Babel, de R. F. Kuang

A principios del siglo XIX, cuando el profesor Richard Lovell llega a Cantón y localiza la casa que está buscando, ya solo queda vivo un pequeño niño mestizo educado en chino, cantonés e inglés. El niño, que escoge el nombre de Robin Swift, viaja a Inglaterra para terminar sus estudios e ingresar en Babel, el Real Instituto de Traducción de Oxford, una institución que tiene el poder de mantener en marcha todo el país con inscripciones mágicas sobre barras de plata. Este poder sobrenatural, que alcanza su máxima plenitud gracias al dominio del idioma materno de jóvenes procedentes de las colonias británicas, solo está alcance de las clases más altas de occidente, creando una brecha insalvable en un mundo ya muy polarizado por la esclavitud y la xenofobia. Robin, desgarrado entre sus dos naturalezas, la británica y la china, siente que no pertenece a ningún lugar… hasta que llega a Babel y conoce a su nueva promoción —Rami, Victoire y Letty— con quienes establecerá unos lazos de amor, amistad y familia que, para bien o para mal, habrán de marcar el resto de su vida.

«Ya te habrás dado cuenta de que Londres se encuentra en el centro de un vasto imperio que no deja de crecer. Quien más fomenta este crecimiento es Babel. El Instituto recolecta lenguas y talento extranjero del mismo modo que acumula plata y la emplea para producir magia por medio de la traducción, algo que beneficia únicamente a Inglaterra. La gran mayoría de las barras de plata que se emplean en el mundo se encuentran en Londres. Las barras más nuevas y poderosas en activo se basan en el chino, el sánscrito y el árabe para poder funcionar. Sin  embargo, en los países donde más se hablan estos idiomas encontrarás menos de mil barras, y solo en los hogares de los más ricos y poderosos. Eso está mal. Es digno de un depredador. Es completamente injusto.«

Rebecca F. Kuang es una autora chino-norteamericana (nació en China, pero a los cuatro años se mudó a Estados Unidos con sus padres), licenciada en Historia por la Universidad de Georgetown y graduada en estudios chinos, de traducción y literarios en las universidades de Oxford, Cambridge y Yale, respectivamente. Saltó a la fama por su aclamada trilogía The Poppy War que le procuró las nominaciones a los premios Hugo, Nebula, Locus y World Fantasy y le otorgó una beca en el prestigioso programa Marshall. Su novela Babel, autoconclusiva, es toda una metáfora anti-colonialista que señala la desigualdad histórica entre naciones, clases sociales, razas y géneros pese a tratarse de una historia fantástica ambientada en la primera mitad del siglo XIX.

Es un poco injusto etiquetar Babel como distopía cuando la recreación de su mundo histórico se aleja tan poco del real, apenas por la magia de unas barras de plata. Porque el colonialismo, el imperialismo, la explotación de seres humanos, la discriminación por el color de la piel, el género o la religión son tan reales y próximos a la realidad de principios del siglo XIX que el lector apenas tiene la sensación de estar leyendo fantasía. Si bien es cierto que la historia tarda en arrancar y hay que tener paciencia, Babel es una novela de prosa ágil y sencilla (a veces, demasiado aséptica para quienes gustamos de estilos más marcados), aunque correctísima, que atrapa por sus personajes y por el dilema moral al que se ven expuestos. Los puntos fuertes de la novela son la relación que se establece entre sus cuatro protagonistas, la denuncia social/política/cultural que expone la autora con contundencia y, para mí, ese Oxford maravilloso de los años veinte y treinta del siglo XIX, con las agujas góticas de sus colegios universitarios, la biblioteca Bodleian, la Radcliffe, el teatro Sheldonian y sus increíbles jardines. Es ese Oxford real, un pelín distorsionado para dejar espacio a la torre de Babel (magnífica invención de Rebecca F. Kuang), un escenario mucho más mágico que el precepto sobrenatural que rige la trama del libro, un precepto que podría resumirse en el poder del lenguaje, en el potencial de los matices de una traducción. En resumen, una novela original y bien planteada, de ritmo desigual, pero con unos personajes rotundos, un sistema de magia que juega con la etimología y los matices del lenguaje y la traducción, y la idea de que combatir la injusticia y la desigualdad en inferioridad de condiciones convierte a las personas corrientes en héroes o en villanos. Me ha encantado.

Lector, una oda a los traductores y un grito de alerta sobre el capitalismo más salvaje y la desigualdad.

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6 respuestas a Babel, de R. F. Kuang

  1. Nitocris dijo:

    Hola Mónica, pues este lo tomaré con cautela que en fantasía a veces coincidimos, como en Arcadia y a veces no, como con Ríos de Londres, jeje…
    Aún así voy a cotillearlo.
    Un besazo

    • Monica dijo:

      Este no tiene componente cómico, como Ríos de Londres (te aviso por si acaso, jajajaja), sino que se puede clasificar como drama. A ver qué te parece porque tiene más de 500 páginas y te aviso de que le cuesta arrancar. Besos.

  2. Algunas cosas que comentas me llaman, otras no tanto. Como Nitocris, lo cotillearé ;-)
    Un beso, Mónica, y feliz verano.

    • Monica dijo:

      He visto opiniones de todo tipo sobre esta novela, así que no me atrevo a recomendarlo sin reservas. Me ha parecido ingenioso, muy bien ubicado, muy político y actual y bien escrito (con sencillez). Pero, como le decía a Nitocris, no es una lectura rápida (aunque no es difícil), requiere paciencia, sobre todo al principio. Besos.

  3. Laura Coll Rigo dijo:

    Me llaman bastante la atención tanto la ambientación como la premisa.

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