Archivo de la etiqueta: Novelas adorables

Por no mencionar al perro, de Connie Willis

El historiador Ned Henry ha sobrepasado con creces los cuatro saltos temporales por mes que decretan los médicos en la red por culpa de la búsqueda del tocón del pájaro del obispo. Faltan apenas quince días para la inauguración de la reconstrucción de la catedral de Coventry y Lady Schrapnell, la mecenas que financia y supervisa, sigue obsesionada con encontrar esa horrible obra de arte victoriana que se perdió en los incendios de los bombardeos de la Luftwaffe sobre Gran Bretaña en 1940. Cuando Henry regresa a la actualidad, el año 2057, los médicos le diagnostican vértigo transtemporal agudo y le recetan dos semanas de intenso descanso. El exhausto historiador sabe que no podrá descansar a menos que se escape del delirio de Lady Schrapnell así que corre al laboratorio central de saltos temporales y le pide ayuda al director, el señor Dunworthy. Dunworthy, alarmado por la cantidad de saltos de Henry y viendo su lamentable estado, decide enviarlo a la época victoriana para que pueda descansar. Pero justo en esos momentos, aparece la agente Verity con un problema de trasferencia y el señor Dunworthy decide matar dos pájaros de un tiro: mandar a Henry al 7 de junio de 1889, a Oxford, para que descanse en la Inglaterra victoriana y de paso solucione la pequeña trasgresión de Verity. La cuestión es que Ned Henry, por culpa de su vértigo transtemporal, no entiende el alcance de su sencilla misión y aparece en medio de la apacible campiña inglesa de finales del siglo XIX sin tener ni idea de lo que se espera de él.
«-Es del siglo veinte -dijo ella-. Lo que significa que está fuera de su área. No puedo autorizar su marcha sin preparación.
-Bien -el señor Dunworthy se volvió hacia mí-. Darwin, Disraeli, la cuestión india, Alicia en el país de las maravillas, Turner, Tennyson, Tres hombres en una barca, miriñaques, croquet…
-Limpiaplumas – dije yo.
-Limpiaplumas, tenacillas para el pelo, tapetes de ganchillo, el príncipe Alberto, chaqués, represión sexual, Ruskin, Fagin, Elizabeth Barrett Browning, Dante Gabriel Rosetti, George Bernard Shaw, Gladstone, Galsworthy, el renacer gótico, Gilbert y Sullivan, tenis sobre hierba y sombrillas. Ya está -le dijo al serafín-. Está preparado.«

 

A veces, cuando cierras un libro que has terminado de leer vives varios días más dentro de su universo, codeándote con sus personajes, reviviendo diálogos y situaciones. Incluso sientes nostalgia de pasar sus páginas, de seguir inmersa en su genial aventura, y te cuesta empezar una nueva lectura porque ¿cómo vas a querer dejar atrás a Ned Henry y a Verity, a la insufrible Tossie y al enamoradizo Terence, al perfectísimo Baine, al temperamental Cyril, al despistado profesor Peddick, a Princesa Arjumand o al increíble Finch/Jeeves? Por no mencionar al perro, de Connie Willis es ese tipo de libro.
Genial, divertido, con una trama original y unos personajes extraordinarios, Por no mencionar al perro es una novela que me parece del todo imprescindible para aquellos que saben disfrutar de Wodehouse, Stella Gibbons, Jerome K. Jerome, Edmund Crispin, E.F. Benson, D.E. Stevenson, Arnold Bennett, etc. Y es que esta estupenda novela de Connie Willis no solo es un simpatiquísimo homenaje a Tres hombres en una barca de Jerome sino que recoge con gran acierto y encantadores guiños la mejor tradición literaria inglesa de la sátira, la ironía y el humor.
Desde las referencias al Jeeves de Wodehouse, o a La Piedra lunar de Wilkie Collins, hasta las constantes menciones de autores y obras de la Inglaterra de los siglos XIX y XX, pasando por las bromas a costa de la huída de Elizabeth Barrett Browning o a las ocupaciones de Charles Dodgson, y hasta la aparición estelar en el Támesis de los protagonistas de Tres hombres en una barca (novela a la que Por no mencionar al perro debe su título, su inspiración, su espíritu y su divertidísimo homenaje), entre otros muchísimos más detalles, Willis ofrece al lector un constante juego metaliterario en diálogos desternillantes o comparaciones divertidísimas que se ganan la complicidad del lector desde las primeras páginas. Una gata llamada Princesa Arjumand, una matrona victoriana afecta al espiritismo que crítica a Arthur Conan Doyle, un duro enfrentamiento entre teorías históricas (Overforce vs Peddick), un joven que habla con citas de Tennyson, un secretario del siglo XXI que siempre ha querido ser como Jeeves… Las páginas de esta estupenda novela de humor están llenas de personajes extraordinarios y situaciones cómicas marcadas por dos constantes debidas al destino: la búsqueda de una obra de arte horrible (y por ello indestructible)
«-Las cosas horribles no se destruyen nunca -continuó ella-. Era una ley. La estación de St. Pancras no resultó afectada por el Blitz. Ni el Albert Memorial. Y esto sí que es horrible.«
y salvaguardar el continuum histórico propiciando que la bella pero tonta Tossie (¡Por todos los dioses! ¿qué nombre es Tossie?) conozca a su marido, un señor del que los historiadores solo saben que su apellido empieza por «C».
«-¿Quién es ese señor Chips o Chesterton o Coleridge con quien se supone que va a casarse?»
 
«-Y si encuentra a alguien llamado Chaucer o Churchill, envíelo a Muchings End.»
No importa si el lector adivina quién es ese futuro marido antes de la mitad de la novela, Por no mencionar al perro es tan divertida, interesante, simpática, original y genial que no podrá dejar de seguir leyendo con idéntico entusiasmo.
Lector, hacía tiempo que no me divertía tanto con una novela.
Nota: Esta reseña es de esas que siempre tenemos la sensación de que se nos quedan cortas y cojas. Me ha gustado tanto este libro, y quiero recomendároslo por tantas cosas, que seguro que podría haberlo hecho muchísimo mejor pero me ha podido el entusiasmo. Disculpa lector, ¡pero que gustazo encontrarse de vez en cuando con lecturas como esta!
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:

Por no mencionar al perro

Publicado en Blog | Etiquetado , , , , | 23 comentarios

Ve y pon un centinela, de Harper Lee

Jean Louise Finch vive y trabaja en Nueva York pero todas las vacaciones guarda en el armario vestido, medias y guantes, vuelve a enfundarse su peto vaquero y regresa al pueblo de su infancia. Atticus tiene ya setenta y pico años y el reúma ha hecho presa en él; la tía Alexandra le cuida desde que Calpurnia se jubiló; el tío Jack sigue tan excéntrico como siempre, un personaje más a gusto en la Inglaterra victoriana que en el presente que les ha tocado vivir; y Henry Clinton sigue esperando a que ella acepte su propuesta de matrimonio. Jean Louise cree que en Maycombe todo es eterno e imperturbable y que así será para siempre. Pero a mediados del siglo XX, los Estados del sur están en plena ebullición social: el enfrentamiento por los dictámenes del Tribunal Supremo contra la segregación de la población negra estadounidense está levantando ampollas. Por primera vez en su vida, la pequeña Scout (que siempre ha regido su conciencia por «¿qué haría Atticus si estuviese en mi lugar?») dejará de estar ciega y mirar con ojos de adulta a su alrededor; el sur está cambiando y se avecinan tiempos de lucha, hay que elegir bando y faltan buenas personas que defiendan aquello que es justo y es necesario.
«Me enseñaron que nunca me aprovechara de nadie menos afortunado que yo, ya fuera en términos de inteligencia, de riqueza o de posición social; y me refiero a nadie, y no solo a los negros. Me hicieron entender que hacer lo contrario era despreciable. Así fui educada, por una mujer negra y por un hombre blanco.«

A estas alturas, lector, ya conoces la historia de la publicación de esta novela. Harper Lee la escribió a mediados de los años cincuenta, después de Matar a un ruiseñor, y pensada como una historia independiente de la primera. Ve y pon un centinela puede leerse sin haber leído antes Matar a un ruiseñor pero en mi opinión ambas son igual de estupendas. Si en Matar a un ruiseñor la voz narradora era la de una niña (un encanto añadido del que carece el segundo libro, eso te lo concedo, lector), en Ve y pon un centinela es ya una mujer que todavía no tiene conciencia propia; si en la novela anterior, era su hermano Jem quien daba el paso a la edad adulta y comprendía alguna de las complejidades de vivir en Maycombe, en su época, en esta segunda novela le toca el turno a nuestra entrañable Scout. Y es que el lector no puede dejar de preguntarse cómo es posible que una niña tan lista y espabilada como ella se haya mantenido durante tantos años en la inopia. Ella misma se pregunta cómo demonios ha podido ser tan ingenua durante tantísimo tiempo. Para reforzar ese rasgo del personaje, Harper Lee recurre a algunas anécdotas del pasado (como la del embarazo) y del excéntrico entorno familiar de Scout, que contribuyen a redondear el personaje y dotar de entrañable continuidad a esta historia.
Explica el tío Jack, que antes de la Guerra de Secesión americana, solo los grandes terratenientes sureños tenían esclavos en sus enormes plantaciones. Teniendo en cuenta que esas plantaciones se concentraban en las manos del 5% de la población(*), el resto de ciudadanos blancos eran comerciantes, trabajadores por cuenta ajena o, en su inmensa mayoría, pequeños arrendatarios en mayor o menor grado de miseria; ese 95% no tenía recursos suficientes para poseer esclavos y la mayoría a duras penas habían visto alguno durante su miserable vida. Por eso, los soldados rasos (jóvenes procedentes de ese 95% de la población sureña) del ejército confederado no fueron a luchar para defender la esclavitud sino para reivindicar su derecho a preservar su forma de vida, el derecho a ejercer sus propias políticas y no las directrices del norte.
Cuando a principios de los años 50 la Corte Suprema declaró inconstitucional la ley de segregación racial en el transporte público, se sentó un peligroso precedente que atacaba directamente la Décima Enmienda de la Constitución, aquella que aseguraba que cada Estado de la Unión era soberano judicial y legislativamente. Que la Corte Suprema pasase por encima de la Constitución vulneraba el sistema de legalidad de manera insoportable para muchos ciudadanos norteamericanos, sobre todo para los descendientes de esos soldados de la Guerra de Sucesión que marcharon al frente para defender su modo de vida, su política, sus derechos estatales. La tensión racial de esos años en Estados Unidos debe entenderse como un profundo conflicto racista, por supuesto, pero también como el temor a la vulneración del sistema legislativo y judicial tal y como se había entendido hasta la época. Y, por supuesto, un problema social muy acentuado en el sur, heredado de los tiempos en los que se abolió la esclavitud: «Esa estirpe de hombres blancos (pobres) que vivía en franca competencia económica con los negros libres. Durante años y años, ese hombre creyó que lo único que le hacía superior a sus hermanos negros era el color de su piel. Era igual de sucio, olía igual de mal y era igual de pobre.» 
Y en ese contexto de ebullición social, judicial y económica, sitúa Harper Lee a su encantadora y peculiar familia Finch. Enfrentados a tan incómoda realidad, en el opresivo ambiente racial de Maycombe, entre recuerdos del pasado y las dudas de su presente, el lector acompañará a Jean Louise en su doloroso trance de hacerse finalmente —que ya era hora— adulta. 
No entraré en comparaciones, ni críticas, ni conspiraciones literarias, simplemente te diré, lector, que a mí la novela me ha encantado. Cierto que, en mi opinión, no era necesario enturbiar el recuerdo de Atticus Finch —la autora tenía otras alternativas para despegar las conciencias de padre e hija mucho más altruistas— para hacer funcionar la historia, pero también es cierto que no podemos perder de vista que el libro fue escrito a mediados de los cincuenta y que el personaje del Atticus enamorado a ultranza de la legalidad y la ley era, muy probablemente, biográfico. Pero sí, lector, Harper Lee reduce a añicos la figura de su ídolo, seguramente porque el destino de todos los ídolos es justamente ese, el de ser destruidos hasta las cenizas.
Lector, una novela de características narrativas similares a Matar a un ruiseñor con un trasfondo histórico muy intenso que la autora sabe analizar y trasmitir con brillante claridad.

(*) Según fuentes de historiadores norteamericanos de la Guerra de Secesión como John Keegan, John David Smith o Ronald Young, entre muchísimos otros. De hecho, la teoría que tan ilustradoramente explica el tío Jack a Scout ha sido la más defendida y argumentada por los historiadores norteamericanos del siglo XXI.

También te gustará: Matar a un ruiseñor
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:

Ve y pon un centinela (para Kindle)
Ve y pon un centinela (en papel)

Publicado en Blog | Etiquetado | 19 comentarios

El despertar de la señorita Prim, de Natalia Sanmartin Fenollera

La señorita Prudencia Prim cree que vive en un siglo equivocado, en un tiempo en el que la delicadeza y la búsqueda de la belleza han dejado de ser valores importantes. Por eso, cuando llega a San Ireneo de Arnois, un pequeño pueblo de habitantes peculiarmente amables y poco convencionales, decide probar suerte y conseguir el trabajo de bibliotecaria que allí se ofrece pese a no cumplir casi ninguno de los requisitos que solicita el anuncio:
«Se busca espíritu femenino en absoluto subyugado por el mundo. Capaz de ejercer de bibliotecaria para un caballero y sus libros. Con facilidad para convivir con perros y niños. Mejor sin experiencia laboral. Abstenerse tituladas superiores y posgraduadas.«

La señorita Prim, que consigue el trabajo en contra de todas las expectativas, se sumerge en una pequeña comunidad de espíritus inquietos y libres que sueñan con vivir según principios mucho más lógicos que los rigen el siglo XXI en occidente. Curiosa y apasionada, Prudencia encontrará personas de las que aprender y con quiénes compartir, pero también se topará con las firmes (y opuestas a las suyas) convicciones de su jefe, el hombre del sillón, con quien mantendrá intensas discusiones sobre lo humano y lo divino ¿Es posible cambiar nuestra manera de mirar el mundo en nuestra madurez cognoscitiva e intelectual?
«-Dígame, Horacio… ¿hay algo más que yo debiera saber sobre este pueblo?
-Desde luego que lo hay, querida -contestó él con un guiño mientras se disponía a apurar su bebida-. Pero no pienso decírselo.«
Prudencia Prim es una mujer intensamente titulada que se reconoce intransigente desde las primeras páginas de esta novela: se afirma reacia a modificar su juicio sobre las cosas. Pero también es una persona que cree en la delicadeza y en la búsqueda de la belleza. Por eso, pese a su intransigencia consigo misma y con los demás, resulta toda una sorpresa lo que descubre sobre sí misma en San Ireneo: pese a su delicadeza, lleva años practicando una hipocresía social, y precisamente debido a su extensa formación acádemica, se ha vuelto ciega a la belleza. Con un personaje tan rotundo y fuerte como la señorita Prim no es extraño que esta novela arranque con tanta fuerza y brillantez y mantenga la ávida atención del lector más curioso señalándole cuestiones diversa sobre nuestros apretados corsés educativos y culturales.
El despertar de la señorita Prim es una novela distinta y acogedora, que gusta por los debates entre la razón y la ciencia, y lo espiritual y lo filosófico. El hombre del sillón y la señorita Prim se miden en tremendos duelos dialécticos pero también  se contradicen y se admiran mutuamente precisamente por sus contradicciones y sus diferencias (atención a la recomendación de Mujercitas por parte de una Prudencia que es pura razón). Natalia Sanmartin Fenollera trata con suma originalidad y frescura temas como la búsqueda de la belleza en nuestro siglo, una reflexión sobre el sistema educativo actual, la recuperación de valores tradicionales bien razonados o la amabilidad del trato social despojado de falsedad (perfecto y acogedor para el lector ese apunte Feelgood de pastelillos y chocolates a la taza junto a una chimenea encendida).
«La tradición no tiene edad, es la modernidad la que envejece.«
Natalia Sanmartin convence al lector con un estilo rico, una prosa fluida y bien construida que da credibilidad a los peculiares personajes que pueblan San Ireneo y que dota de una perfecta ambientación una trama distinta con ecos de buena novela decimonónica. Una novela en la que se trata con una delicadeza exquisita los planteamientos de Santo Tomás (entre otros), y en la que la autora hace todo un arte del «decir sin decir»; sobre todo en lo que a espiritualidad religiosa se refiere, intensamente presente en toda la novela pese a que en ningún momento Sanmartin escribe explícitamente sobre ella. Y de fondo y forma la presencia continua de Jane Austen: Darcy como perfecto modelo masculino, la visión femenina de la sociedad de su siglo como un punto de vista diferente y enriquecedor, etc.

Lector, pasa a tomarte un chocolate a la taza y bizcochos de nata con los habitantes de San Ireneo; deja que el tiempo se detenga y la búsqueda de la belleza no sea algo postergado por el estrés de nuestras vidas.Muchas gracias a MaraJss por su recomendación: me dijiste que me gustaría y… acertaste de lleno.

Publicado en Blog | Etiquetado , , , | 21 comentarios

Mapp y Lucía, de E.F. Benson

Se acerca el verano y la inconsolable Emmeline Lucas, Lucía para los amigos, cree que ya ha llegado la hora de finalizar su largo período de luto por la muerte de su marido, el querido Pepino, y empezar a mostrar cierto interés por la vida. No tiene nada que ver que el desfile conmemorativo de la Reina Isabel en Riselhome esté siendo organizado por su vecina Daisy, por supuesto, ni que todo vaya a resultar un tremendo desastre como todo lo que ocurre al margen  de las dotes artísticas de Lucía. Seguida de su inseparable amigo Georgie, Lucía decide alquilar una casa en el pintoresco pueblecito de Tilling para pasar el verano y cambiar de aires. La adorable casa será Mallards, el hogar de la señorita Elizabeth Mapp, que regenta con aires dictatoriales la vida cultural de Tilling (y a sus habitantes a poco que estos se descuiden). El choque entre las dos reinas de las intrigas y miserias sociales será inevitable, y Lucía y Mapp no tardaran en enzarzarse en complicadas maniobras de inteligencia militar para resultar victoriosas absolutistas en el liderazgo de la pequeña comunidad. Pero solo una de ellas puede ser la verdadera reina y Tilling asistirá asombrado el verano más interesante de su historia.
«—Así pues, tendremos que rechazar la invitación de nuestra querida Lucía —concluyó Elizabeth con aire de hondo pesar—. Estuvo encantadora, ¿no crees?, la otra noche. Y cuántos movimientos de Mozart todos seguidos. Empezaba a pensar que Mozart debió de descubrir en algún momento el secreto del movimiento perpetuo, y que tendríamos que quedarnos allí clavados en la silla hasta el día del Juicio Final.«

Edward Frederic Benson (1867-1940) publicó por vez primera Mapp y Lucía en 1931. Fue a lo largo de la década de los años veinte y treinta del siglo pasado cuando escribió y publicó toda la serie de novelas dedicada a los pintorescos personajes de Lucía Lucas y Elizabeth Mapp, unas ediciones curiosas en un momento en el que la literatura británica había dejado muy atrás los halos victorianos a raíz de la profunda fractura de la Gran Guerra y los felices años veinte posteriores. Señala José C. Vales (traductor de las novelas de Benson en Impedimenta) en la introducción de Mapp y Lucía que resulta sorprendente que E.F. Benson recibiese una buena acogida por parte del público y de la crítica con unas novelas en las que apenas ocurre nada y «donde no parece haber más que cotilleos, rencores, sarcasmos y malicias«, tan alejadas de la literatura de entreguerras del momento (las mejores obras de Virginia Woolf, D.H. Lawrence o James Joyce). De ahí que el señor Vales tilde cariñosamente a E.F. Benson de sufrir «cierta nostalgia eduardiana» con su serie sobre Lucía y compañía.
Mapp y Lucía es una novela de humor, como las anteriores de esta misma serie, con el atractivo añadido de que Benson une en las mismas páginas, como un inminente choque de trenes, a sus dos protagonistas más brillantes. Ambas malvadas conspiradoras, hipócritas, mentirosillas y sin otra ocupación que mangonear a los demás, se enfrentan en estas páginas para diversión del lector. Probablemente esta sea la novela de E. F. Benson más divertida que ha publicado Impedimenta hasta la fecha, no solo por las situaciones, los diálogos y el grado de «retorcidos» planes sociales de sus dos protagonistas, sino también por la soltura, la falta de contención y complejos (en lo que a escritura se refiere), y el mejor ritmo en la prosa del autor. En comparación con la primera novela de la serie, Reina Lucía (1920), Mapp y Lucía goza de una sucesión de anécdotas mucho más dinámica, una mejor continuidad entre capítulos, una trama más divertida y, sobre todo, expresiones, guiños y una narración muchísimo más fluida, como si Benson se fuese sintiendo cada vez más seguro de sí mismo como escritor, menos críptico y contenido, más relajado a la hora de reírse de sus personajes y de compartir con el lector.
Lector, esta es una de las mejores y más divertidas novelas de la serie de Lucía & Mapp, y aunque no vaya acompañada por una invitación de «po-di-mu«, no deberías perdértela. 
También te gustará: Reina Lucía; La señorita Mapp 
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:

Mapp y Lucía (para kindle)
Mapp y Lucía (en papel)

Publicado en Blog | Etiquetado , , | 25 comentarios

Inglaterra, su Inglaterra de A.G. MacDonell

A comienzos de octubre de 1917, bajo una lluvia mortal de mortero y metralla enemigos, en el frente occidental, Evan Davies (galés) y Donald Cameron (escocés), dos subalternos de artillería, se preguntan por qué los ingleses son tan condenadamente incomprensibles. Tras una breve charla antes de volver a sus obligaciones bélicas, Davies le confía a Cameron que trabaja como editor en Londres y que cuando termine la guerra (si no acaban con un agujero en el cuerpo) le gustaría publicar un libro sobre el carácter y las costumbres inglesas; y que estaría encantado si Cameron pudiese investigar y escribirlo para él en caso de que ambos sobrevivan a la contienda, por supuesto. Un par de años después, terminada la Gran Guerra, Davies y Cameron vuelven a coincidir en Londres y deciden llevar a cabo el proyecto editorial sobre los extrañísimos ingleses. Donald empieza así su periplo como investigador del talante de los ingleses, una raza capaz de pasearse impertérrita por un campo de minas bajo fuego enemigo, tomarse como una cuestión de honor un partido de críquet o ser capaces de pronunciar el mismo discurso para dos cuestiones internacionales totalmente opuestas en las naciones unidas.

—La última vez que estuve vinculado a un batallón inglés fue hace cosa de un mes. Era un batallón de Worcestershire o Gloucestershire o de por ahí. El coronel llevaba un monóculo y se pasaba el día sentado en una trinchera bien profunda leyendo el Tatler. Hablaba como si él mismo fuera el Tatler, lo sabía todo acerca de lady Diana Manners, de los duques y de Gladys Cooper. Estuvimos seis días en el frente y estuvo preocupado todo tiempo excepto en una ocasión, cuando él mismo subió caminando con un bastón hasta un emplazamiento de ametralladoras Bosche y se le rindieron cincuenta y ocho. (…)
—¿Por qué los ingleses siempre se ríen cuando se menciona Aberdeen?
—¡Sabe Dios por qué! —contestó Davies— ¿Por qué tienen a un galés como Primer Ministro y a un escocés como Comandante en Jefe y a otro como Primer Lord del Mar del Almirantazgo, y creen que es gracioso?

A.G. MacDonell fue galardonado con el premio James Tait Black Memorial 1933 con esta divertidísima novela sobre el excéntrico espíritu de la nación inglesa. A través de las siempre inocentes observaciones de Donald Cameron, un joven escocés que aspira a convertirse en periodista y escritor, se despliega toda una serie de situaciones satíricas y rocambolescas de las que el lector solo puede extraer una conclusión: los ingleses son incomprensibles.


Tengo la impresión de que todas sus extravagancias, rarezas e incongruencias parten del hecho de que, en el fondo, básicamente, son una nación de poetas. Eso sí, se pondrán pálidos de ira si se lo dices.

Un partido de críquet desternillante, un surrealista fin de semana en el campo por culpa de las “recomendaciones” de un amigo para ganarse el respeto de los mayordomos ingleses (atención al estupendo guiño al Jeeves de P.G. Wodehouse), o un mes como secretario de un diplomático en la Asamblea de Naciones Unidas donde aprende sobre el arte de no posicionarse jamás de los ingleses, esencia de su política (todos sus discursos son iguales: “Entrega por parte de los Estados libres de la Commonwealth británica a los ideales de la Alianza, nación de amantes de la paz, todos deben cooperar, maravilloso trabajo de la Alianza, elogios al Secretariado, economía en los gastos de la Alianza, unas palabras acerca de Woodrow Wilson y un homenaje a los franceses”).

Una novela brillante y divertida para seguir sin comprender a una nación que durante el siglo pasado controlaba todos los puertos estratégicos del mundo y que podía reírse de absolutamente todo excepto del espíritu de equipo del críquet y de Lord Nelson.

Lector, una estupenda sátira para los afectos al humor más inglés. Lectura de cabecera para la Tea&Sympathy Society.

También te gustará: Todas las criaturas grandes y pequeñas; La gente corriente de Irlanda

Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:

Inglaterra, su Inglaterra

Publicado en Blog | Etiquetado , , , , | 21 comentarios