Novelas
Publicadas
Archivo de la etiqueta: encanto libresco
Un año en los bosques, de Sue Hubbell
Sue Hubbell, inconformista, crítica con un gobierno que sigue financiando la guerra de Vietnam con sus impuestos y hastiada de conducir una hora diaria para llegar a su empleo de bibliotecaria aburrida, decide cambiar de vida drásticamente. Su hijo se ha marchado a la universidad y sabe que a ella también le ha llegado el momento de volar. Su aventura empieza en una pequeña cabaña en los bosques de las montañas Ozarks, sur de Misuri, en el Medio Oeste de los Estados Unidos. Allí a prenderá a vivir de nuevo, en plena naturaleza, como apicultora; una vida por debajo del umbral de la pobreza y, sin embargo, más rica que nunca. Sin perder nunca su sentido del humor, corta leña para el invierno, repara su camioneta herrumbrosa, cuida de un montón de enjambres (recoge, procesa, comercializa y distribuye su propia miel), cría gallinas, se prepara ensaladas y pasteles con lo que le da su pequeño huerto y la naturaleza circundante, acoge visitantes aprensivos con las serpientes,… Sue Hubbell, buscadora incansable de la felicidad, parece haberla hallado en esta forma de vida casi salvaje, una rutina exigente que, sin embargo, le concede el regalo de poderse sentar al final del día a contemplar una naturaleza exuberante, generosa y fascinante desde la puerta de su cabaña en el bosque.
«Durante los últimos doce años he aprendido que los árboles necesitan espacio para crecer, que los coyotes cantan junto al arroyo en enero, que en el roble solo se puede clavar un clavo cuando está verde, que las abejas saben más que yo sobre la fabricación de miel, que el amor puede convertirse en tristeza y que hay más preguntas que respuestas.«

Esta ha sido, sin duda, mi mejor lectura de este verano, y eso que las he tenido excelentes. Me ha encantado la experiencia de Sue Hubbell, narrada en primera persona, con mucho humor y mucho feelgood, por su propia protagonista. De la mano de esta bióloga, entramos en la paz frondosa de los bosques Ozarks y nos perdemos en su silencio, en la observación de sus fascinantes habitantes (casi ninguno humano).
Hubbell relata con mucho sentido del humor y valentía sus primeros años de adaptación en esta frontera moderna de la civilización. Reflexiona sobre lo que ha dejado atrás y las tareas titánicas a las que se enfrenta en su día a día, pero sabe que al final de la jornada le esperan sus perros, un jardín a las puertas del bosque en donde contemplar los más hermosos pájaros y la belleza salvaje de lo que la rodea. Hubbell comprende la relatividad simbiótica de su mundo en la araña que se come a los saltamontes que amenazan sus cultivos pero que le fastidia cuando atrapa y devora a sus abejas; o en la víbora ratonera que vive en su gallinero y que le hace el favor de mantenerlo libre de ratones pero que se convierte en un problema cuando empieza a comerse los huevos y a matar a los polluelos. Todo en el delicado equilibrio natural tiene su sitio, incluso ella, que al cortar árboles enfermos otorga más espacio a los robles para crecer sanos y fuertes, que en el lugar de la tala deja espacio para la aparición de nuevos y diminutos ecosistemas.
«Al ser humana, soy una gran entrometida: manipulo, altero, modifico. Eso no es ni bueno ni malo, sólo humano, de la misma manera que la serpiente que come ratones y mosqueros sólo es serpentina. Pero, al ser humana, tengo un tipo de mente que me permite reconocer que cuando manipulo y altero cualquier parte del círculo hay repercusiones en el conjunto.»
Un año en los bosques es un libro maravilloso que recomiendo sin reservas; por la voz fascinante y divertidísima de Sue Hubbell, por la belleza de los bosques y las montañas Ozarks, por la aventura infinita en la que se convierte la vida de la autora y por la delicadeza y la inteligencia de su mirada sobre todo lo que la rodea.
Lector, te encantará.
También te gustará: Cartas de una pionera; La casa de una escritora en Gales; Ven y dime cómo vives; Trilogía de Corfú
Seguro de amor, de Earl Derr Biggers
Lord Harrowby viaja de su Londres natal a Nueva York para casarse con su prometida, Cynthia Meyrick, la hija de un acaudalado americano de Detroit. Las malas lenguas dicen que la familia Meyrick va a la caza de su título nobiliario y que el Lord necesita la liquidez de su suegro. Pero el joven Harrowby siente una ansiedad inexplicable que le lleva hasta las oficinas neoyorkinas de Lloyd’s para asegurar su inminente boda con una póliza de 75.000 dólares americanos: si no se casa en el plazo de una semana con su adorada Cynthia, la compañía de seguros deberá indemnizarle por esa cifra, siempre que él no sea responsable de la causa de la anulación de la boda. Los agentes de Lloyd’s, que están acostumbrados a seguros de lo más variopinto, aceptan la póliza del Lord inglés con la condición de que uno de sus mejores empleados, Richard Minot, acompañe al feliz novio para asegurarse de que nada tuerce sus planes de boda con la hija del millonario. El problema del honrado señor Minot es que cae rendidamente enamorado de Cynthia Meyrick segundos después de conocerla.
«La luna fría añadía su brillo al de la plaza ya brillante; el viento invernal suspiraba a través de los árboles pelados del parque: Nueva York parecía una ciudad de ensueño. De pronto, el taxista de Minot apareció inquieto delante de él.
-Oiga, no irá usted a pegarle un tiro a nadie, ¿verdad? -le preguntó.
-No, que va; no se preocupe por eso.
-Si no es que esté preocupado. Pero he pensado que, si lo iba a hacer usted, me convenía quitar el número de matrícula.
¡Ah, sí! ¡Nueva York, ciudad de bellos ensueños!«

Earl Derr Biggers (Ohio, 1884 – California, 1933) fue reportero, crítico teatral y escritor. Varias de sus novelas fueron adaptadas al teatro y estrenadas en Broadway, como Seguro de amor que, además, fue llevada a la pantalla grande con el título de One night in the Tropics. Los lectores que disfruten de las películas de la primera mitad del siglo XX dirigidas por Billy Wilder, Ernst Lubitsch o Howard Hawks encontraran en Seguro de amor una comedia de enredo con el mismo ingenio encantador de La fiera de mi niña, Sabrina o El bazar de las sorpresas, entre otras.
Los que pasáis a menudo por Serendipia sabéis de mi debilidad por el humor inglés, pero cuando se trata de la primera mitad del siglo pasado también merece la pena leer buenas novelas de humor americano, de esas que Alba Editorial, en la colección rara avis, sabe seleccionar con tanto acierto. Seguro de amor (1914), al igual que Los millones de Brewster, es una comedia de enredo con un encantador aire de principios del siglo XX. Por sus páginas circulan ladrones de guante blanco, reporteros honrados en busca de un trabajo, un escritor que se gana la vida vendiendo frases ingeniosas a la alta sociedad, un publicista enloquecido y un juego completo de falsos y verdaderos Lords ingleses. Los protagonistas, Minot, Harrowby y la hermosa Cynthia, se mueven con soltura en el idílico paisaje tropical de San Marco, dispuestos a enamorarse (si les dejan). Diálogos con mucha chispa, situaciones rocambolescas, prosa con gran sentido del humor y un crescendo de la tensión cómica y romántica que encuentra un desenlace de traca final.
Lector, te encantará si siempre recuerdas Con faldas y a lo loco con una gran sonrisa.Tuve noticia de esta edición cuando la encantadora Miss Hurst, de Las Inquilinas de Netherfield, me dijo «mira qué buena pinta tiene lo nuevo de rara avis«. Tenías toda la razón, querida, gracias :-)
También te gustará: Los millones de Brewster; La increíble boda de Gilbert y Moira; El tiro por la culata; Luna de verano; Los caballeros las prefieren rubias
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Damas en bicicleta, de F.J. Erskine
En 1897, F. J. Erskine, una dama ciclista británica, publicó este simpatiquísimo y útil manual para todas las contemporáneas que desearan seguir sus pasos sobre el sillín y las dos ruedas con elegancia y deportividad. Cuando a mediados del siglo XIX la reina Victoria se compró dos bicicletas, las señoras y señoritas inglesas captaron el mensaje implícito: el ciclismo femenino dejaba de ser inmoral o excéntrico para convertirse en una actividad física aconsejable y de buen tono. Erskine detalla en este encantador libro todo lo necesario para ser ciclista victoriana y no morir en el intento; desde los consejos sobre ropa y alimentación, pasando por las reglas de urbanidad sobre ruedas, así como la importancia de los frenos o la elección de la bici, hasta advertencias tan útiles como no ir sin manos por la ciudad o evitar Londres para ahorrarse las vulgares groserías de los viandantes de la City.
«A la hora de andar en bicicleta por la ciudad, lo más inteligente, por último, es no darse mucho tono, yendo si manos, por ejemplo, o intentando hacer piruetas y otros truquillos baratos. Se da por hecho que cualquiera puede andar sin manos en los lugares menos peligrosos, pero pavonearse con excentricidades en un lugar atestado de gentes y vehículos no solo es peligroso: denota, además, una suprema falta de buen gusto.«

Impedimenta es una de mis editoriales preferidas por ese toque estupendo de buen humor británico del que hacen gala buena parte de sus libros. Enterrado en vida, de Arnold Bennett, las aventuras de Gervase Fen, el personaje de Edmund Crispin, La hija de Robert Poste, de Stella Gibbons, o la saga de Mapp y Lucía, de E. F. Benson son títulos de Impedimenta a los que siempre recurro cuando necesito una lectura agradable, divertida y de excelente factura. Damas en bicicleta, aunque no es una novela (como las que he mencionado antes), tiene justo ese sentido del humor tan inglés, tan excéntrico, tan decimonónico y pintoresco que os he comentado. Un manual para damas victorianas que se sienten modernas y deportivas sobre dos ruedas pero que necesitan todo tipo de consejos sobre la ropa adecuada para ir en bici, cómo montar sin parecer un pato, cómo evitar a los dichosos peatones indecisos londinenses, y mil truquillos y observaciones más al respecto del novedoso deporte del ciclismo. La clave es la gracia con la que Erskine escribe y recomienda, lo divertidas que pueden parecernos sus observaciones a los lectores del siglo XXI (atención a los parámetros sobre el decoro o el buen gusto) y el tono desenfadado y simpático de todo el libro (que mucho le debe a la excelente traducción del inglés del escritor José C. Vales).
«Esa moda espantosa de sentarse en la bicicleta, con el sillín bajo, e impulsarse a zapatillazos en el suelo con una de las piernas hasta que se coge carrerilla, debe descartarse totalmente, al menos para aquellas damas que pretendan ser unas buenas ciclistas. Hacer eso no solo es feo, sino además muy peligroso.«
Lector, yo quiero otro libro de la señorita Erskine (un manual para tomar el té en sociedad, a ser posible).
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
La tierra de los abetos puntiagudos, de Sarah Orne Jewett
A finales del siglo XIX, una joven escritora decide retirarse del mundo durante todo un verano para terminar el libro que la tiene ocupada. Su destino es Dunnet Landing, un pueblecito costero que se ha ido quedando aislado debido a la desaparición del comercio marítimo en esa parte de Nueva Inglaterra. Convencida de que encontrará paz y recogimiento, alquila una habitación en casa de la extraordinaria señora Todd, una peculiar y enérgica dama de mediana edad experta en hierbas y remedios naturales. Lejos de aburrirse, la escritora pronto se sentirá cálidamente acogida por la pequeña comunidad de Dunnet Landing, en donde todos están unidos por ancestrales lazos de respeto y de cariño a pesar de las inevitables rencillas y chismes vecinales. La historia de fantasmas del capitán Littlepage, la longeva y optimista madre de la señora Todd, la romántica y trágica historia de Joanna, la conmovedora tristeza del marinero Tillney… Todos y cada uno de ellos se ganarán el corazón de la recién llegada, que ya nunca podrá olvidar ese pequeño pueblecito entre el mar y los bosques de abetos puntiagudos.
«El aire era puro y una no podía desear otra cosa que convertirse en ciudadana de un continente tan diminuto pero completo como aquella tierra de pescadores.«

La tierra de los abetos puntiagudos es el título más sobresaliente de la escritora Sarah Orne Jewett (1849-1909). En esta novela hace un retrato delicadísimo y rebosante de ternura de una pequeña comunidad olvidada del mundo debido al progreso del comercio marítimo estadounidense. Con una prosa elegante, que se vuelve extremadamente bella cuando describe los maravillosos paisajes verdes y aguamarina de Dunnet Landing y alrededores, la autora salva a su protagonista del mundanal ruido y le regala un verano inolvidable en el que los valores ancestrales de ayuda mutua y cooperación, los lazos de una pequeña comunidad, adquieren tintes nostálgicos y míticos.
«-Había buenos cantantes, sí, excelentes (…). Pero por casualidad acabé cerca de la mujer de Peter Bowden, de Great Bay, y no pude evitar pensar que si estaba tan lejos de su casa como lo estaba de entonar bien, no podría regresar en un solo día.«
Además de la estupenda galería de personajes que ofrece Sarah Orne Jewett —llenos de fuerza y de coraje pese al aislamiento, la soledad, la muerte de los seres queridos o la pérdida del mar como vía para conocer el mundo y ampliar cultura y pensamiento— el sentido del humor salpica con mucha gracia y calidez la narración de esta pequeña gran historia. La autora reflexiona sobre las duras contrapartidas de aislarse del mundo pero también sobre la autenticidad de las relaciones que se establecen (con otras personas y con la naturaleza) en un medio de esas características.
Lector, una historia atemporal y feelgood que te encantará.
Atención a la contraportada: Willa Carther señala La tierra de los abetos puntiagudos como un clásico norteamericano capaz de salir indemne pese al continuo transcurrir de la Historia.
Esta encantadora historia llegó a mí gracias al sorteo del aniversario de La Caverna Literaria de Jesús y a la pequeña y maravillosa (como Dunnet Landing) editorial Dos Bigotes.
También te gustará: Una temporada para silbar; Verano en English Creek; Me voy con vosotros para siempre; Cartas de una pionera; Cuatro hermanas
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
Flores para la señora Harris, de Paul Gallico
Ada Harris es una señora de la limpieza londinense que trabaja sin descanso en las casas de los mejores barrios de la ciudad. Aunque su profesión consiste en limpiar toda la porquería que los cerdos humanos dejan tras de sí en sus hogares, a Ada le gusta, es algo así como un perpetuo orgullo doméstico. Junto a su mejor amiga, la señora Violet Butterfield, también limpiadora, disfruta de los placeres sencillos de una taza de té en buena compañía, la compra de algún sombrero nuevo y salir al cine. Pero Ada tiene una necesidad perpetua de belleza en su vida, quizás por eso le gustan tanto las flores, y seguramente por eso cae totalmente rendida cuando ve por primera vez dos vestidos de Dior en el armario de una de sus patronas. Desde ese día, un deseo ardiente de comprarse su propio vestido de Dior posee a la buena de la señora Harris que llevará a cabo un riguroso plan de ahorro para volar a París y cumplir su anhelado sueño.
«Por muy anodina y gris que pareciera su existencia, la señora Harris siempre había deseado verse rodeada de belleza y color, algo que hasta el momento se había manifestado en una gran afición a las flores.«

Flores para la señora Harris es una simpática historia sobre los deseos y la suerte, sobre el optimismo y la esperanza, y sobre la inmoralidad, que «no es la desnudez sino portarse mal con otras personas«, como dice la singular Ada. Divertida y muy feelgood, esta novela breve de Paul Gallico se lee con una sonrisa en los labios y se disfruta por la personalidad de su protagonista pero también por el sentido del humor y la frescura de su autor. Puede leerse como una fábula, como un entretenimiento feliz y también como un genial homenaje a las señoras de la limpieza londinenses (esto último es broma, claro, pero resulta muy divertido el reconocimiento universal que todos los personajes de la novela le rinden a una señora de la limpieza londinense, como si éstas fueran una queridísima institución inglesa).
Me ha gustado especialmente la descripción de hace Gallico de sus personajes como, por ejemplo, la de una pequeña actriz que «tenía una figura exquisita y unos piececitos ágiles que jamás tropezaban con los cadáveres por encima de los que había pasado mientras trepaba por la escalera del éxito«. O cuando caracteriza a Violet Butterfield, la némesis y mejor amiga de Ada Harris, como una viuda «dada a hacer una interpretación lúgubre de la vida«. O las estupendas frases que dedica a Ada Harris: «No tenía miedo porque el miedo no forma parte del vocabulario de una señora de la limpieza londinense«; y el halo de admiración y respeto a las señoras de la limpieza londinenses por el que son reconocidas allí donde vayan (incluso si se desplazan a París o entran a comprar en la casa Dior), ese «halo de valor indómito, de independencia y de insolencia».
Lector, para cultivar la sonrisa y los buenos augurios. Para olvidarse de lo feo que en ocasiones puede volverse el mundo a nuestro alrededor.
También te gustará: Mr. Rosenblum sueña en inglés
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Flores para la señora Harris (para kindle)
Flores para la señora Harris (en papel)