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Archivo del Autor: Monica
Cuatro hermanas de Jetta Carleton
«Mi padre poseía una granja en el lado occidental del Misuri, por debajo del río, donde la meseta de Ozark desciende para unirse a la llanura». Mary Jo inicia así el relato de sus veranos en casa de sus padres, Matthew y Callie Soames, junto a sus hermanas Jessica y Leonie. Todos los años se escapan unas semanas de sus respectivas vidas para volver a la granja familiar y compartir el cariño de sus historias pasadas, el sólido núcleo que han labrado sus padres y su admiración por el florecimiento vespertino de las damas de noche. Las habitaciones de la granja todavía conservan el eco de las risas y los pasos de las cuatro hermanas: el corazón de Jessica, la tozudez de Leonie, la frescura de Mathy, la niñez de Mary Jo. La dura vida en el campo de las primeras décadas del siglo XX en Kansas, los lazos de esa comunidad, la autenticidad del paisaje y la omnipresencia de la religión hasta en los pensamientos más íntimos, marcarán los anhelos y decisiones de esta peculiar familia.

Cuatro hermanas es, por desgracia para los amantes de la buena literatura, la única novela de Jetta Carleton. Inspirada en su infancia junto a sus hermanas en la granja de Misuri de sus padres, Carleton regala al lector el cálido retrato de la familia Soames adentrándose con encantadora sencillez en la intimidad de cada uno de sus miembros. El mayor atractivo de la escritura de esta autora es su don para conseguir trasmitir un alud de sensaciones sin manierismos ni artificiosas situaciones o descripciones trufadas de tópicos románticos. A través de una narración casi cotidiana de la vida de los protagonistas y de sus pensamientos, Carleton consigue ir perfilando a cada uno de ellos con precisión y luminosidad. El lector queda prendado de ellos con esa misma naturalidad, hipnotizado por el compás tranquilo de Misuri, cautivado por el placer sencillo del helado, de la música o de las damas de noche. Siempre omnipresente, el paisaje natural de Cuatro hermanas, con sus melocotoneros, sus cerezos, sus campos de trigo y mazorcas, sus atardeceres, la frescura del río, se convierte en un poderoso protagonista que envuelve con calidez la atmosfera única de esta estupenda novela.
Resulta muy difícil reseñar un libro que gusta por sus intangibles sensaciones, tan bien trasmitidas entre sus líneas. Porque cuando se analiza la trama de Cuatro hermanas, no tiene una linealidad precisa o una acción continuada, sino que un narrador omnisciente traslada la atención de uno a otro personaje hasta convertirla en una historia coral y a la vez única. Así que al lector no le queda más remedio que reconocer que le gusta este libro, no sólo por su calidad, sus personajes o su historia, sino también por su cálida compañía.
Lector, siéntate un ratito en el porche de la granja de los Soames, déjate envolver por el paisaje amable del Misuri del siglo pasado, y tendrás la suerte de ver aparecer a Jessica, Leonie, Mathy y Mary Jo corriendo como náyades en busca de la frescura del río.
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Cuatro Hermanas
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Agua para elefantes de Sara Gruen
Jacob Jankowski tiene noventa años, o noventa y tres, y vive recluido en una residencia de ancianos en donde pasa los días anhelando la comida de verdad y un poco de independencia. Pero este fin de semana es distinto porque el circo ha llegado al otro lado de la calle y el domingo su familia le llevará a ver la función. Jacob sabe mucho del circo, una vez, hace muchos años, lo fue todo en su vida. Estados Unidos sufría el crack de la bolsa del 29 y él estaba a punto de licenciarse en Cornell, como veterinario, cuando una llamada telefónica puso patas arriba toda su apacible existencia. Perdido, desolado, sin hogar, sin trabajo, Jacob se cuela inesperadamente en el tren del Espectáculo más Deslumbrante del Mundo de los Hermanos Benzini donde tío Al le concede un lugar como veterinario. Rodeado del cariñoso orangután Bobo, la peculiar elefanta Rosie, los increíbles caballos de Marlena, fieras desdentadas y un elenco de artistas y peones desesperados, el joven Jankowski descubrirá las miserias y las maravillas del circo de la época, pero también, de qué está hecho realmente el material huidizo de su propia alma.
En Agua para elefantes, Sara Gruen regala al lector una interesantísima mirada al mundo circense de finales de los años veinte en Norteamérica. Basada en un sólido estudio y documentación de la época (como se detalla en Nota de la autora), esta novela conmueve por el maltrato, a veces gratuito, que sufrían personas y animales siempre en aras del espectáculo. Sin duda, lo más interesante de esta historia acaba siendo la relación del protagonista con sus bestias de circo, pero también el cambio que se opera en un muchacho obligado a elegir caminos que nunca antes habría soñado siquiera que pudiesen estar a su alcance. Bien escrita, amable, sencilla, la prosa de Gruen invita al lector a adentrarse en un mundo fascinante y peculiar que históricamente existió para delicia y desgracia de muchos. Más allá de una historia de amor que queda algo desdibujada por el brillante entorno, destaca la mirada profundamente cautivadora y tierna de la autora sobre los animales del circo y sus relaciones con los humanos.
Lector, si tienes curiosidad por conocer cómo vivía la elefanta Rosie y el payaso Walter en el Espectáculo más Deslumbrante del Mundo, acércate a Jacob y te contará su historia.
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Contra el viento del norte de Daniel Glattauer
Un error en una dirección electrónica inicia una curiosa correspondencia entre dos desconocidos. Emmi Rothner envía un correo a la revista Like para darse de baja de la suscripción pero en realidad llega hasta la bandeja de entrada de Leo Leike, un asesor de comunicaciones que le contesta educadamente para sacarla de su error. Sin embargo, con la llegada de las navidades y los mensajes masivos de felicitación, Leo no puede resistirse a la tentación de volver a contestar a Emmi y los e-mails empiezan a sucederse entre ambos. Él es un naufrago a la deriva de una relación incesante y tóxica, ella una mujer felizmente casada y con dos hijos, pero juntos son capaces de crear, siempre a través de las palabras, una isla común en donde el tiempo y espacio desaparecen para poder ser ellos mismos en cada coma, en cada acento, en cada exclamación. Palabra a palabra, quedan totalmente desnudos y a solas: «tú has convertido mi monólogo interior en un diálogo».
Si el lector abre Contra el viento del norte esperando encontrar una gran historia de amor quizás no le parezca tan original como debería porque la verdadera fuerza y emoción de este libro no radica tanto en el romanticismo como en la singularidad de sus palabras, de su escritura. Contra el viento del norte es, por encima de todo, un baile dialéctico tan bien tramado que hasta sus personajes y circunstancias se desdibujan para dejar paso a una contienda escrita deliciosa y precisa. Daniel Glattauer conoce el peso de cada una de las palabras que elige para sus protagonistas y sabe bailar con las construcciones gramaticales de una manera sensacional. El resultado es un libro de correspondencia electrónica en donde los personajes se conocen íntimamente y se hacen el amor a través de las palabras, sin caer en ningún tópico romántico o en cursilerías insoportablemente endulzadas. Glattauer consigue dar a Leo y a Emmi su propia voz, consiguiendo diferenciarlos en su manera de comunicarse (pensamiento, lenguaje y escritura son la esencia de la persona) y los hace únicos, libres, vibrantes para el lector (aunque con un pésimo gusto para los vinos). Destaca, de manera bellísima, llena de ternura y sencillez, la descripción de Emmi de sus inquietudes, sus sentimientos, a través de los ojos de los muebles que la contemplan y la acunan en la seguridad de su hogar. Esos muebles para los que a veces resulta una extraña soñadora sentada al teclado del ordenador para conjurar el insomnio terrible de ese viento del norte.
Si el lector abre Contra el viento del norte esperando encontrar una gran historia de amor quizás no le parezca tan original como debería porque la verdadera fuerza y emoción de este libro no radica tanto en el romanticismo como en la singularidad de sus palabras, de su escritura. Contra el viento del norte es, por encima de todo, un baile dialéctico tan bien tramado que hasta sus personajes y circunstancias se desdibujan para dejar paso a una contienda escrita deliciosa y precisa. Daniel Glattauer conoce el peso de cada una de las palabras que elige para sus protagonistas y sabe bailar con las construcciones gramaticales de una manera sensacional. El resultado es un libro de correspondencia electrónica en donde los personajes se conocen íntimamente y se hacen el amor a través de las palabras, sin caer en ningún tópico romántico o en cursilerías insoportablemente endulzadas. Glattauer consigue dar a Leo y a Emmi su propia voz, consiguiendo diferenciarlos en su manera de comunicarse (pensamiento, lenguaje y escritura son la esencia de la persona) y los hace únicos, libres, vibrantes para el lector (aunque con un pésimo gusto para los vinos). Destaca, de manera bellísima, llena de ternura y sencillez, la descripción de Emmi de sus inquietudes, sus sentimientos, a través de los ojos de los muebles que la contemplan y la acunan en la seguridad de su hogar. Esos muebles para los que a veces resulta una extraña soñadora sentada al teclado del ordenador para conjurar el insomnio terrible de ese viento del norte.
Lector, si hace tiempo que echas de menos un buen discurso inteligentemente dialogado y fresco, ha llegado la hora de que conozcas a Emmi y a Leo. Sus duelos más íntimos no te dejarán indiferente.
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La juguetería errante de Edmund Crispin
Cuando el señor Spode, prestigioso editor, visita a uno de sus más famosos poetas, Richard Cadogan, lo encuentra haciendo prácticas de tiro de dudosa puntería en el jardín de su casa. Cadogan está aburrido y poco inspirado, según él necesita vivir alguna apasionante aventura que le devuelva a la vida. En contra de los consejos del prudente Spode, el poeta decide ir a pasar unos días a Oxford, pensando que una ciudad en la que todo es posible le abrirá las puertas de la emoción. Pero la hermosa Oxford siempre es impredecible y Cadogan tropieza con un asesinato imposible la misma noche en la que llega a la ciudad. Cuando explica a la policía que se ha encontrado el cadáver de una mujer en una antigua juguetería de la calle Iffley, los agentes le toman por loco: ni la juguetería está donde Cadogan asegura, ni existe cadáver alguno. Quizás ha llegado el momento de pasar por St. Chrispother y solicitar la ayuda del perspicaz, y poco convencional detective, Gervase Fen.

El verdadero nombre de Edmund Crispin era Bruce Montgomery (1921-1978), licenciado en Oxford y autor de varias novelas y cuentos sobre las aventuras detectivescas de Gervase Fen, un profesor de literatura inglesa del ficticio St. Christopher, que aterroriza el campus, y al resto de la ciudad, al volante de su automóvil Lily Christine III. La juguetería errante es uno de los mejores casos de Fen y está considerada como un clásico de la novela británica de detectives. Divertida, trepidante y misteriosa, esta novela destaca no solo por su interesante planteamiento de un asesinato imposible (al más puro estilo Agatha Christie) sino, sobretodo, por la excentricidad de sus particularísimos personajes y su gran sentido del humor. Cadogan y Fen son, sencillamente, geniales y sus diálogos oscilan entre una irónica disertación de literatura inglesa y el más enloquecido razonamiento policial (Fen llega a preguntarse «¿qué haría ese listillo de Holmes?»). La irrupción en escena de Gervase Fen en su coche, el absurdo robo de Cadogan, las reflexiones de un camionero, el encanto de un lánguido estudiante llamado Hoskins, un alcoholizado janeausteniano o las extraordinarias persecuciones finales, son algunos de los múltiples encantos de esta original historia.Recomiendo al lector la reciente edición (noviembre 2011) de la editorial Impedimenta, un auténtico lujo por su agradable y brillante traducción, su impecable formato y una mimada edición (casi, casi) exenta de erratas. Es innegable que Impedimenta ha sabido conservar, con acertada elegancia y cariño, la esencia y el encanto de una novela inglesa escrita en 1946.

El verdadero nombre de Edmund Crispin era Bruce Montgomery (1921-1978), licenciado en Oxford y autor de varias novelas y cuentos sobre las aventuras detectivescas de Gervase Fen, un profesor de literatura inglesa del ficticio St. Christopher, que aterroriza el campus, y al resto de la ciudad, al volante de su automóvil Lily Christine III. La juguetería errante es uno de los mejores casos de Fen y está considerada como un clásico de la novela británica de detectives. Divertida, trepidante y misteriosa, esta novela destaca no solo por su interesante planteamiento de un asesinato imposible (al más puro estilo Agatha Christie) sino, sobretodo, por la excentricidad de sus particularísimos personajes y su gran sentido del humor. Cadogan y Fen son, sencillamente, geniales y sus diálogos oscilan entre una irónica disertación de literatura inglesa y el más enloquecido razonamiento policial (Fen llega a preguntarse «¿qué haría ese listillo de Holmes?»). La irrupción en escena de Gervase Fen en su coche, el absurdo robo de Cadogan, las reflexiones de un camionero, el encanto de un lánguido estudiante llamado Hoskins, un alcoholizado janeausteniano o las extraordinarias persecuciones finales, son algunos de los múltiples encantos de esta original historia.Recomiendo al lector la reciente edición (noviembre 2011) de la editorial Impedimenta, un auténtico lujo por su agradable y brillante traducción, su impecable formato y una mimada edición (casi, casi) exenta de erratas. Es innegable que Impedimenta ha sabido conservar, con acertada elegancia y cariño, la esencia y el encanto de una novela inglesa escrita en 1946.
Lector, ajústate tu mejor flema británica y sigue los pasos, si puedes, del detective más excéntrico de Oxford en el caso más peliagudo de su carrera. Te divertirás.
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Etiquetado encanto libresco, feelgood, humor literario, Libros excéntricos, Literatura británica
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L’auberge. Un hostal en los Pirineos de Julia Stagg
El pequeño pueblo de Fogas, al pie de los Pirineos franceses, guarda pocas sorpresas para sus escasos habitantes. Hasta que Lorna y Paul Webster, un joven matrimonio inglés, deciden comprar el único albergue y restaurante del lugar para poner en marcha el negocio. Ilusionados, aunque con cierto vértigo por haber dejado todo lo que conocían en Manchester (casa, trabajo, amigos), los Webster se ponen manos a la obra para restaurar la hermosa casona y abrir cuanto antes. Pero en Fogas no lo tienen tan claro con sus recién llegados vecinos. Algunos creen que poner de nuevo en marcha el albergue y el restaurante beneficiará al pueblo con más turismo e ingresos, pero otros, con el alcalde a la cabeza, piensan que será la ruina más absoluta si consienten en que unos ingleses, con su espantosa manera de cocinar, reabran el único restaurante del pueblo. La guerra entre unos y otros solo acaba de empezar.

L’auberge. Un hostal en los Pirineos es una deliciosa novela que se degusta en un suspiro. Divertida, amena, simpática y salpicada de ternura, esta historia reconforta por su sencillez humana y su alegre sátira de la burocracia, los prejuicios y los tópicos. Julia Stagg sabe huir muy bien de las típicas descripciones románticas que los ingleses suelen idealizar sobre el paisaje, la cocina y el carácter francés (además de la Toscana italiana) y se centra en crear un tira y afloja de personajes tan bien construidos como interesantes. Por estas páginas se mueven con desenvuelta gracia una niña que sueña con ser acróbata y detesta el colegio, un gato llamado tomate, un fantasma gruñón, una devota feligresa con inquietudes socialistas, un toro llamado Sarkozy con tendencias escapistas, una granjera carbonizadora de comidas… Y una decena más de los extraordinarios y apasionados vecinos de Fogas. Lo más curioso de todo es que Julia Stagg es una autora inglesa que en la actualidad vive en los Pirineos franceses y regenta un pequeño auberge…¡donde también cocina para sus huéspedes! Cuánto de su estupenda primera novela estará basado en hechos y personas reales es una duda con la que el lector habrá de conformarse.
Lector, ten cuidado con las goteras, el escape de la caldera, los roedores okupas y la escayola de los techos pero pasa a l’auberge y ponte cómodo. Ya verás como los habitantes de Fogas acaban convenciéndote de que te quedes un ratito más.
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