El inspector Dewar de Scotland Yard tiene sobre su mesa el caso de un vagabundo muerto en una carretera comarcal señalado con un cartón en el que solo dice «Tres», cuando asesinan de un disparo y marcan con el número «Cuatro», en las mismas puertas del Banco de Inglaterra, a Aloysius Skinner, empresario de la compañía Cochinilla Imperial. Dewar formará equipo con el superintendente Bone, un hombre corpulento que prefiere resolver enigmas sin salir de su despacho. Pero a medida que Dewar y Bones avanzan en una investigación que parece relacionada con el tráfico de armas y diamantes en Sudáfrica, los cadáveres empiezan a acumularse y el asesino los sigue numerando por orden. Los detectives no solo deberán encontrar a las dos primeras víctimas del asesino en serie sino también entender la posible relación entre todas ellas.
«—Señor, no sabe cuánto me alegra saber que también en Londres cometen ustedes errores.
Bone meneó uno de sus gruesos dedos ante el inspector de Reading.
—Y que le sirva de lección, joven, pues somos tan listos que incluso los errores nos conducen a la verdad. Pero no le diga nada al comisario.«

Archibald Gordon MacDonell (1895 – 1941) fue un periodista, dramaturgo y escritor escocés nacido en la India y educado en Inglaterra. Su obra más famosa es la novela satírica de tintes autobiográficos Inglaterra, su Inglaterra, sobre el excéntrico espíritu de la nación inglesa. Me gustó tanto, que cuando MH de Las inquilinas de Netherfield reseñó este otro título del autor, allá que me lancé de cabeza a la biblioteca para leerlo. Los asesinatos silenciosos, de A. G. MacDonell, se queda como una de las mejores lecturas de este verano junto con Los otros Sherlocks Holmes y El último verano.
Un asesino en serie, un montón de víctimas sin relación aparente entre ellas, pistas falsas, persecuciones, expresidiarios con retranca y la pareja de investigadores de Scotland Yard más humana de la literatura policiaca. Me ha encantado la relación entre el inspector Dewan —escocés, como MacDonell— y el superintendente Bones y cómo avanzan en la trama detectivesca equivocándose sin descanso pero sin perder la paciencia ni el sentido del humor. Los diálogos entre estos dos personajes, sobre todo el sentido del humor de Bones, son la guinda del pastel de una novela que se disfruta por la prosa concisa y con un punto simpático de su autor, por la pregunta constante de cómo se relacionan tantas víctimas y, sobre todo, por sus carismáticos protagonistas. Si A. G. MacDonell ya me convenció con Inglaterra, su Inglaterra, con Los asesinatos silenciosos me ha dejado con muchas ganas de que traduzcan más de los títulos de misterio que publicó bajo el seudónimo de Neil Gordon.
Lectora, novela y diseño de cubierta son fabulosos, pero me temo que la una no tiene nada que ver con el otro.
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Hola Mónica, ya había visto esta novela por la blogosfera, probablemente una de ellas sea la de MH, y sí también he leído que la trama no tiene nada que ver con la cubierta… no entiendo a veces a quién se les ocurrirá las imágenes. Con todo esto te digo que ya lo tengo apuntado para cogerlo en eBiblio…
Un besazo