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La tienda de los suicidas, de Jean Teulé
En una metrópolis de un posible futuro cercano, una pequeña construcción encantadora, quizás una antigua iglesia, sobrevive entre enormes rascacielos. Es la tienda de los suicidas, un pequeño y acogedor establecimiento bien surtido de todos los objetos, ideas y sugerencias necesarias para asegurar a los suicidas su eficiente paso al otro mundo. El próspero negocio está regentado por el bien avenido matrimonio Tuvache, Mishima y Lucrèce, orgullosos padres del anoréxico y psicópata Vincent y de la deprimida e insegura Marilyn. Convencidos del horror del mundo que les rodea, se abstienen del suicidio propio por la firme convicción de que sus clientes les necesitan desesperadamente ¿Qué seria de ellos sin una tienda en la que adquirir sogas, venenos, pesos de cemento, espadas samurais o pistolas de un solo uso? Sin embargo, el nacimiento de Alan, el benjamín de la familia va a desbaratar el perfecto equilibro de su negocio en cuanto crezca lo suficiente como para ponerles a prueba con su felicidad innata, su optimismo, sus ganas de vivir y de salvar la vida a los demás.
«—Descubrieron en el brazo de Cleopatra dos mordeduras pequeñas y poco visibles (…).
—Si yo hubiera estado allí, con la serpiente habría hecho unos zapatos preciosos para que Marilyn pueda ir a bailar a la discoteca Kurt Kobain —dice Alan asomando la cabeza por la puerta entreabierta del dormitorio de su hermana.«

La tienda de los suicidas en una novela de humor negro, negrísimo, que destaca por la delicadeza de Jean Teulé a la hora de plasmar los sentimientos y estados de ánimo de sus peculiares protagonistas. Divertida y llena de ternura, es una historia que sorprende agradablemente al lector por su originalidad, su excelente narrativa y sus incomparables personajes. Sin duda, al terminar la última página de este libro, la familia Tuvache merecerá un rinconcito en el corazón de los lectores.
Jean Teulé, diseñador, guionista, viñetista y actor, demuestra en La tienda de los suicidas un envidiable dominio de la narrativa y una delicadeza exquisita en cada vertiente del alma cambiante de sus personajes. Desde el encantador y vital Alan, hasta la sensual Marilyn, el enloquecido Vincent, o la extraordinaria Lucrèce, todos los personajes de esta historia están delineados con claridad y sencillez, pero con tal precisión y sensibilidad que traspasan el papel (o la pantalla) y se mueven con soltura en la mente de los lectores. Pese al humor negro y a la temática suicida de este libro, la muerte y los desesperados que la desean pasan por la tienda como personajes anecdóticos hasta que Alan decide decirles «hasta mañana» en lugar de «adiós». Atención a los cuentos que explica Lucrèce a sus hijos antes de dormir, o a la encantadora profesionalidad de la señora con sus clientes:
«—Lo que sé es que el cianuro seca la lengua y produce una sensación desagradable. Así que, en el que preparo yo, añado unas hojas de menta para refrescar la boca… Esos son los pequeños pluses que ofrece nuestro establecimiento.«
Lector, entra en la única tienda del mundo en la que jamás venden a crédito y deja que los Tuvache te expliquen qué demonios es «el kit Turing» y por qué el logo de Apple es, precisamente, una manzana.
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Las puertas de Anubis de Tim Powers
En febrero de 1802, asediado por la derrota del ejército francés a manos del Imperio Británico en Abussir, un poderoso y decrépito hechicero egipcio hace un último esfuerzo por abrir las mágicas puertas de Anubis y conseguir que los antiguos dioses vuelvan al presente con todo su poder. Pero la misión, llevaba a cabo por sus servidores Fikee y Romany a las afueras de Londres, no se completa como es debido y deja tras de si unas secuelas imprevistas en forma de agujeros temporales a lo largo de varios siglos. En 1983, el señor Darrow, un empresario multimillonario aquejado de una grave enfermedad, convoca a Brendan Doyle para una entrevista de trabajo. Darrow está buscando un experto en el poeta y filósofo inglés Samuel Taylor Coleridge para que haga de guía a un reducido grupo de personas que han pagado una fortuna para ser los primeros en viajar al pasado; concretamente a una de las conferencias (los Aereopagitica de Milton) que impartió Coleridge en Londres, en la taberna La Corona y el Ancla, la noche del domingo 1 de septiembre de 1810. Y es que el señor Darrow asegura tener el conocimiento y la tecnología necesarios como para enviarles a todos en un viaje de ida y vuelta al Londres de 1810.

Tim Powers publicó Las puertas de Anubis en 1983 y tuvo un reconocimiento inmediato de la crítica al ser premiado ese mismo año con el Philip K. Dick Memorial Award. La novela es ya todo un clásico entre las obras de ciencia ficción y fantástica, y se considera por algunos editores como una de las historias sobre viajes en el tiempo más elegantes escritas hasta la fecha. La mayoría de críticos coinciden en señalar Las puertas de Anubis como la obra cumbre de Tim Powers y el motivo de que se reconozca al autor como uno de los pioneros del género Streampunk.
¿Novela fantástica, histórica, metaliteraria, thriller o ciencia ficción? Pues todo a la vez. Las puertas de Anubis es la extraordinaria historia de Brendan Doyle, un profesor experto en los poetas del romanticismo que tiene la extraña y peligrosa oportunidad de viajar en el tiempo hasta el Londres de 1810 y conocerlos en persona. Los atractivos de la novela son muchos: la atmósfera dickensiana extraordinariamente documentada y descrita por Tim Powers (desde el callejeo por las calles londinenses de la época hasta las historias más curiosas de los diarios populares); la destreza con la que el autor da vida a personajes y hechos históricos reales (Byron, Coleridge, el duque de Monmouth…) y los hace alternar y actuar con sus propios personajes y hechos ficticios; los constantes e inesperados giros en la trama y las sorprendentes vivencias del protagonista; la naturalidad con la que el autor combina elementos sobrenaturales en la trama como licántropos, hechiceros egipcios, payasos infernales,…; lo bien que encajan todas las piezas del puzle a medida que avanza la historia; la riqueza narrativa, el ritmo sostenido, la elegancia o la precisa sintaxis del autor; etc.
Por todo ello y por mil razones más, Las puertas de Anubis es una novela que se disfruta de principio a fin, que sorprende y deleita a cada página, y que no dejará indiferente ni al lector más purista del género ni a los ajenos a la temática. Una estupenda historia para adentrarse en el Londres más misterioso y romántico de principios del XIX y codearse con un joven Byron y un desorientado Coleridge, con los altos niveles de adrenalina que suponen el estar huyendo de un peligroso payaso maléfico y un ka hechicero con muy malas intenciones. Atención al extraordinario y siempre sorprendente William Ashbless y al encanto de Jacky en busca de venganza contra el malvado cara-de-perro-Joe.
Lector, una historia extraordinaria que hará que hasta te olvides de respirar mientras leas. Si después sonríes misteriosamente y te recorre un escalofrío cada vez que oigas las notas del Yesterday de los Beatles, no digas que no te he avisado.
También te gustará: Jonathan Strange y el señor Norrell; Elantris
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La princesa prometida, de William Goldman
«Éste es el libro que más me gusta de todos, aunque nunca lo he leído.«
Cuando William Goldman era pequeño, tuvo que guardar cama algunas semanas mientras se recuperaba de una fea pulmonía que lo había mandado al hospital. Durante su convalecencia, su padre, un voluntarioso barbero que había emigrado desde Florín y aún seguía teniendo algunos problemas con el inglés, decide leerle la mejor novela del escritor florinés S. Morgenstern: La princesa prometida. Morgenstern había emigrado a Nueva York y el padre de Goldman había ido a verle una vez; tenía una cabeza enorme, pero escribió el mejor libro de todos los tiempos. Y esa fue la primera vez que William Goldman escuchó la historia de Buttercup y Westley, de Íñigo Montoya y Fezzik, de Vizzini, del hombre de los seis dedos, del malvado príncipe Humperdinck y de todo lo que les aconteció desde que, en una pequeña granja de vacas lecheras, el mozo de cuadras pronunció un «como desees«.
Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas. Serpientes. Arañas. Bestias de todas clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasión. Milagros.
¿Quién puede resistirse a una historia como esta?

La princesa prometida es una extraordinaria novela clásica de aventuras que nadie, bajo ninguna circunstancia ni excusa (ni siquiera la de la edad ¿qué excusa es esa? ¡por favor!), debería perderse. Y aunque hayas visto la película de Rob Reiner (una excelente adaptación, sin duda) ya sabes, lector, que el libro te aportará toneladas de magia extra. Recuerda que Goldman solo ha escrito para nosotros las mejores partes y nos ha ahorrado todos esos capítulos tan enojosos sobre la economía de Florín, los derechos de sucesión al trono, las descripciones sobre el equipaje o sobre los festejos de boda.
Aventura, amor verdadero, humor y algunas observaciones útiles sobre la vida llenan las páginas de este libro original y único pensado para uso y disfrute del lector. Personajes inolvidables, sorpresas y un tono narrativo peculiar con mucho sentido del humor hacen de La princesa prometida una historia que invita al lector a desaparecer del mundo real mientras está viviendo trepidantemente entre estas páginas. William Goldman no solo enriquece la trama con sus prólogos y anotaciones (no te pierdas ni una sola línea, de verdad que merecen la pena) sino que aporta siempre esa nota de ternura, de ilusión y de nostalgia que siempre tiene la complicidad del lector.
Lector, no sé por qué estás aquí, perdiendo el tiempo en leer esta reseñita, cuando podrías estar ya a medio camino de Florín perseguido por un gigante, un maestro de la esgrima y un genio del mal que han raptado a la mujer más hermosa del mundo.
Agradezco infinitamente a Isi la organización de la lectura conjunta de La princesa prometida en la que participamos el pasado mes de abril; hacía años que había leído este libro pero se me había olvidado lo mucho que lo había disfrutado. Gracias por tus buenas ideas, Isi.
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Etiquetado Clásico, Cozy, Fantasía, feelgood, humor literario, Libros excéntricos, Novelas adorables
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Mi madre, Margaret Ogilvy de J.M. Barrie
Cuando David murió a los trece años, en un desdichado accidente, su hermano menor James Matthew Barrie tenía solo seis años. Su madre, Margaret Ogilvy, se metió en la cama con el único consuelo de abrazarse a la ropa de bautizo de David mientras sollozaba desconsoladamente. Barrie recuerda entrar de puntillas en la habitación e intentar hacerla reír, ese es el primer recuerdo real y nítido que tiene de su madre: la sonrisa robada en tiempos de duelo. Margaret siempre fue una mujer frágil y sensible, pese a su sólido buen humor y a su incansable actividad doméstica victoriana (excelente costurera, cocinera, economista, etc.) adolecía de una salud quebradiza que nunca se recuperó del todo a raíz de la pérdida de su hijo mayor. De escasa educación pero ávida lectora de los clásicos, Margaret ve con temor los deseos de su hijo James de convertirse en escritor. Corren malos tiempos para los autores a sueldo de Grub Street y la profesión está algo desprestigiada. Pero Barrie en seguida destaca como columnista y pronto llega el momento de enfrentarse a su primera editorial, siempre con la compañía excéntrica, dulcísima y divertida de su madre, por supuesto.

James Matthew Barrie (1860-1937), escritor escocés, será siempre recordado por ser el genial autor de Peter pan y Wendy, el niño que no quería crecer. Sin embargo, su peculiar universo fantástico siempre estuvo inspirado en su propio entorno familiar, en su más ancestrales recuerdos infantiles; y el centro neurálgico de todo ello era su madre, Margaret Ogilvy. Para Barrie, Margaret fue su pilar vital, su inspiración y su faro en la tormenta; una figura materna omnipresente en su infancia pero también en su edad adulta, cómplice de sus sueños de escritor.
En Mi madre, Margaret Ogilvy Barrie rinde tributo a la persona más importante de su vida. Con su personalísimo estilo, su impecable prosa y su tiernísimo sentido del humor, el autor recuerda la infancia y la juventud de su madre pero también sus rasgos de carácter más pronunciados y cómo todo en el hogar de la familia Barrie giraba siempre en torno a su potente personalidad e incansable actividad. Sin duda, se trata de un libro imprescindible para los incondicionales del autor pero también un breve compendio de recuerdos sobre una mujer que consiguió se excepcional pese a los lastres de su posición socioeconómica y de género en la segunda mitad del siglo XIX. Lo mejor, la prosa de Barrie: brillante, amena, única a la hora de convertir en magia incluso los recuerdos más rutinarios de la infancia. Un libro que bien podría constituir un prólogo o un anexo explicativo de los orígenes del universo de Peter Pan.
«Esa es mi recompensa, lo que he conseguido de mis libros. Todo cuanto puedo hacer por ella en esta vida lo he hecho desde que era un niño; miro atrás, a través de los años, y no puedo ver nada que haya quedado sin hacer.«
Lector, el pequeño tributo de J.M. Barrie a su madre se convierte en un breve libro de memorias retocado por el halo de extrema calidez de la mirada del autor, su inevitable ternura y la belleza inherente a personalísima prosa.
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La nueva Grub Street de George Gissing
Durante las vacaciones estivales de 1882, Jasper Milvain pasa unos días en el campo junto a su madre y a sus dos hermanas antes de volver a su agitada vidal social de Londres. Los ingresos de su familia son muy escasos y mantener a Jasper no resulta fácil para sus hermanas y su madre, pero él está firmemente convencido de que para dedicarse con éxito al oficio de escribir es necesario conseguir antes una larga lista de conocidos y buenos contactos y eso, solo se logra con una intensa vida social. Milvain tiene talento, pero sabe que no eso no es suficiente para alcanzar cierto renombre y poder vivir holgadamente de sus escritos, por lo que sacrifica sin reparos sus sentimientos por lo que le dicta la razón. Todo lo contrario que su buen amigo Reardon, otro escritor joven de probada valía que pese a su precaria posición de principiante sin fortuna propia, se ha casado rendidamente enamorado con una chica culta e inteligente pero igualmente arruinada. Pese a los consejos de Milvain respecto a escribir para las masas en lugar de hacer literatura, Reardon irá sacrificandose poco a poco hasta la extenuación en aras del mantenimiento de su esposa y su hijo.»-Un joven con toda la vida por delante. Maldita sea, señor Milvain, ¿no hay otro trabajo menos pernicioso al que pueda dedicar sus esfuerzos?
-Me temo que no, señor Yule. Después de todo, usted es en parte responsable de mi depravación.
-¿Cómo es eso?
-Tengo entendido que ha dedicado usted la mayor parte de su vida a la fabricación del papel. Si dicho artículo no fuese tan barato y abundante, la gente no tendría la tentación de ponerse a emborronar cuartillas.«
-Me temo que no, señor Yule. Después de todo, usted es en parte responsable de mi depravación.
-¿Cómo es eso?
-Tengo entendido que ha dedicado usted la mayor parte de su vida a la fabricación del papel. Si dicho artículo no fuese tan barato y abundante, la gente no tendría la tentación de ponerse a emborronar cuartillas.«
A finales del siglo XIX, Grub Street era una calle de Londres en la que se daban cita muchos de los escritores que trabajaban a sueldo y sufrían en sus propias carnes las penurias del anhelo de vivir de la literatura. En palabras del propio Gissing, los asiduos a Grub Street eran el claro ejemplo de la locura que significaba vivir de la literatura, de lo que ocurre cuando se quiere «convertir un arte en un negocio».
«-No sé lo que pasará en las demás profesiones (…), pero espero que haya menos envidia, odio y mala fe que en la nuestra. Oigo y leo muchas cosas que hacen que el solo nombre de la literatura me parezca odioso. »
En La nueva Grub Street George Gissing contrapone a dos protagonistas masculinos que comparten el mismo fin por distintos medios: el talentoso y brillante Jasper Milvain, siempre luchador, sin escrúpulos, dispuesto a sacrificar sus principios morales con tal de triunfar, y el igualmente talentoso pero sincero Reardon, que actúa según los dictados de su corazón y no hace más que hundirse en las arenas de la desesperación. Milvain sabe que para ganarse la vida como escritor debe escribir para las masas, debe ser vulgar y polémico a toda costa, y casarse con una mujer rica que le permita codearse con los mejores contactos literarios posibles. Reardon, que no está dispuesto a escribir nada vulgar y antepone siempre a todo el bienestar de su familia, se ahoga en su propia pobreza: si eres pobre reduces tu vida social, sin vida social no tienes contactos, sin contactos nunca publicarás.
George Gissing trata con contundencia y ácido sentido del humor (atención al ideal de belleza «literata» o a las ideas saludables de John Yule) las penalidades de los hombres de letras empeñados en vivir de su trabajo intelectual en el Londres de finales del siglo XIX: la inquinidad del negocio editorial, las envidias y los odios del mundillo literario, los ataques injustificados, y el lastre insalvable de la pobreza cuando élite cultural no se correspondía con élite económica.»De haber nacido veinte años antes, los hijos de aquel veterinario harbían tenido una existencia muy diferente y, con toda probabilidad, mucho más feliz, pues su educación se habría limitado a lo estrictamente necesario y -ciertamente, en el caso de las chicas- nada los habría empujado a aspirar a nada más que a la vida sencilla propia de los hijos de un hombre pobre (…). Para los relativamente pobres (que suelen ser mucho menos prósperos que los absolutamente pobres) la educación es, en la mayoría de los casos, una burla cruel.»
George Gissing, pese a la pobreza de su familia, logró acceder a una buena educación en el Owen College de Manchester (del que fue expulsado por robar dinero para emigrar a Estados Unidos junto a una prostituta con la que más tarde se casaría) y sufrió grandes dificultades para ganarse la vida como escritor , además de verse atrapado en un desafortunado matrimonio fruto de un impulso de juventud. Detalles de su experiencia vital y apuros literarios se reflejan en los personajes y trama de La nueva Grub Street como, por ejemplo, en la desesperación, la falta de reconocimiento y las penurias económicas del personaje de Reardon, o en las diferencias culturales insalvables entre Albert Yule y su analfabeta esposa.Pero pese a las peculiariedades de la tradición victoriana de las novelas en tres volúmenes, las referencias a literatos reales de la época, o personajes de ficción al borde de la inanición escribiendo y tosiendo en buhardillas frías y desoladas, La nueva Grub Street tiene cierto tono documental sobre el lado más oscuro del negocio de la literatura que al lector le resultará relativamente actual. La prosa de George Gissing, a veces conciliadora, a veces brutal, pero siempre concisa y contundente, el buen ritmo en la sucesión de ideas argumentales, la amenidad de la trama, y la vivacidad de sus personajes, hacen de esta historia una estupenda e interesante novela sobre el oficio de escribir y sus claroscuros. No en vano La nueva Grub Sreet está considerada como la mejor obra de George Gissing.
Lector, una novela intensa y apasionada con héroes innobles (muy al estilo de los protagonistas de Zola) y víctimas de la cultura. Imprescindible para curiosear entre las bambalinas de la producción periodística y editorial de finales del XIX.
Curiosidad: Invita Minerva, locución latina se que aplica a los autores que persisten en escribir aun cuando están faltos de talento e inspiración (nota al pie en la edición de La nueva Grub Street, George Gissing. Alba Editorial, 2007)
También te gustará: El paraíso de las damas; Los Buddenbrook
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