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El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartin Fenollera

La señorita Prudencia Prim cree que vive en un siglo equivocado, en un tiempo en el que la delicadeza y la búsqueda de la belleza han dejado de ser valores importantes. Por eso, cuando llega a San Ireneo de Arnois, un pequeño pueblo de habitantes peculiarmente amables y poco convencionales, decide probar suerte y conseguir el trabajo de bibliotecaria que allí se ofrece pese a no cumplir casi ninguno de los requisitos que solicita el anuncio:
«Se busca espíritu femenino en absoluto subyugado por el mundo. Capaz de ejercer de bibliotecaria para un caballero y sus libros. Con facilidad para convivir con perros y niños. Mejor sin experiencia laboral. Abstenerse tituladas superiores y posgraduadas.«

La señorita Prim, que consigue el trabajo en contra de todas las expectativas, se sumerge en una pequeña comunidad de espíritus inquietos y libres que sueñan con vivir según principios mucho más lógicos que los rigen el siglo XXI en occidente. Curiosa y apasionada, Prudencia encontrará personas de las que aprender y con quiénes compartir, pero también se topará con las firmes (y opuestas a las suyas) convicciones de su jefe, el hombre del sillón, con quien mantendrá intensas discusiones sobre lo humano y lo divino ¿Es posible cambiar nuestra manera de mirar el mundo en nuestra madurez cognoscitiva e intelectual?
«-Dígame, Horacio… ¿hay algo más que yo debiera saber sobre este pueblo?
-Desde luego que lo hay, querida -contestó él con un guiño mientras se disponía a apurar su bebida-. Pero no pienso decírselo.«
Prudencia Prim es una mujer intensamente titulada que se reconoce intransigente desde las primeras páginas de esta novela: se afirma reacia a modificar su juicio sobre las cosas. Pero también es una persona que cree en la delicadeza y en la búsqueda de la belleza. Por eso, pese a su intransigencia consigo misma y con los demás, resulta toda una sorpresa lo que descubre sobre sí misma en San Ireneo: pese a su delicadeza, lleva años practicando una hipocresía social, y precisamente debido a su extensa formación acádemica, se ha vuelto ciega a la belleza. Con un personaje tan rotundo y fuerte como la señorita Prim no es extraño que esta novela arranque con tanta fuerza y brillantez y mantenga la ávida atención del lector más curioso señalándole cuestiones diversa sobre nuestros apretados corsés educativos y culturales.
El despertar de la señorita Prim es una novela distinta y acogedora, que gusta por los debates entre la razón y la ciencia, y lo espiritual y lo filosófico. El hombre del sillón y la señorita Prim se miden en tremendos duelos dialécticos pero también  se contradicen y se admiran mutuamente precisamente por sus contradicciones y sus diferencias (atención a la recomendación de Mujercitas por parte de una Prudencia que es pura razón). Natalia Sanmartin Fenollera trata con suma originalidad y frescura temas como la búsqueda de la belleza en nuestro siglo, una reflexión sobre el sistema educativo actual, la recuperación de valores tradicionales bien razonados o la amabilidad del trato social despojado de falsedad (perfecto y acogedor para el lector ese apunte Feelgood de pastelillos y chocolates a la taza junto a una chimenea encendida).
«La tradición no tiene edad, es la modernidad la que envejece.«
Natalia Sanmartin convence al lector con un estilo rico, una prosa fluida y bien construida que da credibilidad a los peculiares personajes que pueblan San Ireneo y que dota de una perfecta ambientación una trama distinta con ecos de buena novela decimonónica. Una novela en la que se trata con una delicadeza exquisita los planteamientos de Santo Tomás (entre otros), y en la que la autora hace todo un arte del «decir sin decir»; sobre todo en lo que a espiritualidad religiosa se refiere, intensamente presente en toda la novela pese a que en ningún momento Sanmartin escribe explícitamente sobre ella. Y de fondo y forma la presencia continua de Jane Austen: Darcy como perfecto modelo masculino, la visión femenina de la sociedad de su siglo como un punto de vista diferente y enriquecedor, etc.

Lector, pasa a tomarte un chocolate a la taza y bizcochos de nata con los habitantes de San Ireneo; deja que el tiempo se detenga y la búsqueda de la belleza no sea algo postergado por el estrés de nuestras vidas.Muchas gracias a MaraJss por su recomendación: me dijiste que me gustaría y… acertaste de lleno.

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Tierno bárbaro, de Bohumil Hrabal

Bohumil Hrabal (Moravia 1914 – Praga 1997) recuerda el tiempo en el que vivió junto a su vecino, el pintor y poeta Vladimír Boudník, un hombre genial y extravagantemente exagerado que comprendía la vida de una manera tan propia que resultaba difícil convivir con él. Eran tiempos de juventud en Brno, de caer borrachos de cerveza y conversación, de descubrimiento de las vanguardias artísticas de los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Era tiempo de compartir copitas de licor de Boudník, de acabar arrestados por el ejército acusados de espías mientras pintaban paisajes muertos en el bosque. Tiempo de comprensión, de humor negro, de encontrar respuestas, pero sobre todo tiempo compartido con uno de sus mejores amigos, Boudník, quien se suicidó en diciembre de 1968, al poco de que los tanques soviéticos ocuparan las calles de Praga.
«Nietzche se preguntó dónde estaban los bárbaros del siglo veinte… ¡Vladimír! ¡Claro, eso es! ¡Vladimír! Un bárbaro del siglo veinte que navega por las aguas frías del arte y las aguas calientes de la ciencia, como dijo Dalí. Vladimír…«

Señala la contraportada de la edición de Galaxia Gutenberg de Tierno Bárbaro que Bohumil Hrabal escribió este pequeño libro en 1973, cuando su obra todavía estaba prohibida en Checoslovaquia por el gobierno que había puesto en el poder el régimen soviético tras acabar con la Primavera de Praga a fuerza de tanques. Hrabal tenía casi sesenta años, vivía solo en su casa en el bosque de Kersko y estaba invalidado por los comunistas para ejercer ningún tipo de empleo. Se entiende entonces la pátina de nostalgia y ternura con la que el autor checo vuelve atrás la mirada y rememora sus años jóvenes junto al excéntrico y enloquecido Vladimír Boudník.
«Con leche desnatada hacía nata, con hollín de carbón brillantes, con un gorrión el ave Fénix, a un tullido lo convertía en un corredor de carreras, siempre que había poco de algo echaba su talento para demostrar que omnia ubique y que en lo mínimo está el máximo, que cada punto en el mundo es el centro del jardín del paraíso, mientras que los jardines colgantes se convierten despacio en ruinas y polvo y en ese polvo se contiene toda la belleza, en una pizca de tierra todo empieza de nuevo…«
Tierno bárbaro es un hermoso homenaje a Boudník pero también el retrato tamizado por la luz de la nostalgia de unos años en los que la intelectualidad exploraba nuevas fórmulas de pensamiento y arte fluía a placer por sus primeras vanguardias europeas. Y como telón de fondo de las correrías de Hrabal y Boudník, de los retratos costumbristas originalmente contados, las tensiones políticas y militares de Checoslovaquia y la Unión Soviética de aquella mitad del siglo XX. Rituales de amistad, desequilibrios mentales, retrato de un pueblo, Tierno bárbaro es un recuerdo personalísimo, con la prosa a borbotones de Hrabal, con su peculiar don de tornar increíble y fantástica incluso la rutina y el cansancio, de una amistad que precisaba de sus propios rituales y de un tiempo de incertidumbre que podría haber tenido cualquiera de los desenlaces posibles (e imposibles) en la malograda Primavera de Praga.
Lector, perfecto para iniciarse en el personalísimo estilo narrativo, lírico y evocador, de Bohumil Hrabal.
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Tierno bárbaro

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Trabajos de amor ensangrentados, de Edmund Crispin

El director Horace Stanford y la señorita Parry, responsables de la escuela y del instituto para señoritas de Castrevenford, respectivamente, están ultimando los preparativos para la obra de teatro que forma parte de los actos de celebración de la entrega de premios de fin de curso de ambas instituciones. Su mayor preocupación es el extraño comportamiento de una de las alumnas que actúa en la obra, pero el director cree haberlo solucionado rápidamente en cuanto deduce que se debe a sus encuentros clandestinos con uno de sus muchachos. Sin embargo, todo resulta ser mucho más siniestro y alarmante de lo que parecía en un principio: alguien ha robado ácido del laboratorio del pabellón de ciencias, la chica ha desaparecido y dos de los profesores de Castrevenford han sido asesinados en extrañas circunstancias de un disparo en la cabeza. Por suerte para el director Stanford, el profesor de Oxford y afamado detective Gervase Fen acaba de llegar a la escuela invitado por él mismo para la entrega de premios de fin de curso. Como el policía local se declara novato en las lides de investigar un asesinato, la generosa oferta de Fen de hacerse cargo del caso le viene caída del cielo.
«-Los dos paquetes tenían la misma caligrafía, muy retorcida y desvaída, y con algunas extrañas faltas de ortografía. Uno de los dos fajos, como le dije, eran cartas privadas. El otro parecía como de poesías, aunque confieso que no pude sacar nada en claro de ello, más allá del título.
Fen se inclinó hacia delante.
-¿Y qué era?
-Oh, Trabajos de amor logrados -dijo el señor Taverner.«

Han pasado diez años desde que el profesor Gervase Fen solucionara (delirantemente) los misteriosos casos de La juguetería errante. Fen vuelve a sembrar el pánico entre conductores y transeúntes a bordo de su querido Lily Christine y acude al rescate de las tribulaciones de un buen amigo, el director de la escuela Castrevenford, que se encuentra con dos profesores asesinados, la desaparición de una adolescente y la sospecha de un manuscrito perdido y hallado de (nada más y nada menos) William Shakespeare. Y todo en medio de un montón de alumnos en plena celebración de fin de curso, sus insoportables padres, un profesorado peculiar, un perro que bien podría haber sido (en sus buenos tiempos) el sabueso de los Baskerville y un algunas jovencitas insuperables.
Trabajos de amor ensangrentados es una estupenda novela de detectives al más puro estilo de Edmund Crispin: humor, personajes excéntricos, escenas delirantes, persecuciones surrealistas y deducciones holmesianas de uno de los investigadores más carismáticos de la novela del siglo XX, Gervase Fen. Originalmente publicada dos años después de La juguetería errante (1946), el autor se reafirma en su prosa rica y elegante, algo burlona, sarcástica, y consigue una novela y una historia mucho más fluida y madura que en la mencionada juguetería. Un caso interesante, con el atractivo de una posible obra perdida de Shakespeare (Trabajos de amor logrados), que pone a prueba la capacidad deductiva de su personaje protagonista y atrapa al lector tanto por sus enigmáticas escenas del crimen como por su divertida y extraña galería de personajes.
Lector, súbete a Lily Christine y acompaña a Fen en esta nueva y misteriosa investigación en plena campiña inglesa.
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Trabajos de amor ensangrentados

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La casa de una escritora en Gales, de Jan Morris

Jan Morris, periodista, historiadora, poeta y escritora, abre su casa en Gales para el lector curioso que quiera visitarla. Jan ha viajado por todo el mundo y vivido en más de dos docenas de ciudades repartidas por todo el mundo, incluidas El Cairo y Hong Kong justo antes de dejar ser colonia británica, pero solo en Gales, su país de nacimiento y de corazón, tiene su verdadero hogar. Durante generaciones, los Morris han sido propietarios del hermoso y señorial Plas Morys, pero ahora que los hijos y los nietos han crecido, Jan ha preferido vender la casa grande y acondicionar los hermosos establos como su vivienda, la de su compañera Elizabeth y la de su gato Ibsen: Trefan Morys. La nueva casa, constuida y restaurada a placer de sus habitantes, es un fiel reflejo de la escritora pero también de Gales, de su cultura, su lengua, sus gentes; un refugio para Jan y también un lugar donde ejercer gustosamente la cálida hospitalidad galesa con amigos y viajeros ocasionales (como nosotros, lectores curiosos).
«El dinero no compraría los dones de la edad, virtud y experiencia que la impregnan, el encanto de los bosques de Trefan, la cruel belleza del Cwm Pennant. Ningún magnate podría tampoco trasladar las piedras de la casa una por una a ningún otro lugar de la tierra (…) porque mi casa encaja hasta tal punto en el medio donde está enclavada, tiene sus profundas raíces tan clavadas no solo en la tierra en donde se levanta sino hasta en el concepto mismo de Gales, que de encontrarse en otro sitio, cualquiera que fuese, perdería su carisma.«
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Jan Morris no puede hablarnos de su casa sin antes explicarnos algunas cosas sobre el complicado carácter galés y las hermosas tierras galesas (geografía, flora y fauna) en las que está escondido este hogar de duendes y hadas. Y aunque en los primeros capítulos la casa no parece más que una excusa, un punto de partida para repasar con sencillez y mucho sentido del humor la Historia del país de Gales y su peculiar naturaleza, la cultura, la lengua y la idiosincrasia de sus gentes, lo cierto es que el lector cae rendido desde las primeras frases por la habilidad de esta escritora para describir lo complicado con una luminosidad y un encanto que muchos historiadores quisieran. Incluso se atreve con la necesidad de la política (hace falta poder político para garantizar la integridad cultural de un país) con una claridad que desarma. En los más hermosos parajes verdes, perdida a orillas de un bosque, Jan Morris tiene su refugió galés, la casa de la que está profundamente enamorada porque no es más que la esencia de su país, de su cultura, de su poesía.
La autora explica con paciencia y divertidas anécdotas que el galés es la lengua literaria más antigua (una lengua que tiene magia), que la pátina celta de toda la cultura galesa les convierte en personas de enorme imaginación y que la cocina de la casa es la misma esencia de la cultura galesa. Esto último se debe a que el corazón de cualquier casa galesa es la cocina: allí se recibe a los invitados, se les da de comer, se les ofrece té, se les hace entrar en calor junto al fuego de leña; se leen poemas a la luz de su lumbre, se discute, se come en familia, se comparte. Por eso es la cocina galesa el mismísimo corazón palpitante de Gales, fuente de los mejores recuerdos de cualquier galés adulto porque allí transcurrió su infancia más feliz y allí siguen celebrándose los encuentros más agradables con amigos y seres queridos. 
«Pero yo vivo en un Gales que me pertenece, un Gales que llevo en el pensamiento, poblado de recuerdos, impregnado de melancolía. Y es en ese Gales, ese Gales imperecedero, donde prospera mi casa.«
Y por si todo esto no fuese suficiente, Jan Morris también habla sobre sus libros, su biblioteca, sus manías a la hora de comprar y ordenar los volúmenes, los ejemplares más raros… Los hermosos bosques de Gales, el arrullo de la voz de las leyendas mágicas celtas, los peculiares libros de una simpatiquísima y excéntrica escritora ¿podría ser más tentador este agradable librito?

Con un ritmo narrativo que enamora, unas anécdotas y una manera de contar llena de humor y de ternura, Jan Morris hace gala de su prosa más bella y apasionada para contarnos de qué está hecha su alma celta. Sus raíces galesas, como su casa, han resultado al cabo de los años lo suficientemente poderosas como hacerla volver a su país y disfrutar de un refugio que, en este delicioso libro, abre con generosidad y hospitalidad galesa a todos los lectores que tengan el buen acierto de abrirlo.

Lector, cuando estés cansado, siéntate un rato junto a la chimenea y deja que esta escritora galesa te cuente con su hermosa voz de druida celta.
Nota: Atención al divertidísimo paralelismo que hace la autora entre galeses y pueblos semitas (páginas 20 y 21), amparada en la cabezonería de sus compatriotas y su encantadora singularidad.
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Inglaterra, su Inglaterra de A.G. MacDonell

A comienzos de octubre de 1917, bajo una lluvia mortal de mortero y metralla enemigos, en el frente occidental, Evan Davies (galés) y Donald Cameron (escocés), dos subalternos de artillería, se preguntan por qué los ingleses son tan condenadamente incomprensibles. Tras una breve charla antes de volver a sus obligaciones bélicas, Davies le confía a Cameron que trabaja como editor en Londres y que cuando termine la guerra (si no acaban con un agujero en el cuerpo) le gustaría publicar un libro sobre el carácter y las costumbres inglesas; y que estaría encantado si Cameron pudiese investigar y escribirlo para él en caso de que ambos sobrevivan a la contienda, por supuesto. Un par de años después, terminada la Gran Guerra, Davies y Cameron vuelven a coincidir en Londres y deciden llevar a cabo el proyecto editorial sobre los extrañísimos ingleses. Donald empieza así su periplo como investigador del talante de los ingleses, una raza capaz de pasearse impertérrita por un campo de minas bajo fuego enemigo, tomarse como una cuestión de honor un partido de críquet o ser capaces de pronunciar el mismo discurso para dos cuestiones internacionales totalmente opuestas en las naciones unidas.

—La última vez que estuve vinculado a un batallón inglés fue hace cosa de un mes. Era un batallón de Worcestershire o Gloucestershire o de por ahí. El coronel llevaba un monóculo y se pasaba el día sentado en una trinchera bien profunda leyendo el Tatler. Hablaba como si él mismo fuera el Tatler, lo sabía todo acerca de lady Diana Manners, de los duques y de Gladys Cooper. Estuvimos seis días en el frente y estuvo preocupado todo tiempo excepto en una ocasión, cuando él mismo subió caminando con un bastón hasta un emplazamiento de ametralladoras Bosche y se le rindieron cincuenta y ocho. (…)
—¿Por qué los ingleses siempre se ríen cuando se menciona Aberdeen?
—¡Sabe Dios por qué! —contestó Davies— ¿Por qué tienen a un galés como Primer Ministro y a un escocés como Comandante en Jefe y a otro como Primer Lord del Mar del Almirantazgo, y creen que es gracioso?

A.G. MacDonell fue galardonado con el premio James Tait Black Memorial 1933 con esta divertidísima novela sobre el excéntrico espíritu de la nación inglesa. A través de las siempre inocentes observaciones de Donald Cameron, un joven escocés que aspira a convertirse en periodista y escritor, se despliega toda una serie de situaciones satíricas y rocambolescas de las que el lector solo puede extraer una conclusión: los ingleses son incomprensibles.


Tengo la impresión de que todas sus extravagancias, rarezas e incongruencias parten del hecho de que, en el fondo, básicamente, son una nación de poetas. Eso sí, se pondrán pálidos de ira si se lo dices.

Un partido de críquet desternillante, un surrealista fin de semana en el campo por culpa de las “recomendaciones” de un amigo para ganarse el respeto de los mayordomos ingleses (atención al estupendo guiño al Jeeves de P.G. Wodehouse), o un mes como secretario de un diplomático en la Asamblea de Naciones Unidas donde aprende sobre el arte de no posicionarse jamás de los ingleses, esencia de su política (todos sus discursos son iguales: “Entrega por parte de los Estados libres de la Commonwealth británica a los ideales de la Alianza, nación de amantes de la paz, todos deben cooperar, maravilloso trabajo de la Alianza, elogios al Secretariado, economía en los gastos de la Alianza, unas palabras acerca de Woodrow Wilson y un homenaje a los franceses”).

Una novela brillante y divertida para seguir sin comprender a una nación que durante el siglo pasado controlaba todos los puertos estratégicos del mundo y que podía reírse de absolutamente todo excepto del espíritu de equipo del críquet y de Lord Nelson.

Lector, una estupenda sátira para los afectos al humor más inglés. Lectura de cabecera para la Tea&Sympathy Society.

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Inglaterra, su Inglaterra

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