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A la caza del amor de Nancy Mitford

Fanny se ha criado con su cariñosa tía Emily desde que sus progenitores demostraron ser un par de «perversos» irresponsables, siempre viajando, por separado, en compañía de los amantes más alocados posibles. Pero cuando de verdad disfrutaba de su familia era durante los veranos en Alconleigh, la enorme mansión de campo de su gruñón y peculiar tío Matthew, junto a sus numerosos primos Radlett. De entre todos ellos, su preferida siempre fue la sensible Linda, un original diamante en bruto que llegaría a brillar algún día con luz propia. Fanny crece feliz entre los Radlett, testigo fiel de la búsqueda infructuosa de Linda, que cree que necesita enamorarse perdidamente para ser ella misma. En el futuro está la guerra y un matrimonio incierto, pero mientras tanto disfruta de las cacerías de niños de tío Matthew, sus diatribas en la Cámara de los Lores contra los extranjeros y la entrada de las paresas (porque usaran el servicio de caballeros), las manías de la dulce tía Sadie, las aventuras de la Desbocada, los planes de fuga de Jossy, el delicado estómago de Davey…

A la caza del amor es, sin duda, una deliciosa novela sobre una familia tan peculiar como enternecedora. Escrita con un inteligente y delicado humor inglés, salpicado por la siempre admirable ironía británica, Nancy Mitford se desvela como una gran escritora que sabe inspirarse en su excéntrica familia (primogénita del barón de Ridesdale, se crió junto a sus seis hermanos en una casa en el campo) para regalar al lector un vibrante retrato de la vida de una singular mujer inglesa y sus padres, primas y hermanos, durante la época de entreguerras. Por estas estupendas páginas desfilan personajes inolvidables (los Ísimos) como el tío Matthew o Lord Merlin, pero también escenas perturbadoras como la llegada de medio millón de españoles a Francia huyendo de las purgas franquistas, y su internamiento en campos de refugiados en unas condiciones infrahumanas, abandonados por sus propios compatriotas exiliados (la protagonista reflexiona que si fuesen ingleses aquello estaría lleno de ladies y lords haciendo obras de caridad para con los suyos, pero no hay ni sombra de las duquesas españolas en el exilio). Pese a los momentos dramáticos de la historia y a la dura crítica social y anti-racista que asoma por momentos, así como un apasionado orgullo por pertenecer a una nación que se opuso tan heroicamente a la Alemania nazi, Mitford mantiene un admirable tono uniforme de desapego y humor (la flema británica ante la adversidad) que dota a la novela de una singularidad refrescante y preciosa. A la caza del amor también puede leerse como un homenaje al ocaso de aquellos lords terratenientes británicos que obtenían su riqueza de la tierra, pero que la invertían de nuevo casi toda de vuelta en esa tierra, un modo de vida en el campo con cacerías, guardabosques y caballerizas, unos lords aparentemente desocupados y con prejuicios, pero siempre dispuestos a darlo todo por su país, por sus compatriotas, y convencidos de que lo peor que podía argumentarse en contra de la entrada de las mujeres en el Parlamento era que utilizarían los baños de caballeros.
Lector, no te dejes engañar por el posible romanticismo del título y disfruta de esta original, inteligente, profunda y divertida historia, ¿vas a resistirte a conocer al entrañable y excéntrico Matthew Radlett?

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A La Caza Del Amor

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En el país de la nube blanca de Sarah Lark

Hacia mediados del siglo XIX, los primeros colonos británicos empiezan a prosperar como ganaderos y barones de la lana en la idílica Nueva Zelanda. Las oportunidades de esa nueva tierra amable y hermosa son muchas pero hay algo de lo que andan escasos: no hay mujeres blancas con las que desposarse y formar una familia. En Londres, Helen Davenport se desespera ante la poca capacidad de uno de sus alumnos acomodados. Acaba de cumplir 24 años y sabe que tiene pocas oportunidades de casarse bien y tener sus propios hijos… Hasta que tropieza con un particular anuncio neozelandés en donde solicitan futuras esposas. En Gales, Gwyneira Silkham desespera a sus padres por su carácter indomable y su avidez por la aventura, pero cuando Gerald Warden llega de Nueva Zelanda en busca de buenas ovejas y una esposa para su heredero, una nueva perspectiva se abre en el futuro de la joven. Helen y Gwyneira se conocerán en el Dublin, el barco de pasajeros que las llevará hasta su nuevo hogar, donde iniciarán una amistad que habrá de confortarlas durante toda la aventura en la que van a convertirse sus vidas.
Sarah Lark, seudónimo de Christiane Gohl, es una escritora alemana que reside en Almería desde hace más de diez años y que ha decidido batir records de ventas con su novela En el país de la nube blanca, aunque parece ser que la saga tendrá continuación en dos libros más, todavía inéditos en castellano. Pese que al lector pueda parecerle todo un periplo embarcarse en esta lectura de casi 750 páginas, lo cierto es que la aventura de Helen y Gwyneira en la Nueva Zelanda de 1852 no les dejará indiferentes. En el país de la nube blanca no es una novela que sorprenda, su ritmo es desigual, su prosa a veces titubeante (no se puede precisar si por la inexperiencia de su autora o por puntuales errores en su traducción o edición) y  la bondad de sus protagonistas femeninas (valientes, leales, inteligentes, etc.) contrasta con la maldad de la mayoría de sus personajes masculinos (mezquinos, alcohólicos, violadores, estúpidos, crueles, etc.).  Pero pese a todo esto, la novela funciona, y funciona muy bien, quizás porque Lark es una estupenda contadora de historias o quizás porque situar su novela en la Nueva Zelanda de mediados del siglo XIX, con sus hermosos paisajes y sus melancólicas tribus maoríes, resulta una aventura irresistiblemente romántica. Desde las primeras páginas, la autora construye meticulosamente dos protagonistas extraordinarias que encandilan sin remedio al lector, y es entonces cuando se produce la magia: el lector hechizado ya no puede dejar de leer, pues necesita saber qué va a ser de sus dos heroínas aventureras en esa tierra salvaje dominada por los hombres y su ambición. Sin duda, una sólida historia de arduas y continuas tribulaciones, en el marco de inmejorables paisajes… con recompensa, ¿o pensaba el sufrido lector que no tendría su final feliz?
Lector, aquí tienes una cautivadora historia que te transportará a un tiempo en el que una tierra y una civilización sin corromper ofrecen el punto de partida de una singular epopeya.

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Cantiga de agüero de Carmen Gómez Ojea

Don Segundo y don Pelayo Mármol son los últimos descendientes varones de un antiguo linaje astur de cristianos viejos y alguna sangre judía. Mujeriegos y dedicados a los placeres de la caza y el juego, poco patrimonio les queda ya por mantener pero pese a todo, el primogénito debe casarse y continuar la estirpe. Por eso don Segundo Mármol se desposa en nupcias con la, a primera vista, bobalicona y jovencísima Constanza Figueroa, una galleguiña inocente que se sumerge con tristeza y añoranza en el tenebroso palacio de los Mármol. Pero Constanza pronto se deshará de los últimos ropajes de la candidez y tomará las riendas de su propia vida para forjarse, en España y en las Américas, su propio destino, maldito o no. Ángel o demonio, según quién lo decida, la que debiera ser madre de varones Mármol, inicia una nueva vida para olvidar la pérdida y desafiar la maldición.

Carmen Gómez Ojea fue premio Nadal 1982 con esta original Cantiga de agüero. Una novela que se puede enmarcar en el ámbito de la aventura y la tragicomedia, aunque con un estilo personalísimo y peculiar próximo al tono narrativo de Juan Eslava Galán en su En busca del unicornio o de Ángeles de Irisarri en La cajita de lágrimas, si bien la autora tiene una voz literaria propia y única que intriga a lector desde los primeros párrafos. Entretenida y con una trama inesperada por la originalidad de sus personajes y sus inestables caracteres, Cantiga de agüero transcurre en los tiempos del cambio de milenio cuando Europa vivía una proliferación de la espiritualidad y el misticismo casi sin precedentes. Por eso al lector no debe sorprenderle que la novela esté plagada de predicadores y santones capaces de esclavizar con sus ocurrencias un pueblo entero. Sin embargo, más allá de religiones, profecías y doctrinas, este estupendo libro se disfruta sobretodo por su excelente y sólida literatura, por su vertiginosa gramática y por esa calidad y riqueza de las palabras que pocas veces se encuentra (con honrosas excepciones) más allá de los clásicos. Una apuesta diferente de buena literatura.

Lector, adéntrate en la tierra astur de principios del siglo XX y descubre la maldición de los Mármol, su locura y su destino, siempre envuelto (para no pasar frío) en el grueso terciopelo de esta riquísima prosa.

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La sanguijuela de mi niña, de Christopher Moore

Jody vuelve a salir tarde otra vez del trabajo en la zona financiera de San Francisco y, de nuevo otra vez, lleva una espantosa carrera en las medias. En plena noche, antes de poder acercarse a la parada del autobús, un misterioso hombre moreno y pálido salta sobre ella para beber su sangre. Jody despierta dos noches después bajo un contenedor de basura y, cuando por fin consigue llegar a su apartamento, nada vuelve a ser como antes: se siente totalmente sana, muy fuerte y nada torpe, con los sentidos agudizados y muchas ganas de comerse al estúpido de su novio Kurt. Jody sabe que se ha convertido en vampiro y a partir de esa noche en adelante sus prioridades sobre medias intactas y pérdida de peso van a quedar relegadas muy abajo en su lista de supervivencia. Cuando encuentra a Tommy, un aspirante a escritor recién llegado de la rural Indiana, en donde todos le creían gay por querer ir a la universidad, y a los Animales del turno de noche del Safeway de Marina, sus problemas, lejos de verse solucionados, empiezan a aumentar exponencialmente.

Pese a sus lamentables y desacertados títulos en castellano e inglés (Bloodsucking fiends), La sanguijuela de mi niña es una más que entretenida novela muy lejos de los tópicos literarios de vampiros a los que el lector está acostumbrado. Más divertida por sus excéntricos personajes (el Emperador, los Animales, los dos policías de homicidios, etc.) y sus irónicas y absurdas situaciones, que no por una trama hilarante, la historia avanza con gracia y fluidez, interesando desde el inicio y manteniendo estupendamente el misterio y el crescendo del stress. Christoper Moore escribe con buen pulso, excelente ritmo, sarcásticos diálogos, metáforas divertidas aunque elegantes y respetuosas, ocurrentes juegos de palabras y una cuidada sencillez que hacen muy agradable su lectura. Moore es un buen ejemplo de novela de humor original, fresca y comedida, que insinúa más de lo que destapa y consigue que sus personajes y situaciones acaben por hacer sonreír al lector. Junto con Un trabajo muy sucio, y pese a su título (que desanima a cualquiera), La sanguijuela de mi niña es uno de los mejores trabajos de su autor. Ideal para olvidarse de todo un ratito entre sus páginas, incluso con resaca navideña.Lector, olvídate de Bram Stoker y de Anne Rice y ven a pasar un (estupendo) ratito con el Emperador y sus hombres, a la caza del vampiro. Pero quedas advertido, lector, los verdaderos monstruos raros de esta historia son todos humanos.
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Viaje al pasado de Stefan Zweig

Ludwig, un químico empresario alemán, acude nervioso a la cita más importante de su vida. En la estación de trenes espera reencontrarse con el amor de su vida, de quién lleva separado más de nueve años. Juntos por fin, apenas se atreven a tocarse por temor a que se les desvanezca el sueño entre los dedos. Cogen el tren hacia Heidelberg y se sientan frente a frente en un compartimento lleno de personas. Les falta la intimidad pero no el deseo, y casi se conforman con poder mirarse a los ojos después de tanto tiempo. Mecido por el traqueteo del tren, Ludwig recuerda su juventud de pobreza y esfuerzos, sus problemas de orgullo y sus ansias de libertad, hasta que la vió por vez primera y supo que nunca desearía tanto como la deseaba a ella.
Viaje al pasado es una breve historia sobre un amor tan puro e intenso que el solo hecho de pensar en consumarlo hace tambalear la convicción de sus protagonistas. A través de sus páginas se establece un delicado equilibrio entre espíritu y deseo que marca el ritmo del anhelo de Ludwig y dota a toda la historia de una luz delicadísima de gestos, miradas y palabras nunca pronunciadas. Viaje al pasado se disfruta por los ricos matices de los sentimientos de sus protagonistas y su manera de expresarlos, pero también por la extraordinaria sensibilidad de la prosa de Zweig, capaz de conseguir complejas construcciones psicológicas sin abandonar nunca su excepcional estilo literario. Escrito en la época de entreguerras, la historia también refleja la aversión de Stefan Zweig (Viena 1881- Brasil 1942) por el espíritu bélico y revanchista de la Alemania nazi, y el horror a una guerra, que separa a sus dos amantes y más tarde los aturde con su clima de venganza y odio mientras pasean por las calles de Heidelberg.

Como en el caso de Daniel Glattauer (Contra el viento del norte), Zweig también era vienés y escribía en alemán. Glattauer por su precisión quirúrgica a la hora de elegir las palabras y Zweig por sus hermosas y matizadas metáforas, merecen sin duda, ser abordados en su idioma original.

Lector, aquí tienes una novela a la que podrás asomarte tantas veces como te apetezca seguro de encontrar nuevos tesoros cada vez que la abras.

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