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Saga Dreaming Spires, de Victoria Álvarez
En el Oxford de 1903 sigue siendo un enigma la identidad de los editores del periódico Dreaming Spires, una publicación que aborda los misterios paranormales de su época desde el método científico y la investigación tecnológica. Pocos saben que los responsables son el profesor Alexander Quills, un gentlemen científico de corazón bondadoso tristemente marcado, Oliver Saunders, un universitario huérfano de melenas larguísimas, alma de poeta y facilidad para los idiomas, y Lionel Lennox, un apasionado aventurero, saqueador de tumbas de moral flexible. Pese a la disparidad de sus caracteres, o precisamente por ello, los tres amigos se dedican a la investigación de misteriosos acontecimientos relacionados con espíritus, fantasmas o cualquier otro fenómeno sobrenatural. En Tu nombre después de la lluvia, los integrantes de Dreaming Spires viajan a Irlanda para desentrañar el extraño comportamiento de una banshee en el castillo del clan local; en Contra la fuerza del viento cruzan el Atlántico para descubrir qué pasó con la tripulación maldita que naufragó en el Mississipi durante la Guerra de Secesión. Pero todo detective acaba por encontrar su Moriarty a la vuelta del caso más complicado, y cuando Quills, Saunders y Lennox descubren el oscuro y terrible secreto de quien se ha convertido en su enemigo, el antagonista sale de entre las sombras y se convierte en una peligrosa amenaza mortal que les dará caza en El sabor de tus heridas.
«Pero ya ve cómo somos los hombres, señora O’Laoire: unos regalan ramos de rosas a sus prometidas, otros les ponen anillos de oro y piedras preciosas en los dedos… Yo le ofreceré a la mía un espíritu de cientos de años de antigüedad, un heraldo de la Muerte que hará palidecer de envidia a Aibhill, la banshee que ha poseído mi futura familia política desde los tiempos del rey Brian Boru.» (Tu nombre después de la lluvia)
Tu nombre después de la lluvia, Contra la fuerza del viento y El sabor de tus heridas son tres novelas de aventuras tan estupendas y singulares como sus respectivos y maravillosos títulos. Viajes, misterios, investigaciones, peligros, suspense, fantasmas, amor, asesinatos… una trama que mantiene el interés de principio a fin y unos personajes que enamoran por su autenticidad, su valor y sus arrebatadoras personalidades y complejos pasados.
«—¿Y dice que le gusta encerrarse en la biblioteca durante días enteros?
—Es un bicho raro —insistió Jemima—. Lo más raro que he visto nunca. ¿Qué chica de su edad querría pasarse las horas muertas rodeada de mamotretos cubiertos de polvo?
—Bueno, que algo resulte peculiar no quiere decir que tenga que ser raro —replicó Oliver—. Y que sea raro no tiene por qué ser malo. A mí me parece que en el mundo hay demasiadas personas iguales. Siempre me han llamado la atención las cosas especiales.» (Tu nombre después de la lluvia)
Victoria Álvarez, además de vivir en el Oxford de principios del siglo XX y venir a visitarnos en su máquina del tiempo de vez en cuando, está aquejada por la incurable enfermedad del romanticismo; su delicada y hermosa afección puebla esta saga de vestidos vaporosos del color del alma de sus protagonistas, heroínas trágicas a pie de un acantilado, amores desgarradores y malditos, tormentas épicas, naufragios misteriosos, monstruos góticos, pistolas llamadas Carmilla y un sinfín de guiños que hubiesen hecho las delicias de la pandilla de Villa Diodati. Porque Victoria sabe entretener con sus historias —¿no es ese el fin último de la literatura?— sin perder el sentido del humor, el ingenio y un preciso y admirable equilibrio entre la aventura trepidante, la emoción dramática y los misterios sobrenaturales.
«Creo que es lo más entretenido de ser amigo de un escritor: poder reconocer cada una de sus obsesiones en sus historias.» (Contra la fuerza del viento)
Las tres novelas de Dreaming Spires no solo cuentan con una ambientación excelente en lo que respecta a las coordenadas temporales de su siglo y a sus costumbres sociales —atención al profesor Quills, el perfecto caballero— sino que también plasma las modas que imperaban por entonces en Inglaterra (ahora diríamos «tendencias», ¿verdad, querida Jane Jubilada?) como la arqueología, la egiptología, el espiritismo y los fenómenos paranormales (reminiscencias del larguísimo período victoriano), todo ello profundamente marcado por la preocupación de progreso científico, de los avances tecnológicos, que trajo consigo el nuevo siglo.
«Es cierto que ni tú ni yo somos un paradigma de moralidad, pero ¿quién lo es realmente en los tiempos que corren» (…) La gente se empeña en dividir el mundo entre el bien y el mal, sin darse cuenta de que lo más interesante está en el filo de la espada.» (El sabor de tus heridas)
A estas alturas de esta desdichada reseña ya habréis notado mi entusiasmo por esta trilogía magnífica. Con la saga Dreaming Spires he tenido la suerte de conocer a una autora de prosa apasionada, elegante, precisa, de tono uniforme y rico léxico (perdón por la receta), capaz de hacer disfrutar al lector de aventuras e investigaciones de misterios paranormales al más puro estilo Julio Verne (¡Ah, ese viaje en globo!) o R. L. Stevenson (¡Ah, esos corsarios burlando el bloqueo secesionista!); con una trama inteligente y sin trampas, un ritmo sostenido y apoteósicos clímax (atención la situación límite de Ailish en Tu nombre después de la lluvia, o la de Alexander en El sabor de tus heridas, por ejemplo); de personajes inolvidables, de esos que te dejan un poquito huérfana cuando llegas al final de la última novela, concienzuda y generosamente caracterizados; y un romanticismo tan extraordinario que dejará boquiabiertos hasta a los fans de Cumbres borrascosas (entre los que me cuento).Lector, una de las lecturas que más recordarás haber disfrutado.
Nota (I): Me pregunto —entiéndase este inciso como locura transitoria de quién lo escribe— si Victoria Álvarez, historiadora del arte y especialmente enamorada de la literatura del siglo XIX, decidió situar Dreaming Spires fuera de la época victoriana para dar alas a sus protagonistas femeninas; la fuerza, la actitud y las posibilidades de Verónica, Amber, Aislish o la señorita Stirling (por no mencionar a un sinfín de secundarias magníficas) se hubiesen visto encorsetadas por el puritanismo y la censura de esa época anterior. O quizás, simplemente, su máquina del tiempo la convenció para que diera rienda suelta a su imaginación en el marco de una época que invitaba a ello: un principio de siglo, un inicio de futuro, en donde se abrían los horizontes humanos y espirituales de la mano de la ciencia; a principios del siglo XX aún todo parecía posible. Me ha encantado la fuerza de estas mujeres que son doncellas en apuros en la misma medida en la que los personajes masculinos son caballeros en apuros; y que son tan rescatadas/rescatadoras como sus compañeros.
Nota (II): Simpatiquísimos el cameo de Picasso, el préstamo del invento del espintariscopio para el profesor Quills, el viaje en globo… admirables la conferencia telefónica en Karlovy Vary y las bien documentadas adaptaciones de hechos históricos para que encajen a la perfección en la trama principal.También te gustará: Por no mencionar al perro; Jonathan Strange y el señor Norrell
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Tu nombre después de la lluvia (Dreaming Spires 1)
Contra la fuerza del viento (Dreaming Spires 2)
El sabor de tus heridas (Dreaming Spires 3)
Un hotel en ninguna parte en papel
Tengo la inmensa alegría de presentaros la edición en papel de una novela que es muy especial para mí. Tenía que ser ahora, justo en estas fechas navideñas, porque siempre la he considerado un pequeño regalo.
Revisada de nuevo, corregida, retocada y con el montaje del director, con todos ustedes y por primera vez en papel: Un hotel en ninguna parte

Podéis encargar vuestros ejemplares AQUÍ
Sí, los Reyes Magos y las Reinas Magas también pueden hacer provisión de este libro AQUÍ
si desean empezar el año con el regalo más feelgood del universo.
Mis más sinceros agradecimientos a los centenares de lectores que habéis leído la edición en digital, a las más de cien reseñas que le habéis escrito, a los mensajes de cariño y felicitación que me habéis hecho llegar. Gracias, porque sin vosotros no hubiese sido posible la magia.
Y gracias a los Reyes Magos y a las Reinas Magas que os pasáis cada día por Serendipia y hacéis posible que siga soñando.
Kathleen, de Christopher Morley
En la Universidad de Oxford, el grupo literario de Los Escorpiones está a punto de celebrar su reunión semanal. En esta tarde lluviosa, el anfitrión es el joven estudiante Kenneth Forbes. Todo está dispuesto: manjares, licores, chimenea encendida… y el primer capítulo terminado de la obra que han acordado escribir por turnos. Una vez reunidos, y convenientemente satisfechos y calentitos, Forbes les lee su contribución al inicio de la historia pero lo más curioso es de dónde ha surgido la misma: de una carta abandonada en una librería, escrita por una tal Kathleen para Joe. La imaginación de los chicos se dispara especulando sobre la belleza y gracia de Kathleen e inventan todos los males para el desdichado de Joe, a quien están seguros de desbancar en cuanto les sea posible. Eso sí, pese a que el enamoramiento de la hermosa y gentil Kathleen ha hecho presa en los cinco amigos de Los Escorpiones, el pacto entre caballeros es solemne: no podrán intentar conquistarla hasta que termine el semestre. La carrera por conseguir el corazón de la, supuesta bella y graciosa, joven va a resultar un hilarante disparate.
«El juego, que empezó como una mera broma, había adquirido algo de romántica seriedad: no había ni uno solo de estos jóvenes que no viera en Kathleen su propio ideal de joven esbelta y de mejillas radiantes. Y cuando el tren llegó a Wolverhampton, bajaron de su vagón de fumadores con grandes expectativas.«

Aunque Christopher Morley (1890-1957) nació en Pensilvania y aseguraba que sus dos escritores preferidos eran Mark Twain y Walt Whitman, los críticos coindicen en otorgarle un humor y una sofisticación puramente británicas; no en vano Morley estudió en la Universidad de Oxford y se declaraba totalmente rendido admirador de William Shakespeare y del Arthur Conan Doyle de Sherlock Holmes. Quizás fue durante sus años de estudiante de Oxford cuando ideó la divertidísima Kathleen, una comedia que publicó por vez primera en 1913 y que bien podría ser una genial película de enredo de la época de cine mudo.
El encantador autor de La librería ambulante y La librería encantada cambia los libros por los escritores y su alocada imaginación —Los Escorpiones no deja de ser un grupo de estudiantes heridos de amor por la poesía de la literatura— y da rienda suelta a la sonrisa del lector con una comedia de enredo sobre cinco chicos intentado conquistar a la misma joven. Las páginas finales son el apoteosis del lío, pero de principio a fin se disfruta del ambiente estudiantil del Oxford de principios del siglo XX y del ingenio e ingenuidad de sus protagonistas.
Lector, para pasar un rato divertido y encantador en el fabuloso ambiente estudiantil del Oxford de la primera década del siglo XX.
También te gustará: La juguetería errante; Trabajos de amor ensangrentados; La librería ambulante; La librería encantada; Pero… ¿quién mató a Harry?; Los millones de Brewster; Seguro de amor
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Etiquetado encanto libresco, feelgood, humor literario, Novelas adorables
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Mujeres excelentes, de Barbara Pym
Mildred Lathbury, hija de un párroco, y mujer soltera e independiente de más de treinta años, vive sola y feliz en un pequeño apartamento de un sencillo barrio de Londres. Trabaja a media jornada asistiendo a señoras necesitadas y el resto de su tiempo lo ocupa en viajar con su amiga Dora, echar una mano en la parroquia del padre Julian Mallory y sorprenderse por la cantidad de pequeñas cosas que son pertinentes para la huérfana de un párroco. Corre la década de los años cincuenta y Londres todavía ostenta las profundas cicatrices de la II Guerra Mundial, aunque el ejército ya ha sido desmovilizado y los oficiales vuelven a casa; como el oficial de la armada destinado a Italia Rockingham Napier, que se convierte en vecino con baño compartido de la excelente Mildred. La esposa de Napier, Helena, es una antropóloga, desastrosa para las labores del hogar, que no tiene reparos en contarle algunas intimidades a la señorita Lathbury. La llegada del matrimonio Napier trastoca el mundo de Mildred, desequilibra su paz y le ocasiona inesperados trastornos emocionales, pero también sociales. Quizás le ha llegado la hora de ampliar sus horizontes parroquiales, aunque todavía no está segura de que su destino sea seguir soltera.
«—¿Pensaría en casarse con una mujer excelente? —pregunté, asombrada—. Precisamente son las que no se casan.
—Supongo que no estará insinuando que son para las otras cosas, ¿verdad? —dijo sonriendo.
—Son las que se quedan solteras —contesté—, y con eso me refiero a un estado más positivo que negativo.
—Pobrecillas, ¿entonces no se les permite tener sentimientos normales?
—Oh, sí, pero no pueden hacer nada con ellos.«

Barbara Pym (1913-1980) está considerada, junto a Elizabeth Taylor, como una de las escritoras británicas más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Mujeres excelentes es una de las mejores novelas de la autora, no solo por el encanto con el que retrata los gestos más cotidianos —¿no es ahí donde se esconden los mayores sentimientos?— de sus carismáticos personajes sino por la sutilidad de la ironía y el sentido del humor con el que le da voz a Mildred Lathbury y reflexiona sobre los convencionalismos sentimentales de su época.
Las mujeres excelentes siempre tienen una tetera en la mano en las ocasiones que lo requieren, saben qué decir y cómo intervenir sin parecer metomentodos, son inteligentes y prácticas, saben cocinar y vestir con corrección, nunca se pierden, ni siquiera cuando son turistas en una abadía católica… Pero las mujeres excelentes nunca se casan, ¿por qué? Pues porque son excelentes, qué pregunta más tonta.
Me ha encantado conocer a Mildred, una mujer excelente en los años cincuenta, que se plantea por qué los hombres no comparten las tareas domésticas o que sabe que, incluso enamorada, su vida será mucho más satisfactoria si permanece soltera. Su sentido del humor, el sutil velo de ironía que Pym sabe tejer con tanta naturalidad en su prosa, acompaña al lector a lo largo de tardes lluviosas, jardines abandonados bajo aguaceros, decenas de tazas de té en buena compañía, visitas a abadías en ruinas, o tardes de bolsa de agua caliente y la poesía de los clásicos ingleses. Me ha gustado pasear por ese Londres todavía tocado por la guerra, no solo por la destrucción de los bombardeos —atención al romanticismo de los sermones en una iglesia londinense medio en ruinas— sino también por la pobreza de la mayoría de la población y la escasez de medias, carne, nata, café y otros productos. Al finalizar la II Guerra Mundial, los soldados y oficiales ingleses fueron desmovilizados y se reincorporaron paulatinamente a la vida laboral civil; recuperar sus puestos de trabajo significó relevar a las mujeres excelentes que habían estado en ellos durante el conflicto, desarrollando sus carreras profesionales en campos en los que hasta la fecha habían sido vetadas.Mildred no está casada, pero durante toda la novela se halla rodeada de hombres que necesitan su consejo y su intervención; desde preparar una comida o fregar los platos hasta interceder diplomáticamente en favor de la felicidad conyugal, preparar una subasta, reparar un corazón roto, dar conversación a una anciana dama obsesionada con las polillas o corregir las galeradas de un tratado antropológico. Barbara Pym retrata con mucho acierto las vicisitudes de una mujer que sabe —con la limitación de género que supone la Inglaterra de mediados del siglo pasado— que su libertad y su felicidad, sus logros, la satisfacción de una vida plena y realizada, no dependen de llevar un anillo en la mano izquierda.
Lector, perfecto para conocer a Barbara Pym y enamorarse de la sutilidad de su prosa. No te olvides de tener una tetera bien llena al alcance de tu mano.
También te gustará: La señorita Pym dispone; La tierra de los abetos puntiagudos
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Una detective inesperada, de Kerry Greenwood
A finales de los años veinte del siglo XX, Europa todavía se está recuperando de la Gran Guerra y la perspicaz Phryne Fisher se aburre soberanamente en Londres. Tras aclarar el pequeño misterio de un robo, acepta el encargo de un aristócrata inglés para averiguar algo más sobre las misteriosas enfermedades repentinas de su hija desde que se casó y se trasladó a vivir a Melbourne, Australia. Fisher, que nació y se crió en las calles de Melbourne, lo ve como una señal para volver a casa y emprender una profesión interesante y satisfactoria: la de detective. Acompañada por la doctora MacMillan y las nuevas adquisiciones de una doncella personal y dos hombres para todo, la chispeante Phryne no tardará en escandalizar a la alta sociedad australiana mientras da caza a los criminales más peligrosos.
«-¡Lo sé, querida! Tuvo que marcharse a Edimburgo para estudiar. Los hombres no le permitieron ejercer e incluso trataron de expulsar a las mujeres de la asignatura de Anatomía. ¡Dios los perdone! Ahora leo en los periódicos que quieren volver a expulsarlas de los pabellones, argumentando que ya existe un hospital de mujeres, que es donde ellas deberían ejercer para no perturbar la preponderancia de los hombres en los restantes hospitales. Le aseguro que la estupidez masculina me irrita enormemente. La dedicación de la doctora MacMillan ha debido de ser muy grande para llegar a ser médico.«

El año pasado me rendí incondicionalmente a una serie australiana titulada Miss Fisher’s murder mysteries. La conocí gracias a la entrada que Paula le dedicaba en su blog Pluma, espada y varita (puedes leerla AQUÍ) y me quedé con las ganas de leer las novelas originales. Pues Siruela ha tenido la genial ocurrencia de editar en castellano la primera entrega de las aventuras de esta auténtica detective en el Melbourne de los años veinte del siglo pasado y los lectores no podíamos estarle más agradecidos.
La principal atracción de esta novela policíaca es, sin lugar a dudas su protagonista, la señorita Phryne Fisher: generosa, desinhibida, inteligente, sin prejuicios y con un sentido de la justicia altamente desarrollado. Phryne es distinta para el canon femenino europeo de su época, pero sabe que puede serlo gracias a su gran fortuna. De orígenes muy pobres, esta detective glamurosa aprecia el dinero y sus lujos precisamente porque su infancia transcurrió en la indigencia. Para complementar el encanto histórico, Phryne se mueve en una Australia marcada por la enorme desigualdad social y de género, todavía a remolque de los aires de cambio de la Europa de después de la Gran Guerra.
A ritmo de Charlestón, del descorche del champán de los alegres años veinte, la detective topa con los movimientos revolucionarios de una clase trabajadora castigada por el paro y la explotación; pero también con los prejuicios machistas de una sociedad que no quiere a las mujeres en la policía, ni en la medicina, ni en cualquier otro lugar que no sea el interior de sus casas. En relación con esto último, cobra especial protagonismo el personaje de la doctora MacMillan, el caso de los abortos ilegales, el papel de la única agente de policía de Melbourne o la actitud y las reacciones de la propia Phryne (conductora, aviadora, detective, portadora de armas y al día con los métodos anticonceptivos, etc.).
Lector, te encantará que el soplo de aire fresco de este año en novela de detectives venga de los años veinte del siglo pasado.
También te gustará: Un hombre muerto; Aquí hay veneno; Veneno mortal
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