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Prohibido leer a Lewis Carroll de Diego Arboleda, ilustraciones de Raúl Sagospe

El 10 de abril de 1932, una marquesa, un conde y dos barones acudieron en tropel a visitar a Eugéne Chignon con L’Herald des Arcs, un periódico de provincias francés, con la intención de que la joven leyese un pequeño anuncio que aparecía entre sus páginas:
«Prestigioso matrimonio en Manhattan, Nueva York, precisa urgentemente institutriz francesa para su única hija. Se requiere buenas referencias, sin duda, buena educación y, muy importante, imprescindible: CAPACIDAD PARA MENTIR (tanto en inglés como en francés).«
Y es que los encantadores habitantes del pueblecito francés en donde nació y creció Eugene le tienen mucho cariño, pero hace tiempo que la descartaron como institutriz para sus hijos por su terrible tendencia a causar accidentes (especialmente con el té y la porcelana). La joven pelirroja no está muy segura de poder mentir pero decide que Nueva York es una estupenda oportunidad para ella y se embarca rumbo al nuevo mundo tras haber recibido una oferta en firme del prestigioso matrimonio (las buenas referencias francesas han llovido sobre Manhattan). La aventura de Eugene comienza en el barco que la lleva hasta Nueva York y se pone realmente interesante cuando conoce a su alumna, Alice, una maravillosa niña de diez años capaz de recrear el increíble mundo de Lewis Carroll.

Prohibido leer a Lewis Carroll es una estupenda historia de aventuras fuertemente marcada por las influencias literarias de L. Carroll y J.M. Barrie (con acento inglés incluido). Divertidísima, original e ingeniosa, la increíble aventura de Eugéne Chignon, institutriz, desastriz y disimulatriz a tiempo completo, es una lectura recomendable para todos aquellos que disfrutan con lo inesperado y los detalles más excéntricos de las buenas historias. La imaginación de Diego Arboleda, su encanto para construir personajes, y las simpáticas ilustraciones de Raúl Sagospe hacen de esta lectura una experiencia llena de ternura y felicidad.
Un tío escalador de fachadas aquejado de un hambre insaciable desde que fue rescatado del desierto chino, un padre angustiado porque ya casi nadie es capaz de distinguir entre excelencia y magnificiencia, un explorador atípico obsesionado con un huevo de aepyornis, Alice Lidell y Peter Davies, son algunos de los extraordinarios personajes que pueblan las páginas de este viaje literario que recupera sin problemas el encanto de los cuentos más divertidos de principios del siglo XX. Sin duda, una lectura para disfrutar con una sonrisa en los labios y la certeza del descubrimiento de una pequeña joya multicolor.
Lector, ponte el salacot, refresca todo lo que sabes de Alicia y Peter Pan, y ven a explorar las selvas del Manhattan excéntrico y romántico de principios del siglo XX de la mano de la desastriz más encantadora del viejo continente.
También te gustará: Dónde viven los monstruos; Peter Pan y Wendy; El único y verdadero rey del bosque; James y el melocotón gigante

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Prohibido leer a Lewis Carroll

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La princesa prometida, de William Goldman

«Éste es el libro que más me gusta de todos, aunque nunca lo he leído.«
Cuando William Goldman era pequeño, tuvo que guardar cama algunas semanas mientras se recuperaba de una fea pulmonía que lo había mandado al hospital. Durante su convalecencia, su padre, un voluntarioso barbero que había emigrado desde Florín y aún seguía teniendo algunos problemas con el inglés, decide leerle la mejor novela del escritor florinés S. Morgenstern: La princesa prometida. Morgenstern había emigrado a Nueva York y el padre de Goldman había ido a verle una vez; tenía una cabeza enorme, pero escribió el mejor libro de todos los tiempos. Y esa fue la primera vez que William Goldman escuchó la historia de Buttercup y Westley, de Íñigo Montoya y Fezzik, de Vizzini, del hombre de los seis dedos, del malvado príncipe Humperdinck y de todo lo que les aconteció desde que, en una pequeña granja de vacas lecheras, el mozo de cuadras pronunció un «como desees«.
Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas. Serpientes. Arañas. Bestias de todas clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasión. Milagros.
¿Quién puede resistirse a una historia como esta?

La princesa prometida es una extraordinaria novela clásica de aventuras que nadie, bajo ninguna circunstancia ni excusa (ni siquiera la de la edad ¿qué excusa es esa? ¡por favor!), debería perderse. Y aunque hayas visto la película de Rob Reiner (una excelente adaptación, sin duda) ya sabes, lector, que el libro te aportará toneladas de magia extra. Recuerda que Goldman solo ha escrito para nosotros las mejores partes y nos ha ahorrado todos esos capítulos tan enojosos sobre la economía de Florín, los derechos de sucesión al trono, las descripciones sobre el equipaje o sobre los festejos de boda.
Aventura, amor verdadero, humor y algunas observaciones útiles sobre la vida llenan las páginas de este libro original y único pensado para uso y disfrute del lector. Personajes inolvidables, sorpresas y un tono narrativo peculiar con mucho sentido del humor hacen de La princesa prometida una historia que invita al lector a desaparecer del mundo real mientras está viviendo trepidantemente entre estas páginas. William Goldman no solo enriquece la trama con sus prólogos y anotaciones (no te pierdas ni una sola línea, de verdad que merecen la pena) sino que aporta siempre esa nota de ternura, de ilusión y de nostalgia que siempre tiene la complicidad del lector.
Lector, no sé por qué estás aquí, perdiendo el tiempo en leer esta reseñita, cuando podrías estar ya a medio camino de Florín perseguido por un gigante, un maestro de la esgrima y un genio del mal que han raptado a la mujer más hermosa del mundo.
Agradezco infinitamente a Isi la organización de la lectura conjunta de La princesa prometida en la que participamos el pasado mes de abril; hacía años que había leído este libro pero se me había olvidado lo mucho que lo había disfrutado. Gracias por tus buenas ideas, Isi.
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La nariz de Edward Trencom de Giles Milton

A principios de 1969, Edward Trencom se siente un hombre razonablemente feliz y satisfecho. Gracias a su portentosa nariz, preciada herencia de familia, -larga, aguileña y provista de un característico abultamiento redondeado sobre el puente- ha llevado el negocio de sus antepasados a la fama mundial: la más célebre formagerie de Inglaterra. Trencom no solo es capaz de identificar el tipo y la procedencia de cualquier queso de su tienda, sino que además puede decir sin apenas error de cálculo cuándo y dónde fue ordeñada la vaca de cuya leche está hecho el manjar. La tienda original de los Trencom se quemó en el incendio de Londres de 1666, pero desde entonces, y gracias a la buena previsión de los varones narigudos de la familia que han ido heredando el negocio, la formagerie se conserva como proveedora de la casa real desde el siglo XVIII. Edward, felizmente casado con su querida Elizabeth e instalado en su olorosa rutina, cree que la vida no puede depararle más. Hasta que una mañana, un misterioso olor en sus almacenes le lleva hasta una caja de documentos antiguos y la sospecha de que una espantosa maldición pesa desde hace siglos sobre todos los herederos Trencom de prodigiosa nariz.

«—Cuando todos los demás están perdiendo la cabeza, es cuando más falta hace que una conserve la suya.
Elizabeth, que por entonces tenía diez años poco más o menos, le había preguntado cómo se conservaba la cabeza, una pregunta muy pertinente teniendo en cuenta que había estado leyendo un libro sobre María Antonieta.»

Giles Milton es un escritor y periodista inglés más conocido por sus estupendas guías de viaje, investigaciones y ensayos como Nathaniel’s Nutmeg (el hombre que tuvo el coraje de cambiar la historia). La novela La nariz de Edward Trencom (una novela de historia, intriga oscura y queso) es su primera obra de ficción en la que se barajan géneros como la intriga, la novela negra de ambientación histórica y el fino humor británico al estilo de la vieja escuela de P.G. Woodehouse, Stella Gibbons o Arnold Bennett.
Con una prosa magnífica y un ritmo narrativo sostenido, Milton consigue atrapar al lector desde el principio en una historia excéntrica y sorprendente sobre el heredero de una nariz prodigiosa en lo que se refiere a todos los quesos del mundo. Roquefort, brie, tulumotiri, cheddar, emmental, tynwood, gilden, stilton, charworth, bridgeworth… Un sinfín de quesos desfilan por entre las páginas de las aventuras y desventuras de los Trencom y su formagerie a lo largo de la Historia, dotando de su propio aroma y exquisitez las inquietudes de Edward. Divertida, distinta, bien tramada y mejor narrada, La nariz de Edward Trencom es una novela distinta, elegante y extravagante que hará las delicias de los lectores más curiosos, aquellos que siempre buscan lejos de las estanterías de best sellers o novedades. Destaca la antología en el tiempo de los antepasados del actual Trencom, sus rocambolescas muertes y sus peripecias para salvar sus quesos, así como el relato exquisito y divertidísimo del noviazgo y posterior matrimonio de Edward y Elizabeth, una pequeña joya dentro de esta historia que brilla por su originalidad y su fantástico e inteligente humor.
Lector, déjate sorprender por una historia distinta de excéntrico humor británico.

También te gustará: Enterrado en vida; Mr. Rosenblum sueña en inglés; El libro de la señorita BuncleSi quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:

La nariz de Edward Trencom (para kindle)
La nariz de Edward Trencom (en papel)

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La librería encantada de Christopher Morley

Roger y Helen Mifflin han abierto una pequeña librería en Brooklyn. Es un negocio de compra-venta de libros, bastante destartalado y peculiar, con las estanterías abarrotadas de viejos ejemplares y algunos clientes leyendo a placer por los rincones. No sólo tiene al canino Bock para guardarla, sino que además dispone de su propio club de debate, el club de la mazorca, y de la promesa de estar encantada. Roger y Helen no necesitan más para ser felices. Y eso que todavía se han topado con la hermosa Titania, su encantadora nueva dependienta, con Aubrey, su valiente publicista y protector, y el extraño misterio del Cromwell desaparecido dos veces.

 

«ESTA LIBRERÍA ESTÁ ENCANTADA
por los espectros de tanta gran literatura
como hay en cada metro de estantería.
(…)
Busque, amigo, busque cuanto guste,
pues bien claros están los precios. 
Y si quieres preguntar algo, hallará al dueño donde
el humo del tabaco se torne más espeso.
Compramos libros en efectivo.
Tenemos eso que usted busca,
aunque usted no sepa aún cuánto lo necesita.
La malnutrición del órgano lector es una enfermedad seria.
Permítanos prescribirle un remedio.
R. & H. MIFFLIN,
propietarios»

La librería encantada es la segunda parte de La librería ambulante, ambas del siempre ingenioso Christopher Morley. Pero pese a su prometedor prólogo y a sus extraordinarios primeros capítulos, queda un poquito a la zaga de su predecesora. Y no es que la prosa de Morley desmerezca o decaiga, ni mucho menos, sino que cualquier comparación con la saga de Redfield y el encanto rural de La librería ambulante… Pues eso, que resulta odiosa.

La encantadora librería de Brooklyn (algo llena en exceso de humo para el gusto del lector actual), el reencuentro con Roger y Helen, y las peregrinas teorías (esta vez también bélicas y pacifistas, además de literarias) del señor Mifflin, constituyen los puntos fuertes de la novela. Morley la escribe justo al finalizar la Primera Guerra Mundial, lo que da pie a su protagonista a reflexionar sobre el terrible conflicto y el proceso de paz posterior en que el Estados Unidos aportó su granito de arena. Roger echa mano de los grandes pensadores de la Historia y sus escritos para elaborar un discurso algo cándido pero lleno de pasión sobre el perdón y la condición de víctimas de todos los contendientes, de tender una mano a la Alemania vencida, de poner las bases a una paz duradera.
«Gracias a Dios que soy librero, traficante de sueños, belleza y curiosidades de la humanidad y no un simple mercachifle ¡Aún así, cuán indefensos quedamos cuando tratamos de explicar lo que ocurre en nuestro interior.«

El club de la mazorca, los debates que en él se llevan a cabo, la aparición de Titania Chapman o los anuncios de objetos perdidos, son algunos de los elementos que contribuyen al encanto de la narración. Sin embargo, hacia la mitad del libro, la trama se simplifica, los adorables señores Mifflin casi desaparecen de escena, y Aubrey se hace con el protagonismo de una historia de espionaje y misterio que, aunque provista de buen sentido del humor e impecablemente orquestada, resulta algo ajena al espíritu de aquel Parnaso que encantó a los lectores.Sin embargo, la librería encantada de los Mifflin tiene tanto encanto y personalidad que en los primeros capítulos de la novela una espera encontrarse de un momento a otro a Helene Hanff haciendo sonar la campanilla de la puerta al entrar en ella.

Lector, una historia con mucho encanto y metaliteratura para los amantes de las librerías peculiares y los misterios con libros incluidos.
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La librería encantada

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Todas las criaturas grandes y pequeñas de James Herriot

En 1937, Gran Bretaña no es un lugar en el que los jóvenes veterinarios recién licenciados puedan encontrar un buen trabajo. Los salarios son casi inexistentes y la práctica todavía resulta complicada dependiendo del profesional que te contrate. Muchos jóvenes trabajan apenas por la manutención y el alojamiento, otros apenas se diferencian de un criado para todo. James Herriot tiene 23 años, acaba de terminar los estudios de veterinaria y sabe que no lo tiene nada fácil. Pero la fortuna le sonríe cuando empieza a trabajar para Siegfried Farnon, el veterinario de Darrowby, en la hermosa campiña del Yorkshire más rural. Siegfried es algo excéntrico y muchas veces recalcitrante, pero es un buen hombre y excelente veterinario, y tiene total confianza en el joven Herriot. Pronto se les une en la casa, regentada por la señora Hall, el hermano menor de Siegfried, Tristán, un divertido y simpático estudiante de veterinaria con muchas ganas de divertirse. Entre los tres se encargan de todos los animales de la zona (perros, gatos, vacas, caballos, ovejas, cerdos…), día y noche, sin descanso, a merced de las peculiaridades de sus vecinos granjeros y sin perder, apenas, su británico sentido del humor.

«Para ese entonces, ya había formulado también algunas teorías quizás poco científicas; por ejemplo: las personas que vivían en casitas pequeñas siempre tenían perros muy grandes, y viceversa; los clientes que me decían «no importan los gastos» nunca pagaban la cuenta; cuando preguntaba el camino en los valles y me decían «no tiene pérdida» seguro que me hallaba al poco rato irremediablemente perdido.»

James Herriot (1916-1995), pseudónimo de James Alfred Wight, fue un veterinario inglés que escribió varias novelas en donde recogía sus mejores anécdotas y experiencias profesionales. Todas las criaturas grandes y pequeñas es una de sus obras semiautobiográficas más conocidas, que recoge con cariño, humor y mucho encanto sus primeros años de práctica veterinaria en el condado de Yorkshire. Herriot en realidad ejerció en Thirsk junto con su colega Donald Sinclair y su hermano Brian, pero el nombre del pueblo y de sus socios está cambiado porque la ley inglesa prohíbe cualquier publicidad para los veterinarios. Pese a que la mayoría de sus novelas fueron las más vendidas en Gran Bretaña y Estados Unidos, y algunas de ellas fueron adaptadas para el cine y la televisión, Herriot no dejó nunca de ejercer de veterinario.

Todas las criaturas grandes y pequeñas es la historia de los primeros años de profesión de Herriot en Yorkshire, una zona rural de paisajes cautivadores pero en donde la vida de los granjeros no es precisamente fácil a finales de la primera mitad del siglo XX. El joven veterinario va adquiriendo experiencia con la práctica: partos, resfriados, vacunaciones en masa, inspecciones de salud reglamentarias, intervenciones quirúrgicas, lesiones… Pero a veces, lo más complicado de su profesión no siempre son sus pacientes: lidiar con granjeros peculiares, las llamadas a horas intempestivas, el problema de ir en un coche que se cae a pedazos, los morosos, el cautivador encanto de la hospitalidad rural… Con un sentido del humor genuinamente británico y muchísimo cariño, James Herriot desgrana capítulo a capítulo un sinfín de anécdotas sobre aquellos tiempos en los que corría de una granja a otra (a veces, sin frenos) como veterinario.

La novela de James Herriot es toda una declaración de amor y cariño a los animales, de respeto y ternura, de preocupación por una profesión que en aquellos años a veces poco más podía hacer que evitar el sufrimiento; pero también es una discreta reflexión sobre los humanos que cuidan de ellos y toda una galería de retratos de las gentes y las costumbres del Yorkshire de 1937. La prosa de Herriot rebosa de calidez y encanto, y tiene una facilidad pasmosa para transportar al lector al pintoresco Darrowby incluso en la parte trasera del coche más decrépito de Inglaterra. Sus personajes son magníficos, entrañables, y sus anécdotas hacen que desees que Todas las criaturas grandes y pequeñas no termine jamás.
Lector, un libro imprescindible para veterinarios de vocación y rendidos admiradores del mundo animal. Una historia llena de encanto y humor que te dejará con ganas de más.
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