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La reina se va de viaje de William Kuhn
La reina Elizabeth II está algo alicaída, se siente triste, tiene la sensación de haber quedado relegada a un mero símbolo nacional, a una inútil. Y es curioso que sea precisamente ahora, casi diez años después de la muerte de Lady Di, cuando la monarquía alcanzó las más altas cotas de impopularidad entre los británicos, cuando le ha sobrevenido la tristeza. La única que quizás se haya percibido del cambio de humor de la reina haya sido Shirley McDonald, su encargada de vestuario durante más de veinte años. El mayor Thomasson, caballerizo real, ajeno a los sentimientos de su Majestad, tampoco acaba de encontrarse bien del todo desde que volvió de Irak, donde perdió a su mejor amigo. Lady Anne, dama de la reina, lo acoge bajo su protección, quizás porque es incapaz de reconocerse a si misma lo mucho que echa de menos a su hijo Dickon, valiente activista de Greepeace. Y en las caballerizas de palacio tampoco parece haber mucha felicidad; la hermosa Rebecca anda siempre enfurruñada pese a que el ingenioso y encantador Rajiv hace todo lo posible por ponerle una sonrisa en la boca. Y aunque la idea de la escapada no fue idea de Rebecca, quién ni siquiera alentó a la reina, Elizabeth II va a aprovechar una serie de circunstancias relacionadas con un caballo al que le gusta el cheddar, para marcharse en busca de los recuerdos más felices del pasado. Shirley, Thomasson, Lady Anne, Rebecca, Rajiv y William, el mayordomo, pese a que el personal de su majestad jamás se mezcla, harán una excepción y unirán esfuerzos y viejas lealtades para ir en su busca antes de que los medios de comunicación se enteren del periplo de la reina.

La reina se va de viaje es una agradable novela sobre una reina que desafía al protocolo para encontrarse a si misma y recuperar la fe en lo que es. Pero también es la historia de las personas que salen en su busca porque de verdad la aprecian: un puñado de hombres y mujeres que llevan años conviviendo con una inacabable soledad y que, ahora, de repente, a raíz de un incidente tan imprevisto como la fuga de su Majestad, aprenden que abrirse a los demás tampoco resulta tan terrible como habían pensado.
Personalmente, elegí La reina de va de viaje algo influenciada por el buen recuerdo que guardo del libro de Alan Bennett, Una lectora nada común (que por cierto, aparece mencionada en esta novela en una situación muy graciosa), esperando encontrar una novela del más puro humor británico. Descubrí, un poco tarde, que el autor, William Kuhn es, en realidad, norteamericano y quizás por eso -pese al profundo amor y respeto que asegura tener (y demuestra) por la cultura británica y la ciudad de Londres-, La reina se va de viaje no ha resultado ser tan británicamente divertida como me esperaba.
Es cierto que se trata de una novela divertida, llena de situaciones cómicas basadas en un inteligente equívoco de roles y un delicado equilibrio de circunstancias, muy alejada de la comedia norteamericana. Pero no acaba de tener ese temple genuino de humor británico de, por ejemplo, El mayor Pettigrew se enamora o la ya mencionada Una lectora nada común (por citar dos títulos contemporáneos), que tanto me habían gustado. A Kuhn, como escritor, se le nota que no acaba de sentirse a sus anchas en las profundidades de otra cultura (el humor es la máxima expresión de una civilización), y se le nota sobre todo en los diálogos: buenos, contundentes, graciosos, pero un pelín forzados a la hora de trasmitir ese humor tan inglés de Wodehouse, Fitzgerald, Gibbons o Waugh. O quizás he pecado de demasiado quisquillosa y susceptible en mi lectura, advertidos quedáis.
De todas formas, La reina se va de viaje es una novela muy divertida y bien tramada, con unas situaciones ingeniosas y bien resueltas y unos personajes profundamente humanos y conmovedores por su sincera vulnerabilidad. William Kuhn acierta completamente al no descargar todo el peso de la trama en un único personaje y su acción (la reina y su huida), sino que muy hábilmente despliega toda una serie de protagonistas, llenos de carisma e interés, que aportan el condimento perfecto a su novela. La historia se convierte así en una obra coral de excelente ritmo y mayor encanto, que incluso se permite, con muy buen tino, alguna reflexión interesante y acertada sobre el pueblo británico y su expresión del duelo a lo largo de los dos últimos siglos.
Lector, aquí tienes una divertida y delicadamente conmovedora novela para un viaje de placer sin moverte de tu sillón preferido.
Nota para los más curiosos: Sí, la reina habla de su annus horribilis, de Lady Di, de sus cuatro hijos, de su marido, de sus perros y hasta de su predilección por seguir las costumbres de su abuela la reina Victoria.
También te gustará: Una lectora nada común; El mayor Pettigrew se enamora; Mr. Rosenblum sueña en inglés
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La caída de Arturo de J.R.R. Tolkien
La caída de Arturo es un poema inacabado que el profesor J.R.R. Tolkien escribió en verso aliterado «norteño» del siglo XIV (poesía de tradición oral, véase Beowulf), una forma poética que le gustaba especialmente y que encontraba perfecta para la posteridad de los mitos legendarios anglosajones. Siguiendo la tradición artúrica y las fuentes de Geoffrey de Monmouth y Thomas Mallory, Tolkien narra las últimas gestas del rey Arturo.
El rey Arturo lleva demasiado tiempo ausente de su reino, la guerra le ha llevado cada vez más al Este y ahora, cansado y sin Lancelot, pero todavía rodeado de sus fieles y valientes, sabe que le ha llegado la hora de volver. El traidor Mordred ha dado un golpe de Estado en Camelot y tiene a la reina Ginebra en su poder. Arturo y sus caballeros galopan veloces de nuevo hacia el Oeste para recuperar su reino y salvar a la hermosa y desdichada reina.

Nos cuenta su hijo Christopher que J.R.R. Tolkien empezó a escribir La caída de Arturo hacia 1930 pero que jamás lo terminó pese a la insistencia de los amigos que tuvieron el placer de leerlo. No era extraño que el profesor Tolkien dejase obras inacabadas, seguramente debido a su constante manía perfeccionista de repasar y hacer cambios por millonésima vez en todo lo que escribía, pero también porque su imaginación inquieta ya había perfilado la idea de la Tierra Media, tarea creativa que iba a requerirle por muchos años.
«Me encanta escribir en verso aliterado, aunque he publicado poco más allá de los fragmentos que aparecen en El señor de los anillos, salvo The Homecoming of Beorhtnoth.» (Cartas de J.R.R. Tolkien, nº 165)
No negaré que este extraordinario poema tiene un encanto añadido para los rendidos lectores de El señor de los anillos: no solo su composición recuerda a las baladas de esta novela, sino que, además, el vocabulario, las metáforas, las imágenes, la belleza, los paisajes, las arengas antes de la batalla y las referencias históricas resultan sumamente familiares al universo de la Tierra Media; como si Tolkien fuese consciente de integrar tanto El señor de los Anillos como las leyendas artúricas, en un mismo cuerpo histórico (y geográfico) legendario anglosajón.
«(…) las tierras solitarias. Y así al fin llegaron
a las márgenes del Bosque Negro bajo las sombras de las montañas:
desolación tras ellos, taludes delante;
en las solitarias colinas, siempre ascendente,
amplio e indómito, yacía el bosque vedado.«
«El interminable Este airado despertó,
y un trueno negro, nacido en mazmorras
bajo montañas amenazadoras sobre ellos se agitó.«
«(…) a Ginebra la dorada de miembros brillantes,
tan bella y cruel cual mujer elfo.«
Minotauro, con gran acierto, edita de la mano de Christopher Tolkien y con la estupenda traducción de Eduardo Segura y Rafael Pascual (atención a la Nota de los traductores de las últimas páginas) una de las obras más esperadas de la bibliografía inédita de J.R.R. Tolkien. Los lectores ya conocíamos de su existencia por la recopilación de cartas (otro extraordinario acierto de Minotauro, que me encantaría que volviese a editar) y la biografía de Humphrey Carpenter, y por eso lo de «una de las obras más esperadas». La presente edición (Minotauro, 2013) resulta imprescindible para los lectores de Tolkien: por el poema, por la introducción de Christopher Tolkien, por la reproducción de una página del original y por las estupendas reflexiones posteriores (El poema no escrito y su relación con el Silmarillion, entre otros).
Lector, un libro imprescindible si te has rendido a la Tierra Media y a su creador. Y cuando digo «libro» es porque no me refiero solo al poema inacabado.
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Reinos desaparecidos de Norman Davies
«Los historiadores y sus editores«, dice Norman Davies, «dedican un tiempo y unas energías excesivas a repetir la historia de todo lo que les parece poderoso, importante e impresionante. Inundan las librerías y las mentes de sus lectores con relatos acerca de grandes potencias, grandes hazañas, grandes hombres y mujeres, victorias, héroes y guerras (…).«
Norman Davies apunta que los historiadores suelen centrar sus estudios sobre países que todavía existen y, en particular, sobre las grandes potencias contemporáneas. De manera inconsciente o no, parecen estar buscando las raíces de los Estados actuales, «con lo que se exponen al riesgo de hacer una lectura inversa de la historia«. En cuanto despunta una gran potencia en el panorama mundial, como Estados Unidos en el siglo XX o China en el XXI, el mercado editorial se llena de tratados históricos sobre esas naciones dando a entender, erronéamente, que países que hoy en día son importantes también lo fueron en el pasado. Y los pequeños países, los reinos desaparecidos, se quedan sin voz.

Norman Davies nació en 1939 en Bolton (Reino Unido). Estudió en las universidades de Oxford, Sussex, Grenoble, Perugia y Cracovia, lo que dio a su formación una amplia visión europea. En Reinos Desaparecidos, Davies elige contar la historia de 15 países/naciones/reinos/Estados (Tolosa, Burgundia, Aragón, Etruria, URSS, etc.) que ya no existen en la actualidad y reflexionar sobre su (relativa) efímera existencia y las causas de su desaparición. Su objetivo es señalar el contraste entre el pasado y el presente de esas zonas político-geográficas y explorar cómo funciona la memoria histórica. En este sentido, cada uno de los capítulos que dedica a esos quince reinos desaparecidos están divididos en tres partes: la zona europea actual, el reino desaparecido que ocupó ese mismo lugar y si ese reino desaparecido se recuerda o ha sido olvidado (lamentablemente, en la mayoría de los casos ha sido totalmente olvidado o se recuerda parcialmente y mal).
La tarea del historiador va más allá del deber de cuidar la memoria general, también cuenta entre sus obligaciones el susurrarle al mundo actual que nadie está a salvo de esa desaparición, que ningún Estado actual es eterno e inmutable, pues «quienes piensen que no están sujetos al imperio de lo efímero viven en Nephelokokkygía(*)«. La historia de los reinos olvidados y desaparecidos de Europa no se resume en este estupendo libro de Norman Davies, apenas se trata de unos ejemplos, pero la idea del naufragio de la nave del Estado de Platón queda claramente ilustrada. La prosa de Davies es rica y bien matizada, sus anécdotas bien elegidas y contadas con gracia, y su discurso, sorprendente y deslumbrante, acaparan en seguida la atención del lector. Los mapas, cuadros y fotografías de esta estupenda edición de Galaxia Gutenberg constituyen un atractivo añadido para caer rendido ante el fabuloso trabajo de Davies.
«No hay duda de que este libro se encuentra cómodo en la categoría de salvamento histórico. Reúne el rastro de naves de Estado que se hundieron e invita al lector, aunque sea sobre el papel siquiera, a contemplar con placer cómo los galeones destrozados enderezan sus mástiles caídos, levan anclas, cómo se hinchan sus velas y retoman el rumbo a través del oleaje del océano.«
Lector, Reinos desaparecidos de Norman Davies no es solo una lectura recomendable para aquellos enamorados de la Historia, o de los estudiosos de la Europa más olvidada; también lo es para los lectores más curiosos y para los verdaderos románticos.
Muchas gracias a la editorial Galaxia Gutenberg por facilitarme el ejemplar y por esta maravillosa edición.
(*) Mundo fantástico y optimista en el que uno se encierra. (N. de los T.)
Esta reseña ha sido publicada en el blog Momentos de Silencio Compartido como colaboración en la iniciativa de Equipo de Redactores.
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Reinos desaparecidos
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Mugs and Books, ¿juegas?
Pertrechada con una buena taza de té calentito, me asomaba a Twitter hace unos días cuando me topé con que muchas lectoras compartíamos la misma manía: ¡las tazas!
Ahí estábamos Marilú, Inés, Saramaga, Meg y yo confesando que la mejor compañía para un buen libro siempre era una gran taza. Hacía pocos días que Marilú había publicado un post cajón desastre de homenaje a nuestras tazas y Saramaga nos enseñaba sus preferidas en algunos tuits.
Y entonces, se me encendió la lucecita ¿cómo serían las tazas que acompañan las lecturas de los demás? Porque a través de los blogs y las reseñas, sabemos qué leen y cómo leen nuestros compañeros de tertulias literarias pero ¿y sus tazas?
Así que os propongo un juego: Mugs and Books
Se trata de que hagáis una foto a vuestra combinación preferida de taza y libro. Valen todos los formatos y contenidos, el único requisito es que sea una foto vuestra.
Os pongo un ejemplo con una de mis combinaciones preferidas:

Me gusta porque los colores son perfectos y porque tienen en común el combinar a la perfección el viejo conocimiento (el libro en papel) con el nuevo conocimiento (la tecnología). Y porque en ambos, película y libro, el protagonista quería saber la verdad.
Para participar no tenéis más que hacer una entrada en vuestros blogs (si no tenéis blog aceptaré un tuit dirigido a @Mnicaserendipia) con el título del concurso, la foto o fotos de vuestra «taza y libro» y una breve frase que explique por qué os gusta el maridaje de esa taza con ese libro. Dejadme aquí mismo un comentario con el enlace a esa entrada, por favor.
Y eso no es todo, he tenido la suerte de convencer a Loquemeahorro y a Isi para que se conviertan, junto a una servidora, en juezas del Mugs and Books. Sí, sí, esto va en serio. Entre las tres elegiremos las mejores combinaciones de Tazas y Libros, ¿qué os parece? Habrá tres ganadores.
Podéis participar con cuantas fotos queráis.
El período de juego comienza ahora-mismo-ya y termina el 14 de febrero.
Loquemeahorro, Isi y yo decidiremos las tres combinaciones que más nos hayan gustado (los miembros de este tribunal NO aceptarán sobornos).
Durante la semana del 17 al 23 de febrero publicaré una entrada con las tres fotos ganadoras.
El premio es un detallito sorpresa que os enviaré por correo postal (por este motivo, solo podéis participar si tenéis domicilio postal en España).
Es viernes, ¿vienes a jugar?
Nota de última hora: Que dicen las juezas Isi y Loque que por supuesto que SÍ aceptan sobornos, que qué me he creído.
(En Twitter estamos jugando con el hashtag #MugsAndBooks)
AVISO: Las juezas hemos decidido que NO vale utilizar filtros. Gracias!!
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Bailén de Benito Pérez Galdós
Gabriel despierta herido en casa de Gregoria y El Gran Capitán, mote jocoso que recibe el entrañable
viejo soldado Santiago Fernández, asistente del marqués de Sarriá por
aquellos tiempos remotos. Fue Juan de Dios quién
lo encontró y le puso en manos del Gran Capitán a instancias de una
desesperada Inés, que anda desaparecida y desconsolada en la creencia de
que Gabriel está muerto. Por
todo el país corren rumores y noticias exageradas y fantásticas sobre
la formación de ejércitos españoles en los cuatro puntos cardinales, y
las sucesivas derrotas y desplantes de las tropas francesas. Pero Gabriel no tiene más pensamiento que reencontrarse con Inés y hacerle saber que sigue vivo; por eso, en
cuanto se recupera, corre a casa de la marquesa pero
allí le informan de que toda la familia se ha ido a Córdoba. Y nuestro
héroe no lo duda ni un instante, hacia Córdoba se ha dicho. Acompañado
por un misterioso personaje, Santorcaz, y por un joven sirviente que
encuentran por el camino, Andresillo Marijuán, sus pasos le encaminan
hasta Bailén. Allí recalan en casa de la condesa de Rumblar, el ama de Marijuán,
pero pronto deciden alistarse como soldados e incorporarse a la pequeña
comitiva del hijo de la condesa (por una peseta al día, además del
equipo necesario), que va a luchar por su patria contra el francés para
salvaguardar el honor de la familia. Gabriel lo tiene fácil para
localizar la casa de Amaranta en Córdoba pues, extrañamente, el
primogénito de la condesa de Rumblar lleva unas cartas con su dirección.
Pero cuando llegan a la ciudad, ésta ha sido asaltada por el enemigo. A partir de entonces, los acontecimientos bélicos se precipitan y Gabriel se ve envuelto en una de las batallas más decisivas de la Historia de Europa.
viejo soldado Santiago Fernández, asistente del marqués de Sarriá por
aquellos tiempos remotos. Fue Juan de Dios quién
lo encontró y le puso en manos del Gran Capitán a instancias de una
desesperada Inés, que anda desaparecida y desconsolada en la creencia de
que Gabriel está muerto. Por
todo el país corren rumores y noticias exageradas y fantásticas sobre
la formación de ejércitos españoles en los cuatro puntos cardinales, y
las sucesivas derrotas y desplantes de las tropas francesas. Pero Gabriel no tiene más pensamiento que reencontrarse con Inés y hacerle saber que sigue vivo; por eso, en
cuanto se recupera, corre a casa de la marquesa pero
allí le informan de que toda la familia se ha ido a Córdoba. Y nuestro
héroe no lo duda ni un instante, hacia Córdoba se ha dicho. Acompañado
por un misterioso personaje, Santorcaz, y por un joven sirviente que
encuentran por el camino, Andresillo Marijuán, sus pasos le encaminan
hasta Bailén. Allí recalan en casa de la condesa de Rumblar, el ama de Marijuán,
pero pronto deciden alistarse como soldados e incorporarse a la pequeña
comitiva del hijo de la condesa (por una peseta al día, además del
equipo necesario), que va a luchar por su patria contra el francés para
salvaguardar el honor de la familia. Gabriel lo tiene fácil para
localizar la casa de Amaranta en Córdoba pues, extrañamente, el
primogénito de la condesa de Rumblar lleva unas cartas con su dirección.
Pero cuando llegan a la ciudad, ésta ha sido asaltada por el enemigo. A partir de entonces, los acontecimientos bélicos se precipitan y Gabriel se ve envuelto en una de las batallas más decisivas de la Historia de Europa.

Cerrar el ciclo de reseñas de la lectura conjunta de Bailén tiene una clara desventaja: se ha dicho tanto y tan bueno en todos los blogs que corro el riesgo de aburrir y repetirme hasta la saciedad. Por lo que más que reseña, me gustaría compartir con vosotros aquello que más he disfrutado de esta lectura.
Dicen los entendidos que los Episodios Nacionales no son, precisamente, el mejor exponente de la literatura de Benito Pérez Galdós. Sin embargo, además de constituir unas lecciones amenas y críticas de la Historia de este país, no puedo evitar encontrar en estos Episodios el fantástico dominio de su autor sobre los recursos narrativos y novelescos. Y no me refiero solo a los recursos formales sino también a las estrategias narrativas para contar siempre con la atención del lector: un ritmo continuado, el dominio del clímax y el anticlímax (los momentos más enervantes y dramáticos de la batalla de Bailén salpicados por la lectura sentimental de las cartas de Gabriel), la alternancia de humor/acción/suspense, etc. Es decir, que si a Galdós se le denomina como «dramaturgo y cronista» no son estas, precisamente, palabras huecas en Bailén.
He disfrutado especialmente que, además de los capítulos cómicos (mítico el encuentro entre Malespina y el tío de Amaranta) el suspense, y hasta los románticos (¿os dicho cuánto me sorprendió encontrar ese encuentro típico del romanticismo en un autor tan realista y poco afectado como este autor?), Galdós dispara con pólvora en Bailén: contra la Inquisición, contra los abusos de la Iglesia, contra la monarquía absolutista de los Borbones, contra el anquilosamiento y la injusticia de la retrograda nobleza española, rompiendo una lanza a favor de la igualdad de todos los ciudadanos. Unos ciudadanos que, por cierto, están dejándose la vida (literalmente) por la libertad de su país.
Y como remate final, la brillantísima metáfora de un estúpido noble español (ese mayorazguito), símbolo del atraso de un país todavía feudal, huérfano de la Ilustración por cortesía de la Inquisición y la monarquía y su corte, como bufón de unos ciudadanos del mundo que en su día tuvieron la Marsellesa como un himno a la libertad y a la igualdad social.
Benito Pérez Galdós refleja con claridad una pena profunda, un lamento intrínseco: qué pena tanto valor, tanto arrojo, tanto esfuerzo y sufrimiento de un pueblo honorable y fuerte que consigue echar fuera al invasor de su tierra para acabar luego en las garras del deleznable y retrógrado Fernando VII, su Santa Inquisición, sus diezmos, sus inútiles cortesanos y su salvaje represión e injusticia. Y qué poquito nos acordamos de que fue ese pueblo soberano, por iniciativa propia, quién doblegó por vez primera en Europa a los ejércitos invencibles de Bonaparte.
Y aunque Bailén podría tener la lectura de que el absolutismo católico venció a los republicanos de la meritocracia, lo cierto es que ni el ejército español de Bailén era precisamente retrógrado (¡luchaban por iniciativa propia, sin rey!) ni los ejércitos franceses que allí se les opusieron eran ya precursores de aquellos hermosísimos ideales de la Revolución Francesa.
Lector, Bailén te hará recordar por qué los Episodios Nacionales son la mejor saga de novela histórica en lengua castellana.
También te gustará: Trafalgar; La corte de Carlos IV; El 19 de marzo y el 2 de mayo
Fin de la lectura conjunta de Bailén. Si quieres leer el resto de estupendas reseñas de los participantes, las tienes AQUÍ
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