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Mujeres excelentes, de Barbara Pym
Mildred Lathbury, hija de un párroco, y mujer soltera e independiente de más de treinta años, vive sola y feliz en un pequeño apartamento de un sencillo barrio de Londres. Trabaja a media jornada asistiendo a señoras necesitadas y el resto de su tiempo lo ocupa en viajar con su amiga Dora, echar una mano en la parroquia del padre Julian Mallory y sorprenderse por la cantidad de pequeñas cosas que son pertinentes para la huérfana de un párroco. Corre la década de los años cincuenta y Londres todavía ostenta las profundas cicatrices de la II Guerra Mundial, aunque el ejército ya ha sido desmovilizado y los oficiales vuelven a casa; como el oficial de la armada destinado a Italia Rockingham Napier, que se convierte en vecino con baño compartido de la excelente Mildred. La esposa de Napier, Helena, es una antropóloga, desastrosa para las labores del hogar, que no tiene reparos en contarle algunas intimidades a la señorita Lathbury. La llegada del matrimonio Napier trastoca el mundo de Mildred, desequilibra su paz y le ocasiona inesperados trastornos emocionales, pero también sociales. Quizás le ha llegado la hora de ampliar sus horizontes parroquiales, aunque todavía no está segura de que su destino sea seguir soltera.
«—¿Pensaría en casarse con una mujer excelente? —pregunté, asombrada—. Precisamente son las que no se casan.
—Supongo que no estará insinuando que son para las otras cosas, ¿verdad? —dijo sonriendo.
—Son las que se quedan solteras —contesté—, y con eso me refiero a un estado más positivo que negativo.
—Pobrecillas, ¿entonces no se les permite tener sentimientos normales?
—Oh, sí, pero no pueden hacer nada con ellos.«

Barbara Pym (1913-1980) está considerada, junto a Elizabeth Taylor, como una de las escritoras británicas más importantes de la segunda mitad del siglo XX. Mujeres excelentes es una de las mejores novelas de la autora, no solo por el encanto con el que retrata los gestos más cotidianos —¿no es ahí donde se esconden los mayores sentimientos?— de sus carismáticos personajes sino por la sutilidad de la ironía y el sentido del humor con el que le da voz a Mildred Lathbury y reflexiona sobre los convencionalismos sentimentales de su época.
Las mujeres excelentes siempre tienen una tetera en la mano en las ocasiones que lo requieren, saben qué decir y cómo intervenir sin parecer metomentodos, son inteligentes y prácticas, saben cocinar y vestir con corrección, nunca se pierden, ni siquiera cuando son turistas en una abadía católica… Pero las mujeres excelentes nunca se casan, ¿por qué? Pues porque son excelentes, qué pregunta más tonta.
Me ha encantado conocer a Mildred, una mujer excelente en los años cincuenta, que se plantea por qué los hombres no comparten las tareas domésticas o que sabe que, incluso enamorada, su vida será mucho más satisfactoria si permanece soltera. Su sentido del humor, el sutil velo de ironía que Pym sabe tejer con tanta naturalidad en su prosa, acompaña al lector a lo largo de tardes lluviosas, jardines abandonados bajo aguaceros, decenas de tazas de té en buena compañía, visitas a abadías en ruinas, o tardes de bolsa de agua caliente y la poesía de los clásicos ingleses. Me ha gustado pasear por ese Londres todavía tocado por la guerra, no solo por la destrucción de los bombardeos —atención al romanticismo de los sermones en una iglesia londinense medio en ruinas— sino también por la pobreza de la mayoría de la población y la escasez de medias, carne, nata, café y otros productos. Al finalizar la II Guerra Mundial, los soldados y oficiales ingleses fueron desmovilizados y se reincorporaron paulatinamente a la vida laboral civil; recuperar sus puestos de trabajo significó relevar a las mujeres excelentes que habían estado en ellos durante el conflicto, desarrollando sus carreras profesionales en campos en los que hasta la fecha habían sido vetadas.Mildred no está casada, pero durante toda la novela se halla rodeada de hombres que necesitan su consejo y su intervención; desde preparar una comida o fregar los platos hasta interceder diplomáticamente en favor de la felicidad conyugal, preparar una subasta, reparar un corazón roto, dar conversación a una anciana dama obsesionada con las polillas o corregir las galeradas de un tratado antropológico. Barbara Pym retrata con mucho acierto las vicisitudes de una mujer que sabe —con la limitación de género que supone la Inglaterra de mediados del siglo pasado— que su libertad y su felicidad, sus logros, la satisfacción de una vida plena y realizada, no dependen de llevar un anillo en la mano izquierda.
Lector, perfecto para conocer a Barbara Pym y enamorarse de la sutilidad de su prosa. No te olvides de tener una tetera bien llena al alcance de tu mano.
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Una detective inesperada, de Kerry Greenwood
A finales de los años veinte del siglo XX, Europa todavía se está recuperando de la Gran Guerra y la perspicaz Phryne Fisher se aburre soberanamente en Londres. Tras aclarar el pequeño misterio de un robo, acepta el encargo de un aristócrata inglés para averiguar algo más sobre las misteriosas enfermedades repentinas de su hija desde que se casó y se trasladó a vivir a Melbourne, Australia. Fisher, que nació y se crió en las calles de Melbourne, lo ve como una señal para volver a casa y emprender una profesión interesante y satisfactoria: la de detective. Acompañada por la doctora MacMillan y las nuevas adquisiciones de una doncella personal y dos hombres para todo, la chispeante Phryne no tardará en escandalizar a la alta sociedad australiana mientras da caza a los criminales más peligrosos.
«-¡Lo sé, querida! Tuvo que marcharse a Edimburgo para estudiar. Los hombres no le permitieron ejercer e incluso trataron de expulsar a las mujeres de la asignatura de Anatomía. ¡Dios los perdone! Ahora leo en los periódicos que quieren volver a expulsarlas de los pabellones, argumentando que ya existe un hospital de mujeres, que es donde ellas deberían ejercer para no perturbar la preponderancia de los hombres en los restantes hospitales. Le aseguro que la estupidez masculina me irrita enormemente. La dedicación de la doctora MacMillan ha debido de ser muy grande para llegar a ser médico.«

El año pasado me rendí incondicionalmente a una serie australiana titulada Miss Fisher’s murder mysteries. La conocí gracias a la entrada que Paula le dedicaba en su blog Pluma, espada y varita (puedes leerla AQUÍ) y me quedé con las ganas de leer las novelas originales. Pues Siruela ha tenido la genial ocurrencia de editar en castellano la primera entrega de las aventuras de esta auténtica detective en el Melbourne de los años veinte del siglo pasado y los lectores no podíamos estarle más agradecidos.
La principal atracción de esta novela policíaca es, sin lugar a dudas su protagonista, la señorita Phryne Fisher: generosa, desinhibida, inteligente, sin prejuicios y con un sentido de la justicia altamente desarrollado. Phryne es distinta para el canon femenino europeo de su época, pero sabe que puede serlo gracias a su gran fortuna. De orígenes muy pobres, esta detective glamurosa aprecia el dinero y sus lujos precisamente porque su infancia transcurrió en la indigencia. Para complementar el encanto histórico, Phryne se mueve en una Australia marcada por la enorme desigualdad social y de género, todavía a remolque de los aires de cambio de la Europa de después de la Gran Guerra.
A ritmo de Charlestón, del descorche del champán de los alegres años veinte, la detective topa con los movimientos revolucionarios de una clase trabajadora castigada por el paro y la explotación; pero también con los prejuicios machistas de una sociedad que no quiere a las mujeres en la policía, ni en la medicina, ni en cualquier otro lugar que no sea el interior de sus casas. En relación con esto último, cobra especial protagonismo el personaje de la doctora MacMillan, el caso de los abortos ilegales, el papel de la única agente de policía de Melbourne o la actitud y las reacciones de la propia Phryne (conductora, aviadora, detective, portadora de armas y al día con los métodos anticonceptivos, etc.).
Lector, te encantará que el soplo de aire fresco de este año en novela de detectives venga de los años veinte del siglo pasado.
También te gustará: Un hombre muerto; Aquí hay veneno; Veneno mortal
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Crónicas de Nueva York, de Maeve Brennan

Maeve Brennan (Dublín, 1917 – Nueva York, 1993) estudió literatura y se quedó a vivir en los Estados Unidos pese a que toda su familia volvió a Dublín, tras la finalización del mandato diplomático de su padre. Fue entonces cuando se afincó en Nueva York y convirtió Manhattan en su hogar. Brennan empezó colaborando en la revista de moda Harper’s Bazaar y fue redactora y crítica literaria en The New Yorker durante los años dorados del periodismo neoyorquino. Y fue en esta prestigiosa revista, en su sección The talk of the town, bajo el extraño seudónimo de The Longwinded Lady, donde publicó entre 1953 y 1968 las sensacionales crónicas urbanas de la ciudad que nunca duerme. En esta Crónicas de Nueva York, espléndidamente editada por Ediciones Alfabia y con el bellísimo prólogo de Isabel Núñez, se recogen algunas de esas fabulosas crónicas, pequeños retratos de la ciudad y de sus habitantes sorprendidos en las actitudes más cotidianas.
Isabel Núñez dice de Maeve Brennan en el prólogo de Crónicas de Nueva York:
«Brilló en la sociedad neoyorquina por su inteligencia y su ingenio, pero también por su estilo. Tal vez Truman Capote se inspiró en ella para su Holly Golightly en Desayuno con diamantes (…). Aunque en un requiebro misógino, Capote habría suprimido el cerebro de su personaje: en su aspecto y su caprichosa actitud vital, Brennan era Holly, pero además era una intelectual, una escritora obsesionada por la precisión (…).«

Maeve Brennan contemplando un escaparate de Nueva York, fotografía que podría haber inspirado al personaje de Holly Golightly, interpretado por Audrey Hepbrun, en la película de Blake Edwards, Desayuno con diamantes (1961).
Crónicas de Nueva York, y el lector la percibe con claridad a veces en la elección de los adjetivos, otras en el gesto de un personaje, en la contemplación de una escena neoyorquina… Una precisión que otorga singularidad, sofisticación y belleza a la narración, al paisaje al drama o la comedia que protagonizan en ese breve momento sus personajes. En esta serie de instantáneas de la ciudad y sus -iba a decir flora y fauna- habitantes, el lector encontrará narraciones llenas de humor, algunas de tristeza y melancolía, otras de ironía y sarcasmo, pero todas ricas en matices y enmarcadas por la belleza de una prosa que, pese a los tintes periodísticos de la época (o quizás precisamente por ellos), resulta envolvente y evocadora. La maestría de Maeve Brennan no solo recae en su capacidad de retratista glamurosa y en la psicología de sus personajes y paisajes urbanos, sino también en la riqueza de su lenguaje y la elegancia de su léxico.
Crónicas de Nueva York es un libro luminoso por el don de la autora para inundar de claridad incluso el acontecimiento más trivial al dotarlo de especial significación, aunque a veces esa claridad esté teñida por la nostalgia, el humor o la tristeza. 56 crónicas, retratos elegantes y exóticos, sofisticados y extravagantes, a través de la increíble mirada de Maeve Brennan.
Lector, para desayunar en el Village de Maeve Brennan, en una época en la que los periodistas del New Yorker tenían poco que envidiar a los escritores más elegantes y sofisticados del momento.
Este libro llegó a mí gracias a la estupenda recomendación de mi amiga Zazou en Bibliomanías y otros desvaríos.
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Musashino y otros relatos, de Kunikida Doppo
«El altiplano de Musashino se extiende entre las prefecturas de Tokio y Saitana y queda rodeado por tres ríos: el Tama, por el sur; el Ara, por el noreste; y el Iruma por el noroeste. (…) pero nuevamente se transformó en bosque en la era Meiji (1868-1912), momento en que es descrito por Doppo.«
Por los hermosos bosques caducifolios de Musashino, con el rumor de fondo de los ríos y la presencia ocasional y amable de algún campesino con sus animales, pasea un joven que ha dejado atrás la ciudad. Su otoño melancólico, su belleza invernal o incluso los primeros brotes de una primavera serena, pasan ante los ojos atentos de su paseante. La belleza de Musashino impregna la vida misma, cura las heridas del alma y se convierte en paz. En palabras de Margarita Adobes, autora del magnífico prólogo de esta edición de Musashino, Kunikida Doppo en estas páginas «saborea la belleza atemporal de la cotidianidad«.
«27 de noviembre
Esta mañana, de la lluvia y el viento de anoche nada queda, un sol luminoso sale. De pie, en la colina de detrás de casa, un blanquísimo monte Fuji se yergue sobre la cordillera. Aire puro, espíritu cristalino. Realmente, una mañana de principios de invierno. En acequias rebosantes de agua, sombras arbóreas invertidas se proyectan.«

Autor: Kunikida Doppo
Editorial: Chidori Books
Traductores: Javier Camacho de la Cruz y Andrea Subirá Mora
Traductores: Javier Camacho de la Cruz y Andrea Subirá Mora
Colección: Grandes Clásicos
Formatos: Papel, epub, mobi
Precio: 6,00 – 17,00 euros
Kunikida Doppo (1871-1908) fue un escritor y poeta japonés que habitualmente se enmarca en el movimiento naturalista nipón, aunque avisa Margarita Adobes que resulta complicado encajarlo en un solo estilo… o quizás no tan complicado; porque cuando se trata de Musashino (publicado por vez primera en 1901) el lector se descubre paseando bajo los frondosos y oscuros árboles de un romanticismo apasionado. Doppo no solo estudió literatura inglesa en la universidad sino que jamás contradijo los principios románticos de William Wordsworth (1770-1850), cuya esencia brilla pura entre las líneas de Musashino. Es este relato un poema en prosa, una prosa poética, donde ser humano y naturaleza convergen con una belleza refulgente y pura. Doppo combina distintos géneros narrativos —leyendas de mapas, las bellísimas entradas de un diario, fragmento de un relato de Iván Turguénev o un poema de Wordworth, recuerdos, fragmento de una carta, etc.— para ir tejiendo la hermosa tela de araña que atrapa a la persona en una naturaleza que le ofrece consuelo.
La edición de Chidori Books, con traducciones de Javier Camacho Cruz y Andrea Subirá Mora, recoge, además de Musashino (reconozco que es mi preferido, que me sobrecogió su belleza), otros relatos del autor: El viejo Gen, protagonizada por un anciano frágil, golpeado una y otra vez por las más temibles desgracias, por la pena y la tristeza, pero que todavía no ha perdido la generosidad de ofrecer su corazón de nuevo; Carne y patatas, el relato más divertido de todos (al menos, en su inicio, aunque no puedo decir más al respecto para no cometer pecado de spoiler), en donde el lector se acerca a la faceta más política de Doppo y a sus disquisiciones entre ideales y realidad;
«Hay diferentes tipos de aburrimiento, pero dos en particular son especialmente abominables y trágicos. El primero consiste en cansarse de la propia vida; el segundo consiste en cansarse del amor. Los hombres tienden naturalmente a cansarse de la vida, y las mujeres tienden a cansarse del amor. Una cosa lleva a la tristeza, la otra lleva a la ira.»
Diario de un borracho, con un protagonista débil pero aferrado a sus convicciones morales pese a la crueldad de su madre y a la pérdida de sus seres más queridos; y La puerta de bambú, una pequeña historia en la que solo una frágil puerta de cañas bambú separa dos concepciones distintas del mundo y de la moralidad, pero quizás también de la suerte y del destino.
Lector, Musashino no es solo una oportunidad de conocer algo más de la literatura japonesa de siglos pasados, es uno de los textos más hermosos de la literatura universal.
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