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Flavia de los extraños talentos de Alan Bradley
Flavia de Luce vive en la enorme mansión Buckshaw, a las afueras del pueblecito inglés de Bishop’s Lacey. Prácticamente dueña y señora de toda el ala este de la casa, reina absoluta del laboratorio heredado de su tío Tarquin, aunque solo tiene once años es toda una apasionada de la química y empieza a estar un pelín obsesionada con el tema de los venenos. Flavia apenas tiene recuerdos de su madre (muerta en un accidente de alpinismo), Harriet, y a veces echa de menos a su padre, el coronel de Luce, que suele ser un padre ausente. Por suerte y desgracia, comparten Buckshaw con ella sus insufribles dos hermanas mayores (Ophelia y Daphne), un ama de llaves y cocinera de habilidades culinarias dudosas, y Dogger, el hombre (con psicosis de guerra) de confianza de su padre. Cuando un moribundo aparece de madrugada en el jardín de los de Luce y exhala su último aliento con un «¡Vale!» a pocos centímetros de la nariz de Flavia, esta niña con coletas y corrector dental no tiene más remedio que tomar los hábitos de Sherlock Holmes y ponerse a resolver el caso antes de que alguien inocente de su familia sea acusado injustamente de cometer un asesinato.
«Ophelia y Daphne ya estaban sentadas a la mesa, desayunando. La señora Mullet les había filtrado la macabra noticia, así que habían tenido tiempo más que suficiente para adoptar poses de indiferencia (…).
-He encontrado un cadáver en el huerto de pepinos -les dije.
-Muy propio de ti -dijo Ophelia, para después seguir arreglándose las cejas.»

Flavia de Luce es una niña de once años con talento para la química y mucha curiosidad. Con sus coletas al viento, montada en su bici Gladys, Flavia se dispone a investigar un asesinato que está íntimamente relacionado con unos peligrosos sellos y el pasado de su padre. Mordaz, irónica, divertida y vulnerable, se trata de un personaje que, pese a los muchos talentos del título, no deja de tener el encanto infantil de sus once años.
Alan Bradley, guionista y escritor, fue galardonado en 2007 con el prestigioso Debut Dagger Award por su Flavia de los extraños talentos, una novela para adultos y jóvenes que, pese a estar ambientada en 1950, conjuga con mucho encanto la atmósfera victoriana de las novelas de Conan Doyle (Bradley es miembro de The Casebook of Saskatoon, una sociedad dedicada al estudio de los casos de Sherlock Holmes) con la originalidad y el ingenio de una protagonista de once años que no siempre acierta en sus deducciones, pero que sabe investigar y simpatizar con el lector por su excentricidad y su velada ternura.
Flavia de los extraños talentos es una novela que se disfruta por la sobria y elegante prosa de Alan Bradley, su estupendo sentido del humor, su casi casual atmósfera gótica y esa mezcla de ingenuidad y excéntrica inteligencia que tiene su protagonista principal. El encanto añadido de una mansión victoriana, los diálogos entre las tres hermanas, los interrogatorios de Flavia y la historia de fondo de sus padres y antepasados, convierten esta historia de misterio en una novela policíaca distinta, ingeniosa y divertida.
Lector, ándate con mucho ojo: la peculiar Flavia de Luce puede convertirse en tu detective preferida en cualquier momento.
También te gustará: La liga de los pelirrojos; El gran retorno; Elemental, querido Chaplin
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Flavia de los extraños talentos
Un hotel en ninguna parte de Mónica Gutiérrez
¿Quién dijo que las segundas oportunidades no podían ser las mejores? No importa lo mucho que te escondas: cuando el amor viene a por ti, te encuentra.
A Emma Voltarás no le queda nada: ni trabajo, ni casa, ni pareja. Por eso acepta una oferta para trabajar todo el invierno en El Bosc de les Fades, un hotel escondido en un bosque. Allí aprenderá que todo lugar extraordinario esconde secretos pero ¿no es ese el mejor punto de partida para empezar de nuevo? Y es que cuando no te queda nada allí de donde vienes no tienes más remedio que seguir adelante.
Emma pronto descubrirá que la amistad puede encontrarse en cualquier lugar, por muy escondido que esté, quizás de la mano de una camarera de habitaciones hada madrina, o de una niña extraordinaria, o de un viejo escritor necesitado de ternura, o de un cocinero que le abrirá las puertas de los escenarios, o de un surfero que se hace mayor a su pesar, o de una jardinera susceptible; o, quizás de la mano de un hombre huraño y maravilloso capaz de devolverle la ilusión por volver a bailar sobre zapatos de cristal entre las flores de un jardín encantado.

Sin mapas.
Sin prisas.
Sin condiciones.
Ven a perderte en El Bosc de les Fades.
La princesa prometida, de William Goldman
«Éste es el libro que más me gusta de todos, aunque nunca lo he leído.«
Cuando William Goldman era pequeño, tuvo que guardar cama algunas semanas mientras se recuperaba de una fea pulmonía que lo había mandado al hospital. Durante su convalecencia, su padre, un voluntarioso barbero que había emigrado desde Florín y aún seguía teniendo algunos problemas con el inglés, decide leerle la mejor novela del escritor florinés S. Morgenstern: La princesa prometida. Morgenstern había emigrado a Nueva York y el padre de Goldman había ido a verle una vez; tenía una cabeza enorme, pero escribió el mejor libro de todos los tiempos. Y esa fue la primera vez que William Goldman escuchó la historia de Buttercup y Westley, de Íñigo Montoya y Fezzik, de Vizzini, del hombre de los seis dedos, del malvado príncipe Humperdinck y de todo lo que les aconteció desde que, en una pequeña granja de vacas lecheras, el mozo de cuadras pronunció un «como desees«.
Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas. Serpientes. Arañas. Bestias de todas clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasión. Milagros.
¿Quién puede resistirse a una historia como esta?

La princesa prometida es una extraordinaria novela clásica de aventuras que nadie, bajo ninguna circunstancia ni excusa (ni siquiera la de la edad ¿qué excusa es esa? ¡por favor!), debería perderse. Y aunque hayas visto la película de Rob Reiner (una excelente adaptación, sin duda) ya sabes, lector, que el libro te aportará toneladas de magia extra. Recuerda que Goldman solo ha escrito para nosotros las mejores partes y nos ha ahorrado todos esos capítulos tan enojosos sobre la economía de Florín, los derechos de sucesión al trono, las descripciones sobre el equipaje o sobre los festejos de boda.
Aventura, amor verdadero, humor y algunas observaciones útiles sobre la vida llenan las páginas de este libro original y único pensado para uso y disfrute del lector. Personajes inolvidables, sorpresas y un tono narrativo peculiar con mucho sentido del humor hacen de La princesa prometida una historia que invita al lector a desaparecer del mundo real mientras está viviendo trepidantemente entre estas páginas. William Goldman no solo enriquece la trama con sus prólogos y anotaciones (no te pierdas ni una sola línea, de verdad que merecen la pena) sino que aporta siempre esa nota de ternura, de ilusión y de nostalgia que siempre tiene la complicidad del lector.
Lector, no sé por qué estás aquí, perdiendo el tiempo en leer esta reseñita, cuando podrías estar ya a medio camino de Florín perseguido por un gigante, un maestro de la esgrima y un genio del mal que han raptado a la mujer más hermosa del mundo.
Agradezco infinitamente a Isi la organización de la lectura conjunta de La princesa prometida en la que participamos el pasado mes de abril; hacía años que había leído este libro pero se me había olvidado lo mucho que lo había disfrutado. Gracias por tus buenas ideas, Isi.
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Las señoritas de escasos medios de Muriel Spark
«Hace un tiempo, en 1945, toda la buena gente era pobre, salvo contadas excepciones.«
La Segunda Guerra Mundial acaba de terminar. En un Londres todavía lleno de escombros, con cartilla de racionamiento y las heridas todavía abiertas, sigue en pie un pequeño club residencial para mujeres solteras de escasos recursos económicos pero buenas expectativas profesionales o matrimoniales: el club May of Teck, incólume a las bombas. El club ofrece protección y un lugar donde vivir, por un módico precio, a esas señoritas que están lejos de sus familias, porque trabajan en Londres, o porque están solas en el mundo. En sus pasillos y habitaciones conviven chicas tan dispares como la hermosa y esbelta Selina Redwood, capaz de salir por la ventana para pasar la noche en el tejado con un caballero, la inteligencia clarividente de la casi perfecta Joanna Childe, o la ansiedad y originalidad de Jane Wright, una aspirante a editora que ensaya las más peregrinas cartas mientras cuenta calorías. Todas ellas tienen en común su juventud y la promesa de una vida que no puede ir sino a mejor ahora que la guerra ha terminado y el país cuenta con ellas para su recuperación.
«Como ellas mismas sabían en mayor o menor grado, por aquel entonces había pocas personas más encantadoras, ingeniosas, conmovedoramente bellas y, en ciertos casos, salvajes, que las señoritas de escasos medios.«

Muriel Spark (Edimburgo 1918, Florencia 2006), de padre judío y madre presbiteriana, publicó Las señoritas de escasos medios en 1963 y está considerada como una de las mejores escritoras británicas de la posguerra. De prosa precisa y humor punzante, Las señoritas de escasos medios es una tragicomedia sobre la conmovedora fragilidad, pero también de la rotunda independencia y libertad, de unas mujeres jóvenes en un Londres que celebra el fin de la peor guerra que ha conocido en medio de la escasez y las ruinas. Un mundo que Muriel Spark conoció en primera persona puesto que ella misma trabajó por esa época en las oficinas del MI6 (el servicio secreto de inteligencia británico).
Divertida pero también espantosa, alocada y a la vez trágica, Las señoritas de escasos medios debe entenderse precisamente en ese contexto de celebración y penurias del Londres de 1945. Y aunque el lector nunca cae en la trampa de considerar la, aparentemente, ligera y desenfadada prosa de Muriel Sparks como inocente, lo cierto es que la autora consigue sorprenderle en ocasiones con la dureza de algunos de sus diálogos, la crueldad escondida tras la fina ironía de un comentario o la tragedia (anunciada) que sobreviene a las chicas de la historia. La prosa realista de Muriel Spark no es amable, pese a las apariencias, ni evocadora. Su sentido del humor es a veces algo escabroso, y aún así, su narración, aunque calculada, nunca resulta fría.
Lector, déjate seducir por las voces de sirena de estas señoritas de escasos medios y descubre la inteligente prosa de una de las autoras más interesantes del siglo XX.
