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Lo que perdimos de Catherine O’Flynn
Kate Meany vive en un desastrado barrio de Birmingham y acaba de abrir una agencia de detectives junto a su socio Mickey. Kate sólo tiene diez años y Mickey es un mono de peluche vestido de raya diplomática pero el negocio ya ha tenido sus primeros clientes porque en Falcon Detectives son perspicaces y meticulosos profesionales. Veinte años después, Lisa y Kurt se sienten atrapados en el centro comercial Green Oaks, una mole de cemento y cristal que les emplea y los embrutece a diario. Entre los compradores zombis del domingo, el horror de las rebajas y los enloquecidos consumidores reincidentes, Lisa siente que su cerebro ha dejado de funcionar y que se le ha olvidado seguir viviendo. Kurt cree que debería encontrar un trabajo mejor pero la parálisis de una pérdida que a veces se le antoja irreal, como un sueño, le tiene aturdido. Hasta que un día, uno de los monitores de vigilancia muestra a una niña de diez años con walki talkies y un mono de peluche asomando por su bolso de tela.

La primera parte de Lo que perdimos es una luminosa entrada a la vida de Kate, una niña con un universo propio, llena de razón y sorpresas. Una niña a la que le habría encantado tener su propia entrada en Mis detectives favorit@s de Alice. Son unas primeras páginas cautivadoras, geniales, que recrean con acierto la mirada infantil de Kate sobre el gris de Birmingham y el dolor de su pérdida. Por eso el lector sufre un duro despertar cuando entra en la segunda parte del libro, la de dos adultos perdidos, fútiles, fantasmales, que además saben que lo son. El contraste entre la luz de Kate, su determinada vitalidad, y la penosa apatía de Lisa y Kurt es casi doloroso. Catherine O’Flynn escribe sobre una niña que sabía vivir y unos adultos que olvidaron cómo se hacía. La coincidencia de esos dos mundos es la que despierta los mecanismos de cambio, la esencia de esta peculiar trama. Lo que perdimos es una novela original, escrita con mucha corrección y buenas ideas, pero que dejará al lector el sabor agridulce y nostálgico de volver al primer capítulo y quedarse a vivir con Kate y Mickey, es decir, contradecir al título y no perderlos nunca. No es extraño que varios editores rechazasen a O’Flynn antes de que una pequeña editorial decidiera darle una oportunidad, porque el comienzo de Lo que perdimos es extraño (aunque vibrante, fresco) para una novela dirigida al público adulto y el resto no puede entenderse sin ese temible contraste. Destaca la recreación del centro comercial Green Oaks como un microcosmos asfixiante, denso, gris, en donde las personas erráticas, tristes, iracundas, insatisfechas, nunca encuentran lo que están buscando ¿Será por eso que dicen de que la felicidad no se compra (ni siquiera en un super-centro comercial)?
Lector, este es un libro difícil de recomendar por su peculiar originalidad pero, si conectas con Kate desde el principio, lo disfrutarás hasta la última página.
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La delicadeza de David Foenkinos
Era una tarde de domingo, leyendo a un autor ruso algo menos famoso que Tolstoi y Dostoievski, cuando a Nathalie se le escapó por la puerta la felicidad que hasta entonces había habitado su vida. Desde ese momento, el tiempo queda en suspenso y ya nada vuelve a interesarla. Hasta que años después, de manera totalmente inesperada, su cuerpo decide volver a sentir de la manera más original. En la oficina están desorientados, sobretodo Markus, un sueco que cree que en su país ser siniestro es una vocación y que se desplaza por los pasillos con miedo a que sus colegas oigan el estruendoso latido de su corazón. Y es que Markus, al cruzarse en el confuso impulso de Nathalie, llega un día a su casa sin recordar el código de acceso y con la inquietante certeza de que su salón es demasiado pequeño comparado con sus ganas de vivir.

La delicadeza es un libro luminosamente bello. Su belleza no radica tanto en la historia que cuenta sino en las palabras que utiliza para contarlas. Sumamente delicadas, tiernas, conmovedoras y sonrientes, las frases más hermosas se entretejen en cada página para regalar al lector casi una poesía fresca y llena de esperanza. Aunque su inicio es un poco descorazonador, por la tristeza y el dolor que destilan, se trata de una radiante búsqueda de la felicidad en la que las pesquisas son erráticas, los caramelos Pez contienen la quintaesencia de un verano infantil, y los protagonistas, que se tratan siempre «de usted», son algo torpes. David Foenkinos hace gala de una originalidad extraordinaria desde sus diálogos hasta sus personajes, pasando por sus estupendas notas al pie de página y sus breves incisos de detalles sorprendentes (como los ganadores del campeonato mundial de puzzles, un fragmento del prospecto del Guronsan o una noticia sobre traficantes de mozzarella). El lector se verá sorprendido releyendo frases de tan sincera expresividad y belleza que merecen ser saboreadas en voz alta, mientras se deja llevar por un divertido humor muy francés. Foenkinos consigue, en esta última novela, una historia agradablemente extravagante que encanta por sus frescas palabras y por su simpática y optimista mirada. No en vano La delicadeza se conoce en Francia como «la novela de los diez premios».
Lector, esta novela es tan hermosa como una mañana de navidad. La recordarás siempre con especial ternura.
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Once vidas de Mark Watson
Xavier Ireland es el locutor de un programa radiofónico que se emite a altas horas de la madrugada londinense. Sus oyentes insomnes suelen salir en antena a explicarle alguna confidencia porque Xavier, además de llevar el programa con éxito, sabe escuchar y dar buenos consejos. Sin embargo, una vez sale de la emisora y se despide de su torpe colaborador, Murray, de quien cuida como un paciente hermano mayor, se vuelve hermético para el resto del mundo. No siempre fue así, claro, en Australia, en su otra vida, tenía amigos por los que estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, pero todo eso quedó atrás, enterrado junto al terrible secreto que le llevó a huir hasta Londres. Un día, cuando se dirige a casa después de unas compras, se topa con una pandilla de adolescentes que están maltratando a un chico. Xavier duda entre intervenir o no, en lucha consigo mismo por su terrible pasado y su inmune presente. Finalmente, el pobre chico agredido no recibe suficiente ayuda y acaba en urgencias con algunos puntos de sutura. Y ese es el inicio de toda una serie de consecuencias que afectará, en cadena e irremediablemente, la vida de otras once personas.

Pese a lo que puede leerse en la contraportada de Once vidas, este libro no es «una novela divertida» y, tampoco, pese al encanto trivial de su portada, pertenece al género de la chick-lit o de la comedia ligera y glamurosa. Once vidas es una historia curiosa sobre las consecuencias de intervenir puntualmente en la vida de los demás y el peso de los errores sobre el resto de la existencia. Una pequeña historia donde se entrecruzan los caminos de muchas otras vidas de manera curiosa, casi por azar, y en donde el rasgo más cautivador de toda la trama es el interés humano de cada diminuta tristeza. Se trata, en conjunto, de un libro algo triste en donde todos los personajes sufren y sobrellevan su propio dolor hasta que el hecho de compartirlo consigue aliviarles un poquito, nada más. Mark Watson es un autor joven que escribe con firmeza y precisión, pero sin complicarse la vida con ejercicios estilísticos demasiado complicados. Confía en su protagonista para llevar todo el peso de la trama, mantiene correctamente el misterio oscuro que le hace como es, y lo adorna con la filigrana (unas veces más conseguida que otras) del cruce de destinos de los demás personajes. En general, consigue una historia entretenida, de sencilla lectura y con moraleja final.
Lector, este es un libro que entretiene pero que podría haber dado mucho más.
También te gustará: El club de los viernes; Desde mi cielo
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El club de lectura de los oficiales novatos de Patrick Hennessey
Recién licenciado en filología inglesa por el Balliol College de Oxford, Patrick Hennessey se da cuenta de que la vida le parece un tedio insoportable y de que necesita sentirse vivo, hacer algo que realmente le motive. Tras consultar con sus dos abuelos, uno héroe de guerra y otro un reputado intelectual pacifista, decide ingresar en la Academia Militar de Sandhurst. El mundo académico de Sandhurst es totalmente distinto a lo que ha conocido hasta el momento y es entonces cuando toma conciencia de una realidad complicada, una perspectiva nueva de si mismo y de lo que es capaz de hacer. Tras una intensa instrucción, que sólo tendrá sentido en pleno combate real, bajo una lluvia de balas y misiles, Hennessey sabe que no está preparado pero que necesita entrar en acción. Y es entonces cuando, en sus propias palabras, experimentará «la guerra de las tres manzanas»: misión de paz en los Balcanes, tensas advertencias en Irak y combate real contra los talibanes en Afganistán.

Hennessey pasó siete meses en misión en Afganistán, donde fue ascendido a capitán (el más joven de la historia en el ejército británico) y combatió en las fases más terribles, y con más bajas, de la cruenta guerra contra los talibanes (la sangrienta Primera Batalla de Helmand). El club de lectura de los oficiales novatos (o cómo matar el tiempo mientras se hace la guerra) es la historia de su experiencia durante esos meses. Desde las primeras páginas, Hennessey avisa al lector de que el libro que tiene entre sus manos no es la verdad sino lo que él sabe, lo que ha visto y lo que ha vivido. Es ese punto de vista tan personal, íntimo y subjetivo el que consigue dotar a toda la narración de un impresionante impacto emocional sobre cualquiera que se asome a estas páginas. El horror de los combates se ve aquí desde primera fila y en primera persona, pero con la peculiaridad de que la voz militar de Hennessey habla de adrenalina y sentirse vivo, de estar impaciente por repetir la experiencia de las bombas y los tiroteos, de las ansias de entrar en combate en la peor zona del mundo, mientras que el lector civil nunca podrá entender ese estusiasmo ante el desfile de espanto, sangre y muerte que se despliega ante sus ojos. Ir a la guerra, a matar o ser matado, para llenar un insoportable vacío existencial es una decisión difícil de entender para muchos, por eso este testimonio resulta a veces tan chocante y otras tan contradictoriamente humano.
Hennessey escribe con pasión, con emoción, y su prosa fluye a borbotones, salpicada siempre de decenas de comas en frases larguísimas y encendidas que sólo un licenciado en filología con tan buenas notas como él es capaz de llevar a buen puerto. Una prosa inmediata y eléctrica, videoclipera, que trasmite con la rapidez del relámpago, no por casualidad su autor, nacido en 1982, es hijo de la cultura de la inmediatez y de la imagen. Sus páginas trasmiten sobretodo emoción en estado puro en un contexto en el que el ser humano se ve empujado al límite de su propia humanidad, de sus propios despojos.
Lector, este libro es un vibrante testimonio en primera persona sobre uno de los conflictos más sangrientos de este siglo pero también una reflexión sobre toda una generación de jóvenes que necesita las situaciones más extremas, la descarga más brutal de adrenalina, para sentirse vivos y escapar del aburrimiento de sus rutinarias y predecibles vidas.
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A la caza del amor de Nancy Mitford
Fanny se ha criado con su cariñosa tía Emily desde que sus progenitores demostraron ser un par de «perversos» irresponsables, siempre viajando, por separado, en compañía de los amantes más alocados posibles. Pero cuando de verdad disfrutaba de su familia era durante los veranos en Alconleigh, la enorme mansión de campo de su gruñón y peculiar tío Matthew, junto a sus numerosos primos Radlett. De entre todos ellos, su preferida siempre fue la sensible Linda, un original diamante en bruto que llegaría a brillar algún día con luz propia. Fanny crece feliz entre los Radlett, testigo fiel de la búsqueda infructuosa de Linda, que cree que necesita enamorarse perdidamente para ser ella misma. En el futuro está la guerra y un matrimonio incierto, pero mientras tanto disfruta de las cacerías de niños de tío Matthew, sus diatribas en la Cámara de los Lores contra los extranjeros y la entrada de las paresas (porque usaran el servicio de caballeros), las manías de la dulce tía Sadie, las aventuras de la Desbocada, los planes de fuga de Jossy, el delicado estómago de Davey…

A la caza del amor es, sin duda, una deliciosa novela sobre una familia tan peculiar como enternecedora. Escrita con un inteligente y delicado humor inglés, salpicado por la siempre admirable ironía británica, Nancy Mitford se desvela como una gran escritora que sabe inspirarse en su excéntrica familia (primogénita del barón de Ridesdale, se crió junto a sus seis hermanos en una casa en el campo) para regalar al lector un vibrante retrato de la vida de una singular mujer inglesa y sus padres, primas y hermanos, durante la época de entreguerras. Por estas estupendas páginas desfilan personajes inolvidables (los Ísimos) como el tío Matthew o Lord Merlin, pero también escenas perturbadoras como la llegada de medio millón de españoles a Francia huyendo de las purgas franquistas, y su internamiento en campos de refugiados en unas condiciones infrahumanas, abandonados por sus propios compatriotas exiliados (la protagonista reflexiona que si fuesen ingleses aquello estaría lleno de ladies y lords haciendo obras de caridad para con los suyos, pero no hay ni sombra de las duquesas españolas en el exilio). Pese a los momentos dramáticos de la historia y a la dura crítica social y anti-racista que asoma por momentos, así como un apasionado orgullo por pertenecer a una nación que se opuso tan heroicamente a la Alemania nazi, Mitford mantiene un admirable tono uniforme de desapego y humor (la flema británica ante la adversidad) que dota a la novela de una singularidad refrescante y preciosa. A la caza del amor también puede leerse como un homenaje al ocaso de aquellos lords terratenientes británicos que obtenían su riqueza de la tierra, pero que la invertían de nuevo casi toda de vuelta en esa tierra, un modo de vida en el campo con cacerías, guardabosques y caballerizas, unos lords aparentemente desocupados y con prejuicios, pero siempre dispuestos a darlo todo por su país, por sus compatriotas, y convencidos de que lo peor que podía argumentarse en contra de la entrada de las mujeres en el Parlamento era que utilizarían los baños de caballeros.
Lector, no te dejes engañar por el posible romanticismo del título y disfruta de esta original, inteligente, profunda y divertida historia, ¿vas a resistirte a conocer al entrañable y excéntrico Matthew Radlett?
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