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Todas las criaturas grandes y pequeñas de James Herriot
En 1937, Gran Bretaña no es un lugar en el que los jóvenes veterinarios recién licenciados puedan encontrar un buen trabajo. Los salarios son casi inexistentes y la práctica todavía resulta complicada dependiendo del profesional que te contrate. Muchos jóvenes trabajan apenas por la manutención y el alojamiento, otros apenas se diferencian de un criado para todo. James Herriot tiene 23 años, acaba de terminar los estudios de veterinaria y sabe que no lo tiene nada fácil. Pero la fortuna le sonríe cuando empieza a trabajar para Siegfried Farnon, el veterinario de Darrowby, en la hermosa campiña del Yorkshire más rural. Siegfried es algo excéntrico y muchas veces recalcitrante, pero es un buen hombre y excelente veterinario, y tiene total confianza en el joven Herriot. Pronto se les une en la casa, regentada por la señora Hall, el hermano menor de Siegfried, Tristán, un divertido y simpático estudiante de veterinaria con muchas ganas de divertirse. Entre los tres se encargan de todos los animales de la zona (perros, gatos, vacas, caballos, ovejas, cerdos…), día y noche, sin descanso, a merced de las peculiaridades de sus vecinos granjeros y sin perder, apenas, su británico sentido del humor.
«Para ese entonces, ya había formulado también algunas teorías quizás poco científicas; por ejemplo: las personas que vivían en casitas pequeñas siempre tenían perros muy grandes, y viceversa; los clientes que me decían «no importan los gastos» nunca pagaban la cuenta; cuando preguntaba el camino en los valles y me decían «no tiene pérdida» seguro que me hallaba al poco rato irremediablemente perdido.»

James Herriot (1916-1995), pseudónimo de James Alfred Wight, fue un veterinario inglés que escribió varias novelas en donde recogía sus mejores anécdotas y experiencias profesionales. Todas las criaturas grandes y pequeñas es una de sus obras semiautobiográficas más conocidas, que recoge con cariño, humor y mucho encanto sus primeros años de práctica veterinaria en el condado de Yorkshire. Herriot en realidad ejerció en Thirsk junto con su colega Donald Sinclair y su hermano Brian, pero el nombre del pueblo y de sus socios está cambiado porque la ley inglesa prohíbe cualquier publicidad para los veterinarios. Pese a que la mayoría de sus novelas fueron las más vendidas en Gran Bretaña y Estados Unidos, y algunas de ellas fueron adaptadas para el cine y la televisión, Herriot no dejó nunca de ejercer de veterinario.
Todas las criaturas grandes y pequeñas es la historia de los primeros años de profesión de Herriot en Yorkshire, una zona rural de paisajes cautivadores pero en donde la vida de los granjeros no es precisamente fácil a finales de la primera mitad del siglo XX. El joven veterinario va adquiriendo experiencia con la práctica: partos, resfriados, vacunaciones en masa, inspecciones de salud reglamentarias, intervenciones quirúrgicas, lesiones… Pero a veces, lo más complicado de su profesión no siempre son sus pacientes: lidiar con granjeros peculiares, las llamadas a horas intempestivas, el problema de ir en un coche que se cae a pedazos, los morosos, el cautivador encanto de la hospitalidad rural… Con un sentido del humor genuinamente británico y muchísimo cariño, James Herriot desgrana capítulo a capítulo un sinfín de anécdotas sobre aquellos tiempos en los que corría de una granja a otra (a veces, sin frenos) como veterinario.
La novela de James Herriot es toda una declaración de amor y cariño a los animales, de respeto y ternura, de preocupación por una profesión que en aquellos años a veces poco más podía hacer que evitar el sufrimiento; pero también es una discreta reflexión sobre los humanos que cuidan de ellos y toda una galería de retratos de las gentes y las costumbres del Yorkshire de 1937. La prosa de Herriot rebosa de calidez y encanto, y tiene una facilidad pasmosa para transportar al lector al pintoresco Darrowby incluso en la parte trasera del coche más decrépito de Inglaterra. Sus personajes son magníficos, entrañables, y sus anécdotas hacen que desees que Todas las criaturas grandes y pequeñas no termine jamás.
Lector, un libro imprescindible para veterinarios de vocación y rendidos admiradores del mundo animal. Una historia llena de encanto y humor que te dejará con ganas de más.
También te gustará: Doctor en Irlanda; L’auberge, un hostal en los Pirineos; El libro de la señorita Buncle
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Verano en English Creek de Ivan Doig
En el verano de 1939 muchas cosas cambiaron para la familia McCaskill en English Creek, Montana. Jick, el pequeño de los dos hermanos McCaskill, estaba a punto de cumplir quince años y pensaba que se hallaba en tierra de nadie: no era lo bastante mayor como para ser incluido en las conversaciones adultas de sus padres pero tampoco era ya tan pequeño como para no darse cuenta de que su hermano Alec se había declarado en abierta rebeldía. Jick esperaba mucho de aquel verano, de la siega del tío Pete, de las fiestas del 4 julio, de su tiempo vacacional junto a su mejor amigo Ray, de las excursiones con su padre, el guardia forestal de la región, para inspeccionar los hermosos bosques del Two Medecine. Pero nada resultó lo que esperaba porque aquel verano de sus catorce años Jick McCaskill viviría acontecimientos únicos, recuerdos imperecederos de su hermosa Montana, el Paraíso de los Escoceses en plena recuperación (y transformación) tras el duro golpe de la crisis del 29, las malas cosechas, las plagas y las sequías de los años anteriores.
«Podía haberlo sabido. «Aquel verano…» sería la frase que utilizaría en adelante mi madre para referirse a ese verano. Para mí, el verano en el que ni siquiera la siega resultó como yo pensaba. El verano en que empecé a preguntarme si alguna vez las cosas terminan como uno espera.«

Con una cadencia más reposada que en Una temporada para silbar, pero con la misma magia del estilo único y encantador del mejor cronista contemporáneo del Oeste, Verano en English Creek es una extraordinaria historia sobre los primeros colonos en un rincón de Montana, las peripecias de sus descendientes para perdurar allí pese a las inclemencias del tiempo y la economía, y el verano en el que todo cambió para la familia McCaskill. La belleza de la prosa, el estilo y el ritmo de Ivan Doig envuelven con tanta delicadeza al lector que cuándo éste cierra el libro se sorprende volviendo de los bosques del Two Medicine con cierto anhelo de volver a Montana. Verano en English Creek es una novela acogedora, en la que sumergirse sin tiempo ni medida, a la que rendirse sin miedo a los maravillosos paisajes, a las extraordinarias historias, a los increíbles personajes.
Un guardia forestal enamorado de sus bosques, un universitario convertido en cowboy, un vivandero misterioso cuya leyenda se difumina en vaharadas de alcohol, un anciano atemporal emparentado con los últimos indios del lugar que trasmite la Historia de English Creek, un ambicioso ranchero que recoge los despojos de la recesión, la sombra de una guerra inminente en Europa… Ivan Doig hila con cuidado todo un universo extraordinario y lo despliega ante la ávida mirada de su protagonista, el joven Jick McCaskill, lanzado a toda velocidad hacia los quince años y con la mala costumbre de tener el pensamiento más inquieto de Montana.
«-Jick, no hay ley alguna que diga que un McCaskill no pueda tener las mismas aspiraciones que cualquier otra persona. Simplemente porque tu padre y tu hermano, cada uno a su manera, tengan las necesidad de mirar al pasado para encontrarse con la vida, no es necesario que tú hagas lo mismo (…) No se puede vivir en el pasado. (…)
-Mamá, ya sé que no se puede, pero… ¿aunque sea solo un poco?«
Y es que al pequeño de los McCaskill le fascina la historia del lugar en el que vive, los legendarios primeros guardias forestales que delimitaron con sus propias manos las lindes de los bosques hasta entonces innombrados del Two, las vidas de los primeros colonos en aquella tierra todavía indomable. Verano en English Creek es el verano de un adolescente que muda de piel, que cambia de mirada, pero también es la historia de un paraíso salvaje y sus habitantes, unos hombres que estaban hechos de un material distinto para soportar el devenir de una vida auténtica, en letras mayúsculas.
Ivan Doig vuelve a enamorar a los lectores con esta increíble novela, de la que resulta imposible no guardar un recuerdo tan cálido como cuando se cierra uno de los libros de Mark Twain. Y quién no pesque diez truchas en el English antes de la hora de la cena, le debe un batido a los demás.
Lector, una lectura imprescindible, de las que te transportan directamente al paraíso soñado. Merece la pena asomarse a la prosa de Doig aunque sea una sola vez en la vida.
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¡No te pierdas la reseña de Isi de Verano en English Creek! Lo hemos estado hablando y hemos decidido que nos mudamos a Montana ¿os venís?
Me voy con vosotros para siempre de Fred Chappell
Jess vive en la granja de su familia, en Carolina del Norte, felizmente ocupado en las tareas del campo, los libros y las travesuras a las que su padre siempre acaba por invitarle. La abuela pone la comida y la disciplina, la férrea vigilancia, mamá es maestra de escuela y pasa casi todo el tiempo fuera, y papá es el compañero de juegos y trabajo que siempre ha querido tener. Cuando la granja resulta demasiado grande para ellos solos, papá contrata a Johnson Gibbs, un estupendo muchacho que no tiene problemas para adaptarse a su nuevo hogar y seguir con la tradición traviesa familiar. Y es que a veces la granja resulta un lugar demasiado tranquilo, excepto cuando la rutina se interrumpe con las excéntricas visitas de un sinfín de tíos y primos bastante peculiares; como el mujeriego tío Luden, o como el tío Gurton y su misteriosa barba, o el tío Zeno que sólo habla para contar historias, o el tío Runkin que siempre viaja con su ataúd.

«-Yo que tú no lo haría -dijo mi padre-. No creo en los malos presagios, pero meterte en los ataúdes no puede darte mucha suerte. No tengo ningunas ganas de morirme. Es como saber que tienes que ir al dentista.
-No creo que sea así. Para mí que no se oye nada. -Yo hacía mucho ruido cuando iba al dentista.
-Bueno, si lo que quieres es silencio, vas a disfrutar de lo lindo cuando te mueras. El cementerio se traga los ruidos igual que el tío Runkin se traga la comida.
Sabía a qué se refería. el tío Runkin rebañaba el plato de tal manera que te sorprendía descubrir que no se había tragado también la decoración. «
Fred Chappell, novelista y poeta, escribió Me voy con vosotros para siempre como una especie de marco, de entorno, en donde encajar su tetralogía poética Midquest (1981). Pero también es el recuerdo más divertido y conmovedor de la infancia y juventud del autor en la granja de sus abuelos en Carolina del Norte. No es difícil descubrir a Chappell en la mirada del siempre inocente Jess, en la sinceridad y ternura de sus palabras.
Me voy con vosotros para siempre es un hermoso retrato de infancia en plena naturaleza. Una historia contada con cariño y humor sobre el lado más divertido de una familia con una buena colección de pintorescos tíos, que rompen la monotonía de la vida en la granja, y hacen las delicias de tres niños (aunque dos de ellos sean adultos): Jess, Johnson y Joe Robert. La prosa de Chappell es sencilla y hermosa, tan clara como las mañanas de primavera en la granja de Carolina, y sus diálogos son precisos, delirantemente ingeniosos. Lejos de metáforas poéticas o de imágenes evocadoras, el autor se despoja de su bardo de poeta y narra con la precisión que requieren unos personajes de indiscutible protagonismo absoluto (por encima de descripciones o paisajes) durante toda la novela. El resultado es una historia llena de ternura y sonrisas que transportará al lector a las mismísimas faldas de los Apalaches.
Lector, si entras en la granja de los Sorrell te va a costar muchísimo decirles después adiós ¿Qué mejor lugar para pasar el verano que aquí?También te gustará: Una temporada para silbar; La evolución de Calpurnia Tate; Cuatro hermanas
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El libro de la señorita Buncle, de D. E. Stevenson
Corre el año 1930 en Silversteam, un pequeño y rural pueblo inglés no muy lejos de Londres, y las rentas de la señorita Barbara Buncle han sufrido un severo revés en los duros años de la Gran Depresión. Preocupada por sus finanzas decide escribir un libro y probar suerte en la editorial londinense del señor Abbott para ganar algo de dinero. El señor Abbott lee El perturbador de la paz y concluye en que es una novela estupenda que probablemente le reporte grandes beneficios así que acepta publicarla bajo el seudónimo de John Smith. El problema es que la señorita Buncle no tiene imaginación y su libro no es más que el fiel retrato, una certera sátira muchas veces, de los habitantes del tranquilo Silverstream. Por mucho que Barbara haya cambiado el nombre del pueblo y el de los personajes, cuando los vecinos de Silverstream empiezan a leer la novela estalla el escándalo ¿Quién es John Smith? ¿Cómo se atreve a decir semejantes cosas de ellos? Y aunque algunos salen bien parados, una pequeña camarilla, liderada por la temible señora Featherstone Hogg y el iracundo señor Bulmer ponen en marcha un ofendido comité para desenmascarar a John Smith y darle su merecido por las mentiras que cuenta sobre ellos en El perturbador de la paz.

Dos solteras maduras que deciden comprarse pantalones y hacer un viaje a Samarcanda; una anciana con peluca que le pone pectina a su mermelada casera para que espese; un comandante retirado que de repente se da cuenta de que lleva años enamorado de su hermosa vecina; o una señora pretendidamente respetable que en su juventud fue corista, son algunos de los secretos que Barbara Buncle destapa en el siempre tranquilo Silverstream. Dorothy Emily Stevenson (1892-1973), hija de un primo de Robert Louis Stevenson, publicó El libro de la señorita Buncle en Londres en 1934 y fue un rotundo éxito. Y es que el alboroto que organiza Barbara Buncle en su pequeño pueblo inglés no tiene parangón.
El libro de la señorita Buncle es una estupenda e inteligente comedia escrita con precisión, elegancia y mucho encanto. La prosa de Stevenson es impecable, serena, acertadamente afilada e inocentemente disfrazada de sencilla crónica. Una sátira sobre la hipocresía y las miserias humanas más escondidas de las pequeñas comunidades escrita para hacer sonreír al lector y buscando siempre su complicidad. Quizás no tan ácida como La hija de Robert Poste, o tan pesimista como La librería, la novela de D.E. Stevenson se sitúa en la línea del mejor humor inglés literario de la primera mitad del siglo XX. El lector disfrutará del estilo personalísimo de esta autora, caracterizado por la sutileza de su burla, el sugerir más que explicitar algunas situaciones, y la delicada ternura en la que envuelve a sus personajes. Una novela divertida, inteligente y brillantemente escrita que se gana el favor del lector desde el primer capítulo. Sin duda, una perla de la literatura que merece la pena disfrutar en días nublados.
Lector, tómate unos días de vacaciones en Silverstream, donde la realidad supera a la ficción, y verás qué difícil te resulta decirle adiós a la encantadora señorita Buncle. Una historia estupenda.
También te gustará: La hija de Robert Poste; El mayor Pettigrew se enamora; La librería; Doctor en Irlanda; Mr. Rosenblum sueña en inglés
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