Las minas del rey salomón, de Henry Rider Haggard

Allan Quatermain tiene 55 años y se plantea que quizás le haya llegado el momento de jubilarse y volver a casa. Lleva la mitad de su vida en África y, en cuanto el dinero le alcance para terminar de pagarle los estudios de medicina a su hijo, dejará el negocio y volverá con él a Inglaterra. Hasta que una mañana, sir Henry Curtis llama a su puerta con una extraña petición: necesita que lo guie para encontrar a su hermano, perdido un par de años atrás cuando tomó el camino de las montañas de Saba, aquel del que la leyenda cuenta que lleva hasta las minas de diamantes y oro del rey Salomón. Quatermain, que posee un mapa de la ruta, finalmente acepta la solicitud de sir Henry y, junto con el capitán John Good y un misterioso zulú llamado Umbopa, inician la increíble aventura que los llevará hasta la peligrosa tribu de los kukuanas y a contemplar las maravillas que tal vez construyeron una vez los antiguos sabios de la civilización egipcia.

«Señor Quatermain —dijo sir Henry—, voy a buscar a mi hermano. Voy a seguir sus huellas hasta las montañas de Sulimán, y más allá si es necesario, hasta encontrarlo o hasta que me entere de que ha muerto. ¿Quiere venir conmigo?
Soy —creo haberlo dicho— un hombre prudente, incluso tímido y la idea me asustó. Me parecía que iniciar un viaje así era dirigirse a una muerte segura; aparte otras consideraciones, tenía que mantener a un hijo y no podía permitirme morir entonces.«

Henry Rider Haggard (1856 – 1925) fue un escritor victoriano especializado en novelas de aventuras. En su juventud, pasó algunos años trabajando como secretario del gobernador británico de la colonia Sudafricana de Natal, un lugar, cultura y paisaje que casi siempre estarían presentes en sus novelas. Haggard publicó por primera vez Las minas del rey Salomón en 1888 animado por su hermano, quien lo desafió a escribir una novela de aventuras tan popular como La isla del tesoro (1883), de Robert Louis Stevenson. Su protagonista, Allan Quatermain, se inspiró en el famoso explorador británico Frederick Courtney.

Pese a que Las minas del rey Salomón es la primera novela protagonizada por Allan Quatermain, Haggard inicia la historia presentándonos a un héroe a punto de jubilarse y con tendencia a considerarse a sí mismo cobarde y asustadizo, dos factores que resultan originales en la figura del héroe victoriano. Y es que uno de los grandes méritos de esta novela es su originalidad dentro del género de aventuras de su época y la de ser pionera en establecer personajes y situaciones que con los años llegarían a convertirse en clichés de las historias de búsqueda del tesoro: el mapa del moribundo, la maldición del tesoro, el personaje sorpresa, los pasadizos secretos, las salidas de la cueva a través de una corriente de agua, el eclipse en el momento adecuado para demostrar una falsa divinidad, etc. Cuando leemos por primera vez Las minas del rey Salomón todo nos resulta familiar (aunque no hayamos visto la película) no porque sea un cliché sino por todo lo contrario: porque fue la novela en la que se inspiraron el resto de aventuras de búsquedas del tesoro posteriores.

Como lectores del siglo XXI, abrimos este libro sabiendo que vamos a encontrar el racismo propio del colonialismo victoriano de finales del siglo XIX, la misoginia habitual y una crueldad extrema respecto a los animales. En este sentido y pese a que comparten horquilla temporal y cultural aproximada (ese colonialismo decadente de finales del XIX y principios del XX), Tarzán de los monos de Edgar Rice Burroughs o La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson me parecieron algo menos salvajes. Confieso que me ha resultado difícil superar algunos capítulos del principio debido a las escenas de caza y que me he reído con el homoerotismo (imagino que involuntario) de casi toda la primera parte. Sin embargo, es injusto no reconocer la excelente prosa de Haggard, la belleza de sus descripciones del paisaje africano, su admiración por las culturas de la Antigüedad, su buen pulso en las escenas de acción y haber asentado los tropos del género. Aunque si tuviera que recomendar este clásico, os recomendaría que mejor vieseis la adaptación cinematográfica de 1950, protagonizada por Deborah Kerr y Stewart Granger.

Lectora, las pintas del capitán John Good durante más de la mitad de la historia son impagables.

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2 respuestas a Las minas del rey salomón, de Henry Rider Haggard

  1. Hola, Mónica:
    Leí este libro hace mucho, quizá me animara con él de nuevo para el reto de Nitocris Libros Rescatados, para el apartado libro que no recuerdas :-) De todas formas, lo que sí recuerdo es justo lo que mencionas: la peli de Kerr y Granger me había gustado más.
    Un beso y feliz verano; yo me tomo unas vacaciones :-)

  2. Nitocris dijo:

    Hola guapísima, qué casualidad me compré esta novela, editada por Reino de Cordelia, en la FLM de este año. Supongo que la leeré el año que viene para el reto de MH, pero ya voy prevenida en cuanto a misoginia, racismo, etc… :)
    Un besazo

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