Macbeth, de William Shakespeare

Duncan, rey de Escocia, se reúne con sus hijos tras haber vencido una insurrección contra el traidor del señor de Cawdor aliado con un rey noruego. Informado por sus hombres de que los grandes héroes de la batalla han sido sus dos generales, Macbeth y Banquo, el rey decide concederle al primero el título y las tierras del traidor. Pero de camino a reunirse con su rey, los generales topan con tres brujas que pronuncian una terrible profecía; a Macbeth le dicen que será señor de Cawdor y rey, a Banquo que será padre de reyes. Cuando Macbeth recibe de Duncan el título de Cawdor le atormenta la veracidad de las palabras de las brujas, pero no entiende de qué forma podría hacerse realidad. Cuando consulta el dilema con su esposa, será Lady Macbeth quien lo empujará a tomar un camino sin retorno hacia el poder, pero también hacia la corrupción más horrenda.

Macbeth es una de las obras más oscuras y sangrientas de William Shakespeare, pero también es mi preferida. Cada vez que vuelvo a leerla me reencuentro con las que, para mí, son algunas de las frases más brillantes del Bardo sobre la naturaleza humana.

«La vida es una sombra tan solo, que transcurre; un pobre actor
que, orgulloso, consume su turno sobre el escenario
para jamás volver a ser oído. Es una historia
contada por un necio, llena de ruido y furia,
que nada significa.»

El personaje de Macbeth, un hombre justo pero ambicioso, que finalmente cede a la corrupción más espantosa con el aliento de su esposa, me parece una temible reflexión sobre el precio que estamos dispuestos a pagar por nuestra integridad y sobre la debilidad y la fragilidad de nuestras conciencias. A lo largo de toda la obra, el autor juega con apariencia y realidad, con los conceptos del bien y el mal —lo bello es feo, y feo es lo que es bello— y lo sencillo que resulta intercambiarlos, sobre todo en el contexto de la política, de la consecución de un fin por parte de los poderosos.

«Pero ahora recuerdo
que estoy en este mundo terreno donde hacer el mal
es loable a menudo, y hacer el bien quizás se considera
locura peligrosa.«

En Macbeth, Shakespeare bebe de las fuentes clásicas, como es habitual en él, pero esta vez también recurre a los anales de la Historia de Inglaterra y sitúa su obra en el siglo XI, envuelta en una trama de sucesión dinástica que pone en peligro Escocia hasta que el rey de Inglaterra acude en su ayuda. En 1603, a la muerte de Isabel I, una reina que había auspiciado el teatro, le sucedió en el trono Jacobo I, y Shakespeare sabía que necesitaba el beneplácito del nuevo rey. El cambio de dinastía y la obsesión de Jacobo I por las brujas inspiran al Bardo para tratar en Macbeth sobre el cariño de los escoceses por Eduardo el Confesor (en la obra es el rey de Inglaterra quien ayuda en la salvación de Escocia, una metáfora aplicable en la aceptación escocesa de Jacobo I Estuardo en época de Shakespeare), pero también da protagonismo a la amenaza de la brujería.

«¡Salve, Macbeth! ¡Señor de Glamis, salve!
¡Salve, Macbeth! ¡Señor de Cawdor, salve!
¡Salve, Macbeth! ¡Salve a ti, que serás rey!»

Las brujas de Macbeth son el origen de todo mal, unas villanas perfectas para un rey que las temía. Rompen el orden establecido desobedeciendo a Hécate y corrompiendo la historia de los hombres al desvelarle a Macbeth su destino. Son también el origen de esa ironía trágica que los críticos siempre resaltan en la famosa obra escocesa, pues no ocultan al protagonista que todo su esfuerzo, su terrible acto, no sirve más que para gloria de otros. Cuando escribí la entrada del Reto de Hermanas Fatídicas cité un fragmento del parlamento de las brujas de Macbeth pues me parecen la encarnación literaria más significativa de las brujas clásicas occidentales. Estas líneas no son, ni mucho menos, un intento de reseñar Macbeth —no me atrevería— sino algunas ideas personales alrededor de su lectura y, sobre todo, el deseo de que en el Reto Hermanas Fatídicas no faltasen estas tres brujas, mis preferidas.

«Que la buena suerte sea tanta, como justa es nuestra causa.»

También te gustará: La tempestad; Shakespeare; Breve historia de Inglaterra

Recomiendo, esta edición bilingüe de Cátedra dirigida por el Instituto Shakespeare:
Macbeth

Compartir este contenido:Share on Facebook
Facebook
Tweet about this on Twitter
Twitter
Email this to someone
email
Esta entrada fue publicada en Blog. Guarda el enlace permanente.

6 respuestas a Macbeth, de William Shakespeare

  1. Nitocris dijo:

    Hola Mónica, esta es una de las obras de Shakespeare que no he leído, pero supongo que en algún momento de mi vida caerá. :)
    Un besazo

    • Monica dijo:

      Es una de mis favoritas de Shakespeare y tiene tantas frases para enmarcar que tendría todo el libro subrayado (si es que subrayase libros). Además tenemos varias adaptaciones cinematográficas muy interesantes. Estoy segura de que te gustará muchísimo, ya me contarás. Besos.

  2. MH dijo:

    Ay, ¡en este reto no podían faltas las auténticas hermanas fatídicas! Menos mal que estás tú para darles el sitio que se merecen :)

    Sabes que quiero releerlo antes de leer tu libro, así que me pondré con él (y con las brujas) más pronto que tarde. Hace mucho que no lo releo (creo que el último Shakespeare que releí fue Otelo porque iba al Globe a ver la obra de teatro y quería tenerlo fresco, y eso fue en el 2018), así que me muero de ganas. De todos modos ya sabes el reto que quiero plantearme con Shakespeare, así que a ver en qué queda todo.

    Y mil gracias siempre por esas cositas de contexto histórico que siempre nos cuentas y que son canela fina.

    ¡Besote!

    • Monica dijo:

      Ay, nuestras brujas… es que siempre que leo la palabra bruja me viene a la mente la escena primera de Macbeth con el caldero, no puedo evitarlo. Me tienta mucho tu proyecto Shakespeare, pero tendría que revisar mi biblioteca porque creo que es un autor que se disfruta mucho más si se puede leer en inglés original (para mí demasiado difícil en este caso) o con una buena traducción (como es el caso de esta magnífica edición bilingüe de Cátedra).
      Como hemos hablado a veces, me siento muy rídicula intentando reseñar clásicos como este, por eso en lugar de reseña prefiero comentar mis impresiones o resaltar los detalles con los que mas disfruto, como los históricos. Tú ya me entiendes ;-) Besotes.

  3. Norah Bennett dijo:

    Hola. Estaba escribiendo un comentario y no sé dónde ha ido. Vuelvo a empezar. Decía que a ver por qué no le puedes escribir una reseña, ni que el bardo fuera dios. El caso es que esta entrada a mí me viene bien. Siempre he tenido esta obra como algo histórico y no me llama la atención. Hace tiempo incluso pensaba que Macbeth era una mujer. Ese es mi nivel. Tras la lectura del Sueño de una noche de teatro me piqué un poco con esta historia porque me gustaban mucho las citas pero no caí en la tentación. Igual algún día, sobre todo por las brujas y porque soy muy fan de andar por ahí diciendo «algo huele a podrido en Dinamarca», y lo mismo de esta saco algo también.
    Besos

    • Monica dijo:

      ¡Jajajaja! A ver, para mí sí que es divino, qué le vamos a hacer. No, en serio, es que sobre estos clásicos tan universales se ha dicho tanto y han sido tantos los expertos que han analizado su obra y su vida, que pienso que no puedo aportar nada interesante, por eso prefiero compartir mis citas preferidas o lo que más me emociona de la obra. Si no acabas de animarte, casi te recomiendo que veas la peli de Michael Fassbender de 2015, aunque me da que la obra de teatro te va a resultar más ligera amena XD
      Me encanta tu mantra de «Algo huele a podrido en Dinamarca» XD Besos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.