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El ganso salvaje, de Mori Ōgai

En el corazón del Tokio de 1880, la bella Otama no ha tenido suerte en el amor pero su tierno corazón siempre ha estado rebosante de amor por su anciano padre, de quien nunca se ha separado desde que nació. Súbitamente solos, desamparados, y con ciertos apuros económicos, Otama acepta ser la amante del señor Suezō de manera que a su padre no le falte de nada y pueda vivir con la paz y la comodidad que se merece a sus años. Suezō, un mezquino prestamista que trata con desprecio a su mujer y a sus hijos, se sorprenderá vencido por el amor y la ternura cada vez que mire a Otama, a quien respetará y procurará una buena vida. Sin embargo, esa vida acabará siendo demasiado tranquila, demasiado aburrida, y, un día, la joven y resignada Otama cruza la mirada con Okada, un estudiante de medicina atractivo y romántico que llenará de esperanza a la hermosa concubina. 
«Otama no se había casado. Suezō envió a una persona para hacerle saber que un importante empresario quería convertirla en su amante y, pese a que al principio se negó, como era una chica de carácter débil, decidió conocer a quien sería su amo en Matsugen para poder cuidar de su padre.«

Autor: Mori Ōgai
Traducción: Sachiko Ishikawa
Editorial: Chidori Books
Colección: Grandes Clásicos
ISBN (ePUB): 978-84-942880-0-5
ISBN (mobi): 978-84-942880-1-2
Precio: 5,50 euros
El ganso salvaje es una obra de madurez de Mori Ōgai, seudónimo de Mori Rintarō (1862-1922), que la publicó por vez primera en capítulos entre los años 1911 y 1913. Mori Ōgai, samurái, médico, científico, militar, erudito, traductor, crítico, filósofo y escritor, fue uno de los autores que más contribuyó a la renovación del lenguaje literario japonés en una época en la que —como bien explica Margarita Adobes en la introducción de esta magnífica edición de Chidori Books de El ganso salvaje—, el país se hallaba inmerso en un acelerado tránsito de sus estructuras feudales a la modernidad del cambio de siglo, a una apertura a Occidente que sin embargo mantuvo el firme anclaje de sus tradiciones intactas. En este contexto y teniendo en cuenta el bagaje y la extraordinaria experiencia cultural de su autor, es en el que el lector encontrará la riqueza añadida de esta novela de Mori Ōgai. Margarita Adobes señala en la introducción:
«A partir de 1909 su producción literaria fue excepcional. Su prolífica actividad como traductor de obras de Wilde, Ibsen, Strindberg, Rilke o Hofmannsthal, junto con su vasto bagaje cultural y su propio temperamento, sin duda, contribuyeron a la intenta experimentación que Mori desplegó tanto en su obra poética como teatral (…). La búsqueda de nuevas fórmulas en el lenguaje literario para hacerlo más flexible y adaptado al japonés moderno que se hablaba en la calle, así como la introducción del novedoso vocabulario contemporáneo (…) fue una constante en la obra de Mori, que logró establecer un camino a seguir para futuros escritores.«
Por esta razón, por el entendimiento de Mori de los autores europeos de su época y su esfuerzo por modernizar la literatura japonesa, el lector encontrará en El ganso salvaje una historia llena de delicadeza y ciertas metáforas románticas pero también una novela que recuerda sin lugar a dudas a algunos de los libros de autores contemporáneos occidentales como Zola o Rilke; y, si el lector me lo permite, incluso hace pensar en el espíritu, en ese realismo de la Madame Bovary de Gustave Flaubert, seguramente por la crítica implícita a la sociedad de la época y el reflejo de la filosofía japonesa de ese final de siglo. Evidentemente, se trata de una narración, personajes y escenarios (esas calles del Tokio de 1880) profundamente japoneses, de una belleza y delicadeza propias de la cultura oriental del Japón de finales de siglo (finiquitado el período Edo y los sogunatos, pero con tantas reminiscencias de ambos todavía), pero escrita con una agilidad y una naturalidad que no suele encontrarse en otros autores contemporáneos a Mori.
Aunque no sea una historia autobiográfica, Mori Ōgai narra desde el punto de vista de una experiencia muy cercana a él puesto que sus protagonistas son estudiantes de medicina, y critica y expone una filosofía, una cultura y una sociedad en las que él mismo había crecido y madurado. El personaje de Okada, interesado en la literatura y a punto de marcharse a Alemania, es un ejemplo de esa época de cambio, de ese Japón que se estaba abriendo a occidente a marchas forzadas. El resultado es una historia de finales del siglo XIX que encandila por su naturalidad y su inteligente mirada, por su lectura de la sociedad del momento y del carácter de sus gentes, pero también por sus personajes femeninos y por la tristeza nostálgica que desprenden.
Lector, un clásico de la literatura japonesa que te sorprenderá.
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El ganso salvaje

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Cosas raras que se oyen en las librerías, de Jen Campbell

Jen Campbell se crió en un pueblo del nordeste de Inglaterra. Tras estudiar literatura inglesa en la Universidad de Edimburgo se mudó a Londres, donde trabaja en una librería de viejo(1). Y allí descubrió que los compradores de libros tienen sus particulares rarezas. Campbell recoge en este divertidísimo libro conversaciones reales(2) entre libreros y clientes en la Edinburgh Bookshop, la librería Ripping Yarns y algunas otras. Además, Malpaso editorial ha tenido el detalle y el acierto de enriquecer este bombón de libro con algunas conversaciones entre libreros y clientes autóctonas de este país al final de sus páginas. Un compendio de diálogos enloquecidos y descacharrantes que resultan imposibles leer sin caer en la carcajada.
(1) Fragmento biográfico de la editorial.
(2) Sí, sí, habéis leído bien, he dicho reales como la vida misma.

«¿Tenéis Expiación? Pero no quiero un libro con la imagen de la película en la cubierta, por favor. El cuello de Keira Knightley me pone enfermo.«
«CLIENTE: Se dice que mil monos con máquinas de escribir podrían acabar produciendo maravillas… ¿lo sabía?
LIBRERO: Sí.
CLIENTE: ¿Tiene algún libro de esos?
LIBRERO: No.«
Muchas más veces de las que nos imaginamos, la realidad supera a la ficción. Este es el caso de los diálogos entre clientes y libreros que ha recogido Jen Campbell en Cosas raras que se oyen en las librerías. Los lectores tendremos la tentación de pensar que no es posible, que nadie puede haber dicho eso… pero lo es.
Tengo una amiga farmacéutica que una vez me dijo «Me matan cuando vienen y me dicen «no recuerdo el nombre del medicamento pero eran unas pastillas redondas, pequeñas y blancas»; y se sorprenden de que no sepa cuál es«. Todas las personas que trabajan de cara al público deberían escribir un libro con las anécdotas sobre su trato con los clientes, porque la originalidad de la raza humana nunca dejará de sorprendernos. En el caso de Cosas raras que se oyen en las librerías creo que gusta el triple porque somos lectores, adoramos los libros y nos encantan las librerías. Y creo que después de leerlo miraremos con más cariño (si eso es posible) a nuestros libreros preferidos.
Lector, una lectura para disfrutar y reír. Porque sí, porque tú te la mereces. 
Ah, por cierto, seguramente los Monty Python deben estar muy orgullosos de algunos de los clientes que se pasan por la Ripping Yarns.
Desde aquí, mi más sincera enhorabuena a la magnífica labor editorial de Malpaso y a sus iniciativas, no solo por sus ediciones metaliterarias (me encantó La librería más famosa del mundo) sino también por la calidad de las mismas y por su iniciativa al incluir e-book en la edición física de sus libros. 
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Cosas raras que se oyen en las librerías (para kindle)

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Cuentos para gente impaciente, de Javier de Ríos Briz

Recuerdos de infancia en el pueblo, esos exploradores inocentes en busca de la aventura que encuentran una momia inesperada, como la de las películas viejas que se pasan en la plaza durante las noches de verano. Niños misteriosos que desaparecen con un bocata de jamón o niños que relativizan incluso la verdad de las matemáticas y contagian a su abuelo el escepticismo de quien sabe ver más allá de los números. La historia de una mujer maltratada que teme que todo se repita a través de su hija; el tiempo detenido de un boxeador y un inspector de policía estupefacto; el erotismo de los perdedores o los secretos familiares… Cuentos para gente impaciente es una antología de 14 relatos escritos por Javier de Ríos que contienen todas estas historias, y muchas más, para disfrute del lector (sí, incluso del lector apresurado).

«No todo el mundo duerme esta noche en un pequeño pueblo de la llanura castellana. Un pequeño pueblo de cuyo nombre da igual que te acuerdes o no, porque es imposible completar el juego de las siete diferencias con el pueblo de al lado, clónicos uno del otro, como gotas sucias de agua, con las mismas miserias, las mismas calles sin asfaltar, los mismos orgullos, la misma fuente del pueblo aunque menos concurrida que antes, porque acaban de poner agua corriente, las mismas tradiciones.»

Javier de Ríos, community manager editorial, escritor y bloguero (es administrador de La viga en mi ojo y Guía de concursos), no podría haber titulado mejor su libro de relatos; Cuentos para gente impaciente es justamente una serie de historias cortas que van directamente al grano, sin rodeo, al meollo de la cuestión. Sorprendente, divertido y contundente, Javier de Ríos encanta al lector con estas brillantes historias pobladas de personajes peculiares y situaciones de todos los colores.
Relatos narrados con una estupenda voz infantil que rememora sus tiempos de libertad en un entorno rural y entrañable (La momia, El arte de contar); relatos con cierto humor negro y desenlace inesperado (El buen hijo, La matanza, Mi capitán); historias cortísimas llenas de ingenio y con su puntito excéntrico y encantadoramente inverosímil (El genio, El desaparecido); cuentos que podrían convertirse en novelas enteras por su excelente planteamiento y sus personajes llenos de sombras y de luces (La perfección de los surcos, Monólogo para un sonotone, La vida sigue, papá). La prosa de Javier de Ríos se caracteriza por su espontaneidad y su frescura, por su buen uso de un lenguaje directo y bien estructurado que demuestra, como muchos otros escritores contemporáneos, que las buenas historias no tienen por qué estar amparadas en una gramática de tremenda complicación. El fondo de sus relatos -heterogéneos e ingeniosos- presume de un oportuno sentido de la sorpresa y de un humor personal y contenido que agasaja y desarma al lector desprevenido.

«Siguió al hombre con la mirada. Bajito, calvo, le recordaba
vagamente a Woody Allen. Llevaba dos pantalones colgando del brazo, y
dio un rodeo exagerado a las figuras de plástico, como si temiera que le
pegaran.
«

Recomiendo por igual todos los relatos de Cuentos para gente impaciente por su originalidad y su capacidad para interesar al lector, pero no puedo resistirme a señalar alguno de mis preferidos como La vida sigue, papá donde el autor trama con mucho acierto la urdimbre triste de una memoria que se desdice en lo cotidiano (los pequeños gestos de la rutina son los detalles del universo); o Monólogo para un sonotone donde una historia enorme (de hecho la historia de un país entero) se cuenta como si fuese tan pequeña como una disculpa en un banco, en un atardecer cualquiera, sin importancia. 
Lector, relatos para dejarse sorprender y disfrutar de voces nuevas.
El blog del autor: La viga en mi ojo
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Cuentos para gente impaciente

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Trabajos de amor ensangrentados, de Edmund Crispin

El director Horace Stanford y la señorita Parry, responsables de la escuela y del instituto para señoritas de Castrevenford, respectivamente, están ultimando los preparativos para la obra de teatro que forma parte de los actos de celebración de la entrega de premios de fin de curso de ambas instituciones. Su mayor preocupación es el extraño comportamiento de una de las alumnas que actúa en la obra, pero el director cree haberlo solucionado rápidamente en cuanto deduce que se debe a sus encuentros clandestinos con uno de sus muchachos. Sin embargo, todo resulta ser mucho más siniestro y alarmante de lo que parecía en un principio: alguien ha robado ácido del laboratorio del pabellón de ciencias, la chica ha desaparecido y dos de los profesores de Castrevenford han sido asesinados en extrañas circunstancias de un disparo en la cabeza. Por suerte para el director Stanford, el profesor de Oxford y afamado detective Gervase Fen acaba de llegar a la escuela invitado por él mismo para la entrega de premios de fin de curso. Como el policía local se declara novato en las lides de investigar un asesinato, la generosa oferta de Fen de hacerse cargo del caso le viene caída del cielo.
«-Los dos paquetes tenían la misma caligrafía, muy retorcida y desvaída, y con algunas extrañas faltas de ortografía. Uno de los dos fajos, como le dije, eran cartas privadas. El otro parecía como de poesías, aunque confieso que no pude sacar nada en claro de ello, más allá del título.
Fen se inclinó hacia delante.
-¿Y qué era?
-Oh, Trabajos de amor logrados -dijo el señor Taverner.«

Han pasado diez años desde que el profesor Gervase Fen solucionara (delirantemente) los misteriosos casos de La juguetería errante. Fen vuelve a sembrar el pánico entre conductores y transeúntes a bordo de su querido Lily Christine y acude al rescate de las tribulaciones de un buen amigo, el director de la escuela Castrevenford, que se encuentra con dos profesores asesinados, la desaparición de una adolescente y la sospecha de un manuscrito perdido y hallado de (nada más y nada menos) William Shakespeare. Y todo en medio de un montón de alumnos en plena celebración de fin de curso, sus insoportables padres, un profesorado peculiar, un perro que bien podría haber sido (en sus buenos tiempos) el sabueso de los Baskerville y un algunas jovencitas insuperables.
Trabajos de amor ensangrentados es una estupenda novela de detectives al más puro estilo de Edmund Crispin: humor, personajes excéntricos, escenas delirantes, persecuciones surrealistas y deducciones holmesianas de uno de los investigadores más carismáticos de la novela del siglo XX, Gervase Fen. Originalmente publicada dos años después de La juguetería errante (1946), el autor se reafirma en su prosa rica y elegante, algo burlona, sarcástica, y consigue una novela y una historia mucho más fluida y madura que en la mencionada juguetería. Un caso interesante, con el atractivo de una posible obra perdida de Shakespeare (Trabajos de amor logrados), que pone a prueba la capacidad deductiva de su personaje protagonista y atrapa al lector tanto por sus enigmáticas escenas del crimen como por su divertida y extraña galería de personajes.
Lector, súbete a Lily Christine y acompaña a Fen en esta nueva y misteriosa investigación en plena campiña inglesa.
También te gustará: La juguetería errante
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Trabajos de amor ensangrentados

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Mapp y Lucía, de E.F. Benson

Se acerca el verano y la inconsolable Emmeline Lucas, Lucía para los amigos, cree que ya ha llegado la hora de finalizar su largo período de luto por la muerte de su marido, el querido Pepino, y empezar a mostrar cierto interés por la vida. No tiene nada que ver que el desfile conmemorativo de la Reina Isabel en Riselhome esté siendo organizado por su vecina Daisy, por supuesto, ni que todo vaya a resultar un tremendo desastre como todo lo que ocurre al margen  de las dotes artísticas de Lucía. Seguida de su inseparable amigo Georgie, Lucía decide alquilar una casa en el pintoresco pueblecito de Tilling para pasar el verano y cambiar de aires. La adorable casa será Mallards, el hogar de la señorita Elizabeth Mapp, que regenta con aires dictatoriales la vida cultural de Tilling (y a sus habitantes a poco que estos se descuiden). El choque entre las dos reinas de las intrigas y miserias sociales será inevitable, y Lucía y Mapp no tardaran en enzarzarse en complicadas maniobras de inteligencia militar para resultar victoriosas absolutistas en el liderazgo de la pequeña comunidad. Pero solo una de ellas puede ser la verdadera reina y Tilling asistirá asombrado el verano más interesante de su historia.
«—Así pues, tendremos que rechazar la invitación de nuestra querida Lucía —concluyó Elizabeth con aire de hondo pesar—. Estuvo encantadora, ¿no crees?, la otra noche. Y cuántos movimientos de Mozart todos seguidos. Empezaba a pensar que Mozart debió de descubrir en algún momento el secreto del movimiento perpetuo, y que tendríamos que quedarnos allí clavados en la silla hasta el día del Juicio Final.«

Edward Frederic Benson (1867-1940) publicó por vez primera Mapp y Lucía en 1931. Fue a lo largo de la década de los años veinte y treinta del siglo pasado cuando escribió y publicó toda la serie de novelas dedicada a los pintorescos personajes de Lucía Lucas y Elizabeth Mapp, unas ediciones curiosas en un momento en el que la literatura británica había dejado muy atrás los halos victorianos a raíz de la profunda fractura de la Gran Guerra y los felices años veinte posteriores. Señala José C. Vales (traductor de las novelas de Benson en Impedimenta) en la introducción de Mapp y Lucía que resulta sorprendente que E.F. Benson recibiese una buena acogida por parte del público y de la crítica con unas novelas en las que apenas ocurre nada y «donde no parece haber más que cotilleos, rencores, sarcasmos y malicias«, tan alejadas de la literatura de entreguerras del momento (las mejores obras de Virginia Woolf, D.H. Lawrence o James Joyce). De ahí que el señor Vales tilde cariñosamente a E.F. Benson de sufrir «cierta nostalgia eduardiana» con su serie sobre Lucía y compañía.
Mapp y Lucía es una novela de humor, como las anteriores de esta misma serie, con el atractivo añadido de que Benson une en las mismas páginas, como un inminente choque de trenes, a sus dos protagonistas más brillantes. Ambas malvadas conspiradoras, hipócritas, mentirosillas y sin otra ocupación que mangonear a los demás, se enfrentan en estas páginas para diversión del lector. Probablemente esta sea la novela de E. F. Benson más divertida que ha publicado Impedimenta hasta la fecha, no solo por las situaciones, los diálogos y el grado de «retorcidos» planes sociales de sus dos protagonistas, sino también por la soltura, la falta de contención y complejos (en lo que a escritura se refiere), y el mejor ritmo en la prosa del autor. En comparación con la primera novela de la serie, Reina Lucía (1920), Mapp y Lucía goza de una sucesión de anécdotas mucho más dinámica, una mejor continuidad entre capítulos, una trama más divertida y, sobre todo, expresiones, guiños y una narración muchísimo más fluida, como si Benson se fuese sintiendo cada vez más seguro de sí mismo como escritor, menos críptico y contenido, más relajado a la hora de reírse de sus personajes y de compartir con el lector.
Lector, esta es una de las mejores y más divertidas novelas de la serie de Lucía & Mapp, y aunque no vaya acompañada por una invitación de «po-di-mu«, no deberías perdértela. 
También te gustará: Reina Lucía; La señorita Mapp 
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