El castillo de Rackrent, de Maria Edgeworth

Thady Quirk lleva toda su vida al servicio del señor del castillo de Rackrent. A su anciana edad ya ha visto pasar a cuatro señores distintos, cada uno de ellos con su peculiar carácter y manera de administrar las tierras y el condado. Thady recuerda con cariño a sir Patrick, amigo de la fiesta y del buen beber, que se convirtió en Rackrent al heredar de su primo; al hijo de sir Patrick, el antipático sir Murtagh, abogado, obsesionado con pleitear por cualquier asunto, y a sir Kit, un joven combativo, ludópata y guerrero que pasó poco tiempo en la paz de sus tierras y escandalizó al condado con su elección de esposa. Al final de sus días, el honrado Thady asiste al ocaso del castillo y la estirpe de Rackrent junto a su último señor, sir Condy, que por la generosidad con la que maneja el ponche de whisky, le recuerda mucho a su primer señor, sir Patrick.

«Ella siempre tenía montones de hilo procedentes de los impuestos de los arrendatarios y con ellos se hacía la ropa blanca para la finca, desde la primera hasta la última pieza; después de ser hiladas por las tejedoras de la finca, mi señora se quedaba las piezas gratis, como consecuencia de los beneficios del Ministerio de Lino que mi señora obtenía para los telares (…). Con la mesa ocurría lo mismo, la mantenía por casi nada: las aves de corral, los pavos y los gansos procedentes de los impuestos llegaban tan pronto como podían ser comidos, porque mi señora observaba al detalle y sabía hasta la última cubeta de mantequilla que tenían los arrendatarios del contorno.«

Maria Edgeworth (1767 – 1849) vivió un tiempo en Irlanda, participando en la administración de la finca de su padre, terrateniente inglés. De aquella época y experiencia procede la inspiración para escribir El absentista (1812), pero fue en Irlanda donde escribió la que sería su primera novela corta,  El castillo de Rackrent (1800). A lo largo del siglo XVII, la corona británica otorgó a la nobleza inglesa tierras en Irlanda con el propósito de que se controlara a la sociedad católica del país. Pero, a la práctica, la gestión de esas tierras en manos inglesas fue bastante espantosa: la mayoría de los terratenientes eran absentistas la mayor parte del año y las relaciones entre terrateniente y arrendatarios, a finales del siglo XVIII, era ruinosa y casi feudal. En El castillo de Rackrent, Maria Edgeworth refleja ese desastre administrativo que a menudo terminaba con terratenientes arruinados y con arrendatarios sumidos en la pobreza.

El castillo de Rackrent está narrado en primera persona por Thady Quirk, un anciano que lleva toda su vida al servicio del señor de Rackrent. Edgeworth consigue una voz narrativa genial poniéndose en la piel de un pobre sirviente analfabeto, muy observador y con un don para hablar de sus amos con una inocencia tan fingida que ronda la picaresca. El resultado es un relato lleno de sentido del humor y de sorna, con una retranca simpatquísima que no por ello deja de denunciar la injusta situación que vivían los arrendatarios irlandeses a finales del siglo XVIII. Aunque el tono de esta historia poco tiene que ver con el de Belinda (novela de 1801 con la que conocí a la autora), sigue sorprendiendo por el hábil manejo de Edgeworth de la prosa, de su inteligente sentido del humor y de una habilidad literaria que admiró a autores como sir Walter Scott o Jane Austen.

Lector, poco más de cien páginas para conocer a una autora genial. No te la pierdas.

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4 respuestas a El castillo de Rackrent, de Maria Edgeworth

  1. Nitocris dijo:

    Hola guapísima, pues no recuerdo si he leído Belinda o no, madre mía!
    Si es una novela corta, la apunto, además si dices que tiene sentido del humor, mejor que mejor.
    Un besazo

  2. Como dice Nitocris, si es corta y con sentido del humor me la apunto :-)
    Un beso, Mónica.

  3. Margari dijo:

    Pues me atrae mucho esta propuesta. Tomo nota, que no me sonaba de nada.
    Besotes!!!

  4. Tengo muy pendiente a esta autora. Belinda está en anotados, y este también me lo llevo. Siento que voy a casar con ella, espero disfrutarla. A ver cuándo le doy la oportunidad, de verdad que la pila de pendientes se hace ya inmanejable totalmente jeje.
    Un abrazo.

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