Tras la Segunda Guerra Mundial, el joven David Attenborough entra a trabajar en la BBC como productor en prácticas. En seguida se interesa por el programa sobre animales que presenta George Cansdale, superintendente del zoo de Londres: cada semana, el naturalista traslada un animal hasta el plató de la BBC para mostrárselo a los televidentes mientras señala sus características. Inspirado por Cansdale y por el documental rodado en Kenia por Armand Denis, De Safari, Attenborough decide emprender una nueva aventura en colaboración con el zoo de Londres y la BCC. Con un título en zoología y autodidacta en todo lo demás, les propone a Jack Lester, conservador de reptiles, y a Charles Lagus, un técnico de su edad que acaba de volver como segundo cámara de una expedición (infructuosa) al Himalaya en busca del abominable hombre de las nieves, rodar la serie Zoo Quest. Ese será el equipo inicial que se embarcará en extraordinarios viajes continentales para grabar, en sus respectivos habitats, a los animales más exóticos.
«Se paseaba de arriba abajo en su redil, arrastrando su enorme cola acorazada, como un monstruo de tiempos remotos. Era uno de los animales más fabulosos y extraños que había visto en toda mi vida. Mientras lo contemplaba, me acordé del alemán de la selva de Concepción; de las huellas y agujeros colosales que encontramos en Paso Roja; de las noches que pasé con Comelli recorriendo el monte cubierto de espinas e iluminado por la luna en el Chaco.
—Bonito, ¿eh? —dijo el cuidador.
—Sí —dije—. Muy bonito.«

David Attenborough (Londres, 1926) es un zoólogo y divulgador naturalista inglés, pionero en la grabación de documentales sobre naturaleza y productor de la BBC. Autor de un buen número de ensayos científicos y autobiográficos, en 1980 publicó por primera vez en un solo volumen sus tres libros sobre los viajes y experiencias biográficas de la grabación del programa Zoo Quest: Zoo Quest to Guyana (1956), Zoo Quest for a Dragon (1957) y Zoo Quest in Paraguay (1959). Con la magnífica traducción de Maria Lesta Conchado y una edición preciosa a dos tintas (cuidadísima), con fotografías, Ediciones del Viento nos trae esta trilogía maravillosa sobre los viajes de David Attenborough en busca de armadillos, dragones, manatíes, orangutanes, caimanes, murciélagos y todo un sinfín de fauna salvaje que a menudo dejaba al naturalista y a su equipo enamorados y para el arrastre.
David Attenborough tiene el don de contar. A modo de diario, el famoso naturalista narra los viajes más extraordinarios a través de selvas, pantanos, bosques, estepas y montañas para conocer mejor la fauna y la flora autóctonas. Su testimonio escrito es ameno, divertido y amable, y tiene ese fondo maravilloso de las aventuras clásicas. Escrito a lo largo de la década de los años cincuenta del siglo pasado, Aventuras de un joven naturalista es un diario autobiográfico de viajes, divulgativo y lleno de belleza, pero gran parte de su valor testimonial recae en el talento de Attenborough para trasmitir su amor y su respeto por la naturaleza. Aunque me ha resultado una lectura fascinante, que a menudo me hacía olvidar que tenía entre manos un testimonio vital real y no una ficción de aventuras, me ha incomodado un poco esa obsesión por capturar y encerrar animales en un transporte —que en ocasiones les causaba la muerte—para enviarlos a un zoo. Pero al igual que gran parte del encanto de estas aventuras reside en la dificultad de viajar a lugares tan remotos que apenas se detallaban en los mapas porque sucedieron entre 1956 y 1959, debemos comprender que la sensibilidad por la conservación y el respeto por la fauna y la flora del planeta era distinta en los naturalistas de aquella época. En este sentido, y también por la cercanía y la calidez de la narración, me ha recordado a los relatos naturalistas de Gerald Durrell.
Lectora, para viajar, con salacot y hamaca colgante, a lugar indómitos a finales de los años cincuenta del siglo pasado.
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Hola guapísima, pues creo que esta vez lo dejo pasar, porque lo bueno de Durrell es que mezcla naturalismo con la aventuras de su familia y ambas cosas entretienen por igual, pero un libro únicamente de naturalismo, por mi aventuras que parezca, y que además encierra a los animales y se le mueren… no me gusta… no
Un besazo
Esta vez no me tienta, pero gracias por darme a conocer este libro.
Besotes!!!
A mí sí me tienta :-) Aunque eso de encerrar a los animales no humanos para llevarlos a zoos… puede hacérseme muy duro.
Beso grande, Mónica.