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Matar a un ruiseñor de Harper Lee

La mayor aventura de aquel año para Scout acabó con el brazo roto de su hermano mayor, Jem. Todo empezó durante el verano más caluroso de la pequeña población de Maycomb, Alabama, en el que Scout y Jem conocieron al pequeño Dill. Cómplices de correrías, habían jugado a desafiar el miedo que les causaba la leyenda sobre su vecino Bo Radley, encerrado en su casa durante años por un padre y un hermano crueles. Por aquel entonces, Atticus había sido designado por el juez Tate para defender a Tom Robinson de los cargos de agresión y violación de una mujer blanca, un caso que sabe perdido de antemano porque, en 1932, en la pequeña y conservadora población sureña de Maycomb, la segregación racial sigue muy presente. Scout no entiende mucho de lo que está pasando, ni siquiera entiende por qué tiene que ir a la escuela al final de ese primer verano, pero su padre Atticus le asegura que no podría seguir siendo quién es si no hubiese aceptado ese caso. Jem, a un paso de hacerse mayor, comprenderá que el horror, la maldad y la injusticia, no moran precisamente en la casa de los Radley sino en el interior de los hombres libres que caminan por Maycomb.
«-Atticus, ¿tú defiendes nigros? -pregunté a mi padre aquella noche.
– Claro que sí. Y no digas nigros, Scout. Es una vulgaridad.
-Es lo que dice todo el mundo en la escuela.
-Desde hoy lo dirán todos menos una.
-Bien, si no quieres que me haga mayor hablando de este modo, ¿por qué me mandas a la escuela?«

Matar a un ruiseñor, ganadora de un premio Pulitzer en 1961, es la única novela de Harper Lee (Alabama, 1926). Seguramente inspirada en la infancia y en el padre de la escritora, es, sin duda, una de las historias más hermosas y extraordinarias de la literatura estadounidense. El personaje de Atticus Finch, ese hombre íntegro y bueno, que educa a sus hijos en la tolerancia y el respeto, que conmueve hasta las lágrimas simplemente con levantarse las gafas por encima de la cabeza, ha entrado en la leyenda de los héroes imperecederos.
«La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia individual.»
En el corazón de una Alabama sumida en la Gran Depresión, la segregación racial, la hipocresía, la ignorancia y la pobreza constituyen los ingredientes de un drama que sacude los cimientos del pequeño pueblo de Maycomb. Solo un hombre, Atticus Finch, héroe a su pesar, tendrá la voluntad y la templanza para empezar a abrir camino hacia la luz y la justicia. Aunque (ya sabéis lo que dicen) un hombre bueno nunca está solo.
Parte de la belleza y la sutil delicadeza de esta historia reside en la elección de Harper Lee de la voz narradora de una niña, Scout, la hija pequeña de Atticus Finch. La inocencia de la mirada de Scout dota a toda la narración de un punto de vista velado por su condición infantil, por la incomprensión de lo que está sucediendo a su alrededor y por la ternura de una niña que adora a su padre. La autora cuenta de esta forma con la complicidad de un lector al que le hace el regalo de poder leer entre líneas (el goce de una doble lectura), que ve más allá del velo inocente de Scout y que a la vez aprecia la cándida narración de unos hechos y unas circunstancias abominables, en contraste. Harper Lee cuenta con la mirada adulta del lector para interpretar pero también para comprender y para disfrutar de una historia magníficamente contada.
«-De modo que tú no eres realmente un amanegros, ¿verdad que no?
-Claro que lo soy. Hago lo que puedo por amar a todo el mundo… A veces me encuentro en una situación difícil… Hija, no es un insulto que a uno le den un nombre que a otro le parece malo. Ello le demuestra a uno lo mísera que es la otra persona, y no le hiere.»
Poco puedo contarte más, lector, sin desvelar cosas de las que después me arrepentiría (como, por ejemplo, la extraordinaria escena final del capítulo 15). Matar a un ruiseñor, de Harper Lee, es una magnífica historia, entre otras muchas cosas, sobre la hipocresía, la conciencia de clase, la segregación racial en EUA durante la Gran Depresión, el sentido de la justicia de los niños, el vínculo entre pobreza e ignorancia, o la diferencia que puede marcar un solo hombre bueno pese a no ser más que una gota en el océano. Y te advierto, lector, de que esta novela es un regalo para el alma, emoción en estado puro, un libro bello y lleno de luz pese al dolor que contiene. Con su prosa sencilla y sus extraordinarios personajes, Matar a un ruiseñor entra, por méritos propios, en la lista de los imprescindibles.
Lector, dos palabras: Atticus Finch.
Nota: Atención a la acerada crítica de Harper Lee contra la calidad de la enseñanza pública estatal en la década de 1930. La profesora de Scout le prohíbe que lea y gasta el presupuesto escolar en cartulinas para colorear.
Nota (II): No se pierda el lector el brillante el rapapolvo de Harper Leer sobre la hipocresía estadounidense en el capítulo 26: la profesora de Scout explica a sus alumnos qué diferencia hay entre la Alemania de Hitler, que es una dictadura y por eso confina impunemente a los pobres judíos en guetos, despojándoles de todos sus derechos, y la democracia de Estados Unidos, en donde todos los hombres son iguales ante la ley y jamás ocurriría un caso de racismo y persecución semejantes. Por supuesto, en esas fechas, sobre todo en los estados sureños, la segregación racial era acérrima y los derechos de las personas afroamericanas brillaban por su ausencia en plena y flamante democracia.
Nota (III): Leí esta novela traducida al castellano pero compartí lectura con Letras con la sopa, quién la hizo en versión original y me advirtió de la minuciosa caracterización lingüística que llevó a cabo Harper Lee para cada uno de sus personajes (la cadencia del inglés de los sureños, la manera propia de hablar de los afroamericanos de 1930, las concesiones al lenguaje infantil de Scout, etc.). Para mi alivio, mi edición de Círculo de Lectores no había hecho experimentos extraños con los diálogos y, a falta de un reflejo más fiel pero a riesgo de una distorsión ridícula, la traducción es íntegra en castellano reglado. Gracias, Círculo de Lectores.
Nota (IV): Cerré este libro profundamente emocionada y con un nudo en la garganta. Esta ha sido una de las reseñas más difíciles de escribir ¿Cómo explicaros que se pone la piel de gallina cada vez que intento hablarle a alguien de Atticus Finch? (por cierto, mientras leía y por los siglos de los siglos, Atticus siempre será Gregory Peck).
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Matar a un ruiseñor (libro)
Matar a un ruiseñor (película)

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Diario de una dama de provincias de E.M. Delafield

La dama de provincias vive en un pueblecito inglés con su marido Robert, sus dos encantadores hijos, Robin y Vicky, un servicio doméstico algo reacio y excéntrico, y unos bulbos de jacinto que se niegan a florecer debidamente pese a seguir las instrucciones del centro de jardinería. Desbordada por sus múltiples obligaciones domésticas y maternales, perseguida por la vida social de su entorno, acosada por las amenazantes notas del banco sobre sus descubiertos, siempre en guardia contra la odiosa Lady Boxe, la dama de provincias es capaz de encontrar tiempo y presupuesto para escaparse de vez en cuando a la jubilosa Londres o al siempre chic sur de Francia con su amiga Rose, con quién olvida momentáneamente el estrés de sus vicisitudes.
«Después de cenar me mezclo entre los asistentes y me encuentro con un conocido cuyo nombre he olvidado, pero que tiene relación con la literatura. Le pregunto si ha publicado algo últimamente. Dice que él no escribe obras para publicarlas y nunca lo hará. Se me pasa por la cabeza que sería muy conveniente que muchos otros adoptaran semejante actitud.«

Diario de una dama de provincias nació como una columna periódica que la revista Time and Tide publicaba semanalmente. E.M. Delafield (1890-1943) la escribió como una especie de autoparodia de su propia situación actual (una madre de clase media en un entorno de provincias), pero también como un estupendo diario satírico sobre las clases altas y medias de la Inglaterra rural de 1930.

Con un estupendo tono aparentemente ligero y resignado a su suerte de mujer desbordada por los acontecimientos, a veces irónico, otras jocoso, la mayoría de veces incrédulo, la protagonista desgrana en forma de entradas de diario su día a día en la bucólica campiña. Dicen algunos lectores que si la dama de provincias hubiese vivido en nuestros días, habría llevado un blog. Y, en cierto modo, no cuesta demasiado imaginarlo. Delafield escribe, con mucha personalidad y encanto, sobre niños felices, esnobs literarios, engreídas ladies, institutrices enloquecidas o maridos que se quedan dormidos tras las páginas del Times; un regalo para la sonrisa del lector.
Lector, un magnífico diario que convierte en humor los gestos más cotidianos de una dama tan ingeniosa como normal.
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Diario de una dama de provincias (para Kindle)
Diario de una dama de provincias (en papel)

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¡Abajo el colejio! de Geoffrey Willans, ilustrado por Ronald Searle

Ola, mi nombre es Nigel Molesworth y en este libro os voy a ablar un poco de como es mi colejio, mis profesores y el direztor. Mi colejio se yama san custodio y apenas quedamos un puñado de balientes y agerridos muchachos porque casi todos son unos barbilindos, como mi ermano molesworth-2. Este colejio de San Custodio es un sitio a donde los padres nos lleban para desacerse de nosotros, prebio pago de tope dinero. En lo mas alto de la cadena alimenticia esta el direztor, que solo piensa en como atizarnos bien atizados y en escaquearse todo lo posible mientras recauda fondos entre los padres mas ricachos del colejio. Luego estan los profesores, que suelen ser más o menos pasables dependiendo de sus asijnaturas. Y por ultimo estamos nosotros, los pazientes heroes que sobrebiben dia a dia a esta tortura colejial.
«Mientras tanto se descubrieron los libros y un montón de gente aprendió a leer. Tampoco es que sea para tanto por que asta alguien como molesworth-2 sabe leer, pero ellos pensaron que era fabuloso y eso llebó a una trajedia muy grande: de paso inbentaron el colejio… Tanbién llebó al CONOCIMIENTO.«

La siempre extraordinaria Editorial Impedimenta vuelve a deleitar (y sorprender) a los lectores con ¡Abajo el colejio! una estupenda historia con el más genuino humor inglés contada desde el punto de vista de Nigel Molesworth, un alumno de armas tomar. Sarcástico, desesperanzado sobre las posibilidades de San Custodio, pero siempre valiente y demoledoramente sincero a la hora de informar sobre asignaturas y profesores, Nigel ofrece todo un manual de supervivencia para el colegial inglés.
«La historia enpezó mal y desde entonces ha ido a peor. Pasa como
cuando a peason y a mi nos descubren cada vez que vamos a fumar al
jardín ¡Sienpre caen los mejores onbres! (…) Por último nos machacaron
los yankis que tiraron nuestro té en el puerto de boston vestidos de
indios. Ese fue el fin de todo.
» (Sobre la asignatura de Historia).

¡Abajo el colejio! es una lectura divertida e ingeniosa que mantiene la sonrisa del lector de capítulo en capítulo y que resulta muy refrescante por su capacidad de sorprender y noquear a golpe de consejo disparatado. Además, las ilustraciones de Ronald Searle son tan ingeniosas y divertidas como el texto de Willans. Y la magnífica traducción de Jon Bilbao, que tuvo que luchar a brazo partido con su corrector de word y sus diccionarios, hace de esta lectura un placer inesperado.
Lector, para adictos al humor británico de internado inglés.
También te gustará: Y a mi sobrino Albert (…); Doctor en Irlanda; Jovencitos con botines

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¡Abajo el colejio!

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Un abril encantado de Elizabeth von Arnim

«Comenzó en un club de mujeres en Londres una tarde de febrero -un club desagradable y una tarde triste-, cuando Mrs. Wilkins, que había bajado desde Hampstead de compras y había almorzado en su club, cogió The Times de la mesa situada en el salón de fumar, y al recorrer con mirada indiferente la columna de los Anuncios Personales, vio lo siguiente:
Para aquellos que aprecian las glicinas y el sol. Se alquila pequeño castillo medieval italiano amueblado durante el mes de abril.«
¿Quién podría resistirse? Desde luego, Mrs. Wilkins no. Harta del tiempo inclemente de Londres en marzo, harta de sus vestidos «infestados de ahorro», y más que harta de la frialdad y mezquindad de su esposo, el anuncio de The Times parece haber sido redactado para hacerla reaccionar. El precio del alquiler es elevado, pero si pudiese compartir la estancia con alguien más… Y Mrs. Wilkins convence a Mrs. Arbuthnot, otra dama de su edad desolada por un matrimonio infeliz y una vida monótona. Juntas, encuentran a la anciana Mrs. Fisher, que necesita un lugar hermoso y tranquilo para recordar, y completan su pequeña aventura con la incorporación de la hermosa, rica y atormentada, Lady Caroline, que huye de los hombres. Las cuatro mujeres, tan distintas entre sí, encontrarán en San Salvatore un castillo al borde del mar capaz de convertir cualquier mes de abril en pura magia.

Elizabeth von Arnim nació en Australia y residió durante años en Alemania, en Estados Unidos y en la Provenza francesa, pero creció y se educó en Inglaterra, por eso todas sus novelas resultan británicas hasta la médula. Un abril encantado no es la excepción, por lo que el lector que guste del espléndido humor inglés de principios del siglo XX y de las mejores narraciones de la época, encontrará esta historia irresistible.
Divertida, encantadora (como su título indica) y llena de ternura, Un abril encantado es una estupenda comedia que convence por la fuerza de sus cuatro mujeres protagonistas, sus ingeniosos diálogos, sus estupendas situaciones cómicas (atención al encuentro entre Lady Caroline y un desnudo Mr. Wilkins, o la apoteósica cena del final) y su atrevimiento a salirse de lo convencional de la época. Una novela en la que resulta imposible denominar favorito a uno solo de los personajes que en ella aparecen porque todos son absolutamente brillantes.
La piedra angular del argumento reside en mujeres que huyen de los hombres; concretamente, en dos esposas desdichadas por la mezquindad respectiva de sus maridos, y otras dos que, aunque no sean esposas, acumulan experiencias variopintas con los hombres de sus vidas. Seguramente inspirada por la infelicidad de su propio matrimonio, Elizabeth von Arnim carga las tintas en el egoismo de los personajes masculinos y se ríe abiertamente del comportamiento estúpido de los que no son egoistas.
«-Habráse visto -pensó Mrs. Fisher-, resulta intolerable la forma en que una cara bonita puede transformar a un hombre encantador en un idiota.«
El resultado es una historia que brilla por la habilidad narradora de su ingeniosa autora, su buen ritmo en la alternancia de reflexión de los protagonistas, su excentricidad tan inglesa y las situaciones hilarantes, y por el encanto de un argumento bien pautado en el escenario de un castillo medieval italiano en pleno mes de abril. Sin olvidar, por supuesto, que el paso de los años ha sentado muy bien a Un abril encantado, dotándola del halo romántico y con olor a violetas que estas historias vintage siempre tienen para el lector más encantador de nuestro siglo.
Lector, fíate del título de esta novela porque Elizabeth von Arnim va a encantarte de veras, hasta el punto de que olvides en qué mes (y año) estamos.
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Un hotel en ninguna parte de Mónica Gutiérrez

¿Quién dijo que las segundas oportunidades no podían ser las mejores? No importa lo mucho que te escondas: cuando el amor viene a por ti, te encuentra.
A Emma Voltarás no le queda nada: ni trabajo, ni casa, ni pareja. Por eso acepta una oferta para trabajar todo el invierno en El Bosc de les Fades, un hotel escondido en un bosque. Allí aprenderá que todo lugar extraordinario esconde secretos pero ¿no es ese el mejor punto de partida para empezar de nuevo? Y es que cuando no te queda nada allí de donde vienes no tienes más remedio que seguir adelante.
Emma pronto descubrirá que la amistad puede encontrarse en cualquier lugar, por muy escondido que esté, quizás de la mano de una camarera de habitaciones hada madrina, o de una niña extraordinaria, o de un viejo escritor necesitado de ternura, o de un cocinero que le abrirá las puertas de los escenarios, o de un surfero que se hace mayor a su pesar, o de una jardinera susceptible; o, quizás de la mano de un hombre huraño y maravilloso capaz de devolverle la ilusión por volver a bailar sobre zapatos de cristal entre las flores de un jardín encantado. 

Sin mapas. 
Sin prisas.
Sin condiciones.
Ven a perderte en El Bosc de les Fades.

Un hotel en ninguna parte

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