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Delicioso suicidio en grupo de Arto Paasilinna
Onni Rellonen es un director gerente de empresa de casi cincuenta años a la espera de que la administración venga a embargarle su casa de verano junto al lago. Su último negocio ha ido a la quiebra, como su matrimonio y su vida. Rellonen cree que la única salida digna que le queda es el suicidio. La mañana siguiente a la festividad de San Juan amanece luminosa y radiante, pero Onni está convencido de su propósito y para ello se va en busca de un lugar tranquilo para pegarse un tiro. Cuando finalmente encuentra un hermoso granero abandonado, resulta que está ocupado por un hombre con intenciones de colgarse de una de las vigas hasta morir. Rellonen llega justo a tiempo de impedir el suicidio del coronel Hermanni Kemppainen, lo que a su vez le disuade de suicidarse él mismo. Juntos, pasan las vacaciones en la casa de verano de Rellonen y traban una sólida amistad. De pronto son conscientes del centenar de personas que se suicidan cada año en Finlandia y, tras mucho debatir, deciden hacer un club de ayuda a los suicidas. Pero no para disuadirlos de su empresa, sino para acompañarlos hasta el final. Y así comienza la peripecia de un grupo de suicidas que recorre Europa en autocar en busca del mejor de los acantilados para poner fin a sus días.
«El enemigo más poderoso de los finlandeses es la oscuridad, la apatía sin fin. La melancolía flota sobre el desgraciado pueblo y durante miles de años lo ha mantenido bajo su yugo con tal fuerza, que el alma de éste ha terminado por volverse tenebrosa y grave. Tal es el peso de la congoja, que muchos finlandeses ven la muerte como única salida a su angustia.«

Delicioso suicidio en grupo es una divertida novela de humor negro sobre las intenciones suicidas de los finlandeses, pero también una magnífica y certera reflexión sobre los motivos que impulsan a las personas a dar ese paso y el mayor mal que sola nuestra sociedad actual: la soledad.
El humor de Arto Paasilinna es un humor limpio y respetuoso, que deriva con frecuencia hacia el sarcasmo y la ironía, y resulta brillante en la descripción de personajes y sus estupendos diálogos. Paasilinna crea dos protagonistas maduros, cansados, sin nada que perder, que todavía buscan una excusa para seguir en pie y seguir luchando. Encuentran uno en el otro, un amigo incondicional que por fin les escucha y les comprende, y un objetivo común: ayudar a otras personas tan perdidas como ellos. El autor reflexiona sobre la idea de que la mayoría de personas no pensarían en quitarse la vida si tuviesen alguien que les comprendiera, alguien que de verdad les escuchara. Pero en la sociedad de las redes sociales, paradójicamente, donde la comunicación es más sencilla y global que nunca, pocos son los que están dispuestos a escuchar.
Lector, una historia distinta que se lee con una sonrisa en los labios y la esperanza de encontrar un final feliz cuando acabe el camino; porque a veces es más la riqueza de ese camino que la importancia del lugar al que queremos llegar.
Nota: Atención al misterio del lago y las botellas, te encantará.
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Delicioso suicidio en grupo
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En picado de Nick Hornby
Maureen es una mujer en la cuarentena que vive con su único hijo, ya adulto, en estado vegetativo desde su nacimiento. Martin es un famoso presentador televisivo que acaba de salir de la cárcel por haber mantenido relaciones sexuales con una menor; su mujer y sus hijas no quieren ni verle, y su agente ya no puede conseguirle ningún empleo. Jess es una joven enloquecida, a menudo arrastrada por las drogas, el alcohol y la insoportable certeza de que su hermana y mejor amiga ha desaparecido para siempre. JJ es un músico norteamericano que acaba de ser abandonado por su novia y por su mejor amigo, con el que además tenía un fabuloso grupo de rock; ahora trabaja repartiendo pizzas en Londres. Es Nochevieja y en la azotea de Topper´s House estos cuatro personajes se encuentran en las circunstancias más incómodas: todos ellos han subido ahí con la idea de suicidarse. «Pero como suicidarse en un acto íntimo, y cuatro son multitud, mientras comen las pizzas de JJ postergan matarse hasta el día de San Valentín«. Y así comienza una relación, una no-amistad imposible, de cuatro personas desesperadas en busca de un motivo por el que seguir viviendo.
«Cuando estás triste -realmente triste, triste como para subir a lo alto de Topper’s House-, lo único que quieres es estar con otras personas que están tristes.«

Nick Hornby (Maidenhead, 1957), autor de Alta fidelidad y Juliet, desnuda, entre otras novelas, se adentra en las tortuosas sendas del suicidio para narrarnos una historia a cuatro voces, centenares de palabrotas, quintales de soledad y mucha desesperación. Todo ello narrado desde el testimonio particular de cada uno de sus cuatro protagonistas (atención al excelente trabajo de caracterización de las voces) y siempre acusando cierta deriva hacia el delirio y el humor más negro.
Aunque los personajes de esta historia tengan el firme propósito de suicidarse (al menos al principio de la novela) debe saber el lector que Nick Hornby nunca acaba de adentrarse por completo entre las tinieblas morales de tal planteamiento. Es decir, sus personajes piensan que son tan desgraciados que no tienen más remedio que dejar de sufrir, pero aún así, el autor se las compone para que sus voces sigan ostentando mucho humor (negro) y sus diálogos constituyan uno de los mayores atractivos de esta novela por su inmediatez, su ingenio y las réplicas punzantes que se dedican unos a otros. Maureen, Martin, Jess y JJ son desgraciados, sí, y al lector le costará encontrarles una solución para que sus vidas vuelvan a ser felices; pero aunque Maureen tenga toda la razón en estar deprimida, Jess sea gilipollas y loca, JJ esté más desorientado que Belén Esteban en Alba Editorial, y Martin sea despreciable ¿de verdad resulta inevitable su suicidio? Y es que, al fin y al cabo, todos los habitantes de Londres viven más o menos con cantidades similares de infelicidad.
Lector, si esperas una trama y un final dulcificado tipo Hollywood esta no es tu novela. Hornby no da cuartel a sus protagonistas (Maureen seguirá teniendo a su hijo, Jess seguirá siendo gilipollas, JJ, desorientado y Martin, despreciable) aunque, sorprendentemente, no escriba un drama sino una comedia. Una comedia negra sobre cuatro personas sin nada en común excepto sus intenciones suicidas, políticamente incorrecta, desesperada, y sin un verdadero final.
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Agatha Raisin y la quiche letal de M.C. Beaton
Agatha Raisin, una madura ejecutiva londinense sin pelos en la lengua y poco tiempo que perder, acaba de realizar el sueño de su vida: vender su agencia de publicidad a la competencia por una buena cifra y comprarse una casita en los Cotswold, concretamente en el ídilico pueblecito de Carsely. Pero esta precoz jubilación del ritmo apabullante de Londres no acaba de convencer a la dura Agatha, quién empieza a acusar el peso de la soledad de su nueva vida pese conversación climatologica de sus vecinos. Dispuesta a integrarse en Carsely y hacerse popular, Agatha participa en un concurso de quiches. pero cuando el juez de la contienda culinaria aparece enevenado tras haberse cenado su quiche, Agatha no puede evitar involucrarse en la misteriosa vida del difunto y llevar a cabo su propia investigación.
«Agatha afirmó con convencimiento que
ella presentaría su preferida: la de espinacas. La señora
Cummings-Browne rió. «Si vuelve a reírse así, le soltaré una bofetada»,
pensó Agatha., más todavía cuando a la risa de la mujer le siguió la
afirmación de que la señora Cartwright siempre ganaba.«
ella presentaría su preferida: la de espinacas. La señora
Cummings-Browne rió. «Si vuelve a reírse así, le soltaré una bofetada»,
pensó Agatha., más todavía cuando a la risa de la mujer le siguió la
afirmación de que la señora Cartwright siempre ganaba.«

Tras tropezar con esta novela en Bibliomanía y otros desvaríos y en Rustis y Mustis leen, me pareció que era justo lo que andaba buscando: una novela ligera, divertida, con un buen misterio clásico y esa pizquita de catracter inglés que tanto me gusta. M. C. Beaton (seudonimo de la escritora escocesa de novela histórica Marion Chesney) rinde su personalisimo homenaje a las novelas de Agatha Christie protagonizadas por su Miss Marple. Aunque, en este caso, más que un «Whodunit» es un «¿Pero cómo demonios lo hizo?».
Agatha Raisin dista mucho de ser Miss Marple: no es amable, no es encantadora, no es tan mayor ni perspicaz, y es una londinense en medio del corazón más convervador de los Cotswold. Pero el asesinato, el paisaje de fondo, el espíritu y el encanto de Christie indudablemente están en esta novela. Divertida, muy amena y con la prosa, siempre solvente y eficaz de Beaton, el lector se sumergirá sin problemas en la campiña inglesa para disfrutar del misterioso envenenamiento de un juez de concursos rurales que pese a sus orejas de soplillo estaba hecho todo un donjuan. La figura del detective Billy Wong, las idioteces de Roy, o los constantes guiños de la autora a las novelas de misterio británicas de mediados del siglo XX (la esposa del vicario, el coronel retirado del ejercito, la vecina cotilla, el pastel de riñones, el pub…) son algunos de los buenos ingredientes (además de la misma Agatha Raisin) que contribuyen a hacer de Agatha Raisin y la quiche letal una novela muy agradable.
Lector, una divertida y muy agradable novela de misterio que resultará simpática incluso a los fans de la gran Christie.
Nota: No se pierda el lector los continuos guiños a las novelas de misterio de tradición británica, a veces tan sutiles como los apellidos de algunos personajes secundarios (véase a la señorita Butteworth) y otras tan directas como «Ni siquiera la visitó el vicario. En una novela de Agatha Christie el vicario le habría hecho una visita, aparte, claro, de algún coronel retirado y su esposa.«
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Mr. Vértigo de Paul Auster
Walt Rawley tenía apenas nueve años cuando el maestro Yehudi le encontró en las calles de San Louis y le propuso cambiarle la vida. «Si vienes conmigo te enseñaré a volar» le dijo. Walt podía tener nueve años, y ser un sucio mocoso huérfano y analfabeto que se ganaba la vida en las calles, pero era lo bastante espabilado como para desconfiar. «Si cuando cumplas trece años no te he enseñado a volar, me podrás cortar la cabeza con una hacha» le propuso entonces con su exótico acento y su mirada oscura el maestro Yehudi. Quizás fue por esa promesa, o quizás porque no tenía nada que perder, pero Walt acepta el trato del misterioso judío y juntos abandonan San Louis para irse a vivir a una aislada granja de Kansas. Su nueva familia, además del maestro Yehudi y sus misteriosas enseñanzas, es una maternal piel roja, ex-actriz en el show de Búfalo Bill, y un etíope dispuesto a entrar en una de las mejores universidades del país. Y es que el hogar, el verdadero, a veces está en los rincones más inesperados de la existencia.
«Ya no quedan hombres como él. El maestro Yehudi era el último de su raza, y nunca más he vuelto a encontrar a nadie que se le pareciese: un hombre que en medio de la jungla se sentía como en su casa. Quizás no era el rey, pero entendía sus leyes mejor que nadie (…). No darse nunca por vencido. No es que él viviese siguiendo este lema, es que él se lo inventó.«

Paul Auster vuelve a sumergir al lector en una historia tan extraordinaria como el talento del escritor para darle vida y dimensión. Desde la primera frase, al lector no le queda más remedio que caer rendido, dejarse llevar por la cadencia de uno de los mejores narradores de los últimos tiempos. Porque Mr. Vértigo es, sobre todo, una historia que fluye, que envuelve y que arrulla, que convence y acompaña, que gusta por cómo está contada y por lo que cuenta.
Mr. Vértigo es una historia de aprendizaje, de amistad y de supervivencia. Auster hace viajar a sus personajes por los Estados Unidos de los años veinte, pero también por las miserias de la depresión del 29 y los años de cambio de la década de los treinta. El Ku Klux Klan, las ferias de la América profunda, el crack del 29, el negocio del petróleo, los grandes jugadores de beisbol de la época, las películas… Un telón de fondo para Walt y el maestro Yehudi (personajes con los que Auster derrocha ternura) que muchas veces es esa América protagonista y circunstancial, cruel y llena de oportunidades, de las novelas del autor.
Si bien es cierto que los personajes de Mr. Vértigo son distintos, encantadoramente excéntricos y adorablemente destinados a cierta tristeza (la hermosa rebeldía de Mrs. Whitherspoon, el coraje de Madre Sue, la visión de Esopo, la personalidad arrolladora y fuera de lo común de los dos protagonistas principales), también lo es que en esta novela lo magnífico es la historia y la forma que tiene Auster de contar: en manos de cualquier otro contador de cuentos habría sido totalmente distinta. El autor derrocha ternura con sus personajes protagonistas
Lector, una novela para disfrutar de uno de los mejores contadores de historias de este siglo, tan solo ligeramente ensombrecida (por ponerle algún «pero») por su excesivamente alargado final.
Nota: Desde la tercera parte (incluida) hasta el final del libro, Mr. Vértigo se convierte en un larguísimo final. Auster, Walt y Yehudi ya lo han dado todo en las páginas anteriores, ¿por qué alargarlo a riesgo de flojear a ojos del lector? Aunque por otra parte, el universo y los personajes de Mr. Vértigo son tan extraordinarios que todos podemos entender por qué a su autor le cuesta tanto despedirse para siempre de ellos.
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Diario de una dama de provincias de E.M. Delafield
La dama de provincias vive en un pueblecito inglés con su marido Robert, sus dos encantadores hijos, Robin y Vicky, un servicio doméstico algo reacio y excéntrico, y unos bulbos de jacinto que se niegan a florecer debidamente pese a seguir las instrucciones del centro de jardinería. Desbordada por sus múltiples obligaciones domésticas y maternales, perseguida por la vida social de su entorno, acosada por las amenazantes notas del banco sobre sus descubiertos, siempre en guardia contra la odiosa Lady Boxe, la dama de provincias es capaz de encontrar tiempo y presupuesto para escaparse de vez en cuando a la jubilosa Londres o al siempre chic sur de Francia con su amiga Rose, con quién olvida momentáneamente el estrés de sus vicisitudes.
«Después de cenar me mezclo entre los asistentes y me encuentro con un conocido cuyo nombre he olvidado, pero que tiene relación con la literatura. Le pregunto si ha publicado algo últimamente. Dice que él no escribe obras para publicarlas y nunca lo hará. Se me pasa por la cabeza que sería muy conveniente que muchos otros adoptaran semejante actitud.«

Diario de una dama de provincias nació como una columna periódica que la revista Time and Tide publicaba semanalmente. E.M. Delafield (1890-1943) la escribió como una especie de autoparodia de su propia situación actual (una madre de clase media en un entorno de provincias), pero también como un estupendo diario satírico sobre las clases altas y medias de la Inglaterra rural de 1930.
Con un estupendo tono aparentemente ligero y resignado a su suerte de mujer desbordada por los acontecimientos, a veces irónico, otras jocoso, la mayoría de veces incrédulo, la protagonista desgrana en forma de entradas de diario su día a día en la bucólica campiña. Dicen algunos lectores que si la dama de provincias hubiese vivido en nuestros días, habría llevado un blog. Y, en cierto modo, no cuesta demasiado imaginarlo. Delafield escribe, con mucha personalidad y encanto, sobre niños felices, esnobs literarios, engreídas ladies, institutrices enloquecidas o maridos que se quedan dormidos tras las páginas del Times; un regalo para la sonrisa del lector.
Lector, un magnífico diario que convierte en humor los gestos más cotidianos de una dama tan ingeniosa como normal.
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Etiquetado feelgood, humor literario, Literatura británica, Novelas adorables
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