En los relatos de La cafetera. Cuento fantástico (1831) y Ónfale. Historia rococó (1834), un protagonista joven y atolondrado se enamora perdidamente de una mujer hermosa y fantástica, pero cuando despierta no está seguro de si ha sido un sueño o algo mucho más escalofriante y sobrenatural.
La muerta enamorada (1836) es el relato que da nombre a esta antología de cuentos sobrenaturales de Théophile Gautier. Un joven sacerdote, a punto de tomar los hábitos, cae presa de la bella Clarimonde, la misteriosa cortesana italiana que lo arrastrará hasta la romántica Venecia, donde el precio a pagar por sus placeres puede que se cobre en sangre.
El caballero doble (1840) interpreta una antigua leyenda nórdica sobre el nacimiento de un niño cuyo destino se rige por dos estrellas, una malvada y otra benévola. En El pie de momia (1840) y en Arria Marcela (1852), Gautier explora lo sobrenatural y lo fantástico invitando al lector al Antiguo Egipto, en el primer relato, y a recorrer las calles de Pompeya justo antes de la erupción del Vesubio —con una espléndida descripción histórica—, en el segundo.
Puede que el relato más sorprendente y espeluznante sea Dos actores para un papel (1841), por la intervención de Lucifer en persona y por esa mirada tras las bambalinas tan bien caracterizada por el autor.

Alba Editorial
Traducción de Andrés Ruiz Merino
Tapa dura
168 páginas
Fecha de publicación: noviembre de 2025
ISBN: 978-84-1178-201-2
Théophile Gautier (1811 – 1872) fue un poeta, novelista, periodista y crítico literario educado en París y precursor de movimientos artísticos como el parnasianismo o el simbolismo. Gautier, que se inició en el arte como crítico cultural por indicación de Honoré de Balzac, adscribe sus primeros relatos de ficción al romanticismo de su época hasta que, en 1835, publica su novela Mademoiselle de Maupin, en cuyo prólogo expone los principios del «arte por el arte» que constituirían parte de los fundamentos del parnasianismo. Este movimiento tendría su más visible exponente en el libro de poemas de Gautier, Esmaltes y camafeos (1852). Este principo —alrededor del que otros autores de la talla de Oscar Wilde, en Gran Bretaña, o Charles Baudelaire, en Francia, también publicarían— partía del supuesto de que el arte no tenía por qué justificarse moralmente.
Los relatos de la antología La muerta enamorada y otros relatos fantásticos, recogidos por Alba Editorial en su colección Alba Clásica con traducción de Andrés Ruiz Merino (atención a las fabulosas y más que bienvenidas notas a pie de página de este traductor), fueron publicados originalmente por Théophile Gautier entre los años 1831 (La cafetera) y 1851 (Arria Marcela), por lo que son perfectos para observar la transición de sus inicios romanticistas hacia otra manera de entender la literatura, enmarcada en el movimiento cultural del parnasianismo. En este sentido, La cafetera y Ónfale están escritos en un tono y un lenguaje descriptivo propios del romanticismo, con ese ensalzamiento casi desesperado de la belleza, la presencia de lo onírico y de la muerte, o unas descripciones que me llevaban a imaginar a los personajes dentro de un cuadro de Fragonard.
La muerta enamorada, en cambio, aunque conserva rasgos de expresiones románticas propias de la literatura de su época, lleva el relato más allá de cualquier consideración moral, sin detenerse en juzgar el comportamiento blasfemo del sacerdote protagonista o de la petición de Clarimonde de que la ame más que a su dios. Gautier muestra sin caer en moralidad alguna, llevado por una narración que mantiene la tensión hasta el final a un ritmo desasosegante. Destaca la escena sublime del joven protagonista masculino acudiendo al dormitorio de la cortesana muerta, para dispensarle la extrema unción, como si entrase por vez primera en su cámara nupcial: «Pues el amor es más fuerte que la muerte y acabará por vencerla«. No desvelaré más de este relato más allá del apunte a los lectores de que Théophile Gautier escribió y publicó La muerta enamorada 36 años antes de que Sheridan Le Fanu publicase su Carmilla y unos 61 años antes de que Bram Stoker publicase Drácula.
Tal vez sean La muerta enamorada y Arria Marcela —ambientación que me ha recordado a Memorias de los últimos días de Byron y Shelley— los dos relatos de esta antología en los que resulta más evidente la destreza de Gautier para mantener la tensión narrativa y enredar al lector en una atmósfera de desesperación y desastre inminente. Con la diferencia de que La muerta enamorada es mucho más romántica, en estilo y forma, que Arria Marcela, algo más sobria, muy bien documentada y enmarcada en la Pompeya del emperador Tito Flavio. Sin embargo, también he disfrutado enormemente de El pie de momia, el cuento más divertido de esta antología. Si bien Gautier muestra trazas de un travieso sentido del humor en los dos primeros relatos (La cafetera y Ónfale), en El pie de momia cuenta una historia sobrenatural de tinte cómico en la que guiña un ojo a la supuesta superioridad de los colonizadores imperialistas de su siglo y anticipa ese interés creciente en la egiptología, las momias y sus maldiciones, que habría de ponerse tan de moda en la Francia y la Inglaterra victorianas.
Lectora, cuentos sobrenaturales, escalofriantes y divertidos para conocer a Théophile Gautier.
También te gustará: El carruaje fantasma y otros cuentos góticos; El castillo de Otranto; La máscara de la muerte; La joya de las siete estrellas; Carmilla; El monje
Pues tendré que animarme a conocer a este clásico, que me has tentado y mucho.
Besotes!!!
Hola guapísima, leí La muerta enamorada en una antología de Valdemar en el que también venía Carmilla, me gustaron muchos ambos.
Un besazo
Hola, Mónica:
Es una antología muy interesante y hay cuentos que no he leído -creo-, así que le echaré un ojo.
Me encanta el cuento de «La muerta enamorada», de hecho, fue una propuesta de Lecturas junto al fuego. No me importa releerlo de vez en cuando :-)
Un beso, preciosa.