perfecta para los adictos a la literatura de humor británico.
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