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Su chico de alquiler de Mayte Esteban

Paula tiene una familia complicada, pocas ganas de estudiar sociología y un puñado de buenas amigas. Cuando su padre, a punto de casarse por cuarta vez, la llama por teléfono para pedirle que acompañe a sus hermanastras pequeñas a buscar vestidos para la boda, se inventa una excusa a toda prisa: que ha quedado con un chico. Paula no tiene novio y no le interesa ningún chico de su clase, así que tiene que improvisar inmediatamente un buen plan para que su excusa sea creíble y aparecer acompañada en la boda de su padre. Javier va a la misma clase que Paula, pero nunca se han fijado el uno en el otro. De hecho, ninguna chica suele fijarse en Javier, quizás porque es un desastre o porque siempre interpreta, muy a su pesar, un papel de payaso del grupo del que ya está muy cansado. Cuando su trabajo de repartidor de libros le lleva hasta una agencia de contactos, un malentendido lo pone en nómina de una cita inesperada.

Su chico de alquiler es, hasta la fecha, la novela más juvenil de Mayte Esteban. La clave de la trama es la trepidante relación de sus dos protagonistas, Paula y Javier, con sus tira y afloja, y ese tango apasionado y divertidísimo que trae de cabeza al lector. El laberinto familiar de Paula, los equívocos estrafalarios de comedia de enredo, los encontronazos de los protagonistas, la química entre los dos y los diálogos frescos, rápidos e ingeniosos, son varios de los puntos fuertes de esta estupenda novela de enredos amorosos. Pero aunque este ritmo de comedia funciona —y funciona muy bien— Su chico de alquiler sería una novela sin alma si no fuese por la buena construcción de Paula y Javier: la energía de Paula, su pasión, su seguridad, su fuerza, en contraste con la tristeza de Javier, su inseguridad, sus ganas de cambiar, su anhelo por compartir. Al contraponer el carácter de sus carismáticos personajes, Mayte acentúa lo disparatado de una relación tan accidentada y tan llena de engaños y ficciones, pero también consigue que el lector se quede fascinado por la fuerza de dos opuestos que, pese a todo, se atraen sin remedio. En conclusión, Su chico de alquiler es una ficción juvenil con mucha garra y encanto, que sorprende por su frescura y su sinceridad, pero también por esos ecos estupendos de La fierecilla domada o de las comedias de enredo de Howard Hawks o Blake Edwards. Y es que Mayte Esteban tiene muy claro el secreto de la mejor comedia: el ritmo.
Lector, olvídate un ratito de las preocupaciones y disfruta con los avatares de Paula y Javier, verás qué torbellino.
También te gustará: El medallón de la magia; No vuelvas a leer Jane Eyre; Un haiku para Alicia

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Su chico de alquiler

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Mr. Rosenblum sueña en inglés de Natasha Solomons

Jacob Rosenblum y su esposa Sadie consiguen escapar de Berlín en 1937 y desembarcar en Inglaterra. Los oficiales de inmigración les entregan una lista sobre cómo integrarse en la sociedad inglesa (cómo vestirse, cómo hablar del tiempo, cuándo tomar el té), que Jacob sigue punto por punto y va ampliando a la luz de su experiencia en su nuevo país. Ocho años después de la Segunda Guerra Mundial, Jacob se ha convertido en Jack, tiene una niña preciosa totalmente inglesa y un próspero negocio de alfombras de alta calidad, y aunque Sadie arrastra la tristeza de haber perdido a toda su familia en Alemania, ha vuelto a cocinar. Pero el sueño del señor Rosenblum sigue siendo poder hacerse socio de un club de golf y parece que ninguno de los clubs ingleses está dispuesto a aceptar a un señor judío, por muy británico que éste se sienta. Dispuesto a cumplir su anhelo, Jack invierte todo su dinero en una pequeña casa en la campiña junto con unos terrenos asilvestrados que piensa convertir en su propio campo de golf con club incluido. Entusiasmado, inicia correspondencia con uno de los mayores expertos de golf del mundo anglosajón para solicitar su consejo y se pone manos a la obra. Pero pese a su encanto e ilusión, ni sus vecinos, ni el lord del lugar, ni el misterioso cerdo lanudo de Dorset parecen dispuestos a ponerle las cosas fáciles al señor Rosenblum.

Al igual que en la estupenda La viola de Tyneford House, Natasha Solomons vuelve a tirar del hilo de sus historias familiares para regalar al lector una novela extraordinaria llena de ternura, de ilusión, de superación pese a la desgracia, y de la mejor literatura. Solomons vuelve a descubrir al lector la difícil situación de los judíos alemanes que, pese a que lograron escapar del horror nazi y llegar a Inglaterra, siguieron estando señalados como enemigos y ciudadanos de segunda. Pero el protagonista de Mr. Rosenblum sueña en inglés tiene un espíritu indomable y no está dispuesto a dejarse arrinconar por ningún inglés racista. La mejor arma de Jack Rosenblum es su tesón pero también su mirada inocente, una voluntad inquebrantable por ver siempre lo mejor de los demás y obviar el rechazo racial que encuentra a su paso. Es un personaje empeñado en ser feliz, así como su esposa Sadie está empeñada en todo lo contrario, que sigue adelante con los planes de hacer realidad sus sueños. Su fuerza es tan contagiosa que pronto halla aliados allí por donde pasa, como Basset o Curtis o el mismo cerdo lanudo, y al final, aunque todo parezca imposible, a punto de derrumbarse, las cosas salen bien (aunque no como esperaba).

Leer a Natasha Solomons es un placer, no solo por el encanto y el cálido humor de sus historias sino también por su estilo personalísimo y cuidado que dota a cada palabra de precisión y sensibilidad calculadas. Sus diálogos son geniales, tocados por la flema británica de sus personajes, y sus situaciones y personajes están llenos de colorido, de originalidad y de una excentricidad que atrapa al lector sin condiciones. Narrar las peripecias de los judíos exiliados a Inglaterra en los años 30 del siglo pasado, sin caer en el melodrama pero con cierta mirada crítica, hacen de sus dos novelas historias únicas, delicadamente humanas y apasionadamente distintas.
Lector, no te pierdas la oportunidad de formar parte de la construcción del campo de golf más accidentado de toda Inglaterra. Únete a Jack en una noche estrellada y descubre si todavía eres capaz de creer en los cerdos lanudos de Dorset.
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James y el melocotón gigante de Roald Dahl

«Hasta los cuatro años, James Henry Trotter había llevado una vida feliz. Vivía plácidamente con su madre y su padre en una hermosa casa a orillas del mar. Siempre había montones de niños con los que jugar, había una playa por la que podía correr y el mar en el que podía remar«. Pero a los cuatro años, los padres de James son devorados por un rinoceronte furioso y tiene que irse a vivir con sus malvadas tías Sponge y Spiker, en una aislada y sombría casa. Sus tías no le dejan jugar, ni divertirse, ni siquiera le quieren, no hacen más que darle órdenes y castigarlo. Un día en el que James se sentía especialmente infeliz, un anciano vestido de verde le hace entrega de una bolsita llena de unos cristalitos esmeraldas y le dice que aquel que los coma vivirá aventuras extraordinarias y nunca más se sentirá desgraciado. Pero James tropieza en el jardín y la bolsa con su precioso contenido se derrama a los pies del viejo melocotonero de las tías, que jamás ha dado fruto. De repente, un hermoso melocotón empieza a crecer en una de sus ramas. Y crece, y crece, crece. James no puede sospechar que ese será el inicio de la más increíble aventura que jamás vivirá.

Al igual que en el caso de la genial Matilda, James es infeliz y carece del cariño de sus padres pero un giro del destino lo embarca en una estupenda aventura que le devolverá la sonrisa. Porque en los cuentos de Roald Dahl, los malvados siempre reciben su merecido y no hay niño que no merezca un final feliz. Con un planteamiento genial —un viaje a bordo de un melocotón gigante— y unos compañeros de aventura singulares, Dahl transforma la solitaria vida de su protagonista en un trepidante viaje a través de mares y cielos, hasta el mismísimo país de las nuevas oportunidades. James y el melocotón gigante se disfruta por su desbordante imaginación, por sus entrañables personajes y por lo impredecible de una aventura llena de ingenio y sorpresas. Los poemas y canciones, muy bien adaptados y traducidos en el caso de editorial Alfaguara, ponen la guinda de un pastel tan tentador como original. Sin duda, uno de los cuentos más excéntricos y divertidos de Roald Dahl, que hace años que viene encantando a pequeños y mayores.
Lector, imagina que pudieses dejar todos tus problemas y tus penas atrás iniciando un estupendo viaje por mar y cielo a bordo de un dulcísimo melocotón gigante, ¿te apuntas?
También te gustará: Las brujas; La última oportunidad; Benny y Omar

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James y el melocotón gigante

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Cartas a la antigua China de Herbert Rosendorfer

Kao Tai y Dju-gu son dos ilustres y acomodados mandarines de la China del siglo X. Dju-gu es matemático y descubre la fórmula de los viajes en el tiempo. Los dos amigos no lo dudan ni un instante: Kao Tai se aventurará a hacer un viaje muy especial, mil años en el futuro del Imperio Central. Kao llega sin problemas y empieza una larga correspondencia con su amigo para dejar constancia de todo lo que observa en el futuro. El problema es que Dju-gu no ha tenido en cuenta la rotación de la tierra y en lugar de enviar a su amigo a la China del futuro, Kao ha llegado al siglo XX del Múnich previo a la caída del muro de Berlín. Kao Tai está desorientado, en un país de narizotas donde está a punto de morir atropellado por unos animales mecánicos llamados Kot-she, obligado a vestirse con absurdos Tra-he y abrumado por el ruido y la contaminación de una ciudad llamada Mun-jik. Gracias a la hospitalidad del señor Shi-shmi descubrirá que la Tierra no es plana, que el Imperio Central no es el único imperio poderoso o que las mujeres se diferencian de los hombres por más detalles que el color de los paraguas que usan.

Estas son las cartas de Kao Tai a su buen amigo Dju-gu, separados por más de mil años de tiempo y de kilómetros. Un compendio de la que posiblemente sea una de las correspondencias más divertidas e ingeniosas de la literatura contemporánea. Herbert Rosendorfer demuestra un sentido del humor y una capacidad para ponerse en la piel de un personaje desubicado en el tiempo y en el espacio, que hará las delicias de cualquier lector. La primera parte del libro se disfruta por los equívocos y las descabelladas descripciones del protagonista, que intenta explicar con su vocabulario y comprensión del siglo X todo lo que observa en una Múnich trastocada todavía por el dolor de la postguerra y la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS. Es esta mirada inocente a un mundo que el lector tan bien conoce, por ser heredero de sus paradigmas actuales, la que desata una química especial encaminada a disfrutar de una lectura divertida e ingeniosa, pero que también invita a la reflexión (como la concepción del progreso a cualquier precio o el absurdo sistema de las elecciones democráticas del momento). La segunda parte de libro, con un Kao Tai ya más ubicado, toca temas más filosóficos, éticos y morales, pero no deja de hacer sonreír al lector con las peripecias personales de un mandarín del siglo X que quiere experimentar a fondo los privilegios de su viaje.
La prosa de Rosendorfer es inteligente y muy precisa, con un discurso que suele acercarse a la filosofía, al ensayo, y a la recreación de mundos posibles. La voz de su protagonista es auténtica y evoluciona a medida que aprende el idioma de sus anfitriones en el futuro, de manera que el lector pierde la diversión inicial de la invención de vocabulario pero la reemplaza por la comicidad de las situaciones y las especulaciones sobre el nuevo mundo que está descubriendo. Sin duda, un buen libro para pensar.
Lector, no te pierdas este original compendio de correspondencia del atribulado Kao Tai desde el galimatías del futuro. Si leíste Sin noticias de Gurb, del gran Eduardo Mendoza, y te quedaste con ganas de más, este es tu libro.
También te gustará: Una espía en el reino de Galicia; Esperadme en el cielo; Certificado C99+

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Encontré este libro gracias a la estupenda reseña de Mariuca en Mis Lecturas

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El exótico Hotel Marigold de Deborah Moggach

Norman ha quemado su casa en un descuido y ahora vive con su hija y su yerno, haciéndoles la vida imposible. Muriel siempre ha vivido en el mismo barrio de Londres pero ahora ya no lo reconoce. Cuando unos adolescentes la atracan y acaba olvidada en el hospital, comprende que ya no puede seguir sola. Dorothy vive junto al museo de cera y tiene la sensación de haberse quedado tan inmóvil y muda como las mismas estatuas que son sus vecinas, tan atrás quedan los días de gloria en la BBC. El asilo de le encantadora Evelyn está a punto de cerrar y de repente sus hijos no saben qué hacer con ella. Todas estas personas tienen en común que son ancianos, que están solos y que no saben a dónde ir. De repente, Sonny, el primo hindú del doctor Ravi, encuentra la solución a todos los problemas de una generación inglesa a la que ya nadie parece querer: ¿por qué no hacer una residencia para ellos en Bangalore dónde puedan sentirse como si estuviesen siempre de vacaciones? Los precios en la India son muy asequibles para las menguantes pensiones inglesas y el Hotel Dunroamin todavía conserva el encanto colonial británico del pasado.

Dejando aparte el desafortunado título —el hotel en realidad se llama Dunroamin y el título original es These foolish things—, producto de la versión cinematográfica, El exótico Hotel Marigold es una historia que, pese a su apariencia divertida y desenfada, trata con rigor y crudeza el desprecio de la sociedad, de las familias, por sus propios ancianos. Un sistema de pensiones al borde de la quiebra, los recortes en sanidad que siempre repercuten sobre los más débiles, el cierre de residencias de ancianos por las privatizaciones, el abismo generacional y la incomprensión que genera entre padres, hijos y nietos, y la invisibilidad de un colectivo que se considera inútil en nuestra civilización son los protagonistas de esta novela. No se trata de una idealización de la vejez o de la presentación de unos dulces abuelitos, sino una aproximación a la realidad de muchos ancianos, con sus virtudes y defectos, que siguen buscando seguir con sus vidas pese al olvido de los demás (Estado, economía, familia y amigos). Además de una reivindicación de la situación de este colectivo, el mensaje está claro: nunca es tarde para vivir, si tu vida no te gusta siempre puedes cambiarla. Deborah Mohhach escribe bien, con una prosa ágil y muy dinámica que resulta ideal para describir personajes a través de sus acciones y pensamientos. Directa y sin tabúes de vocabulario, no utiliza metáforas ni símiles, sin miedo a resultar brutal en algunos pasajes. El resultado es una novela directa y sincera, con mucho humor pero también con potentes reflexiones sobre la familia y las relaciones de pareja. Una novela coral que se disfruta por la singularidad de sus protagonistas y por su potente mensaje de esperanza.
Lector, imagina un hotel lleno de viejos británicos excéntricos atendidos por un puñado de criados, gerentes, hombres de negocio y médicos hindúes. Ese es el Hotel Dunroamin, para jubilados que todavía tienen mucha guerra que dar.
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