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Archivo del Autor: Monica
El herbario de las hadas de Sébastien Perez, ilustrado por Benjamin Lacombe
En 1914, el todopoderoso Rasputín envía a Aleksandr Bogdanovitch, uno de los científicos más brillantes de su secreto Gabinete de Ciencias Ocultas, en busca del elixir de la inmortalidad. Bogdanovitch deja atrás a su esposa Irina, bailarina clásica, y a su pequeña hija Helena, y se adentra en los encantados bosques de Brocelianda, en la Bretaña francesa. Guiado por las instrucciones de la curandera del pequeño pueblo de Paimpont, el entusiasmado explorador se adentra cada vez en la espesura de Brocelianda en busca de plantas curativas y milagrosas. Pero lo que empieza siendo una expedición botánica pronto deriva en sendas más inesperadas y mágicas: Aleksandr Bogdanovitch se topa con especies de seres vivos nunca antes catalogadas.
«21 de mayo de 1914
Pero las leyendas que me han explicado sobre el bosque de Brocelianda me devuelven la esperanza. Evidentemente, no creo que encuentre duendes, ni criaturas mágicas, pero en aquel bosque debe haber alguna cosa que justifique la fama y las historias de las que hablan.«

El herbario de las hadas es el hermosísimo diario de expedición e investigaciones del botánico ruso Aleksandr Bogdanovitch. Como ya supondrá el atento lector por el título de esta reseña, las sobrenaturalmente maravillosas ilustraciones de Benjamin Lacombe son culpables de la belleza de esta edición de Edelvives. Pero también es cierto que la historia y el texto, elaborados también por Sébastien Perez, contribuyen con su inquietante suspense a convertir este libro en pura magia.
Esta historia, en forma de diario de expedición escrito en primera persona por su protagonista, un botánico presionado por el oscuro Rasputín de los últimos años de la Rusia zarista para que encuentre el elixir de la inmortalidad, se acerca con delicada precisión al descubrimiento de un universo escondido en un bosque de leyendas mitológicas. La prosa de elegante cadencia y evocadora sencillez de Sébastien Perez y de Benjamin Lacombe (ambos son responsables del texto), dota a la aventura de un halo romántico a la vez que reviste de una sorprendente verosimilitud las palabras de un científico derrotado por la naturaleza más misteriosa. Delicada como sus ilustraciones, la historia discurre por caminos de seda mientras se adentra, cada vez más, en el reino de lo desconocido.
Lector, una edición extraordinaria, de museo, que esconde mucho más que esa belleza a simple vista de sus ilustraciones.
También te gustará: Dónde viven los monstruos; Cuadernos secretos de Washington Irving; El único y verdadero rey del bosque
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Ganadoras Mugs and Books (II)
Reunidas las juezas Marilú, Mientras Leo y una servidora, y tras una ardua deliberación de varios días y muchas tazas, tenemos el placer de anunciaros (sin orden significativo) las tres fotos ganadoras de Mugs and Books (II).
De verdad que en esta segunda edición os habéis superado con creces y todas las fotos eran muy buenas. Ha sido complicado quedarse solamente con tres.
Y esas tres han sido…
Las ganadoras

Porque no siempre la hora del té es igual en todas partes, ni la literatura que le acompaña.

Porque las tazas también abren delicados y hermosos mundos de fantasía.

Quizás este año no haya conseguido el Nobel de Literatura, pero podemos sentarnos a tomar un té con él y sus gatos a ver si hay más suerte en el futuro.
Ruego a las tres damas ganadoras que me envíen cuando puedan un correo a serendipia.monica@gmail.com con su dirección postal para que pueda hacerles llegar el detallito sorpresa de premio.
Y como nos ha resultado tan difícil elegir tan solo tres de las muchísimas y estupendas fotos que habéis presentado a concurso, nos ha parecido justo que conociérais nuestras finalistas. Aunque sin premio, reciben especial mención del jurado…

«El cerebro de Andrew» de Lecturalia

«Hojas de hierba» de Ana Blasfuemia

Muchas gracias a todos los participantes por haber salido a jugar un ratito con entusiasmo y tan buenas ideas. Gracias por salir a jugar cuando os llamo ;-)
Y gracias a mis dos juezas sobornables y encantadoras, Marilú y Mientras Leo, que, aunque han estado jugando al escondite entre ellas, ocultándose los correos, han conseguido que parezca sencillo y divertido elegir entre tan buenas tazas y literatura.
También te gustará: Galería de Mugs and Books (II)
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El monstruo de Hawkline de Richard Brautigan
Hace años que nadie se atreve a hacer demasiadas preguntas sobre Greer y Cameron, una pareja de duros pistoleros asesinos a sueldo en el Oeste de 1902. Fustrados por un viaje a Hawaii muy poco lucrativo, el par de sicarios decide ahogar sus penas descansando en uno de los burdeles de San Francisco. Allí les encuentra Chica Mágica, una hermosa mujer india, o que quizás parece india pero no lo es (en esta historia pocas cosas son lo que parecen a simple vista). Chica Mágica les enseña un fajo de billetes de dólares americanos y les contrata para un encargo lejos de allí. Y así es como Greer y Cameron llegan a conocer a la enigmástica señorita Hawkline, que vive en una casona alejada de cualquier lugar medio civilizado, construída sobre unas minas de hielo, en donde siempre hace frío pese a los veranos recalcitrantes de Oregón, que tiene la terrible molestia de vivir atemorizada por un extraño monstruo.

La portada es de labreu edicions, en catalán. Puedes encontrar una edición en castellano en Anagrama
Richard Brautigan (Tacoma 1935, California 1984) fue un escritor estadounidense perteneciente a la llamada generación beat. Si bien su novela más conocida es La pesca de la trucha en América, tiene en su haber una docena de novelas, poemas y cuentos. Siempre con una crítica desigual, altibajos en su carrera literaria y dificultades para publicar, la vida de Brautigan quedó marcada con el diágnostico temprano de esquizofrenia y un tiempo recluido en el sanatorio en donde más tarde se filmaría Alguien voló sobre el nido del cuco (con electroshocks incluidos).
El monstruo de Hawkline (un western gótico), novela que Brautigan publicó en 1974, es una historia delirante y fantástica sobre dos pistoleros a sueldo que se encuentran con el caso más extraño de sus vidas: el encargo de matar a un monstruo que vive atrapado bajo la casa de la más extraña señorita Hawkline. Al principio divertida e ingeniosa para irse complicando a vuelta de tuerca con una realidad cada vez más enrarecida, El monstruo de Hawkline se lee con curiosidad, alguna sonrisa y algún fruncimiento de ceño ante las ocurrencias de este excéntrico autor.
Si bien reconozco que no soy especialmente admiradora del movimiento beat, seré justa al admitir que Brautigan tiene destellos muy brillantes de una prosa que a veces sorprende por su exactitud quirurgica, pero sobre todo seduce por lo magnífico de sus diálogos y el sentido del humor que reside bajo los despropósitos originales de sus personajes. Cautivo de las sensaciones, buen captador de instantes únicos y sensacionales, Brautigan presenta dos protagonistas singulares, Greer y Cameron, que por si solos podrían haber dado para toda una saga (brutal y divertida), y riza el rizo de lo inaudito con el desdoblamiento de otro personaje atípico y genial, el de la señorita Hawkline. El resultado es una historia extraña, de diálogos geniales y ambientación extraordinaria, cuyo final, por desgracia, naufraga un poco.
Lector, para curiosos en busca de una lectura diferente capaces de encontrar la gracia y el ingenio en los lugares (del oeste gótico) más insospechados.
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El monstruo de Hawkline
El niño perdido de Thomas Wolfe
Y la luz se fue y vino de nuevo a la plaza, y Grover se quedó allí pensando tranquilamente: «Aquí está la plaza y aquí está Grover; aquí está la tienda de mi padre y aquí estoy yo».
Grover camina por la calle en la que está la tienda de su padre, un justo tallador de lápidas. Una calle llena de comercios y de tenderos conocidos, queridos (casi todos), familiar y única. A principios del siglo XX, Sant Louis es una ciudad resplandeciente, casi nueva, llena de la luz de la exposición universal que acoge. Y Grover, ese muchacho despierto y sensible, ese niño extraordinario que será un niño perdido, disfruta de la luz, de la calle, de la plaza, de lo especial que tiene lo cotidiano cuando se mira desde los ojos de Grover.

Thomas Wolfe nació en Asheville en 1900 y murió a los 38 años, en Baltimore, víctima de la tuberculosis. En El niño perdido, el autor rinde un luminoso pensamiento a su hermano Grover, muerto en 1904, a la edad de 12 años, a causa del tifus. Breve pero tremendamente intensa, la peculiaridad de este relato reside en la delicadeza de las imágenes que evoca, en la belleza de la prosa de Wolfe. Precursor de los autores que posteriormente se inscribirían en el movimiento beat, Faulkner dijo de él que había sido el mejor escritor de su generación (lleno de modestia, decidió que él era el segundo). Sea o no el primero de una generación, parece poco discutible que Thomas Wolfe es uno de los mejores narradores norteamericanos, con el poder de evocar a través de la mirada de sus personajes un mundo totalmente nuevo.
Personalmente, he disfrutado de El niño perdido por la cadencia hermosa de la narración de Grove y porque ha sido, por encima de todo, una lección magistral sobre cómo dotar de voz propia y diferenciada (personalísima) a cada uno de los narradores de esta historia. Un pequeño calidoscopio tocado por la ternura y la tristeza, sobre el recuerdo y la pérdida de Grove, pero también sobre el peculiar encanto de un niño de 12 que paseaba por una calle consciente del Tiempo.
Y aunque, debido a mis gustos victorianos recalcitrantes, no me gusta especialmente la narración atípica, sincopada, inesperadamente retomadora, interrupta de la llamada generación beat, he sabido encontrar la belleza en este niño perdido de Thomas Wolfe.
Lector, lo mejor de este breve libro, la prosa de Thomas Wolfe, una lección bellísima sobre cómo escribir. Y. Aunque. Seas. Tan. Puñeteramente tradicional en cuestión de prosa… Ahhhhh… Tan puñeteramente como yo… Ahhhh… Dale. Una. Oportunidad… Dale una oportunidad a Wolfe. La belleza puede encontrarse incluso en las narraciones más inesperadas.
Esta lectura forma parte del Reto Serendipia Recomienda, y la recomendación es de Ana Blasfuemia. Gracias, Ana.
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El antropólogo inocente de Nigel Barley
En 1978, el doctor en antropología británico Nigel Barley decidió que le había llegado el momento de hacer trabajo de campo y se fue a Camerún a estudiar una diminuta tribu de costumbres propias: los dowayos. Vencido por la burocracia africana, dispuesto a alejarse de la influencia de las misiones religiosas blancas y sin la menor idea de cómo hacerse entender, el doctor Barley se instala por fin en la aldea más remota de los dowayos de la montaña. Pero pronto descubre que el romanticismo del antropólogo o las magníficas teorías de Malinowsky poco tienen que ver con el día a día en una aldea en la que un europeo jamás sería capaz de encontrar ni un solo referente cultural común.
«Los dowayos se dividen en dos sectores, los de montaña y los de planicie. Todas las personas con las que había hablado me instaban a vivir entre los dowayos de la planicie. Eran menos bárbaros, tenían provisiones y la mayoría hablaban francés (…). Los dowayos de montaña eran salvajes y difíciles, no me contarían nada, adoraban al diablo. Con esta información, el antropólogo solo puede hacer una elección: opté por los dowayos de montaña.«

El antropólogo inocente es un relato desenfadado y con mucho sentido del humor de las vivencias del doctor Nigel Barley entre el pueblo dowayo del África occidental. Aunque no lo parezca, por su amenidad y su punto de vista socarrón, se trata de un estudio antropológico. Aunque como Barley escribe con tanta soltura y gracia sobre su experiencia, cuando publicó en Gran Bretaña fue elegido como «uno de los libros más divertidos del año«, según la crítica inglesa. Sin artificios ni imposturas, Barley se ríe de las mitificaciones del trabajo de campo y cuestiona las diferentes corrientes en el pensamiento antropológico: ni todos son «buenos salvajes», ni todas sus ceremonias tienen sentido, ni toda su civilización es primitiva.
«Solo cuando estaban enfermos los dowayos me daban pena y me parecía que su manera de vivir era inferior a la nuestra. A parte de eso, gozaban de libertad, se consideraban ricos, tenían acceso fácil a sus principales formas de gratificación sensual con la cerveza y las mujeres, y se respetaban a sí mismos. En cambio, cuando se ponían enfermos, morían sin ninguna necesidad en la agonía y el terror.«
Barley se desliga de enjuiciamientos europeístas y afirma que la dowayo es una civilización como otra cualquiera. Aunque sí es cierto que, entre risas y exageraciones, el autor confirma uno por uno todos los tópicos africanos de finales de los años 70: absurda burocracia, delirante mezcolanza de tradiciones y modernidad, imperialismo y racismo, etc. En realidad, la gracia de esta lectura es que se trata de una mirada divertida, ingeniosa e informal, pero muy certera, sobre un pedacito del que sigue siendo uno de los continentes más heterogéneos y sorprendentes desde el punto de vista eurocentrista que nos toca.
Lector, para exploradores curiosos: de cómo el doctor Barley sobrevivió al aburrimiento, a la enfermedad, al desastre y a la hostilidad de la sociedad dowayo (y volvió para contarlo).
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