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Vestidos de novia, de Laura Balagué Gea

En Santa María del Mar todos esperan con impaciencia la llegada de la novia, Inés esquirol, una jovencísima diseñadora de vestidos de novia en plena carrera ascendente, cuando el señor cura anuncia pesaroso que un horrible crimen le obliga a cancelar la boda. En la Barcelona de los años 60 del siglo pasado, la joven Inés, hija única de un matrimonio de clase media, un par de años antes había entrado a trabajar como aprendiza en el taller de Madame Recasens, una de las firmas de alta costura más prestigiosas de la ciudad condal en esos momentos. Feliz de poder dedicarse a su verdadera vocación, además de leer y dibujar innovadores diseños de vestidos de novia, Inés entra dispuesta a trabajar y pasar desapercibida. Pronto hará buenas amigas, como la espontánea Montse o la sabia señora Puig, pero nada la salvará de la envidia de aquellas que tienen menos talento que ella. Inés brilla por su mirada, por su talento, por su discreción y sus hermosos diseños, que no tardarán en salir a la luz y ser motivo de realización profesional pero también de malos deseos. 
«La vida va para adelante siempre. Hay cosas buenas, malas, gente que te quiere y gente que te envidia y tienes que aprender a vivir con esto. Es imposible contentar a todo el mundo todo el tiempo. Tú tienes talento y eso te va a acarrear muchas envidias. No hagas caso, tú misma sabrás cuando hayas hecho algo que no está bien o te lo dirá la gente que de verdad te quiere.«
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Conocí a Laura Balagué a través de su estupendo blog, Niu de Mones, por recomendación de Loque que un día me dijo «mira que reseñas, son de esas que nos gustan«. Loque me explicó que Laura acababa de ganar el premio La Trama de novela negra por su estupendísima Las pequeñas mentiras y allá de cabeza que me fui a conocerla en persona en la presentación de su libro, un domingo de mejillones y vino blanco a las puertas del verano en la librería Negra y Criminal, rincón de culto de la ciudad. Y como me encantó Las pequeñas mentiras, Laura me hizo llegar a través de Loque esta otra novela anterior, Vestidos de novia, que no se puede comprar (ejem, a ver si alguna editorial con buena intuición le pone remedio a esto), con la que me lo he pasado en grande paseando a mis anchas por las más hermosas calles de la Barcelona de mediados del siglo pasado.
Vestidos de novia es la historia de un crimen pero también un magnífico retrato social de la época en la que está ambientada y un nostálgico deambular por las calles de una Barcelona donde las niñas bien encargaban vestidos de noche para la temporada del Liceu y los fotógrafos de moda todavía no habían aprendido la clave de la espontaneidad. Laura Balagué narra con soltura y buen ritmo la ascensión profesional de Inés pero también su tambaleante vida interior, sus miedos y el aprendizaje de la confianza en sí misma gracias al apoyo de unos estupendos personajes secundarios (como su padre, Montse  o la señora Puig). 
La autora demuestra ya en esta primera novela su talento como contadora de historias, y esa naturalidad y desparpajo para construir personajes creíbles y tramas envolventes por su sencillez y rotundidad. El resultado es una novela que empieza con el anuncio de un crimen y que dedica el resto de capítulos a poner en antecedentes al lector sobre los motivos de ese crimen y el misterio que lo envuelve. Escenas como la salida de las modistas a la Pérgola a merendar y bailar, vestir a las novias, las tardes en el taller de costura o los recados de Inés por el corazón de casco antiguo, son algunos de los pequeños placeres que abundan en esta recomendable novela.
Lector, le pediremos a los Reyes Magos Editoriales la posibilidad de poder encontrar muy pronto este estupendo Vestidos de novia de Laura Balagué Gea en los escaparates de las librerías. Bien que la novela lo merece.
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¿A qué llamas tú amor? de Pilar Muñoz Álamo

Jana Martín es una periodista de la sección de sucesos de El País que echa muchísimo de menos a su marido, Julio, quién parece totalmente absorto en su profesión de escritor. Cuando Julio decide pasar las navidades en la casa de la playa de la pareja para poder terminar a tiempo su nuevo libro, Jana explota emocionalmente y decide poner fin a esa relación en la que, desde hace algunos años, no es más que un personaje secundario. Profundamente herida, rota de dolor por tener que separarse de un hombre al que todavía ama con todo su ser, Jana entiende que no puede seguir siendo la que rellene los huecos en la vida de su marido y que está agotada de quedarse siempre esperando por las migajas. Y, sin embargo, en medio del dolor y la desesperación de quiénes toman la decisión de dejar marchar a la única persona a la que de verdad han amado, despierta inesperadamente en la periodista la curiosa senda de la experimentación y el deseo. Con el apoyo de fondo de sus tres fieles amigos, Mayca, Lucía y Miguel, Jana se adentrará, no solo en el laberinto sensorial de su propio ser a fin de cartografiar un mapa fiable de ella misma, sino también en un mundo oscuro y extraño en el que los caminos sensuales no siempre conducen al amor ¿o quizás sí?

«-Las relaciones problemáticas minan tu vida -replicó-. Al igual que las elegimos libremente, también podemos apartarlas de nuestro lado cuando solo nos causan dolor y complicaciones. Hay que rodearse de personas positivas, Miguel, la vida es muy corta para que nos la amarguen.«

Recuerdo que en la película Crazy in Alabama, cuando el juez le preguntaba a Lucille Vinson qué alegaba en su defensa por haber matado a su marido, ella decía que había sido en defensa propia: el señor Vinson llevaba años asesinándola a ella poquito a poco, cada vez que la ignoraba, que la trataba como basura, que le decía que no servía para nada. ¿A qué llamas tú amor? no tiene mucho en común con Crazy in Alabama pero cuando en sus páginas iniciales Jana constata que lleva algún tiempo asistiendo al lento asesinato de su amor por el alejamiento de su marido, me acordé de esa estupenda escena en la sala del tribunal. Jana Martín finiquita su matrimonio porque hace tiempo que su marido ha empezado a diluirlo en la bruma de su indiferencia. 
¿A qué llamas tú amor? es una novela sobre todo psicológica, un viaje emocional de una mujer que sabe lo que es el amor y el dolor que supone perderlo. Pero también es una historia oscura y brutal, con personajes que chapotean en el barro inmundo del abuso y el maltrato. Y todo resulta más escalofriante cuando se reconoce (en la medida en la que Jana es un personaje real como la vida misma, cercano al lector precisamente por la credibilidad de sus pensamientos y la naturalidad de su evolución) que el tipo de relación que la protagonista vive en estas páginas evoluciona tan gradualmente, tan solapadamente, que el humo no se ve hasta que no se está inmerso en el incendio.

Y a estas alturas el lector ya puede tener la certeza de que una de las mejores bazas de esta historia es la construcción de unos personajes sólidos y complejos, bien matizados y con evolución (no por casualidad la autora es licenciada en psicología). La evolución dramática de la protagonista, el juego de contraste emocional de las personalidades de sus amigos, la omnipresencia de la violencia de género y las relaciones tóxicas tiñendo de oscuridad gran parte de la trama, y algunas sorpresas que el lector difícilmente se espera son algunos de los puntos fuertes de esta historia. Pero, sin duda, son los solapados, los graduales cambios en las relaciones amorosas de la protagonista los que causan un mayor impacto de tensión, sorpresa y (¿por qué no?) miedo en el lector. 

De nuevo, leer a Pilar Muñoz Álamo es un agradable ejercicio de introspección en la piel de sus carismáticos personajes. Con una prosa precisa, elegante, y la firme voluntad de introducir al lector en paisajes sensoriales y sensitivos, la autora traza (a veces con delicadeza, a veces con certera crudeza, pero siempre con una gran naturalidad y falta de artificio) una historia sobre el amor, sobre la búsqueda del amor y sobre las siempre extrañas relaciones de pareja y sus peligrosas trampas (el reflejo distorsionado de sus patologías enfermizas; es decir, lo que no es amor). De hecho, me encanta la cita de Dave Meurer con la que Pilar abre su novela porque me parece que sintetiza a la perfección el espíritu de ¿A qué llamas tú amor?: 
«Un matrimonio excepcional no se da cuando se casa una pareja perfecta. Se da cuando una pareja imperfecta aprende a disfrutar de sus diferencias.«
Lector, ni romántica ni erótica, esto es un thriller psicológico excepcionalmente construido y ejecutado. Magnífico el enorme trabajo que ha hecho Pilar Muñoz Álamo en esta novela.
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¿A qué llamas tú amor?

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El anticuario, de sir Walter Scott

Jonathan Oldbuck, señor de Monbarns, anticuario y profesional en interminables disertaciones sobre historia, arqueología, filosofía y literatura, coincide en el camino de vuelta a casa con un agradable joven llamado Lovel. Lovel en seguida se gana la simpatía y confianza del anticuario (seguramente porque es un excelente oyente) pese a que todo lo que le rodea es un misterio: nadie sabe quién es, a qué se dedica o por qué se ha instalado en Fairport, un pueblecito cercano a Monkbarns. Jonathan Oldbuck, que comparte su mansión con una hermana soltera y una sobrina, no tarda en incorporar a Lovel en sus veladas culturales, felizmente amenizadas por la rivalidad de sus nobles vecinos, Arthur Wardour y su hija Isabella. Y si el posible descubrimiento de un campamento romano en las inmediaciones de Monkbarns, un futuro compendio sobre los caledonios y los rumores de una invasión francesa de las costas escocesas no fuesen suficiente emoción para el señor Oldbuck, las cosas van a complicarse con la llegada de su impulsivo sobrino Héctor, la intriga de un romance, la resolución de una injusticia antigua y noble de la mano de un mendigo y el descubrimiento de supuestos tesoros y falsas identidades.
«—Usted desea brillar como un personaje literario y desea ganar mérito gracias al trabajo y a la perseverancia.
Lovel, que se sentía asediado por el tono inquisitivo del viejo caballero, pensó que sería mejor no sacarle del error en el que tan gustosamente había incurrido.
—Algunas veces he sido lo bastante insensato —replicó— para alimentar pensamientos de ese tipo.
—¡Oh, pobre muchacho! Nada podía ser más melancólico, a no ser que, como suelen hacer los jóvenes, se crea enamorado de un artificioso espécimen del sexo femenino, lo que, sin duda, y como bien dijo Shakespeare, equivale a la muerte, al azotamiento y a la ahorcadura, todo a la vez.«

Explica Alba Editorial que El anticuario es una de las grandes obras maestras de sir Walter Scott (1771-1832). Bien, completamente de acuerdo. Le añado —me disculpe el lector— que para obra maestra la traducción de Francisco González, Arturo Peral y Laura Salas y la magnífica edición (primera edición febrero 2015) de la colección Clásica Maior de Alba editorial (gracias, señor Luis Magrinyà). No me cansaré de repetir que para disfrutar de lecturas como esta (sir Walter Scott publicó por primera vez El anticuario en 1816) es necesaria una extraordinaria labor de traducción y, si es de nuestro siglo, mejor todavía.
El Anticuario es una lectura que se disfruta por muchísimas razones, principalmente por la prosa del señor Scott, por supuesto, pero también por su magnífico protagonista, Jonathan Oldbuck. Oldbuck, que desea pasar por un viejo gruñón, misántropo, misógino y ascético —que tiene un fantasma en casa y es descendiente de impresores alemanes— es en realidad un hombre bueno con algo que siempre ha escaseado en todos los siglos: sentido común. Y aunque me dan miedo sus aficiones arqueológicas (¡este hombre es capaz de ponerse a excavar Troya él solito!) y puede aburrir hasta el sueño a sus contertulios con sus disertaciones, en el fondo quiere y cuida de sus familiares, amigos y empleados con la lealtad que se merecen; y está dispuesto incluso a encabezar una marcha fúnebre, a perder mil libras o a detener una detención por deudas desafiando al mismísimo rey de Inglaterra. Y todo ello sin perder ni un solo momento su estupendo sentido del humor y su fachada imperturbable.
¿Pero qué lector no cae rendido a los pies de un señor al que despiertan todas las mujeres de su casa al grito de «¡Los franceses!¡Que nos invaden los franceses!» y él, todavía con su gorro de dormir, se queja por la irrupción indecorosa de las féminas en su dormitorio mientras les ordena que le traigan su espada?
«—Al menos —dijo Oldbuck— tiene la compañía de una hija obediente y de un amigo sincero, si me permite atribuirme tal honor; y eso puede ser de cierto consuelo, a pesar de que en esta ocasión aún no sea posible descartar que lo ahorquen, le saquen las vísceras y lo descuarticen.«
Por su sentido del humor, su extraordinario ritmo narrativo, sus geniales tramas románticas (identidades falsas, rescate de damas en apuros, misterios de hijos perdidos al nacer, duelos, tesoros, amores imposibles…), sus inigualables personajes (atención a Caxon, el peluquero, a quien no le quedan más que tres clientes que todavía usen peluca (por culpa de los malvados demócratas que decretaron un impuesto sobre los polvos de las mismas) y toda su vida y sus temores giran en torno a conservarles; o a Héctor McIntyre, el sobrino cazador de focas de Jonathan, «la plaga de Monkbarns») y porque es obra de sir Walter Scott (con todo lo que ello significa), El anticuario es una novela que ningún lector que se precie de serlo debería dejar de leer (a ser posible, durante varias noches invernales, de tormenta).
Lector, imprescindible para disfrutar de verdad con la lectura.
Nota: No se pierda el lector la desternillante explicación de Edie Ochiltree para desengañar al pobre señor de Monkbarns sobre sus teorías arqueológicas de hallazgos de campamentos romanos en sus propiedades; o el descuidado ingenio del mendigo para mostrar su desprecio por Torpeswivel, Dousterdiablo o Doustinútil.
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Ganadores de Mugs & Books (IV)

Reunidas las juezas, después de deliberar largamente porque quedarse solo con tres fotografías era tarea ardua, los tres ganadores de Mugs and Books IV edición son…

Marilú de CuentaLibros con «Buenos días, tristeza» por la composición y la luz

Isi de From Isi con «Guía para dominar el arte de mojar, con material práctico incluido» por el sentido del humor y la frescura

Fesaro de Libros en el petate con «La perra de mi vida» por la ternura

¡Enhorabuena!

Asimismo merecen mención especial del jurado por su espíritu participativo y por la belleza de sus imágenes…

CazaEstrellas (I), (II), (IV), (V) A Carax le encantó «La pantera rosa» y a mí me gustó muchísimo el enfoque y la perspectiva de la foto «Superhéroes»

Sara Mañero (I), (II), (III), (IV) A Teresa le sedujo esa estantería sobria y sólida de pura literatura.

Os aseguro que ha sido muy difícil decidirse solamente por tres fotografías, vuestras composiciones son estupendas. Muchísimas gracias por participar con tanto entusiasmo y fair play. Y gracias especialmente a las participantes «fuera de concurso», que pese a quedarse fuera supieron divertirse con el desafío.
Nota para los ganadores: pasadme cuando podáis vuestra dirección postal para que os pueda enviar el detallito del premio.
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La vida de las paredes, de Sara Morante

En el número 16 de la calle Argumosa había un edificio antiguo y solemne, que se alzaba por encima de chimeneas y tejados, custodiado por cuatro horribles gárgolas. Era propiedad de Berta Noriega, una misteriosa mujer que ocupaba el mejor apartamento de su propiedad y mantenía en penumbra casi toda la casa. En el segundo vivían los López, un matrimonio con secretos escondidos en los retratos familiares y un hijo que había aprendido a descifrarlos a fuerza de soledad. En el tercer piso, un tabique con agujero separaba al comerciante Fernando Ruballo de la etérea y siempre hambrienta María, la bordadora; ambos vecinos presos de sus propios anhelos y misterios cifrados en cada gesto. En el ático languidecía la Musa del artista, la persona con el pasado más flamígero, brillante, colorido  y trágico de cuantos allí habitaban. Y en la portería, Carmen y Emilio; ella sumida en el alcohol y el desconsuelo, él perdido entre las tinieblas de sus propias batallas contra las gárgolas malvadas. Había una vez, en el número 16 de la calle Argumosa, unas paredes tras las cuales apenas se ocultaban unas vidas que tendían a mezclarse bajo la atenta mirada de una hermosa ninfa hecha de vidrieras de colores.
«Quien subiera por aquellas escaleras quedaba inmediatamente deslumbrado por la vidriera de cristales emplomados en el techo. Recreaban una figura femenina rodeada por cuatro aves exóticas cuyas alas se enredaban en su melena de color azafrán. Si el cielo estaba despejado, la luz del sol los atravesaba proyectando un sinfín de colores sobre la escalera, y era de una belleza abrumadora. Pero si se presentaba tormenta, los colores deformaban la figura de manera que las alas de aquellas aves parecían envolverla en una tortuosa oscuridad.«
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Conocía a Sara Morante por sus magníficas creaciones como ilustradora (Los diarios de Adán y Eva, Los Watson, Los zapatos rojos, etc.). Al igual que sucede con el más reciente trabajo de Elena Odriozola, Iban Barrenetxea o Benjamin Lacombe, entre otros ilustradores de este siglo XXI, Sara Morante aporta un broche de suntuosidad y color a los clásicos (y no tan clásicos) que ilustra. Pero cuando Lumen publicó su libro nos llamó la atención a todos los que seguíamos su trabajo porque La vida de las paredes no solo estaba ilustrado por Sara Morante sino que, además, estaba escrito por Sara Morante. Y antes de seguir escribiendo nada más sobre esta historia, que abandone ahora mismo el lector todo temor infundado: sí, la artista escribe tan extraordinariamente bien como dibuja.
Dicho esto, poco más puedo añadir. Más allá de sus preciosas ilustraciones, La vida de las paredes cuenta las historias cruzadas de los vecinos de un extraño inmueble. No son precisamente personas alegres o favorecidas por la fortuna, y ha querido el destino que les toque envejecer en tiempos difíciles y miserables, pero pese a todo, sus respectivas personalidades desbordan las paredes (mirillas aparte) y el encanto de leer sus (oscuras) historias tiene principalmente su peso en la prosa elegante y aterciopelada de su autora. Escribe Sara Morante con precisión de trazo de delineante, con léxico rico y de tradición, gramática impecable de pulso de dibujante y una imaginación que traspasa la gama de colores de sus ilustraciones. Por su originalidad, su peculiar estilo narrativo y esas gárgolas, La vida de las paredes es un debut más que notable de esta estupenda ilustradora… y escritora.
Lector, un libro tan (inquietantemente) bonito y original que se convertirá en una de las joyas de tu biblioteca.
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