Archivo de la etiqueta: Novelas adorables

Veneno mortal, de Dorothy L. Sayers

En el juicio de la Corona contra la escritora de novelas policíacas Harriet Vane, el venerable y anciano juez parece tener las cosas bastante claras: la acusada es culpable de asesinar a Philip Boyes, su ex-amante. Harriet no solo había comprado arsénico en las fechas correctas sino que también era una experta sobre envenenamiento puesto que se había estado documentando para su último libro; además había sido la única persona con posibilidad de administrárselo a la víctima en la noche de su fallecimiento. Por suerte para la escritora, durante su juicio entrarán en juego dos factores con los que no contaba: la aguda intuición de la señorita Climpson y la certeza —y el corazón— del más distinguido detective de Inglaterra, Lord Peter Wimsey.
«—Pues yo creo que no me gustaría casarme con una asesina —dijo la señorita Titterton—. Sobre todo si está muy ducha en novelas policíacas. No dejarías de preguntarte si el café no sabe un poco raro.
(…)
—Una asesina puede resultar una buena esposa —dijo Harringway—. Madeleine Smith, sin ir más lejos… También utilizó arsénico, por cierto, pero se casó y vivió tan feliz hasta una edad provecta.
—Pero ¿también vivió su marido hasta una edad provecta? —preguntó la señorita Titterton—. Porque eso hace más al caso, ¿no?«

Junto con Agatha Christie y Ngaio Marsh, Dorothy L. Sayers (Oxford, 1893-1957) fue una de las grandes damas de la novela británica de misterio del siglo pasado. Las tres escritoras deleitaban a los lectores con los más ingeniosos juegos del whodunit, aderezados con un estupendo sentido del humor, investigadores carismáticos y el encanto maravilloso e inimitable de la literatura de la primera mitad del siglo XX. El más famoso detective de Sayers fue Lord Peter Wimsey, un aristócrata londinense con mucho carisma y un humor al estilo de Bertie Wooster, el personaje de P.G. Woodehouse (de hecho, Lord Wimsey también tiene su propio Jeeves, su infalible mayordomo Bunter). Veneno mortal no es la primera novela protagonizada por Wimsey pero la escogí para estrenarme con Dorothy L. Sayers porque era en la que aparecía por vez primera Harriet Vane, la escritora que le roba el corazón al gran detective. 
El resultado es una novela policíaca divertida, con mucho encanto y el inicio de un romance peculiar y simpatiquísimo que promete dar mucho juego en las siguientes entregas de los casos de Lord Wimsey. El lector no solo disfruta con la investigación, la resolución de un crimen que a simple vista parece irresoluble a no ser que la culpable sea Harriet (¿pero cómo va a ser ella? Lord Wimsey jamás se enamoraría de una asesina), sino también de los excelentes e ingeniosos diálogos (atención a la cena de Navidad del capítulo 12, no tiene desperdicio) y del encanto de la reina más simpática del suspense del siglo pasado.
Lector, si te gusta la novela policíaca disfrutarás con este clásico. Y tú que pensabas que Christie era la única…
Nota curiosa: la querida Dorothy L. Sayers fue amiga de algunos de los miembros de los Inklings y C.S. Lewis y J.R.R. Tolkien solían leer sus novelas.
Otra nota curiosa: este libro llegó a mis manos por culpa de una lectura con la que me divertí muchísimo el año pasado, Por no mencionar al perro de Connie Willis, en ella se referían con mucho cariño a Wimsey y a Harriet y no pude resistirme a conocerlos de la mano de su genial autora. Ha sido todo un acierto.

Otra nota: Esta novela es de lectura obligatoria si eres Ana Bolox.

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:

Veneno mortal

Publicado en Blog | Etiquetado , | 19 comentarios

La hija del tiempo, de Josephine Tey

El inspector de Scotland Yard Alan Grant está de pésimo humor, se siente humillado desde que un torpe accidente, durante la persecución de un delincuente, le tiene confinado en una cama de hospital. Durante su período de recuperación sus amigos le visitan para animarle y llevarle lecturas, pero Grant sigue gruñón, apático y aburrido. Hasta que la siempre impecable Marta Hallard le trae unas fotografías de grandes criminales de la Historia. El inspector se queda intrigado por el caso de Ricardo III, el último rey Plantagenet, acusado de asesinar a sus dos sobrinos además de otras iniquidades. Desde la cama del hospital, Grant irá tirando de la madeja de pruebas alrededor de las acusaciones que se tejieron sobre Ricardo III y pronto se dará cuenta de que nada encaja como debería: los sobrinos sobrevivieron a Ricardo veinte años, los escritos de Thomas More (a las órdenes de los Tudor que usurparon el trono tras Ricardo y que solo contaba con ocho años cuando murió Ricardo) son una copia de un manuscrito obra del mayor enemigo de Ricardo, las fuentes contemporáneas (incluidos sus familiares) se refieren al rey como sabio, buen administrador, cariñoso, progresista, generoso… ¿Por qué la primera orden del rey Tudor que le sucede en el trono es quemar el titulus regius que había otorgado a Ricardo III su legitimidad como monarca de Inglaterra? ¿Por qué no utilizó el argumento del asesinato de los niños para desprestigiar al rey legítimo sino que se guardó la información hasta veinte años después? Ante tantas preguntas sin respuestas, Grant recupera el buen humor y la pasión por resolver misterios. Con la ayuda de un joven estudiante norteamericano —que comprende bien las paradojas de la Historia—, el inspector resolverá uno de los crímenes más famosos de Inglaterra… sin moverse de la cama de un hospital.
«—Todos los que estuvieron allí saben que la historia es falsa y, sin embargo, jamás se ha desmentido. Es una historia absolutamente falsa que ha adquirido tintes de leyenda porque los hombres que lo sabían miraron hacia otra parte y no dijeron nada.

—Sí. Es muy interesante cómo se crea la historia.«

La hija del tiempo ha sido una de las mejores lecturas de este 2016, en parte porque soy historiadora y me encantan estas investigaciones realistas en épocas tan apasionantes como el cambio de una dinastía inglesa, y en parte porque es una novela divertida que plantea un enigma tan absorbente que convence a cualquier lector (historiador o no). Y aunque Josephine Tey le mete mucha caña a los historiadores —dice que somos unos estúpidos sin sensibilidad— y alucina un poquito con teorías que relacionan la fisonomía con la criminalidad (debía de estar de moda entre las técnicas policiales cuando escribía la señora, en 1951), la novela es genial de principio a fin. No hay un gran caso, ni una trama complicada, simplemente es el inspector Alan Grant investigando sobre la figura de Ricardo III, pero resulta muy entretenida, distinta y con encanto. ¡Qué demonios!, es hasta divertida (no se pierda el lector el concepto de Tonypandy y las conversaciones de Grant con Marta Hallard).
El título de la novela se debe a un proverbio antiguo, La verdad es hija del tiempo, y es el más famoso de la bibliografía de Josephine Tey (1896-1952), autora a la que tuve el placer de leer por vez primera en La señorita Pym dispone. La prosa de Tey es ágil y el punto de vista de sus personajes, así como sus comentarios, están llenos de buen humor británico; sin duda, tiene el don de trasmitir encanto y feelgood hasta cuando se trata de una novela de corte policíaco (un poco atípica, eso sí). La hija del tiempo se disfruta por su protagonista, porque sabe mantener la curiosidad del lector, por las reflexiones sobre Historia y Verdad (a menudo la verdad se distorsiona por intereses políticos o económicos de ahí que uno de los personajes afirme que la Historia verdadera está en los libros de cuentas), y por la figura de Ricardo III, un rey que podría haber llevado a su país a un siglo de luz, de progreso y justicia social sino hubiese muerto en medio de una batalla, clamando al cielo por un caballo.
Lector, te gustará incluso aunque no seas habitual de la novela histórica. Perfecta como lectura policíaca distinta a las habituales.
Nota: me gustó especialmente la reseña de Las lecturas de Mr. Davidmore

Nota (II): si os apetece saber un poco más sobre Ricardo III y la controversia de su memoria histórica, os dejo el enlace al excelente artículo de Daniel Fernández de Lis en su blog Curiosidades de la Historia: ¿Asesinó Ricardo III a los príncipes de la Torre de Londres?

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:

La hija del tiempo (para Kindle)
La hija del tiempo (en papel)

Publicado en Blog | Etiquetado , , | 20 comentarios

El general Ople y lady Camper, de George Meredith

El apacible general retirado Wilson Ople y su joven hija Elizabeth se mudan a las afueras de Londres para disfrutar de la tranquilidad de su casita, su jardín, sus paseos a caballo y sus amables amistades. Sin embargo, el general pronto empieza a sentir una intensa curiosidad por su excéntrica vecina, la misteriosa lady Camper. Sobrina de un conde, viuda resentida con el género masculino, la señora Camper no tardará en convertir en un infierno la vida del pobre Ople con sus absurdas peticiones, sus crípticas reprimendas y el engorro de su sobrino. El temperamento aventurero del aguerrido general jamás había conocido semejantes provocaciones.
«Lady Camper había recorrido Europa y conocía Oriente. Varias acuarelas de los escenarios visitados adornaban sus paredes, y un par de pistolas que, a decir de ella, le habían sido útiles, reposaban en el escritorio de su salón. A través del párroco, el general Ople se enteró del inmenso desdén que la señora sentía por los hombres, cosa que, curiosamente, alternaba con los lamentos por la debilidad de las mujeres.
-Pues ella no es un ejemplo -dijo el general pensando en las pistolas.«

El general Ople y lady Camper es una novela breve en la que George Meredith trata con mucho humor y simpatía varios de los temas recurrentes en su bibliografía como la crítica a la hipocresía de los modales y comportamientos de los caballeros en la época victoriana, el esnobismo o la ignorancia. En el personaje de lady Camper, Meredith reivindica a una mujer fuerte, inteligente e independiente, lejos de la sumisión femenina a la que estaban condenadas las damas de finales del siglo XIX; en cambio vierte en la bonachona pero tontorrona figura del pobre general Ople toda su mofa sobre el esnobismo y la mojigatería de la época.
La estupenda edición de Ardicia Editorial (editores que me sorprendieron gratamente con El gran misterio de Bow) incluye un posfacio de Virginia Woolf en el que la escritora reflexiona sobre las clases sociales en la literatura inglesa a raíz de las consideraciones de Ople con «la sobrina de un conde» y de la crítica burlesca de Meredith con la sociedad de su época. No hay caballeros en Dickens, dice Virginia Woolf, ni obreros en Thackeray.
«El anonimato, a cuya sombra trabajan mucho más felices los escritores, es prerrogativa exclusiva de la clase media. Los escritores proceden de esa clase porque solo en ella el ejercicio de la escritura se considera un acto tan natural y tan cotidiano como arar un campo o construir una casa. Ser poeta resultó seguramente más difícil para Byron que para Keats; y es tan imposible imaginar que un duque llegue a ser un gran novelista como que El paraíso perdido lo escribiera un hombre detrás de un mostrador.»
Lector, una oportunidad genial para conocer a George Meredith y su sentido crítico del humor. Seguro que repites.
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:

El general Ople y lady Camper

Publicado en Blog | Etiquetado , | 9 comentarios

Consejos para niñas pequeñas, de Mark Twain

Como bien indica el título de este cuento, este libro es un compendio de consejos para las niñas pequeñas. Prácticos, disparatados, sencillos, complicados, crueles, eficaces… pero siempre provistos de un contagioso sentido del humor, el del genial Mark Twain.
«En ningún caso debes quitarle a tu hermanito su chicle por la fuerza, es preferible engañarlo con la promesa de que le darás los primeros dos dólares y medio que encuentres flotando en el río sobre una piedra.«

Una pieza breve de Mark Twain con las divertidas ilustraciones de Vladimir Radunsky y en la magnífica edición de Sexto Piso.
«Si tu madre te pide que hagas algo, no está bien decirle que no. Es mejor y más conveniente darle a entender que harás lo que te ordena y, después, proceder con discreción según los dictados de tu sabio criterio.«
Lector, una pequeña muestra de humor para incondicionales del escritor de Tom Sawyer.
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic sobre el siguiente enlace:

Consejos para niñas pequeñas

Publicado en Blog | Etiquetado | 21 comentarios

La tierra de los abetos puntiagudos, de Sarah Orne Jewett

A finales del siglo XIX, una joven escritora decide retirarse del mundo durante todo un verano para terminar el libro que la tiene ocupada. Su destino es Dunnet Landing, un pueblecito costero que se ha ido quedando aislado debido a la desaparición del comercio marítimo en esa parte de Nueva Inglaterra. Convencida de que encontrará paz y recogimiento, alquila una habitación en casa de la extraordinaria señora Todd, una peculiar y enérgica dama de mediana edad experta en hierbas y remedios naturales. Lejos de aburrirse, la escritora pronto se sentirá cálidamente acogida por la pequeña comunidad de Dunnet Landing, en donde todos están unidos por ancestrales lazos de respeto y de cariño a pesar de las inevitables rencillas y chismes vecinales. La historia de fantasmas del capitán Littlepage, la longeva y optimista madre de la señora Todd, la romántica y trágica historia de Joanna, la conmovedora tristeza del marinero Tillney… Todos y cada uno de ellos se ganarán el corazón de la recién llegada, que ya nunca podrá olvidar ese pequeño pueblecito entre el mar y los bosques de abetos puntiagudos.
«El aire era puro y una no podía desear otra cosa que convertirse en ciudadana de un continente tan diminuto pero completo como aquella tierra de pescadores.«

La tierra de los abetos puntiagudos es el título más sobresaliente de la escritora Sarah Orne Jewett (1849-1909). En esta novela hace un retrato delicadísimo y rebosante de ternura de una pequeña comunidad olvidada del mundo debido al progreso del comercio marítimo estadounidense. Con una prosa elegante, que se vuelve extremadamente bella cuando describe los maravillosos paisajes verdes y aguamarina de Dunnet Landing y alrededores, la autora salva a su protagonista del mundanal ruido y le regala un verano inolvidable en el que los valores ancestrales de ayuda mutua y cooperación, los lazos de una pequeña comunidad, adquieren tintes nostálgicos y míticos.
«-Había buenos cantantes, sí, excelentes (…). Pero por casualidad acabé cerca de la mujer de Peter Bowden, de Great Bay, y no pude evitar pensar que si estaba tan lejos de su casa como lo estaba de entonar bien, no podría regresar en un solo día.«
Además de la estupenda galería de personajes que ofrece Sarah Orne Jewett —llenos de fuerza y de coraje pese al aislamiento, la soledad, la muerte de los seres queridos o la pérdida del mar como vía para conocer el mundo y ampliar cultura y pensamiento— el sentido del humor salpica con mucha gracia y calidez la narración de esta pequeña gran historia. La autora reflexiona sobre las duras contrapartidas de aislarse del mundo pero también sobre la autenticidad de las relaciones que se establecen (con otras personas y con la naturaleza) en un medio de esas características.
Lector, una historia atemporal y feelgood que te encantará.
Atención a la contraportada: Willa Carther señala La tierra de los abetos puntiagudos como un clásico norteamericano capaz de salir indemne pese al continuo transcurrir de la Historia.
Esta encantadora historia llegó a mí gracias al sorteo del aniversario de La Caverna Literaria de Jesús y a la pequeña y maravillosa (como Dunnet Landing) editorial Dos Bigotes.
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:

La tierra de los abetos puntiagudos

Publicado en Blog | Etiquetado , , | 23 comentarios