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Inglaterra, su Inglaterra de A.G. MacDonell
“—La última vez que estuve vinculado a un batallón inglés fue hace cosa de un mes. Era un batallón de Worcestershire o Gloucestershire o de por ahí. El coronel llevaba un monóculo y se pasaba el día sentado en una trinchera bien profunda leyendo el Tatler. Hablaba como si él mismo fuera el Tatler, lo sabía todo acerca de lady Diana Manners, de los duques y de Gladys Cooper. Estuvimos seis días en el frente y estuvo preocupado todo tiempo excepto en una ocasión, cuando él mismo subió caminando con un bastón hasta un emplazamiento de ametralladoras Bosche y se le rindieron cincuenta y ocho. (…)
—¿Por qué los ingleses siempre se ríen cuando se menciona Aberdeen?
—¡Sabe Dios por qué! —contestó Davies— ¿Por qué tienen a un galés como Primer Ministro y a un escocés como Comandante en Jefe y a otro como Primer Lord del Mar del Almirantazgo, y creen que es gracioso?”
—¡Sabe Dios por qué! —contestó Davies— ¿Por qué tienen a un galés como Primer Ministro y a un escocés como Comandante en Jefe y a otro como Primer Lord del Mar del Almirantazgo, y creen que es gracioso?”

A.G. MacDonell fue galardonado con el premio James Tait Black Memorial 1933 con esta divertidísima novela sobre el excéntrico espíritu de la nación inglesa. A través de las siempre inocentes observaciones de Donald Cameron, un joven escocés que aspira a convertirse en periodista y escritor, se despliega toda una serie de situaciones satíricas y rocambolescas de las que el lector solo puede extraer una conclusión: los ingleses son incomprensibles.
“Tengo la impresión de que todas sus extravagancias, rarezas e incongruencias parten del hecho de que, en el fondo, básicamente, son una nación de poetas. Eso sí, se pondrán pálidos de ira si se lo dices.”
Un partido de críquet desternillante, un surrealista fin de semana en el campo por culpa de las “recomendaciones” de un amigo para ganarse el respeto de los mayordomos ingleses (atención al estupendo guiño al Jeeves de P.G. Wodehouse), o un mes como secretario de un diplomático en la Asamblea de Naciones Unidas donde aprende sobre el arte de no posicionarse jamás de los ingleses, esencia de su política (todos sus discursos son iguales: “Entrega por parte de los Estados libres de la Commonwealth británica a los ideales de la Alianza, nación de amantes de la paz, todos deben cooperar, maravilloso trabajo de la Alianza, elogios al Secretariado, economía en los gastos de la Alianza, unas palabras acerca de Woodrow Wilson y un homenaje a los franceses”).
Una novela brillante y divertida para seguir sin comprender a una nación que durante el siglo pasado controlaba todos los puertos estratégicos del mundo y que podía reírse de absolutamente todo excepto del espíritu de equipo del críquet y de Lord Nelson.
Lector, una estupenda sátira para los afectos al humor más inglés. Lectura de cabecera para la Tea&Sympathy Society.
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Etiquetado feelgood, humor literario, Libros excéntricos, Literatura británica, Novelas adorables
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Luna de verano de P.G. Wodehouse
En la espantosa mansión Walsingford Hall, residencia de sir Buckstone Abbott, su tranquila esposa y su encantadora hija Jane, este verano está lleno de molestos huéspedes de pago. Sin embargo, sir Abbott los necesita pues está totalmente arruinado. Su querida Jane en cambio, tiene emocionantes planes para ese verano pues ha alquilado la barcaza a su prometido, Adrian Peake, a quien quiere presentar a su padre pese a que él no tiene dónde caerse muerto. Sin embargo, la joven no sabe que Peake ya se ha prometido con la princesa Dwornitzchek, madrastra de Theodore y Joe Vanringham. Theodore pena su mal de amores por la secretaria de sir Abbott en la mismísima Wlasingford Hall, a la que llega su hermano Joe, perdidamente enamorado durante una visita a Londres de la joven Jane. Y por si todo no fuese suficiente lío, aparece el hermano de la señora Abbott, con extraños planes para Theodore que podrían poner en peligro las intenciones de la princesa Dwornitzchek de comprar la horrible mansión y procurarles una pequeña fortuna.
«Aún no ha visto usted lo mucho que valgo. Pero todo se andará. Reconozco que un hombre sensato no debería hacer lo que yo hice al proponerle bruscamente que nos casáramos cuando solo hacía veinte minutos que nos conocíamos. Realmente, fue absurdo. Debí haber esperado siquiera una hora… ¿Me perdona?«
Joe está locamente enamorado de Jane, que está prometida a Adrian, quién es un infame parásito a punto de casarse con la insoportable madrastra de Joe. Buck está enamoradísimo de Nena, que resulta que tiene un hermano sorpresa, que anda en busca de Tubby por culpa de su amor por miss Whitaker. Un enredo genial y divertidísimo, al más puro estilo del mejor Wodehouse, en la no tan pacífica campiña inglesa de entreguerras. Luna de verano es una novela que se lee casi de un tirón por su trama llena de intriga y giros rocambolescos pero sobre todo porque el lector se olvida de todo lo feo de este mundo y se dedica simplemente a pasarlo en grande con Buck y los Vanringham.
Ingenioso, sardónico, tremendamente inglés, P.G. Wodehouse, considerado como uno de los grandes autores de comedia de mediados del siglo XX, se pone romántico en Luna de verano para deleitar al lector con una trepidante historia de múltiples equívocos, damas confusas, sires atormentados y encantadores norteamericanos de diálogos enternecedoramente disparatados. Con un ritmo sostenido, su característica prosa, unos personajes excéntricos y la consecución de un clímax final apoteósico, Wodehouse es el remedio infalible contra el aburrimiento literario.
Lector, humor inglés de cinco estrellas para olvidarse del frío invernal que hace fuera de las páginas de un buen libro.
«Usted mira a la multitud, elige al más alto y fuerte de los que la compongan, se acerca a él, lo contempla desdeñosamente, y le pregunta si es un caballero o no«.
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Los millones de Brewster, de George Barr McCutcheon
Durante la noche en la que el joven Monty Brewster está celebrando con sus amigos (el club de los retoños de los más ricos de la ciudad de Nueva York) su 25 cumpleaños, recibe recado de que su abuelo acaba de morir dejándole en herencia un millón de dólares. Monty está más que feliz por despedirse de su modesto empleo en el banco de la familia y dedicarse a vivir cómodamente, pero el destino tiene otros planes para él. Al día siguiente de recibir su herencia, un bufete de abogados se pone en contacto con él para notificarle que su tío Sedgwich acaba de morir dejándole una fortuna de unos siete millones de dólares. Sin embargo, el excéntrico tío Sedgwich odiaba al abuelo de Monty y las cláusulas de su testamento son bastante peculiares: si Monty quiere heredar los siete millones de su fortuna deberá deshacerse del millón de su abuelo en el plazo de un año; no podrá disponer de ninguna propiedad una vez vencido ese plazo y deberá dilapidar el dinero con cierta moderación y bajo unas estrictas restricciones morales. El joven Brewster decide aceptar el desafío póstumo de su tío y se lanza a deshacerse de su fortuna a contrarreloj. Pero pronto se dará cuenta de que no resulta tan sencillo hacer desaparecer un millón de dólares sin ganarse la burla de sus conocidos, el sarcasmo de los empresarios y banqueros, la acerada crítica de las crónicas de alta sociedad, el desprecio de otros y la profunda preocupación de sus verdaderos amigos.
«Me parece bien que tenga la inteligencia de cambiar un mísero millón por esta otra suma, y le admiro por ello; pero me parece que olvida usted las condiciones establecidas en el testamento de su tío (…) ¿Se da cuenta de que no le será fácil gastarse un millón de dólares sin infringirlas de un modo u otro, perdiendo así las dos fortunas.«

George Barr McCutcheon publicó Los millones de Brewster en 1902 bajo seudónimo para ganarle cien dólares a su editor: se había apostado con él que el nombre del autor no era decisivo en la popularidad de una novela (por aquel entonces, el autor ya era conocido por su saga de Graustark). Pero con autor famoso o sin él Los millones de Brewster tuvo su merecida acogida por el público, que supo apreciarla y disfrutarla como la ingeniosa y divertida comedia que es.
La historia de cómo Brewster debe dilapidar un millón de dólares en un año (es un neoyorquino de familia rica en los años veinte del siglo XX) plantea algunas cuestiones en las que a primera vista el lector no había pensado: la burla de las personas que le rodean (¿cómo puede ser tan inepto en los negocios?), la crítica (¿cómo puede ser tan despilfarrador?), el desprecio (¿cómo puede ser tan tonto como para no pensar en su futuro? ¿Así respeta la memoria de su abuelo?), la incomprensión de sus amigos más queridos, que sufren por su salud y su obsesión despilfarradora, o el descubrimiento de algunas verdades (¿Le quieren por quién es o por su dinero?¿Le querrían igualmente si fuese pobre?). Pero sobre todo, esta carrera de Brewster en pos de la bancarrota es una demostración de quién es él en realidad. George Barr McCutcheon construye a un héroe valiente, sincero, fuerte y demuestra al lector que la valía de su personaje no tiene por qué basarse en el espíritu puritano y estadounidense tradicional de self-made man (el éxito a través del esfuerzo y el trabajo) sino que también es posible por el proceso contrario, el de perder todo el dinero/éxito.
Divertida, entrañable, ingeniosa y muy inteligente, esta estupenda comedia plantea cuestiones y situaciones que encantarán al lector. Impredecible y llena de humor, recuerda muchas veces ese estilo encantador de las películas de Ernst Lubitch o, entre otras, a El millonario de Ronald Neame (protagonizada por Gregory Peck y basada en un relato de Mark Twain).
Lector, no podrás dejar de leer hasta el final intrigadísimo por cómo será capaz Brewster de salir victorioso de semejante aventura.
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Pero… ¿quién mató a Harry? de Jack Trevor Story
Una hermosa mañana de verano, en la no tan apacible campiña inglesa (desde que la especulación constructora del señor Mark Douglas puso los cimientos de la urbanización Sparrowswick Heath), aparece el cadáver del pobre Harry. Abie, el hijo de cuatro años de la hermosa Jennifer, es el primero en toparse con el muerto, entre los helechos. Mientras esquiva las balas del nuevo capitán Albert Wiles, inexperto cazador con escopeta, va a avisar a su madre del hallazgo. No sin antes tropezarse con un conejo muerto y un nidito de amor clandestino. Jennifer no parece demasiado sorprendida por el hallazgo de su pequeño, pero más excepcional serán todavía las reacciones de sus vecinos porque, en el fondo de sus corazones, todos están convencidos de ser los autores de semejante crimen ¿Por qué?
«-¡Capitán Wiles!- exclamó la mujer.
El capitán soltó los tobillos del muerto y se cuadró.
-Sí, señora- dijo él.
La mujer miró al cadáver. Después miró la escopeta del capitán (…) y dijo:
-¿Qué, de caza? (…)
-Sí -dijo-. Un pequeño accidente. Está muerto.
Recelosa y con un poco de asco, la mujer tocó el cadáver con la punta del pie.
-Sí, ya veo -dijo.«

En el exuberante bosque que rodea la urbanización de Sparrowswick Heath nadie parece inmutarse por la presencia del cadáver de un desconocido excepto el atribulado capitán Wiles, que se cree culpable por accidente. Un vagabundo en busca de unas buenas botas, un artista generoso y a punto de enamorarse irremediablemente, un casanova sin remedio con las esposas de los demás, una hermosa viuda decepcionada con el amor, una simpática solterona dispuesta a darle una segunda oportunidad a los hombres… Los vecinos de Sparrowswick son excéntricos y lunáticos pero no se cortan ni un pelo a la hora de enterrar y desenterrar cadáveres según las circunstancias lo requiera.
Pero… ¿quién mató a Harry? es una pequeña muestra del mejor humor británico de mediados del siglo XX. Divertida, sardónica, salpimentada con humor negro, y bebiendo directamente de la esencia de Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, es una novela llena de ingenio y de situaciones imposibles que harán reír al lector. Jack Trevor Story, en su inconfundible estilo mordaz, recrea la desventura de un cadáver en una comunidad cerrada y peculiarísima, mientras que entre palas, entierros y «desentierros», surgen amores, intrigas y reconciliaciones. Publicada en 1949, fue llevada al cine por Alfred Hitchcock.
Lector, te gustará especialmente si eres un incondicional de la impecable flema británica.
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Trilogía de Corfú de Gerald Durrell
En 1935, la familia Durrell, harta del aburridísimo clima inglés, se traslada a la isla de Corfú para disfrutar de los beneficios del sol, del paisaje y de la amabilidad de sus gentes. Mamá Durrell, a la cabeza de la expedición, acostumbrada a acampar en la India desde que era pequeña, se hace sin problemas con una villa y se dedica a explorar nuevas recetas culinarias con los ricos alimentos autóctonos. El hermano mayor, el escritor Lawrence Durrell, se instala con la esperanza de poder escribir en paz entre visita y visita de docenas de sus peculiares amigos. Leslie, fanático de las armas de fuego, aumenta con paciencia su colección y disfruta feliz de la temporada de caza. Margo, la única hermana, va en busca de sol, romance y una solución para su terrible acné. Gerry, el más pequeño de todos con sus once años, encuentra en Corfú un paraíso para sus incansables estudios de zoología. Y es precisamente Gerry el narrador de las aventuras de esta singular y excéntrica familia, profundamente británica, en medio de una isla griega durante los años treinta del siglo XX. Las soluciones para todo del inefable Spiro, la sabiduría y las divertidas anécdotas de Teodoro, las invenciones aventureras de Kralefsky, la galería de personajes imposibles que visitan la villa de los Durrell a todas horas, o los avatares de los habitantes del zoo en miniatura que Gerry va creando a su alrededor son algunos de los mejores ingredientes que contribuirán a hacer inolvidable una estancia de cinco años en Corfú.
«-Tengo entendido que son ustedes tan amantes de los animales como yo -dijo la señora Vadrudakis con sonrisa bondadosa.
-Ya lo creo -dijo mamá-. Tenemos muchos. Verdaderamente es pasión por los animales lo que hay en esta casa, ¿sabe usted?
Dirigió una sonrisa nerviosa a la señora Vadrudakis, y en aquel instante cayó un gorrión muerto en la mermelada de fresa.
(…) Mamá se lo quedó mirando como hipnotizada; por fin se humedeció los labios y sonrió a la señora Vadrudakis, que se había quedado con la taza en el aire y una expresión de horror en el semblante.
-Un gorrión -señaló mamá débilmente-. Eh…, esto…, parece que están muriendo muchos este año.
En ese momento salía de la casa Leslie con la carabina en la mano.
-¿Hemos tumbado bastantes? -preguntó.«



La llamada trilogía de Corfú está compuesta por tres libros escritos por Gerald Durrell: Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. Escritos y publicados durante la segunda mitad del siglo XX, Durrell destinaba las ganancias de sus libros para sus expediciones, su zoo y su fundación para la conservación de la fauna (Durrell Wildlife Consevation Trusts). Aunque el escritor talentoso de la familia siempre fue su hermano Lawrence Durrell, es imposible que el lector no caiga rendido ante el sentido del humor, el encanto, la ternura y el ingenio con el que Gerald sabe dotar todas sus historias.
Las tres novelas de la trilogía de Corfú compendian los recuerdos de infancia del escritor, concretamente de cuando toda su familia estuvo viviendo en la isla durante unos cinco años. Los retratos de cada uno de los Durrell, de los campesinos corfiotas y de los distintos protagonistas amigos de la familia, siempre desde el punto de vista de un Gerry de once años, son absolutamente geniales. Si se añade una familia curiosamente original, un entorno paradisiaco y la invitación a la aventura que representa para un apasionado de los animales encontrarse en medio de una fauna desconocida, el resultado es una narración luminosa, apasionada y tremendamente divertida que constituye un auténtico placer para el lector.
«Dudo que este libro hubiese sido posible sin la colaboración y el entusiasmo de las siguientes personas, cosa que menciono para que no caigan las culpas sobre parte inocente. Mi sincero agradecimiento, pues, para: (…) Mi esposa, cuyas sonoras carcajadas al leer el manuscrito tanto me halagaron, aunque después confesase que lo que le hacía gracia era mi ortografía.«
Un humor profundamente británico, una narración desenfadada, unos recuerdos coloridos, inocentes, felices, y la pluma desinhibida del autor, hacen de estas tres novelas una lectura agradable, distinta y muy divertida. La descripción de los hermosos paisajes, marítimos y terrestres, de la isla de Corfú en los años treinta pone un contrapunto perfecto a las anécdotas y problemas de convivencia (con el zoo de Gerry) de los Durrell. Tres libros para sentirse feliz, sin duda.
Lector, una reserva natural deliciosamente encantadora en donde personas y animales constituyen los recuerdos de infancia más divertidos de la literatura.
Nota: Puede que al lector del siglo XXI le sorprenda la poca delicadeza que algunas veces demuestra el autor cuando era niño a la hora de asaltar el nido de algunas especies y llevarse a los polluelos. En su descarga señalaré que en los años treinta (y con solo once años) ni Gerald Durrell ni el mundo occidental habían establecido las bases de un respetuoso estudio de los animales. El pequeño Gerry lo compensó salvando a centenares de animales de los cazadores corfiotas.
«Aquello era una especie de pabellón de hospital, porque por entonces tenía yo seis gorriones recuperándose de las lesiones sufridas al quedar atrapados en ratoneras puestas por los niños campesinos, cuatro mirlos y un zorzal que se habían enganchado en anzuelos con cebo puestos en los olivares, y media docena de aves surtidas, que iban desde un charrán hasta una urraca, convalecientes de los efectos de perdigonadas.«
Y ya de adulto, su zoológico y su fundación fueron pioneros en establecer que solo podían estar en cautividad aquellas especies en peligro de extinción, y que ningún ejemplar debería estar solo sino rodeado exclusivamente por su fauna autóctona.
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