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La fabulosa historia de Henry N. Brown de Anne Helene Bubenzer
Henry es un osito de peluche que lleva algunos años en la vitrina de una tienda de juguetes antiguos hasta que una escritora se queda prendada de él y lo compra. Pero cuando la señora va a pasar el control del aeropuerto para volver a casa, resulta que el escáner de rayos X descubre algo sospechoso dentro de Henry y no les dejan pasar hasta que se aclare que hay en el pecho del osito de peluche. Por supuesto, él sabe que lo que ha hecho saltar las alarmas no es más que el amor que Alice puso dentro de él cuando nació. Solo y a la espera de una investigación, Henry tiene tiempo para repasar su interesante vida, sus viajes, sus amigos. Y es que desde que Alice Sheridan acabó de coserle su segundo ojo en Bath, el sábado 16 de julio de 1921, dándole la vida y depositando en su interior el tesoro más preciado, ha vivido casi cien años de aventuras. Alice necesitaba un compañero, alguien con quién hablar de William, perdido en la Gran Guerra, y compartir todo el amor que no había podido darle a su regreso. Pero los caminos del destino son inesperados, como bien sabe Henry N. Brown, y Alice sólo será la primera de un montón de amigos con los que el osito compartirá sueños, lágrimas y alegrías.

Pese a estar narrada en primera persona por un osito de peluche, La fabulosa historia de Henry N. Brown no es en absoluto una historia cursi o infantiloide. Por el contrario se trata de un testimonio original y extraordinario de un espectador sensible que asiste a casi un siglo de historia europea (y un breve viaje al Nueva York de Al Capone y la Ley Seca). Profundamente marcado por el horror y la tristeza de las dos guerras mundiales, Henry se pregunta por la absurdidad de los conflictos armados, del sufrimiento que conllevan para todos los bandos de la contienda: «Los observé, busqué en su comportamiento y en sus comentarios pruebas de su falibilidad, y solo descubrí que su máximo error era ser personas». En este sentido, destaca su brillante personalización de un soldado nazi: un alemán odioso cuando se convierte en una pieza más del engranaje de la máquina hitleriana, pero que visto de cerca, como persona, no es más que un hombre atrapado en el despropósito que lo único que desea es volver vivo del frente para volver a abrazar a su mujer.
Anne Helene Bubenzer dota a Henry de una voz personalísima, ingenua, inteligente, aguda, siempre en busca de una comprensión del mundo y de las personas a través de su corazón. Una prosa hermosa, sincera, dedicada a unos personajes intensos y bien diferenciados, algunos más simpáticos que otros pero todos vistos desde la ternura y complicidad de su osito, que seducirá al lector desde las primeras palabras del buen Henry. Una historia original e inesperada que gusta por su falta de artificio y por la sensibilidad de su original narrador. Ah, y atención a los guiños para los amantes de la literatura, no os perdáis las fugaces presencias de Virginia Woolf o Evelyn Waugh o alguna que otra confusión de nuestro Henry: «Un día me comentó el dramático dilema amoroso de una tal señora Bennet con un tal señor Darcy, y me dejó perplejo que se interesase por la historia de los dos con tanta comprensión. Tal como lo contó, la conducta obcecada de la mujer era tan necia, y el orgullo ofendido del hombre tan infantil, que me pregunté seriamente qué sería de Alice si tomaba como ejemplo a esas personas. Confié en que no vinieran nunca de visita a casa.«
Lector, no pierdas la oportunidad de conocer a Henry y ver a través de sus ojos el poder del amor en los corazones humanos pese a la guerra, la muerte, la ausencia o la incomprensión.
También te gustará: La ladrona de libros; El niño con el pijama de rayas; La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey
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Mi familia y otras especies en extinción de Carla Gunn
Phineas Walsh tiene nueve años y no logra entender a los humanos pese a sus detallados conocimientos sobre el comportamiento animal. Lo que más le gusta en el mundo es ver el Canal Verde, para poder aprenderlo todo sobre los animales y los problemas ecológicos a los que se enfrenta el planeta. De mayor quiere ser capaz de salvar al menos una especie en peligro de extinción. Pero las cosas no se están poniendo precisamente fáciles para el bueno de Phin: sus padres se están divorciando, su abuelo ha muerto, Lyle, el acosador del cole, le hace la vida imposible y a la señorita Wardman no se le ha ocurrido nada más bárbaro que comprar una rana arborícora de White como mascota de la clase. Phin no entiende por qué sus padres no se reconcilian, cuando todos los primates lo suelen hacer después de una pelea, ni por qué su madre no le escucha cuando le dice que no quiere comer nada que tenga aceite de palma (Phin sabe que para cosechar ese aceite están acabando con el hábitat de los orangutanes) ¿Por qué todos los que le rodean parecen vivir ajenos al terrible drama de la destrucción del planeta? ¿Es que a nadie le importa que entre el 30% y el 99% de individuos cada de una de las especies esté en serio peligro de extinción? Cuando la obsesión de Phin por el sufrimiento de los animales llegue a cotas obsesivas (su abuela le dice que padece de eco-ansiedad), la relación con sus padres se complique y su cerebro empiece a dolerle, cuando todo parezca al borde del desastre, sólo el extraordinario amor de su madre y su propio ingenio y capacidad para no rendirse nunca conseguirán salvarle de sus noches de insomnio.

Mi familia y otras especies en extinción es el primer libro de Carla Gunn, una profesora de psicología en la Universidad de New Brunswich, en Canadá. Es una historia divertida y llena de ternura sobre un niño hipersensible a las atrocidades que los humanos infligen a los animales y su búsqueda de un lugar dónde encajar, precisamente, en esa especie capaz de semejante barbarie. La nota de tristeza de la historia radica en que Phineas, pese a su exagerada angustia, tiene razón. Por eso, las discusiones con su madre son tan complicadas ¿Cómo rebates los argumentos de Phin cuando te dice que la única manera 100% efectiva de salvar el ecosistema planetario sería con la desaparición de las personas?
El mayor encanto de este libro radica en su narrador, Phineas Walsh. La autora cede la voz narradora al pequeño Phin de manera que el lector se asoma al mundo a través de su mirada inocente, perpleja e inteligente. El resultado es una historia fresca, divertida, distinta, llena de confusión pero también de ternura y de esperanza. Pese a la distancia emocional y de edad, al lector no le cuesta entender al protagonista y comprender su angustia y su insomnio (que sólo remite durmiendo junto a mamá), incluso su posición frente a la de sus padres y a las de sus maestras. Se trata, sin duda, de una historia entrañable, escrita con mucho encanto y un profundo conocimiento del pensamiento infantil. Una búsqueda de un lugar en el mundo, una constatación de que no estamos solos en nuestras batallas por el planeta, una hermosa historia de amor de una madre a la que su hijo le enseñará a mirar con otros ojos.
Entre las muchas singulares situaciones (divertidas o emotivas), como la absurdidad de algunos de los ejercicios escolares, las respuestas de la maestra, o el acoso de Lyle al que nadie pone solución, destaca, entre otras, la terapia de Phin con el doctor Barrett. Como cada vez que Phin no puede dormir porque está muy preocupado por los animales se va a la cama de su madre, el psicólogo le propone que por cada noche que pase entera en su propia cama, su madre le dará un dólar como premio a la mañana siguiente. Aunque lo intenta, Phin se desvela por la situación de la pobre rana Mimos (la mascota de clase) que está lejos de su hábitat y sus congéneres:
«Al final no lo pude evitar y me fui a la habitación de mi madre. Estaba leyendo un libro con los ojos cerrados. Me metí sin hacer ruido en su cama, pero no fui lo suficientemente silencioso. Ella dijo:
—Por el amor de Dios, Phin, ¿por qué no te quedas en tu cama?
—Porque estoy preocupado y tú haces que me sienta mejor.
Ella no contestó, entonces dije:
—Mamá, te doy un dólar si dejas que me quede.
Mi madre suspiró pero después apagó la luz, me llevó hacia ella y me abrazó.»
Lector, si escuchamos y miramos con atención, si somos capaces de librarnos de nuestra más consoladora rutina, estaremos dispuestos a reconocer que un niño de nueve años tiene mucho que enseñarnos. La eco-ansiedad de Phin le hace sentirse solo contra el mundo, ¿le echas una mano?
Gracias a Editorial Noguer (Planeta) por el envío del ejemplar.
También te gustará: Algún día este dolor te será útil; El castillo de cristal
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Esta reseña ha sido publicada originalmente en el blog de Momentos de Silencio Compartido como colaboración en la iniciativa de Equipo de Redactores.
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El libro de la señorita Buncle, de D. E. Stevenson
Corre el año 1930 en Silversteam, un pequeño y rural pueblo inglés no muy lejos de Londres, y las rentas de la señorita Barbara Buncle han sufrido un severo revés en los duros años de la Gran Depresión. Preocupada por sus finanzas decide escribir un libro y probar suerte en la editorial londinense del señor Abbott para ganar algo de dinero. El señor Abbott lee El perturbador de la paz y concluye en que es una novela estupenda que probablemente le reporte grandes beneficios así que acepta publicarla bajo el seudónimo de John Smith. El problema es que la señorita Buncle no tiene imaginación y su libro no es más que el fiel retrato, una certera sátira muchas veces, de los habitantes del tranquilo Silverstream. Por mucho que Barbara haya cambiado el nombre del pueblo y el de los personajes, cuando los vecinos de Silverstream empiezan a leer la novela estalla el escándalo ¿Quién es John Smith? ¿Cómo se atreve a decir semejantes cosas de ellos? Y aunque algunos salen bien parados, una pequeña camarilla, liderada por la temible señora Featherstone Hogg y el iracundo señor Bulmer ponen en marcha un ofendido comité para desenmascarar a John Smith y darle su merecido por las mentiras que cuenta sobre ellos en El perturbador de la paz.

Dos solteras maduras que deciden comprarse pantalones y hacer un viaje a Samarcanda; una anciana con peluca que le pone pectina a su mermelada casera para que espese; un comandante retirado que de repente se da cuenta de que lleva años enamorado de su hermosa vecina; o una señora pretendidamente respetable que en su juventud fue corista, son algunos de los secretos que Barbara Buncle destapa en el siempre tranquilo Silverstream. Dorothy Emily Stevenson (1892-1973), hija de un primo de Robert Louis Stevenson, publicó El libro de la señorita Buncle en Londres en 1934 y fue un rotundo éxito. Y es que el alboroto que organiza Barbara Buncle en su pequeño pueblo inglés no tiene parangón.
El libro de la señorita Buncle es una estupenda e inteligente comedia escrita con precisión, elegancia y mucho encanto. La prosa de Stevenson es impecable, serena, acertadamente afilada e inocentemente disfrazada de sencilla crónica. Una sátira sobre la hipocresía y las miserias humanas más escondidas de las pequeñas comunidades escrita para hacer sonreír al lector y buscando siempre su complicidad. Quizás no tan ácida como La hija de Robert Poste, o tan pesimista como La librería, la novela de D.E. Stevenson se sitúa en la línea del mejor humor inglés literario de la primera mitad del siglo XX. El lector disfrutará del estilo personalísimo de esta autora, caracterizado por la sutileza de su burla, el sugerir más que explicitar algunas situaciones, y la delicada ternura en la que envuelve a sus personajes. Una novela divertida, inteligente y brillantemente escrita que se gana el favor del lector desde el primer capítulo. Sin duda, una perla de la literatura que merece la pena disfrutar en días nublados.
Lector, tómate unos días de vacaciones en Silverstream, donde la realidad supera a la ficción, y verás qué difícil te resulta decirle adiós a la encantadora señorita Buncle. Una historia estupenda.
También te gustará: La hija de Robert Poste; El mayor Pettigrew se enamora; La librería; Doctor en Irlanda; Mr. Rosenblum sueña en inglés
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Cambios de Mo Yan
Mo Yan tiene la boca bastante grande. Así que cuando le acusan injustamente de haber llamado al profesor Liu «el Bocaza» y lo expulsan del colegio, no entiende cómo alguien ha podido llegar a semejante conclusión. A Mo le encanta la escuela y no se da por vencido. Cada día intenta colarse en las aulas como si su expulsión no hubiese tenido lugar. Es la década de los 70 en la provincia de Shandong, en una zona rural bastante pobre donde todos los niños de la escuela sueñan con conducir un camión, con guantes blancos a ser posible, como el del padre de Lu Wenli. Mao Tse Tung apura sus últimos años en el poder, el futuro es incierto para los campesinos más pobres, el acceso a la universidad casi imposible, y el ejército acababa siendo para muchos la única posibilidad de progresión social. Los maestros rurales apenas tienen una diplomatura de grado medio pero el colegio de Mo Yan tiene la suerte de contar con los mejores profesores universitarios e intelectuales del país: los derechistas enviados al exilio en las granjas de Jiahoje para recapacitar sobre sus ideas inadecuadas. Si te daban clases los derechistas, podías terminar primaria con un nivel suficiente como para aprobar los exámenes de acceso a la universidad.
Mo Yan, que significa «no hables», es el pseudónimo del Premio Nobel de Literatura 2012 Guan Moye. En Cambios, Yan habla de su infancia y su juventud en su pueblo rural de la provincia de Shandong, de sus compañeros de clase (que volverá a encontrarse décadas después), de pasajes de su vida hasta convertirse en un escritor «de prestigio inmerecido», como dice él mismo. Con el trasfondo de una China siempre cambiante, el autor repasa sus vivencias, sus ilusiones y desengaños, y recuerda a He Zhiwu, aquel rebelde del colegio que prosperó al margen de las leyes, o la hermosa Lu Wenli, que no supo elegir, o al técnico Zhang, que conducía un camión Gaz 51 idéntico al del padre de Wenli.
Algunos críticos dicen de Mo Yan que es el Kafka oriental. Seguramente se debe a que ambos autores comparten la característica de una prosa diáfana, de lectura agradable y sencilla —lo que no significa que haya sido sencillo escribirla, precisamente— que conecta inmediatamente con el lector y lo transporta con habilidad al universo creado en sus historias. Esta proximidad es la nota predominante en Cambios, un libro en el que la voz del autor parece estar hablándole a su mejor amigo en los cómodos sillones del vestíbulo de un tranquilo hotel mientras toman un té. La prosa de Mo Yan, pese a lo que inevitablemente se haya perdido en la traducción (excelente el trabajo de Anne-Hélène Suárez Girard y la editorial Seix Barral), llega hasta el lector con infinita claridad y concisión, con ternura al retratar a los personajes, tejiendo unas memorias entrañables, cercanas, sinceras, que se disfrutan tanto por la curiosidad de conocer la peculiar vida del escritor como por los detalles sorprendentes de una China en constante transformación.
Lector, un libro imprescindible si se quiere disfrutar de una buena lectura. La prosa de Mo Yan es, simplemente, extraordinaria.
Gracias a la editorial Seix Barral por el ejemplar y a Kayena: Negro sobre Blanco por el concurso.
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Jovencitos con botines de P.G. Wodehouse
Son jóvenes, la flor y nata de Londres, visten con elegancia y se peinan cuidadosamente los cabellos gomosos hacia atrás. El trabajo más arduo que llevan a cabo es el de encontrar la manera de darse la gran vida sin despeinarse demasiado. Entre copita y copita, ventilan sus chismes sobre las desventuras amorosas del desafortunado pero insistente Freddie Widgeon, que perdió a sus novias por culpa de una maleta, de Tennyson y de los gatos, respectivamente; las desavenencias de los cómicos Cyril Fotheringay-Phipps y Reginald Twistleton-Twistleton por una dama ciertamente escurridiza; el misterioso caso de los sombreros menguantes y crecientes de un par de lechuguinos; o la increíble suerte casadera de Stiffham, el falso fantasma. Despreocupados, absurdamente divertidos, vividores e informales, ellos son El Club de los Zánganos.

Bienvenido, lector, al Club de los Zánganos, donde estirados lechuguinos engominados te harán reír con sus situaciones absurdas, su humor sinsentido y sus cuitas amorosas. Once relatos sobre las anécdotas de algunos de los miembros del club más excéntricos, una muestra brillante del ingenioso encanto de P.G. Wodehouse, «un escritor que, según Compton Mackenzie, consiguió dejar exhausta la provisión de adjetivos elogiosos de los críticos» (advierte sabiamente la contraportada del libro). Once relatos que recordarán al lector el espíritu británico más feliz y despreocupado de los años previos a la Segunda Guerra Mundial, lleno de sombreros de copa, smokings y copas de champán, así como venturosos viajes a Nueva York. Un buen puñado de alocados jóvenes cazafortunas a la busca de un matrimonio ventajoso o de un buen golpe de la fortuna, con el protagonismo indiscutible del enamoradizo Freddie Widgeon cuya mala suerte con las féminas le hace el centro de una serie de situaciones inverosímiles para regocijo del resto de lechuguinos.
La prosa de Wodehouse es tan estupenda como el lector pueda imaginarse, a la par de su ingenioso humor —tan encantadoramente británico— y de sus extraordinarios diálogos. No en vano está considerado uno de los mejores humoristas literarios ingleses junto a Evelyn Waugh, Jerome K. Jerome o Stella Gibbons, entre otros.
Lector, entra en El Club de los Zánganos y tómate un aperitivo antes de conocer al personaje cumbre de Wodehouse, su inimitable Jeeves.
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