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El viento en el rosal y otras historias de lo sobrenatural, de Mary E. Wilkins Freeman
Una niña que no aparece, pero que debería estar ahí cuando su tía va a recogerla a casa de su madrastra viuda. Tres hermanas que sospechan algo terrible, hasta que las sombras en la pared acaban por confirmar lo que tanto temen. Una bella mujer rodeada de muerte. Una habitación que guarda la esencia de la persona mezquina que la habitó. Un trato demasiado bueno en la compraventa de una casa. Dos amigas que se susurran una historia escalofriante. Seis historias de fantasmas, de apariciones, de casas encantadas, de personajes malditos, de niñas perdidas y familias acechadas por lo extraño y lo sobrenatural.

Mary Eleanor Wilkins Freeman (1852 – 1930) fue una novelista estadounidense, nacida en Massachusetts, que comenzó su carrera literaria tras quedarse huérfana y tener que valerse por sí misma. Tanto sus relatos y novelas, como sus antologías de cuentos infantiles, tuvieron muy buena acogida tanto por parte del público como de la crítica literaria, que apreciaban sus historias costumbristas ambientadas en Nueva Inglaterra. En 1926, fue premiada por la Academia Estadounidense de las Artes y las Letras con la medalla William Dean Howells. En enero de 2021, La biblioteca de Carfax publicó El viento en el rosal y otras historias de los sobrenatural, una antología de seis relatos de Mary E. Wilkins Freeman, con traducción de Shaila Correa y prefacio de Ana Morán Infiesta.
He disfrutado de estos seis relatos de Mary E. Wilkins Freeman con la calma que se merecen y, cada vez que terminada de leer uno, pensaba que era mejor que el anterior. He cerrado esta magnífica antología con la sensación de que no puedo escoger un cuento favorito porque todos, excepto, quizás, el de El solar vacío —que se me ha quedado un poquito corto en comparación con la excelencia de los demás—, me han encantado (en el sentido de gustar, no en el sentido sobrenatural del término (o eso espero)). Tenía el listón alto después de leer El carruaje fantasma y otros cuentos góticos, de Amelia B. Edwards, y La máscara de la muerte y otras historias, de H. D. Everett, pero los relatos de Mary E. Wilkins son incomparables e imposible de eclipsar.
Destaca, por encima de todo, la prosa hábil y precisa de la autora, su don para sugerir entre líneas los detalles más terribles, la maestría con la que mantiene la tensión hasta el final y pone los pelos de punta a lo largo de las páginas, que todas sus protagonistas y la mayoría de sus personajes sean mujeres extraordinarias, fuertes e independientes, y que sea capaz de trasmitir todo un universo familiar en apenas un párrafo o un par de líneas de diálogo. Me ha encantado el apunte final de El viento entre el rosal, la relación entre las tres hermanas protagonistas de Las sombras en la pared, o el misterio planteado, la mirada crítica hacia los estereotipos de género y la narración oral de Luella Miller. Pero, sobre todo, me lo he pasado en grande con La habitación sudoeste, por su sentido del humor, por el retrato de cada uno de los personajes y por la malevolencia que rezuma entre párrafos cada vez que se refiere a la señora que murió en la dichosa habitación. Aunque Mary E. Wilkins Freeman se educó en una familia e institución religiosas, ambas muy estrictas, se las ingenia para mostrar el carácter independiente, inteligente y reivindicativo de todas sus mujeres sin salirse ni una coma de lo que se consideraba correcto en los estándares sociales y de género de su época. Estoy deseando leer algunos de sus relatos costumbristas porque sé que los voy a disfrutar a lo grande.
Lectora, y además sus manifestaciones sobrenaturales dan yuyu.
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Prohibido morir aquí, de Elizabeth Taylor
Durante sus muchos años de matrimonio, Laura Palfrey formó un equipo formidable con su esposo. Siempre se adaptó a las complejas circunstancias de su vida en las colonias británicas, pero al volver a Inglaterra, la anciana viuda comprende que tanto tiempo en el extranjero la ha dejado sin amistades. En parte para paliar esa soledad, pero también porque cree que Londres le ofrecerá suficientes distracciones, decide mudarse a vivir al Claremont, un hotel con tarifas reducidas para ancianos de pocos recursos que deseen hospedarse permanentemente o hasta que no sean capaces de valerse por sí mismos. Aturullada por un extraño orgullo, la señora Palfrey confiesa a sus nuevas amistades del Claremont que su nieto Desmond irá a visitarla pronto. Pero las semanas van pasando y la anciana no puede quitarse de encima una soledad casi paralizadora… hasta que conoce a Ludo, un joven escritor con el que traba la amistad que siempre hubiese deseado mantener con su verdadero nieto.
«A veces, cuando estaba recién casada, anhelaba liberarme… liberarme de la crianza de mi hija, liberarme de las obligaciones sociales, liberarme de mis deberes. Y liberarme también de las preocupaciones que ocasionan los seres queridos, las enfermedades de la niña y de mis padres que envejecían, de los problemas de dinero. Cada uno de nosotros alguna vez deseó huir de todo aquello. Pero en realidad no deberíamos desear eso, porque con el tiempo descubrí que solo podemos ser libres cuando nadie nos necesita.«

Elizabeth Taylor (1912 – 1975) fue una escritora británica considerada como una de las mejores, e injustamente olvidadas, narradoras del siglo pasado. Comparada a menudo con Barbara Pym o Elizabeth Bowen, las historias y los personajes de Taylor se consideran demasiado arraigados en su tiempo como para encontrarles un paralelismo con Jane Austen, aunque a menudo se equipara su inteligencia narrativa con la de gran autora georgiana. Publicó su primera novela, At Mrs Lippincote, en 1945, de la mano del editor Peter Lewellyn Davies —el niño que inspiró a J. M. Barrie su Peter Pan y primo de la escritora Daphne du Maurier— quien supo ver su talento literario mucho antes que el resto de la crítica de su época. Prohibido morir aquí (la horrible traducción al castellano del título Mrs. Palfrey at the Claremont) es una obra de madurez; publicada en 1971, fue su penúltima novela (Blaming, 1976, se publicó póstumamente). Aunque fue candidata al Booker Prize y The Guardian consideró Mrs. Palfrey at the Claremont como una de las mejores novelas de todos los tiempos, Elizabeth Taylor no recibió en vida el reconocimiento de un premio literario de prestigio.
Esta es la primera novela que leo de Elizabeth Taylor y me he estrenado por todo lo alto. Le debo esta maravillosa lectura a la acertada recomendación de MH, de Las inquilinas de Netherfield, quien ha leído y reseñado gran parte de la bibliografía de esta autora tan de su agrado (Un alma cándida, Una vista del puerto, Angel, La señorita Dashwood). He disfrutado especialmente con el ritmo narrativo de la autora y con la admirable fluidez con la que cambia el punto de vista del narrador para ofrecernos un atisbo de los pensamientos de cada personaje; recurso que utiliza con precisión para mostrar, en lugar de describir, las contradicciones, los miedos y los deseos más íntimos de Laura Palfrey y del resto de caracteres con los que interactúa. La prosa de Elizabeth Taylor es precisa y luminosa, sus personajes complejos y conmovedores, pero su mar de fondo resulta, a menudo, desesperanzador y triste. La autora retrata con maestría a tres generaciones de clase media en el Londres de los años sesenta: viudas mayores que han vivido los últimos vestigios coloniales del imperio victoriano y que perdieron a sus maridos en la Segunda Guerra Mundial, sus hijos egoístas y vanos, que se desentienden de sus mayores pero, a la vez, también de su propia prole, y los nietos de las viudas, desengañados, perdidos, intentando sobrevivir de su intelecto. El personaje protagonista de la señora Palfrey, encantadora, valiente y cansada, aunque no entiende del todo por qué las cosas se han torcido tanto como para terminar sola, sabe bien qué le espera a partir del momento en el que entra a vivir en el hotel Claremont. Elizabeth Taylor consigue que queramos salir a pasear con ella cada vez que abrimos esta conmovedora e inteligente novela.
Lectora, me ha gustado incluso más que las novelas de Barbara Pym.
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La chaise longue victoriana y la torre, de Marghanita Laski
La chaise longue victoriana. Tras un embarazo y un parto complicados por un diagnóstico de tuberculosis, Melanie está impaciente por salir de la cama y volver a su vida de antes. Nerviosa y algo desquiciada por ese confinamiento forzoso de tantos meses, recibe la visita de su médico con inquietud. Pero el galeno tiene buenas noticias: parece ser que sus pulmones se están recuperando bien y para hacerle la vida un poco más amena, recomienda un pequeño cambio de aires. ¿Qué le parecería a Melanie trasladarse de la cama al salón y reposar en la peculiar chaise longue victoriana que compró en un anticuario un poco antes de recibir el primer diagnóstico y la orden de guardar cama?
La Torre. Caroline ha acompañado a su marido Neville en un viaje de trabajo a Florencia. Siempre a la sombra de la condescendencia de su esposo, decide sorprenderlo mostrando interés e iniciativa por la cultura, el arte y la arquitectura de la Toscana. Quedan apenas un par de horas para que anochezca, pero Caroline visita la Torre del Sacrificio, construida en 1535 por Niccolo di Ferramano, un misterioso y oscuro alquimista del que se rumorea que practicaba magia negra.
«Y en el instante antes de darse cuenta de lo que estaba tocando, la inundó el mismo recuerdo que se había agitado en su interior al ver por primera vez la chaise longue en la calle Marylebone… solo que ahora era más profundo, real e intolerablemente doloroso, un recuerdo de amor apasionado, el de un cuerpo que la oprimía y se fundía con el suyo, aplastado en la chaise longue victoriana.«

Automática Editorial
Traducción de Laura Salas Rodríguez
136 páginas
Fecha de publicación: octubre 2025
ISBN: 978-84-10-14120-9
Marghanita Laski (1915 – 1988) fue una periodista y novelista británica que desarrolló su vida profesional en el ámbito académico (fue profesora en Oxford y colaboró en la elaboración del Oxford English Dictionary) y literario. Nacida en el seno de una familia intelectual, sobrina del socialista Harold Laski, mantuvo a lo largo de su vida una mirada crítica sobre la religión y fue activista a favor del desarme nuclear durante la Guerra Fría. Participó en diversos programas radiofónicos culturales y publicó seis novelas, además de relatos y ensayos literarios sobre Jane Austen, Rudyard Kipling o George Elliot. Su novela corta La chaise longue victoriana salió a librerías en 1953, y el relato de La torre, en 1955. En septiembre de 2012, Automática editorial, que había empezado su andadura editorial a principios de ese mismo año, publicó por primera vez una edición en castellano de La chaise longue victoriana, con traducción de Laura Salas. Cumplido el trigésimo aniversario de Automática Editorial, y para conmemorar el éxito de este clásico de terror psicológico y fantástico (uno de sus títulos más vendidos), este sello independiente ha publicado una nueva edición que incluye el relato de La torre, también con traducción de Laura Salas. Tanto la edición de 2012 como la de 2025 abren con el magnífico prólogo de la autora y crítica literaria Isabel Núñez (1957 – 2012).
Este año, para mi spooky season, he leído La chaise longue victoriana y La torre como parte de mis lecturas clásicas de terror y góticas. Era la primera vez que me asomaba a una obra de ficción de Marghanita Laski y he quedado impresionada. Su prosa es rotunda, incisiva, de frases cortas y adjetivos bien escogidos, y las tramas de la novela y el relato, aunque sencillas en apariencia, contienen un universo en un grano de arroz y varias capas de significado. Leer a Laski no requiere esfuerzo, porque su estilo es prístino y directo, pero tiene el don de envolverte, de adentrarte en un complejo y fascinante laberinto oscuro y terrible. Ambas narraciones están protagonizadas por mujeres de clase media inglesas que viven a la sombra de sus maridos, sometidas y dependientes como las perfectas esposas modelo de los años cincuenta del siglo pasado. Y justo ese es el punto de partida de las historias góticas que la autora nos narra porque es esa mirada crítica, que señala lo terrible del estereotipo de género, la que abre la puerta de lo inquietante.
La chaise longue victoriana destaca por su atmósfera opresiva, subrayada por la incapacidad de Melanie, la protagonista, para moverse físicamente y su incomprensión de lo que le está ocurriendo. El punto de vista de la narración pasa con soltura y acierto del médico que la atiende y que la conoce desde pequeña —lo que resulta útil para describir a Melanie y sus circunstancias— a la voz interior de la protagonista. Esta segunda narración da acceso a los lectores al pensamiento de Melanie, por lo que mantiene el suspense in crescendo hasta un final inesperado y sorprendente. En La torre, en cambio, también tenemos un narrador en tercera persona, pero el foco siempre está en Caroline, que se define a sí misma en relación a su marido. Mucho más breve que La chaise longue victoriana, en La torre todavía resulta más evidente el talento narrativo de Laski para contar mucho en muy pocas líneas, y de nuevo deja boquiabiertos a los lectores con un final imprevisible, psicológico, angustiante. La complicidad con el lector, esa confianza de Marghanita Laski en el entendimiento de quien la lee, el juego que establece entre el horror de lo sugerido y lo terrible de la realidad, constituyen otra de las características literarias de esta magnífica autora.
Lectora, de esas historias que siguen dando vueltas en tus pensamientos mucho después de que hayas cerrado el libro.
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El carruaje fantasma y otros cuentos góticos, de Amelia B. Edwards
James Murray, un joven abogado inglés recién casado, se desorienta en los páramos del norte de Inglaterra tras una infructuosa jornada de cacería. Con la noche a punto de caer y en medio de una nevada intensa, corre la suerte de cruzarse con un rudo criado que le ofrece, a regañadientes, refugio en la casa de su amo. No es un buen lugar para perderse pues los páramos son inhóspitos, oscuros y peligrosos. No hace tanto, una diligencia nocturna sufrió un terrible percance que…
En octubre de 1760, el mismo día en el que el rey Jorge III sube al trono, el joven capitán William Barlow y su tripulación parten a bordo del barco comercial Mary-Jane con rumbo a las Antillas. Pero cuando en alta mar se cruzan con un inquietante barco fantasmal, en medio de un banco de niebla, el destino de William queda sellado por la fiebre de un misterioso tesoro.
Tras la guerra de Crimea, un oficial inglés desmovilizado viaja en tren en dirección a la campiña para descansar un tiempo en casa de un buen amigo de la infancia. En una de las estaciones intermedias, entra en su compartimento el tío de la esposa de su amigo, uno de los directores de una línea de ferrocarril en expansión, que lo pone al corriente de los ambiciosos planes de la compañía. Pero cuando el oficial llega a su destino y comparte con sus anfitriones el encuentro con el director del ferrocarril, pone en marcha una inquietante y terrible investigación criminal.
Estos han sido mis tres relatos preferidos de esta antología de cuentos góticos: El carruaje fantasma (1864), El descubrimiento de las islas del tesoro (1864) y El expreso de las cuatro y cuarto (1866).

Alba Editorial
416 páginas
Fecha de publicación: octubre 2021
Traduce Daniel de la Rubia
ISBN: 978-84-9065-811-6
Amelia B. Edwards (Londres, 1831 – Somerset, 1892) fue una novelista, periodista, viajera, artista y egiptóloga inglesa, además de una señora victoriana magnífica. De familia adinerada, recibió una educación extensa y cultivó sus intereses musicales, pictóricos y matemáticos. Aunque poseía un gran talento para la ilustración, empezó a publicar sus primeras obras de ficción en la década de los cincuenta, despertando la admiración de Charles Dickens, quien la invitó a colaborar en sus revistas y publicaciones. Este volumen titulado El carruaje fantasma y otros cuentos góticos recoge la totalidad de sus relatos fantásticos y de misterio.
La primera vez que leí a Amelia B. Edwards fue hace un par de años (gracias a la iniciativa del #RetoEgipcio de Las inquilinas de Netherfield): Mil millas Nilo arriba, el ensayo y bitácora de su entrada a la egiptología por la puerta grande que Edwards escribió, ilustró y finalmente publicó en 1877 como una compilación, autodidacta y apasionante, del viaje que le cambió la vida. Los relatos que recoge la antología de El carruaje fantasma y otros cuentos góticos, excepto su último título (¿Fue una alucinación?) fueron escritos y publicados entre 1860 y 1873, es decir, antes de su viaje a Egipto. Por lo que resulta interesante observar la evolución en el estilo de la autora, sobre todo en lo que se refiere al planteamiento de la trama y el suspense, porque lo cierto es que la prosa y el estilo de Amelia B. Edwards es deslumbrante de principio a fin.
Con una habilidad notable para la descripción de bellísimos —aunque a veces inquietantes y misteriosos— paisajes y la recreación de atmósferas góticas, Amelia B. Edwards relata con concisión historias tocadas por lo sobrenatural y protagonizadas por personajes carismáticos, atormentados, de moral dudosa o de honradez conmovedora. Incansable viajera, la autora conocía bien las montañas y los lagos suizos, los parajes naturales cercanos a los Alpes e Italia, lugares en los que sitúa las historias de El paso nuevo, En el confesionario o Monsieur Maurice, entre otras, o, en el caso de Italia, La historia de Salomé y La historia de la hermana Johanna. Tal vez sea por esta ambientación centroeuropea, que en el inicio de dichos cuentos se encuentre cierto eco a los cuentos tradicionales de los hermanos Grimm, aunque después sus tramas se desarrollen por otros derroteros.
En todo caso, los cuentos de Amelia B. Edwards sobresalen y se caracterizan por reflejar con maestría la mirada observadora, curiosa y artística (recordemos que Edwards era una buena ilustradora) tan afines a su carácter. Además de por su excelente ambientación y el ingenio de sus argumentos y personajes, estas historias también destacan por la rigurosidad en la documentación histórica (por ejemplo, Una misión peligrosa está protagonizada por militares austríacos en las campañas napoleónicas centroeuropeas) y por una mirada muy consciente y bien informada sobre su país y su época (por ejemplo, en Historia de un ingeniero o en El expreso de las cuatro y cuarto, la autora hace referencia a la importante expansión de la industria del ferrocarril y a sus consecuencias en la sociedad y economía victorianas)
Estoy convencida de que cada lector escogerá sus favoritos entre los quince relatos de esta antología y de que no coincidiremos necesariamente porque los quince tienen sus propios méritos peculiares. En mi caso, como ya he indicado al principio, han sido El carruaje fantasma, por la originalidad de la escena sobrenatural y porque me ha puesto los pelos de punta la maldad implícita, El descubrimiento de las islas del tesoro porque Amelia B. Edwards se avanzó a Robert Louis Stevenson o a John Meade Falkner y tiene un toque temporal inesperado, y El expreso de las cuatro y cuarto por la intriga criminal añadida a la historia de fantasmas ¡a bordo de un tren!
Lectora, perfecto para leer en esta Noche de Difuntos.
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Extraños viajes, de Maud Cairnes
Polly Wilkinson se siente bastante satisfecha con su vida de ama casa, al cuidado de sus dos hijos y con un guapo marido oficinista un poco agobiado por el trabajo. Aunque algunos días, cuando la chica de servicio se rebela, su esposo no le hace demasiado caso y sus muchos quehaceres la agotan, se pregunta qué se sentiría al vivir con la despreocupación y la calma que aparenta la mujer de su edad que ve pasar acomodada en su lujoso coche con chófer propio. Al cabo de un tiempo, Polly siente un extraño mareo y de pronto aparece sentada en el salón de una impresionante mansión campestre, tomando el té junto al fuego en compañía de una agradable señora que resultará ser su suegra, Lady Forrester. Con un aplomo que jamás pensó que poseía, pero también dejándose llevar por la curiosidad y su recién descubierto sentido de la aventura, Polly descubre que es capaz de intercambiarse el cuerpo con Lady Elizabeth, una dama de la alta sociedad con dificultades matrimoniales y un montón de compromisos sociales abrumadores.
«—Me gustaría saber cuánta gente en el mundo aprovecharía la oportunidad de cambiarse por otra persona, sobre todo para evitar compromisos sociales aburridos. Estoy segura de que a cada una de nosotras, personalmente, le entusiasman los engorros de la otra. Por ejemplo, deduzco que le divierte el viejo Potty, mientras que a mí me encanta el señor Marshall. Tendríamos que cambiarnos a propósito algunas veces, por simple diversión, cuando haya algo que hacer.«

Maud Cairnes es el seudónimo con el que Maud Kathleen Cairnes Plantagenet Hastings (1893 – 1965) firmó y publicó dos novelas. Amante del arte, del ballet y de la música, Lady Kathleen, como era conocida, escribió y estrenó la obra de teatro It Is Expedient (1920) antes de publicar la que sería su primera novela: Extraños viajes (1935). Su divertida y encantadora historia sobre dos mujeres de distinta clase social y educación que intercambian sus cuerpos, tuvo una gran acogida por parte de los lectores y los críticos literarios de su época. Alba Editorial, en su sello rara avis, la publicó por primera vez en castellano a principios de 2025, con traducción de Daniel de la Rubia Ortí.
Qué sorpresa tan agradable ha sido descubrir a Maud Cairnes y sus Extraños viajes. Fresca, original, divertida, socarrona, esta comedia social se lee con la sonrisa en los labios y una simpatía creciente por todos sus personajes. Con una prosa precisa y alegre, un estilo desenfadado y ligero que sigue con rapidez el desarrollo de esta trama inusual, Maud Cairnes juega con el contraste entre las vidas de dos mujeres de extracción social y educación tan distintas que parece imposible que, en el fondo, se complementen. Me han encantado todos los personajes, tanto secundarios como protagonistas, cómo Polly y Elizabeth se las ingeniaban para comprender y mejorar sus respectivas vidas, y soltar la carcajada con cierta cena de Navidad en la campiña que… Tendrás que leerla para descubrirla.
Si mi gran descubrimiento literario del año pasado fue La fiesta, de Margaret Kennedy, este año lo es, sin duda, Extraños viajes, de Maud Cairnes. Ni los estilos de las autoras ni sus novelas se parecen lo más mínimo, pero las dos me han supuesto un regalo extraordinario: dos libros distintos, muy particulares, arriesgados, excéntricos y divertidos. Se quedan, para mí, como un soplo de aire fresco muy inspirador en mis estanterías.
Lectora, que un libro te sorprenda y te divierta así tras tantas décadas de magníficas lecturas es un regalo.
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