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Aquí hay veneno, de Georgette Heyer

El detestable señor Gregory Matthews comparte la mansión Poplars con su hermana soltera Harriet, una loca del ahorro compulsivo, su coqueta e hipocondríaca cuñada Zoe y los dos hijos de esta, Stella y Guy. Todos en la casa (y fuera de ella) tienen sobrados motivos para tenerle cierta inquina: Zoe —que piensa que heredará la mansión— y Guy están en contra de sus planes para enviar a este último (un desastre andante) a Brasil para que se convierta en un hombre de provecho; Stella no consigue convencerle de que apruebe sus planes de boda con el doctor Fielding; Harriet le tiene por un derrochador; su otra hermana, Gertrude, que vive a unas calles de distancia, es tan insoportable como él mismo; y su sobrino preferido, el odioso Randall Matthews, se ha convertido en su heredero pese a las discusiones que mantiene con él y justo cuando se rumorea sobre sus problemas financieros. Cuando Gregory Matthews aparece muerto en su propia cama con evidentes síntomas de haber sido asesinado, el inspector Hannasyde de Scotland Yard lo va a tener muy difícil para reducir la lista de sospechosos con tantas personas alrededor con excelentes motivos para desear la muerte del patriarca.
«—¡Ah, ya veo! —exclamó Giles y sonrió—. Usted querría que se descubriera el cadáver in situ, con una carta incriminatoria en la papelera, un vaso con restos de veneno en la mesita de noche, y todo protegido bajo llave hasta que llegara usted.
Hannasyde rio a regañadientes.
Bueno, reconocerá que la investigación sería mucho más fácil

Georgette Heyer (Londres, 1902 – 1974) empezó a escribir para entretener a su hermano mientras se recuperaba de una larga enfermedad y fue su padre quién la animó a publicar. Desde que en 1921 publicó La polilla negra, Heyer se convirtió en una escritora de bestsellers llegando a ser el sustento de toda su familia tras la muerte de su padre. La autora solía recrear casi todas sus novelas en la Regencia, una época en la que se dio cierto relajamiento de las costumbres entre las clases altas, sobre todo si se comparaba con la rigidez de la época victoriana posterior. Sin embargo, no es el caso de Aquí hay veneno, una entretenidísima novela policíaca en el Londres de los años treinta del siglo XX.
Divertida y con una excelente dosificación del misterio y de la investigación policial, Aquí hay veneno plantea el asesinato de Gregory Matthews, un señor tan antipático que hasta el propio lector acabará por tenerle simpatía a todos sus posibles asesinos (que no son precisamente pocos). ¿Por qué recomiendo esta novela? Pues por sus divertidísimos diálogos (y advierto al lector de que el 90% de la novela es dialogada, de hecho podría ser perfectamente una obra de teatro), los simpatiquísimos hilos argumentales secundarios, el ingenio de Georgette Heyer a la hora de construir sus estupendos personajes, el discreto encanto del inspector Hannasyde y, sobre todo, porque es una lectura amable y entretenida que viene muy bien tenerla a mano en un parentésis de lecturas más sesudas o en un repentino ataque de odio hacia la humanidad en general.
«Guárdate las explicaciones hasta que te hayas quitado ese sombrero y empolvado la nariz.
No voy a quitármelo. Sólo me quedaré unos minutos.
Te quedes un minuto o una hora, me niego a sentarme y tener que mirar esa discordante atrocidad.«
Lector, divertida, entretenida y sin odiosas descripciones. Recomiendo tenerla a mano para casos de urgencia.
Decidí leer esta novela por la buena recomendación de Carmen en Carmen y amig@s.
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Las mil y una historias de A.J. Fikry, Gabrielle Zevin

La librería del señor A.J. Fikry es el único negocio que se dedica a vender libros en la pequeña Alice Island, en Maine. El excéntrico señor Fikry tiene un carácter huraño e intransigente, no participa de ningún modo en la vida social del pueblo, echa sin contemplaciones de su librería a todo aquel que le irrita o sobrepasa la hora del cierre y solo tiene buenas ventas en verano, cuando llegan los turistas. De hecho, es capaz de llevar al borde del llanto incluso a Amelia Loman, la inteligente y experimentada comercial de la editorial Pterodactyl Press, cuando llega a la librería para mostrarle el catálogo de invierno. Todos en Alice Island saben que A.J. Fikry ha tenido un mal año pero hasta la fecha solo un oficial de policía ha sabido escucharle. Las cosas solo parecen empeorar para el librero cuando le desaparece un valioso manuscrito y alguien deja un bebé olvidado en su librería ¿O es posible que esas dos circunstancias no sean, después de todo, tan malas para A.J. Fikry?
«Aunque es un enamorado de los libros y dueño de una librería, A.J. no siente especial aprecio por los escritores. Le parecen descuidados, narcisistas, idiotas y, en general, personas desagradables. Evita conocer a los que han escrito libros que le gustan por miedo a que dejen de gustarle.«

Había leído buenas y tibias reseñas antes de abrir Las mil y una historias de A.J. Fikry por eso sabía que el protagonista era un librero y supongo que fue eso lo que me animó a darle una oportunidad pese a las opiniones encontradas de los lectores blogueros. Me he encontrado con una novela distinta, con párrafos brillantes, personajes que desbordaban excentricidad (¿no son estos los mejores?) y un sentido del humor que me ha conquistado. 
La prosa de Gabrielle Zevin fluye con naturalidad y regala al lector algunas reflexiones sobre la vida y la literatura que resultan hermosas para cualquier bibliófilo empedernido. Como, por ejemplo, una de las declaraciones de amor más bonitas que he leído hasta la fecha:
«Cuando leo un libro quiero que tú lo leas al mismo tiempo. Quiero saber qué te parece.«
O algunas verdades con las que todos nos hemos encontrado alguna vez con un libro entre las manos:
«A veces los libros no nos encuentran hasta que llega el momento adecuado.«
Me han gustado especialmente los diálogos de Las mil y una historias de A.J. Fikry, sobre todo las conversaciones entre A.J. y el agente Lambiase; el carácter peculiar y la evolución del protagonista; la relación entre Maya y A.J. y cómo Maya se va convirtiendo en un Fikry en diminuto. Pero sobre todo he disfrutado de una narración original, nada predecible, y con un buen sentido del humor pese a los claroscuros, es decir, esa visión tragicómica de la vida de Alice Island que nos ofrece Gabrielle Zevin. Sin embargo, aviso al lector de que el final me ha parecido especialmente atroz e innecesario, es mi única pega a esta estupenda lectura.
Lector, una buena historia en la que los libros son protagonistas incluso entre líneas.
También te gustará: La librería encantada; La librería; La librería de las nuevas oportunidades; Cosas raras que se oyen en las librerías

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Los perales tienen la flor blanca, de Gerbrand Bakker

Los gemelos Klaas y Kees juegan a «Negro» con su hermano menor, Gerson. Cierran los ojos, posan sus dedos sobre la rugosa corteza del haya del jardín de su casa y se marcan una meta a la que llegar sin ver. Su padre, Gerard, trabaja demasiado, y su madre hace tiempo que les abandonó, se marchó con un extranjero a vivir a Italia. Daan, el pequeño perro que adora a Gerson, todavía la echa de menos, era la que mejor olía de la familia. Un fin de semana, todos suben al viejo coche de Gerard —cuatro hombres en una cafetera— y ponen rumbo a la casa junto al lago que tienen sus abuelos paternos. No hay prisa, a Gerson no le gusta la velocidad, y la ruta turística pasa por un campo de perales en flor; nadie sospecha que esas flores blancas serán lo último que verá Gerson; esas flores blancas que marcaran el momento en el que todo cambió: «Vivimos en un mundo que está hecho para ser visto y no nos dimos cuenta hasta que Gerson se quedó ciego.«
«No sabemos si es posible, pero si lo es, Gerard amaba su coche de color moco. Y quería que nosotros compartiéramos la sensación, por eso siempre tenía algo que decir cuando nos poníamos manos a la obra con la manguera y la aspiradora. Pero nosotros, y Gerson también, preferíamos a madre. Nuestra madre, que un día desapareció en el coche grande y brillante y no regresó jamás.«

Editorial: Rayo Verde
Colección: Rayos Globulares
ISBN: 978-84-15539-99-5
Género: Novela
Publicado en septiembre de 2015
160 páginas
Gerbrand Bakker (Países Bajos, 1962) es filólogo, jardinero e instructor de patinaje. Sus dos novelas anteriores, Todo está tranquilo arriba y Diez gansos blancos han sido galardonadas con varios premios de la crítica. La editorial Rayo Verde, señala al final de Los perales tienen la flor blanca que esta novela se recomienda a los adolescentes neerlandeses por su sencillez y su emotiva historia.
Y sí, es cierto, el lector que empieza a leer Los perales tienen la flor blanca se encuentra con frases cortas y sencillas, claras, brillantes y con una fuerza emocional impactante. Tres adolescentes y un perro se alternan en la voz del narrador y esa es la razón de tanta sencillez: sus sentimientos son complejos pero su lenguaje todavía no tiene los matices de una complejidad adulta. Por eso he disfrutado especialmente de lo mucho que Bakker hace sentir y comprender al lector con tan poco; por ejemplo, Bakker jamás escribe que el dolor de los niños por el abandono materno es insoportable y duradero, inconsolable, pero a través de las palabras de los protagonistas se adivina su soledad (sobre todo la de Gerson), su añoranza, su orfandad, su ardiente anhelo por el regreso de la madre que se marchó. Resulta significativo que los niños llamen a su padre Gerard en lugar de papá cuando sí que ejerce de padre, mientras que a la madre ausente, que no ejerce, se refieren siempre como mamá. 
Sin duda una historia conmovedora sobre la soledad, sobre el camino de Gerson en la percepción de esa soledad desde su infancia —su comprensión de que ser hermano de dos gemelos lo condena a sentirse solo—, pasando por el abandono de su madre, hasta culminar en el horror de la ceguera, el desencadenante final del aislamiento más absoluto. 
Lector, una novela profundamente triste contada con la pureza intencionada de las voces de tres muchachos y un perro.
Nota: Resulta especialmente curiosa la imposibilidad de discernir entre las voces narradoras de los gemelos; son tan gemelos, están tan unidos, que el lector jamás sabrá quién de los dos (Klaas o Kees) es quien está hablando o cuándo pasa el testigo a su alter ego para continuar con la narración. También los fragmentos narrativos de Daan, el perro, son peculiares, pero sin duda es la voz de Gerson la que transporta al lector a las aguas más profundas.
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El cas misteriós del Dr. Jekyll i Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson

Mr. Utterson es un notario londinense severo, serio y austero que, sin embargo, cuenta con la estimación de muchos amigos por su talante compresivo y humanitario, su tendencia a entender y perdonar los impulsos menos bondadosos de sus semejantes. Un día, paseando por las calles de Londres, Mr. Enfield, un buen amigo y pariente, le relata el inquietante episodio de un hombre misterioso que atropelló a una niña pequeña en plena noche sin inmutarse. Mr. Utterson se queda intrigado por el relato de su amigo por varias razones: el desconocido malhechor había causado una sensación de horror, rechazo y asco en el sobrio Mr. Enfield, había pagado un cheque de indemnización firmado por su buen amigo el Dr. Jekyll y vivía en una vieja casona que el notario conocía bien. Preocupado por el bienestar del buen Dr. Jekyll y como depositario de su testamento, Mr. Utterson decide investigar un poco más sobre el caso del espantoso desconocido. Pero la verdad a veces es tan terrible que quizás debería permanecer por siempre en las sombras.
«Ya desde el primer aliento de esta nueva vida me di cuenta de que era mucho más perverso, diez veces más perverso, como un esclavo vendido a la maldad original; y solo este pensamiento me tonificaba y me alegraba como el vino.«

Cuenta Salvador Oliva en el prólogo de la magnífica edición de Quaderns Crema de El cas misteriós del Dr. Jekyll i Mr. Hyde que Vladimir Nabokov consideraba esta novela de Robert Louis Stevenson como una «novela de estilo». Decía Nabokov que como policíaca resultaba aburrida y como parábola, de mal gusto. Y aunque el señor Barbusse ya me advirtió acertadamente que Nabokov no siempre era precisamente brillante en sus observaciones literarias sobre otros autores, creo que el lector no debería abordar este libro desde ninguna de esas dos perspectivas, es decir, la policíaca o la parábola. 
El cas misteriós del Sr. Jekyll y Mr. Hyde funciona muy bien como reflexión moral y como historia de terror, si bien es cierto que la prosa de Stevenson es magnífica en esta obra (de ahí la observación de «novela de estilo») y que las múltiples adaptaciones cinematográficas, teatrales y literarias de esta historia nos haya deslucido un poquito el misterio. En este sentido, la novela de Robert Louis Stevenson no ha resistido tan bien el paso del tiempo y las deformaciones del mito como el Frankenstein de Mary Shelley porque mientras que este último sigue siendo el libro más terrorífico jamás escrito, la dualidad del Dr. Jekyll y Mr. Hyde no resiste bien que el lector sepa lo ocurre desde antes de abrir el libro. Frankenstein fue escrita en 1816 y la novela de Stevenson en 1886 y ambas comparten el desafío de las leyes divinas por parte del hombre y de los avances de su ciencia (la eterna discusión entre ciencia y moral). Tanto en la novela de Shelley como en la de Stevenson, sus protagonistas, Victor Frankenstein y Henry Jekyll, a través de la ciencia, crean vida en sus laboratorios jugando a ser dioses.
«La mala conciencia es la gran enemiga del reposo. ¡Ay, señor, cada paso está lleno de sangre derramada!«
De todas formas, El cas misteriós del Dr. Jekyll i Mr. Hyde se disfruta porque es una novela de Robert Louis Stevenson, por supuesto, pero también por su elegante ejercicio narrativo. La descripción de los personajes es extraordinaria («Mr. Utterson, el notario, tenía una expresión tan servera que nunca le quedaba iluminada por una sonrisa; era frío, parco i tímido en la conversación; reprimido en sentimientos; alto, delgado, apagado y monótomo; y, pese a todo, de alguna manera se hacía querer.«) y la atmosfera de opresión, misterio y terror flota espesa por encima de toda la historia como la niebla «puré de guisantes» del Londres de finales del siglo XIX. De hecho, la misma ciudad es uno de los protagonistas de la historia, con sus calles tocadas por las lúgubres brumas, las noches frías y oscuras, sus casas abandonadas o decrépitas, la entrada al laboratorio de disección, sus barrios más tenebrosos, el inquietante resonar de los pies de Mr. Hyde en sus correrías nocturnas o los golpes sordos de su bastón contra la carne. Porque no solo causa inquietud Mr. Hyde o ese Londres tocado por la oscuridad, sino que detrás de todo buen vecino hay un brillo de maldad (atención a las reacciones de los personajes cuando hablan con Mr. Hyde, parece que consigue hacer salir a la luz los peores deseos de cada uno de ellos).
Lector, un clásico con disquisiciones morales para disfrutar sin prisas.
También te gustará: Frankenstein
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El extraño caso del Dr. Jeckyll & Mr. Hyde (Clásicos ilustrados)

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El entierro de mi tío, de Venance Konan

El tío Kouadjo ha muerto de un ataque de ira, nada sorprendente para sus vecinos de la pequeña aldea baoulé (pueblo de la Costa de Marfil que vive en el centro del país) en la que ha pasado toda su vida. Puede que Kouadjo fuese el peor cazador del pueblo pero era el más excelente de sus camorristas: siempre dispuesto a dar una buena tunda a quien le provocase, siempre preparado para discutir o insultar a quienes según él lo mereciesen. A su muerte, sus sobrinos vuelven a la aldea para organizar el entierro y rendirle honores pero nada es tan sencillo como parece. La lluvia que convierte en barrizales los caminos, las antiguas rencillas entre archienemigos, un asunto de adulterio o un sacerdote algo aprensivo son apenas una pequeña muestra de las dificultades a las que tendrán que enfrentarse los sobrinos del tío Kouadjo para dedicarle un último homenaje.
«Apilamos un montón de telas kita de gran valor, las pesadas pulseras de oro de mi tío y su fusil. Aquí, hacemos así las cosas. Enterramos a los hombres con todas sus pertenencias. Con lo cual, todas las riquezas que produce nuestra sociedad se sepultan bajo tierra junto a los muertos mientras que los vivos siguen viviendo en la miseria.«

Editorial: 2709 books
ISBN: 978-84-941711-1-6
Formato: epub
Traducción de Alejandra Guarinos Viñals
Fecha de publicación: diciembre 2013
PVP: 2,00 €
Venance Konan (Costa de Marfil, 1958) estudió Derecho en la Universidad de Niza pero en cuanto regresó a su país se dedicó a ejercer su verdadera vocación, el periodismo. Konan ha ganado varios premios en periodismo de investigación y en narrativa, género en el que se ha iniciado con gran éxito desde 2003 con Les prisonniers de la haine. La editorial 2709 books publica en castellano Robert y los catapila, En nombre del partido, La guerra de las religiones, La gata de Maryse, además de El entierro de mi tío.
El entierro de mi tío es un relato simpatiquísimo sobre un excéntrico marfileño que hace la vida imposible a sus allegados incluso después de muerto. Venance Konan narra con soltura y naturalidad las costumbres del pueblo baoulé siempre desde una perspectiva entrañable y cercana (son sus raíces) pero también con un divertido guiño al lector europeo ajeno a su cultura. No solo se disfruta por el carisma de sus personajes —el tío Kouadjo, su archienemigo Kouakou Ba, Théogène y sus hermanos, y otros— sino también por el contraste costumbrista africano y por la gracia y sutilidad del autor a la hora de tirar con bala.
De frases cortas y concisas, lenguaje muy directo y léxico rico, la prosa de Venance Konan destaca por su concisión y su luminosidad. Como buen periodista, su mensaje llega claro y sin ambigüedades al lector pero su rumor de fondo siempre es cálido, optimista (pese a la crítica implícita) y tocado por un fresco sentido del humor.
Lector, una lectura divertida y distinta que te dejará con ganas de más Venance Konan.
Nota (I): Atención a la convivencia entre las religiones y fetiches tradicionales de los baoulé y el cristianismo colonial; no tiene desperdicio.
Nota (II): El pequeño glosario de términos marfileños, africanos y/o baoulé al final del libro resulta un gran acierto para la ambientación cultural del lector.
Nota (III): Si tienes un momento, pasa a conocer 2709 books, una pequeña editorial digital con mucho encanto que tiene detalles tan cucos como personalizar el ebook de cada lector con un ex libris.
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