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Filetes de lenguado de Gerald Durrell

Gerald y Larry Durrell están en Corfú tomando unos tragos de retsina en la casa familiar cuando Gerald le pide a su hermano mayor consejo sobre el título de su nuevo libro. En un juego de palabras que hace referencia a su Spirit of place, Larry le desafía a titularlo Fillets of plaice (Filetes de lenguado) y Gerald recoge el guante. Este es el título de cinco relatos autobiográficos sobre diferentes momentos de la siempre sorprendente vida de Gerald Durrell y su familia y amigos. Un crucero para celebrar el cumpleaños de mamá que acaba en problemas con los nativos y un naufragio estrafalario; los amigos más excéntricos en el Londres de principios del siglo XX, siempre rodeados de una fauna peculiar y soldaditos de plomo pintados a mano; la desastrosa visita del supervisor colonial en Mamfe, África, entre crías de ardillas y puercoespines ahumados; una clínica de reposo con poco reposo por prescripción facultativa; y la locura encantadora de Úrsula, terror del diccionario británico y de los directores de orquesta del Royal Pavilion. 
«-Podemos partir de la suposición -dijo McGrade- de que moriremos probablemente después de comer el puercoespín ahumado, así que no merece tener en consideración los otros dos platos.
-No, no -dijo Martin, tomándole al pie de la letra-, tenemos que encontrar algo para después.

– Un velatorio -dijo McGrade-, no hay nada como un buen velatorio irlandés para levantarle el ánimo a todo el mundo.«

Gerald Durrell (1925-1995) fue un destacado zoólogo, naturalista y biólogo que dedicó toda su vida a la conservación de las especies amenazadas y fue un incansable viajero. Durrell no solo puso las bases de lo que sería el origen de los zoológicos contemporáneos (hábitat adecuado, puesta en libertad de las especies recuperadas siempre que fuese posible, que los animales no estuviesen solos en sus hábitats, etc.) sino que además fue un estupendo escritor de relatos cortos y de novelas autobiográficas llenas de humor, sensibilidad y encanto a toneladas. Entre sus escritos más conocidos destaca la trilogía que dedicó a relatar su infancia y adolescencia en Corfú, junto a su madre y a todos sus hermanos, en donde nació su pasión por la zoología: Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. Hermano menor de Lawrence (Larry) Durrell, Gerald destinaba las ganancias de la publicación de sus novelas y relatos a financiar sus numerosas expediciones científicas y la creación de un zoo respetuoso con las especies que albergase.
«-No parecen muy felices en este pueblo -observó Max.

-¿Y qué esperabas de estos malditos extranjeros? -dijo Donald-. Si estuviéramos en Inglaterra, sería otra cosa.

-Sí -dijo Larry sarcástico-, estaríamos bailando con ellos la danza de Morris hasta el amanecer.«
Filetes de lenguado se compone de cinco relatos, cinco piezas que Gerald Durrell agrupa bajo ese título y que tienen en común un magnífico sentido del humor y la voz entrañable del autor, que relata sus experiencia con animales y humanos (evidentemente son estos últimos los más exóticos de estas páginas) durante diferentes momentos de su vida. Divertidos, originales, personalísimos y estupendamente narrados, estos relatos constituyen una excelente oportunidad de conocer al naturalista y escritor, y dejan al lector con unas ganas tremendas de asomarse a Mi familia y otros animales. Sencillamente deliciosos.
Lector, no dejes pasar esta oportunidad de conocer a los peculiares Durrell y reírte un buen rato con el singular Gerald y su colección de animales y humanos en extinción.
También te gustará: Trilogía de CorfúEl antropólogo inocente; Todas las criaturas grandes y pequeñas; Ven y dime cómo vives

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Filetes de lenguado
 

Estuche con laTrilogía de Corfú (Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes, El jardín de los dioses)

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Matemos al tío, de Rohan O’Grady

El barco que llega del continente, deja a unos pasajeros inusuales en la costa de una islita remota del Canadá británico: Barnaby Gaunt, un niño de diez años encantadoramente travieso, y Christie MacNab, una niña de ciudad acostumbrada a vivir con muy poco. Para el sargento Coulter, el único hijo de la isla que volvió con vida de la Segunda Guerra Mundial, son una auténtica pesadilla. Los niños, sueltos todo el verano por la pacífica isla, son un torbellino de problemas, desastres (no todos intencionados) y travesuras. Sin embargo, para las viejas familias de la localidad, la visita infantil resulta toda una bendición para sus aburridísimas vidas. Las cosas se complican cuando Barnaby le confiesa a su amiga Christie que su tío desea matarlo para quedarse con su cuantiosa herencia paterna y Christie le promete que le ayudará a evitarlo… matando primero ellos al malvado tío. El sargento Coulter, trágicamente enamorado, preocupado por el regreso de un puma al que le falta una oreja, suspicaz ante el excéntrico tío de Barnaby y golpeado por la ignominia de dos estatuas etruscas falsas, tendrá que desentrañar la madeja del caso más misterioso y peliagudo de su carrera mientras evita que dos niños algo siniestros acaben por robarle el corazón.
«-Perdone, señor -dijo- ¿Sabe de algo que disuelva el chicle? Pero que no disuelva a un perro…
El primer oficial y el sobrecargo intercambiaron miradas.
-¿Ellos otra vez? -preguntó el primer oficial.
-Sí, señor. Uno de los border collie de la bodega. Tiene el bozal pegado al morro. Pensaron que le apetecería una bolita de chicle, los muy cabroncetes
La imagen de la cubierta y del interior es de Edward Gorey, y ha sido recuperada por Impedimenta de la edición original de 1963 de Let’s kill uncle

Rohan O’Grady es el seudónimo de la escritora canadiense June Skinner (Vancouver, 1922) y publicó Matemos al tío, considerada una de las obras góticas más relevantes del siglo XX, en 1963. Sin duda, una verdadera joya de la literatura del siglo pasado que encanta al lector por su humor, sus personajes y su narración tan inquietante como divertida.

O’Grady narra con soltura y muchísimo sentido del humor (inglés) las peripecias de dos niños con un aplastante sentido común y una inocencia maquiavélica que volverá loco al inefable sargento Coulter. El escenario de una isla sin jóvenes (todos muertos en la guerra), con un cementerio invadido por los hierbajos, un bosque habitado por un puma deprimido con mucha personalidad y una playa mortal, es perfecto para esta historia de planes homicidas y personajes inolvidables. Tal y como apunta la siempre estupenda Editorial Impedimenta en su contraportada, «Matemos al tío es una lectura deliciosamente perversa. Oscura y mortalmente ingeniosa.» Una novela que se disfruta con una sonrisa en los labios y los dedos impacientes por girar las páginas y descubrir el misterio que esconden todos los protagonistas de esta islita canadiense. Un libro para disfrutar, disfrutar y disfrutar.
«In an idyllic, peaceful island setting
two charming children on summer holiday
conspire to execute the perfect murder
-and get away with it.«
Lector, cuando termines esta novela lo único en lo que podrás pensar es en lo agradecido que sientes con Rohan O’Grady por haberla escrito. Encantadoramente escalofriante.
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Agatha Raisin y la quiche letal de M.C. Beaton

Agatha Raisin, una madura ejecutiva londinense sin pelos en la lengua y poco tiempo que perder, acaba de realizar el sueño de su vida: vender su agencia de publicidad a la competencia por una buena cifra y comprarse una casita en los Cotswold, concretamente en el ídilico pueblecito de Carsely. Pero esta precoz jubilación del ritmo apabullante de Londres no acaba de convencer a la dura Agatha, quién empieza a acusar el peso de la soledad de su nueva vida pese conversación climatologica de sus vecinos. Dispuesta a integrarse en Carsely y hacerse popular, Agatha participa en un concurso de quiches. pero cuando el juez de la contienda culinaria aparece enevenado tras haberse cenado su quiche, Agatha no puede evitar involucrarse en la misteriosa vida del difunto y llevar a cabo su propia investigación.
«Agatha afirmó con convencimiento que
ella presentaría su preferida: la de espinacas. La señora
Cummings-Browne rió. «Si vuelve a reírse así, le soltaré una bofetada»,
pensó Agatha., más todavía cuando a la risa de la mujer le siguió la
afirmación de que la señora Cartwright siempre ganaba.
«

Tras tropezar con esta novela en Bibliomanía y otros desvaríos y en Rustis y Mustis leen, me pareció que era justo lo que andaba buscando: una novela ligera, divertida, con un buen misterio clásico y esa pizquita de catracter inglés que tanto me gusta. M. C. Beaton (seudonimo de la escritora escocesa de novela histórica Marion Chesney) rinde su personalisimo homenaje a las novelas de Agatha Christie protagonizadas por su Miss Marple. Aunque, en este caso, más que un «Whodunit» es un «¿Pero cómo demonios lo hizo?».

Agatha Raisin dista mucho de ser Miss Marple: no es amable, no es encantadora, no es tan mayor ni perspicaz, y es una londinense en medio del corazón más convervador de los Cotswold. Pero el asesinato, el paisaje de fondo, el espíritu y el encanto de Christie indudablemente están en esta novela. Divertida, muy amena y con la prosa, siempre solvente y eficaz de Beaton, el lector se sumergirá sin problemas en la campiña inglesa para disfrutar del misterioso envenenamiento de un juez de concursos rurales que pese a sus orejas de soplillo estaba hecho todo un donjuan. La figura del detective Billy Wong, las idioteces de Roy, o los constantes guiños de la autora a las novelas de misterio británicas de mediados del siglo XX (la esposa del vicario, el coronel retirado del ejercito, la vecina cotilla, el pastel de riñones, el pub…) son algunos de los buenos ingredientes (además de la misma Agatha Raisin) que contribuyen a hacer de Agatha Raisin y la quiche letal una novela muy agradable.
Lector, una divertida y muy agradable novela de misterio que resultará simpática incluso a los fans de la gran Christie.
Nota: No se pierda el lector los continuos guiños a las novelas de misterio de tradición británica, a veces tan sutiles como los apellidos de algunos personajes secundarios (véase a la señorita Butteworth) y otras tan directas como «Ni siquiera la visitó el vicario. En una novela de Agatha Christie el vicario le habría hecho una visita, aparte, claro, de algún coronel retirado y su esposa.«
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Diario de una dama de provincias de E.M. Delafield

La dama de provincias vive en un pueblecito inglés con su marido Robert, sus dos encantadores hijos, Robin y Vicky, un servicio doméstico algo reacio y excéntrico, y unos bulbos de jacinto que se niegan a florecer debidamente pese a seguir las instrucciones del centro de jardinería. Desbordada por sus múltiples obligaciones domésticas y maternales, perseguida por la vida social de su entorno, acosada por las amenazantes notas del banco sobre sus descubiertos, siempre en guardia contra la odiosa Lady Boxe, la dama de provincias es capaz de encontrar tiempo y presupuesto para escaparse de vez en cuando a la jubilosa Londres o al siempre chic sur de Francia con su amiga Rose, con quién olvida momentáneamente el estrés de sus vicisitudes.
«Después de cenar me mezclo entre los asistentes y me encuentro con un conocido cuyo nombre he olvidado, pero que tiene relación con la literatura. Le pregunto si ha publicado algo últimamente. Dice que él no escribe obras para publicarlas y nunca lo hará. Se me pasa por la cabeza que sería muy conveniente que muchos otros adoptaran semejante actitud.«

Diario de una dama de provincias nació como una columna periódica que la revista Time and Tide publicaba semanalmente. E.M. Delafield (1890-1943) la escribió como una especie de autoparodia de su propia situación actual (una madre de clase media en un entorno de provincias), pero también como un estupendo diario satírico sobre las clases altas y medias de la Inglaterra rural de 1930.

Con un estupendo tono aparentemente ligero y resignado a su suerte de mujer desbordada por los acontecimientos, a veces irónico, otras jocoso, la mayoría de veces incrédulo, la protagonista desgrana en forma de entradas de diario su día a día en la bucólica campiña. Dicen algunos lectores que si la dama de provincias hubiese vivido en nuestros días, habría llevado un blog. Y, en cierto modo, no cuesta demasiado imaginarlo. Delafield escribe, con mucha personalidad y encanto, sobre niños felices, esnobs literarios, engreídas ladies, institutrices enloquecidas o maridos que se quedan dormidos tras las páginas del Times; un regalo para la sonrisa del lector.
Lector, un magnífico diario que convierte en humor los gestos más cotidianos de una dama tan ingeniosa como normal.
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El antropólogo inocente de Nigel Barley

En 1978, el doctor en antropología británico Nigel Barley decidió que le había llegado el momento de hacer trabajo de campo y se fue a Camerún a estudiar una diminuta tribu de costumbres propias: los dowayos. Vencido por la burocracia africana, dispuesto a alejarse de la influencia de las misiones religiosas blancas y sin la menor idea de cómo hacerse entender, el doctor Barley se instala por fin en la aldea más remota de los dowayos de la montaña. Pero pronto descubre que el romanticismo del antropólogo o las magníficas teorías de Malinowsky poco tienen que ver con el día a día en una aldea en la que un europeo jamás sería capaz de encontrar ni un solo referente cultural común.
«Los dowayos se dividen en dos sectores, los de montaña y los de planicie. Todas las personas con las que había hablado me instaban a vivir entre los dowayos de la planicie. Eran menos bárbaros, tenían provisiones y la mayoría hablaban francés (…). Los dowayos de montaña eran salvajes y difíciles, no me contarían nada, adoraban al diablo. Con esta información, el antropólogo solo puede hacer una elección: opté por los dowayos de montaña.«

El antropólogo inocente es un relato desenfadado y con mucho sentido del humor de las vivencias del doctor Nigel Barley entre el pueblo dowayo del África occidental. Aunque no lo parezca, por su amenidad y su punto de vista socarrón, se trata de un estudio antropológico. Aunque como Barley escribe con tanta soltura y gracia sobre su experiencia, cuando publicó en Gran Bretaña fue elegido como «uno de los libros más divertidos del año«, según la crítica inglesa. Sin artificios ni imposturas, Barley se ríe de las mitificaciones del trabajo de campo y cuestiona las diferentes corrientes en el pensamiento antropológico: ni todos son «buenos salvajes», ni todas sus ceremonias tienen sentido, ni toda su civilización es primitiva.
«Solo cuando estaban enfermos los dowayos me daban pena y me parecía que su manera de vivir era inferior a la nuestra. A parte de eso, gozaban de libertad, se consideraban ricos, tenían acceso fácil a sus principales formas de gratificación sensual con la cerveza y las mujeres, y se respetaban a sí mismos. En cambio, cuando se ponían enfermos, morían sin ninguna necesidad en la agonía y el terror.«
Barley se desliga de enjuiciamientos europeístas y afirma que la dowayo es una civilización como otra cualquiera. Aunque sí es cierto que, entre risas y exageraciones, el autor confirma uno por uno todos los tópicos africanos de finales de los años 70: absurda burocracia, delirante mezcolanza de tradiciones y modernidad, imperialismo y racismo, etc. En realidad, la gracia de esta lectura es que se trata de una mirada divertida, ingeniosa e informal,  pero muy certera, sobre un pedacito del que sigue siendo uno de los continentes más heterogéneos y sorprendentes desde el punto de vista eurocentrista que nos toca.
Lector, para exploradores curiosos: de cómo el doctor Barley sobrevivió al aburrimiento, a la enfermedad, al desastre y a la hostilidad de la sociedad dowayo (y volvió para contarlo).
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El antropólogo inocente

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