El alcalde de Casterbridge, de Thomas Hardy

Michael Henchard, un peón aparvador, llega a un pequeño pueblo en busca de trabajo, pero esa misma noche se emborracha y vende a su mujer y a su hija a un desconocido. A la mañana siguiente, horrorizado por su acción, desaparece de la localidad a toda prisa y se promete que no volverá a beber alcohol. Muchos años después, ambas mujeres regresan a su vida, y aunque Henchard ha hecho fortuna en Dorchester sigue siendo el mismo mezquino miserable que una vez las vendió a un marinero. Pese a que ha cumplido su promesa de mantenerse sobrio, su carácter colérico y desconfiado pondrá en riesgo todo lo que ha conseguido en los últimos años.

«Él parecía tener los mismos sentimientos que ella sobre la vida y sus circunstancias: que había más tragedia que comicidad en ellas; que, aunque se pudiera estar alegre en ocasiones, los momentos de alegría eran interludios y no verdaderos actos del drama.«

Thomas Hardy publicó por primera vez El alcalde de Casterbridge en 1886, casi diez años antes que Jude el oscuro (1895), pero la crítica literaria considera que son estas dos novelas las que señalan al autor como novelista trágico. Pesimismo vital o no, El alcalde de Casterbridge no me ha gustado tanto como Lejos del mundanal ruido (1874), sobre todo porque he echado en falta la exquisita belleza narrativa y el naturalismo romanticista que Hardy desplegó en Lejos del mundanal ruido y su elenco de personajes y motivaciones es extraordinariamente superior, en todos los sentidos, a los de El alcalde de Casterbridge.

El alcalde de Casterbridge tiene por protagonista a un hombre ignorante, mezquino, miserable, desconfiado, vengativo, colérico, rencoroso que por muchos años que pasen no aprende nada de la experiencia ni mejora su carácter. Michael Henchard no solo vende a su mujer y a su hija sino que al día siguiente solo se preocupa por que nadie lo haya reconocido. Como lectora me ha costado mucho entender que su señora volviese a buscarlo para vivir con él y la única explicación que le he encontrado es que en el siglo XIX las mujeres no tenían muchas opciones para sobrevivir. Entiendo que Thomas Hardy ofrece una visión pesimista y trágica de la vida, pero sin duda es el retrato de su protagonista el que prevalece cuando se termina la novela: si eres malo y estúpido, tienes muchas probabilidades de no entender qué es la felicidad.

El resto de personajes presentan un comportamiento algo errático y a menudo injustificado, con unos cambios de opinión alocados. Incluso Elizabeth, que es la más coherente y sensata (a menudo me parecía que Hardy ponía en los pensamientos de este personaje su propia filosofía de vida), de repente pasa de ser casi analfabeta a traducir a Ovidio; Henchard apenas sabe contar y escribir, pero es magistrado por «sus valoraciones a la vez rudas y fiables» (ya sabéis, queridos/as opositores a jueces, con tener valoraciones rudas ya podéis saltaros cualquier otro requisito). Como he leído El alcalde de Casterbridge con un grupo de buenos amigos lectores, me lo he pasado en grande comentando todas estas pequeñas locuras de Hardy. Eso sí, inolvidable el capítulo XXIX (el del toro y el manguito); solo por ese capítulo ya merece la pena leer toda la novela. Para que luego los críticos tilden de pesimista a Hardy ¡con lo divertido que era!

Si bien es cierto que no recomendaría esta novela a nadie que no haya leído nunca a Thomas Hardy, tampoco puedo decir que me haya disgustado totalmente. No es Lejos del mundanal ruido, que me encantó, pero el novelista británico me sigue pareciendo genial: cuando terminas este libro y ves en perspectiva la totalidad del mosaico (personajes, trama, ambientación, crítica…) entiendes que el retrato de Henchard y de su época que ofrece Hardy es prístino y extraordinario.

Lector, me quedo con el Hardy optimista de los primeros años.

También te gustará: Lejos del mundanal ruido

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El alcalde de Casterbridge

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10 respuestas a El alcalde de Casterbridge, de Thomas Hardy

  1. Marisa G. dijo:

    Lo he leído poco y por lo que cuentas, casi que mejor volver al autor con otro tipo de obra. Besos

    • Monica dijo:

      Dicen los entendidos literarios que hacia el final de su carrera Thomas Hardy se volvió muy pesimista y que empezó con esta novela y culminó la etapa con «Jude el oscuro». Sí que me ha parecido que Elizabeth tiene una concepción de la vida bastante tristona, pero no creo que sea por eso que me haya gustado menos que «Lejos del mundanal ruido», novela que sí te recomiendo. Besos.

  2. Nitocris dijo:

    Hola guapa, pues como no he leído nada de Hardy, voy a hacerte caso y no la voy a leer. Por lo menos hasta que no haya leído Lejos del mundanal ruido, 🙂
    Un besazo

    • Monica dijo:

      Aish, yo creo que «Lejos del mundanal ruido» te va a parecer, como mínimo, bellísima. Tiene escenas de romanticismo naturalista que… bueno, solo te diré que la escena de la tormenta es una de las más bonitas que he leído nunca. Del autor me gustaría leer «Los habitantes del bosque», pero por ahora descanso un poco de Hardy 😉 Besos.

  3. hola! es un autor que tengo que descubrir, y me encanta eso asi que lo tendré muy en cuenta! gracias, saludosbuhos.

    • Monica dijo:

      Pues si todavía no has leído nada de Hardy, te recomiendo que empieces por «Lejos del mundanal ruido» y así decides qué tal, porque este alcalde es un poco descafeinado ;-))) Besos.

  4. Carla dijo:

    Tengo Lejos del mundanal ruido entre ceja y ceja. A ver si me animo pronto
    Besos

    • Monica dijo:

      Pues te lo recomiendo mucho, Carla, a mí me encantó. Lo leímos en juntos un grupo de amigos y le sacamos mucho partido. A mí me pareció una prosa muy bella, con imágenes naturalistas y romanticistas preciosas y personajes muy grandes. Si lo lees me cuentas, por favor :-))) Un besote.

  5. Norah Bennett dijo:

    Si me hubieras dicho que ibas a leer este libro ya te habría avisado de que no te iba a gustar. No, no lo he leído pero ya se ve que esa mala leche, ese ambiente sórdido y feo con semejante personaje para ti, no. Es que está muy bien eso de experimentar pero guárdatelo en el cajón. Cada uno a lo suyo, Hardy. Que seguro que de quedó muy a gusto pero claro…
    Aunque mira, si te lo has pasado bien, se da por bueno.
    Besos

    • Monica dijo:

      A ver, que menudo contraste entre la belleza y la delicadeza de «Lejos del mundanal ruido» y la prosa casi «a lo bruto» para este personaje tan mezquino. Que la novela es un retrato bestial de un hombre, con sus miserias y sus sombras, pero que la prosa de Hardy no era la misma… o la traducción, que también puede ser. De todas formas, ya sabes lo que pasa, que tenemos nuestras filias y que aunque nos guste un escritor, no siempre nos convencen todas sus novelas por igual. Eso sí, me he reído un rato con la lectura conjunta. Besos.

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