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Jovencitos con botines de P.G. Wodehouse

Son jóvenes, la flor y nata de Londres, visten con elegancia y se peinan cuidadosamente los cabellos gomosos hacia atrás. El trabajo más arduo que llevan a cabo es el de encontrar la manera de darse la gran vida sin despeinarse demasiado. Entre copita y copita, ventilan sus chismes sobre las desventuras amorosas del desafortunado pero insistente Freddie Widgeon, que perdió a sus novias por culpa de una maleta, de Tennyson y de los gatos, respectivamente; las desavenencias de los cómicos Cyril Fotheringay-Phipps y Reginald Twistleton-Twistleton por una dama ciertamente escurridiza; el misterioso caso de los sombreros menguantes y crecientes de un par de lechuguinos; o la increíble suerte casadera de Stiffham, el falso fantasma. Despreocupados, absurdamente divertidos, vividores e informales, ellos son El Club de los Zánganos.

Bienvenido, lector, al Club de los Zánganos, donde estirados lechuguinos engominados te harán reír con sus situaciones absurdas, su humor sinsentido y sus cuitas amorosas. Once relatos sobre las anécdotas de algunos de los miembros del club más excéntricos, una muestra brillante del ingenioso encanto de P.G. Wodehouse, «un escritor que, según Compton Mackenzie, consiguió dejar exhausta la provisión de adjetivos elogiosos de los críticos» (advierte sabiamente la contraportada del libro). Once relatos que recordarán al lector el espíritu británico más feliz y despreocupado de los años previos a la Segunda Guerra Mundial, lleno de sombreros de copa, smokings y copas de champán, así como venturosos viajes a Nueva York. Un buen puñado de alocados jóvenes cazafortunas a la busca de un matrimonio ventajoso o de un buen golpe de la fortuna, con el protagonismo indiscutible del enamoradizo Freddie Widgeon cuya mala suerte con las féminas le hace el centro de una serie de situaciones inverosímiles para regocijo del resto de lechuguinos. 
La prosa de Wodehouse es tan estupenda como el lector pueda imaginarse, a la par de su ingenioso humor —tan encantadoramente británico— y de sus extraordinarios diálogos. No en vano está considerado uno de los mejores humoristas literarios ingleses junto a Evelyn Waugh, Jerome K. Jerome o Stella Gibbons, entre otros. 
Lector, entra en El Club de los Zánganos y tómate un aperitivo antes de conocer al personaje cumbre de Wodehouse, su inimitable Jeeves.
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Jovencitos con botines

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Detrás del cristal de Mayte Esteban

Andrés es un hombre metódico, ordenado, que está a punto de salir de la oficina para pasar las vacaciones de Navidad en el Caribe con su novia, lejos de la familia y de las tradiciones de las fiestas. O eso es lo que cree. Ana tiene problemas económicos y su panorama laboral no es nada alentador, necesita dinero con urgencia para que su casero no la eche del mísero apartamento en donde vive con Pablo, su bebé. Por eso cuando Pedro, un buen amigo, le propone un trabajo, sabe que tiene que aceptarlo pese al pésimo horario y a las dificultades de encontrar canguro para su hijo. Raquel, la mejor amiga de Ana, está recibiendo unos mensajes electrónicos muy extraños que le hacen temer por la inestabilidad de su matrimonio. Ana se preocupa por su amiga, sabe que últimamente algo va tremendamente mal en su vida, pero las premuras de sus propias necesidades la empujan a una desesperada carrera contra reloj para conseguir cumplir sus compromisos laborales. En vísperas de Navidad, Ana y Pablo irrumpen en la ordenada vida de Andrés para poner su frágil y ordenado mundo patas arriba. La vida puede volverse muy complicada cuando te empeñas en no escuchar la voz de tu corazón.

Vivir detrás del cristal no es vivir, dice Mayte Esteban, la vida hay que vivirla aunque duela, hay que arriesgarse a sentir y a soñar. Detrás del cristal es una historia de personajes que se atreven a vivir, algunos despertando del letargo, otros arriesgándose a confiar, casi todos dándose otra oportunidad. Se trata de una comedia agridulce que engancha por su ágil ritmo y la frescura de su trama. El lector disfrutará con el estilo vibrante y cada vez más personal de Mayte Esteban, capaz de dotar a sus personajes de tanta vida que traspasan la pantalla. Los diálogos ingeniosos, tan naturalmente coloquiales, casi a ritmo de comedia teatral, las divertidas escenas de enredos y malentendidos y la sólida originalidad de la trama y los personajes, son los puntos fuertes de Detrás del cristal. Aunque el detalle de alguna de sus frases, el guiño cómplice de la autora, o la sencilla gracia con la que se trasmiten los sentimientos de los personajes, son los toques que aportan la diferencia, el matiz que convence a cualquier lector de que tiene entre sus manos algo más que una historia entretenida.

Como suele suceder en la mayoría de novelas, varias son las capas, los niveles de lectura y la profundidad del texto, y en el caso de Detrás del cristal, se disfruta de un registro variado de emociones tratadas con la delicada destreza de la autora: desde el divertido diálogo de la primera noche de Andrés con Pablo, hasta la belleza de la voz interior de Ana, pasando por el mudo terror de todo lo que no dice Raquel. En este sentido, destaca el acertado acercamiento a la figura de Raquel y sus circunstancias (se potencia el horror dejando a la intuición del lector la parte más oscura), la credibilidad de la que la autora dota a la desesperación de Ana y sus acciones (un  puntal básico para sostener el enredo inicial), la evolución de los sentimientos de Andrés, el buen ritmo de la trama y la ausencia de elementos predecibles.

Poco puede decirse de la parte interactiva de la novela que prometía su autora sin desvelar una sorpresa muy especial, sobre todo para los lectores que han apostado por los llamados autores de la generación Kindle. Y es que Detrás del cristal, además de ser una de las mejores novelas de Mayte Esteban, es también, de alguna manera, un cariñoso homenaje, un espléndido guiño, a todos los que la han acompañado durante estos años descubrimiento editorial.

Lector, ¿te apetece descubrir que hay detrás de este cristal?
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Detrás del cristal

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Brooklyn follies de Paul Auster

Pese a que su médico le asegura que está en recesión y que las perspectivas son optimistas, Nathan Glass está convencido de que es cuestión de tiempo que el cáncer de pulmón que padece le lleve a la tumba. Por eso decide buscar un sitio tranquilo en dónde esperar a la muerte y encuentra un buen apartamento en Brooklyn ¿Por qué no? Brooklyn es Nueva York sin serlo, el lugar en dónde había crecido junto a sus padres. Nathan es un agente de seguros jubilado, divorciado y con una hija casada con la que no tiene demasiada buena relación. Para distraer su tiempo de espera decide ponerse a escribir El libro del desvarío humano, un compendio de anécdotas, errores, situaciones embarazosas, metidas de patas o confusiones de palabras, que hace avanzar a buen ritmo. Un día se encuentra con su sobrino Tom y retoman su pasada relación de confianza y amistad. Tom no solo está lejos de ser el catedrático universitario de literatura que Nathan siempre imaginó que sería sino que además parece hundido, perdido, desorientado. Aunque Nathan siempre se ha considerado un padre regular y un marido pésimo, encuentra inesperadamente otra oportunidad para cuidar de su familia y, esta vez, quizás por su experiencia, por su perspectiva o por su título de adivino, va a hacerlo sorprendentemente bien.

Brooklyn follies es una historia agradable, optimista, que gusta por su protagonista, encanta por sus personajes y asombra por la impecable prosa del autor. Al igual que dice el propio Paul Auster del estilo característico de Kafka, uno de sus escritores favoritos, la prosa del autor es amena, precisa y absorbente. «Estaba buscando un sitio tranquilo para morir» empieza Brooklyn follies ¿Cómo no seguir leyendo? Auster escribe con elegante precisión, con una adjetivación medidamente calculada y un carisma al que es imposible resistirse. Su protagonista, Nathaniel Glass, pese a presentarse a si mismo como gruñón y amargado, es una figura brillante, abierta, acogedora y comprensiva, a la que el lector se rinde desde el primer capítulo. Y pese a que Nathan, la voz narradora, asegura a ese lector que él no es el personaje principal de Brooklyn follies, no hay quién le crea. La figura de TomWood, el pretendido protagonista de la historia que explica Nathan (según sus palabras), queda desdibujado, se diluye frente a la solidez de la voz de Glass; convirtiéndose muchas veces en un mero interlocutor que propicia a Auster la posibilidad de discutir sobre literatura y escritores.
La magia, la seducción de Auster, radica en conseguir que su narrador y sus historias se conviertan en algo tan cercano e íntimo al lector como la confidencia del amigo. A través de la cálida y optimista voz narradora de Nathan, transcurre una historia singular, amable, recorrida por personajes tan extraordinarios como la Bella y Perfecta Madre, reina de Brooklyn, la niña risueña, Harry, Lucy o James Joyce. Brooklyn Follies es una novela para todo aquel que quiera disfrutar de una excelente lectura, de una historia llena de reflexiones y experiencia, pero también para los amantes de la literatura (atención al repaso de autores que hace Auster) y de aquellos que ven sabiduría en donde otros no ven más que locura.
Lector, acércate a uno de los grandes narradores de nuestro tiempo a través de la que, según dicen, es su novela más amable y optimista. Para amarguras ya tenemos nuestra Historia presente.
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El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, de Ransom Riggs

Jacob Portman ha crecido con las historias fantásticas de su abuelo Abraham sobre su infancia en el hogar de Miss Peregrine junto a niños con capacidades increíbles perseguidos por monstruos devoradores. Pero a medida que se hace mayor, Jacob comprende que los cuentos de hadas no existen y que los recuerdos del abuelo no son más que historias inventadas sobre niños invisibles, niñas voladoras, muchachos con fuerza sobrehumana o chicas con dos bocas. Abraham fue uno de los pocos niños judíos que consiguió escapar de la Alemania nazi y encontrar refugio en un orfanato de una isla remota de Gales. Durante toda su vida se sintió amenazado por los monstruos de uniforme que mataron a su familia, por los que él mató en la guerra cuando creció lo suficiente como para alistarse, por el horror del recuerdo de aquellas atrocidades y el deseo de que todos los niños del mundo estuviesen alguna vez a salvo. Cuando Jacob recibe una llamada desesperada de un Abraham aterrorizado, sale corriendo del trabajo para ir en su busca. Pero cuando llega hasta su casa, sólo tiene tiempo de sostener entre los brazos a su abuelo agonizante, con el vientre desgarrado por unas heridas espantosas y apenas capaz de murmurarle que corre peligro, que se ponga a salvo: «Encuentra al pájaro. En el bucle. En el otro lado de la tumba del viejo. Tres de septiembre de 1940«. Jacob comprende que tendrá que viajar hasta el hogar de Miss Peregrine para niños peculiares, en Gales, para desentrañar el misterioso pasado de su abuelo y descubrir quién le ha asesinado.

Durante mi infancia, el abuelo Portman era la persona más fascinante que conocía. Había vivido en un orfanato, combatido en guerras, surcado océanos en barcos de vapor, cruzado desiertos a caballo, actuado en circos, lo sabía todo sobre armas y autodefensa, y de cómo sobrevivir en la jungla, y hablaba al menos tres idiomas además del inglés. Todo resultaba inconmensurablemente exótico para un niño que jamás había abandonado Florida, y le suplicaba que me obsequiara con nuevas historias cada vez que le veía.

¿Quién puede resistirse a un principio como este? La prosa de Ransom Riggs es directa, espontánea y tan fresca que llega como un tifón, secuestra al lector, y no lo suelta pese a los giros inesperados del argumento. Y es que el principal encanto de este libro de aventuras y niños fantásticos es el impecable estilo del autor, esa voz narradora en primera persona que desarma por su sencillez, por su contundente y cristalina belleza. El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares atrapa por su título, interesa por sus extrañísimas fotografías (todas procedentes de colecciones privadas), cautiva por sus palabras y sorprende por su trama y personajes. Cuenta con un punto de partida brillante que deriva en una historia ligeramente distinta a lo que esperaba el lector desprevenido, pero sin duda se trata de una estupenda novela de ficción y entretenimiento que se lee casi de un tirón. Una grata sorpresa en el catalogo actual de novela fantástica, apta incluso para los más escépticos con el género por su ternura y su entrañable originalidad.Lector, acompaña a Jacob a una remota isla de Gales en donde el tendido eléctrico todavía no ha llegado, las carreteras son casi inexistentes y tan solo hay un teléfono. Allí está el hogar de Miss Peregrine y sus niños peculiares, y las pruebas de que todos los cuentos que explicaba el abuelo Portman eran reales.

También te gustará: Los cuadernos secretos de Washington Irving; El circo de la noche; Las brujas

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Un misterio, una muerte y un matrimonio de Mark Twain

John Gray es un pobre granjero de Deer Lick, un pueblecito del Missouri más profundo y olvidado, al que la fortuna no le ha sonreído nunca. Su granja y sus tierras no le dan más que para vivir muy modestamente y sus únicas esperanzas de hacerse rico es heredar de su acaudalado hermano David, un viejo gruñón y desquiciado con el que hace años que no se habla. La suerte parece cambiar para los Gray cuando Mary, la hija de John, y Hugh Gregory, un rico caballero, se enamoran y se prometen en matrimonio. John está encantado de casar a su hija con un marido rico hasta que se entera de que David, que odia a muerte a Hugh Gregory, ha hecho testamento en favor de su sobrina Mary. Presa del malhumor por su maldita suerte, sale a dar un paseo por sus nevadas tierras y se encuentra con un caballero tendido e inerte en medio de un páramo. John se apresura a socorrer al desconocido, que por suerte no está muerto, pero no puede evitar fijarse en que no hay ni una sola huella en la nieve que rodea el cuerpo ¿Cómo ha llegado hasta allí el forastero?

 

Imagen procedente del blog loqueleo

«Un norteamericano ama a su familia. Si le sobra espacio para amar a otra persona por lo general escoge a Mark Twain». Thomas Alva Edison

Un misterio, una muerte y un matrimonio es un relato largo que Mark Twain escribió para la revista The Atlantic Monthly en 1876 —justo antes de publicar Las aventuras de Tom Sawyer—, pero no se editó hasta 1945 y de manera muy limitada. La obra formaba parte de un proyecto editorial en el que Twain quería implicar a otros autores, inéditos y conocidos, para que escribiesen sus propios relatos sobre una trama propuesta por él. Finalmente, el proyecto no se llevó a cabo y todo se quedó en Un misterio, una muerte y un matrimonio de Mark Twain.
Ambientado en un recóndito pueblecito del Missouri natal del autor, se trata de una historia que brilla con el característico ingenio de Twain. Entretenida, intrigante, sorprendente y divertida, Un misterio, una muerte y un matrimonio se descubre como una lectura imprescindible para todo aquel en busca de un respiro. Desde sus peculiares personajes hasta su sorprendente y genial confesión final, el lector disfrutará de un pequeño tesoro de puño y letra del padre de la narrativa norteamericana. Poco más se puede decir sin caer en el crimen de desvelar demasiado, tan solo que se trata de un perfecto bocado para saborear sin prisas y con la sonrisa en los labios.
Receta para aislarse unas horas de la tristeza: sustituya el diario del día por Un misterio, una muerte y un matrimonio. Repetir las veces que sea necesario.
Lector, leer a Mark Twain siempre es un placer. No te pierdas este divertídisimo misterio.
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