Mathilda, de Mary Shelley

En una cabaña en el corazón de un bosque, en plena naturaleza, la joven Mathilda está a punto de morir. Antes de irse, escribe una larga carta para su amigo Woodville, en donde le refiere su experiencia vital y todo aquello que jamás se atrevió a contarle durante sus largas charlas. Mathilda se quedó huérfana de madre al poco de nacer y su padre, loco de dolor, la abandonó bajo la tutela de una tía. La niña creció libre y feliz en la salvaje naturaleza escocesa hasta que llegó el momento de su educación formal y, entonces, todo cambió para siempre.

«Cuando me vio llegar, vestida de blanco, con la cabeza cubierta con mi única gorra escocesa y el pelo flotando sobre mis hombros, volando entre las olas, llevando mi barca a una velocidad apenas creíble, le recordé más a una aparición que a una criatura humana. Llegué a la orilla, mi padre sujetó la barca, salté y al instante estuve en sus brazos. Entonces fue cuando empecé a vivir.«

Mary Shelley (1797 – 1851) terminó de escribir Mathilda en 1820, pero la obra no se publicó hasta 1859, años después de su fallecimiento. Esta demora en la publicación se debió a la voluntad del padre de la autora, el filósofo William Godwin, que en cuanto leyó el manuscrito de su hija lo guardó en casa, bajo llave, temeroso de que Mary volviese a ser motivo de escándalo en Inglaterra: la formalización de su matrimonio con Percy Shelley había calmado las aguas en ese sentido y Godwin no quería que la reputación de su hija volviese a verse en entredicho. Por aquel entonces, Mary vivía en Italia, junto a su marido, pero estaba sumida en una fuerte depresión motivada por la muerte de sus dos hijos (primero la pequeña Clara, en Venecia, y a los pocos meses, William, en Roma). En la correspondencia de amigos cercanos a la pareja, se refiere que la autora parecía profundamente sumida en el dolor de tan terrible pérdida, se la veía distante y buscaba la soledad. Tal vez, escribir la ayudase a lidiar con su enorme tristeza. En todo caso, Mathilda es una historia trágica y terrible, con una protagonista que sufre intensamente. Tiene algunos detalles autobiográficos, como la estancia en Escocia de la protagonista durante su infancia (la joven Mary fue muy feliz en Escocia, en casa de los Baxter, unos amigos de sus padres que tenían tres hijas de edades cercanas a la de la autora) o como la educación liberal y filosófica que recibe Mathilda de su padre, pero es una obra de ficción.

Mathilda es hija de las circunstancias de su autora, pero también un hermoso y terrible decálogo del romanticismo inglés del que Coleridge y Wordsworth habían sido precursores y que tan bien encarnaba Mary Shelley: la muerte, la locura, la libertad, la divinidad de la Naturaleza, la pequeñez del hombre frente a la Naturaleza, tormentas y paisajes terribles, desgarro del alma, la exaltación del yo, la belleza de la desesperanza, el reflejo de la cultura de la Antigüedad grecolatina,… en fin, todos los rasgos definitorios de la prosa romántica más exaltada y apasionada. Al igual que en Frankenstein, Mary Shelley escribe con pasión y oscura entrega, cita a Milton, a Byron y a Coleridge, y desafía  las reglas de una religión demasiado encorsetada para los románticos de esa primera mitad del siglo XIX. Mathilda resulta una obra tan transgresora y rebelde como los románticos ingleses de ese momento porque su autora no solo era una de las escritoras que mejor representaba este movimiento cultural, sino que también era hija de Mary Wollstonecraft y William Godwin, y había sido educada con unos privilegios intelectuales, una riqueza de pensamiento y una amplitud de miras que solo estaba al alcance de algunos hombres. Mary Shelley fue educada en igualdad de condiciones a un varón de su época y eso le permitió escribir con libertad.

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6 respuestas a Mathilda, de Mary Shelley

  1. Nitocris dijo:

    Hola guapísima, mira que me gustó mucho Frankenstein, pero no sé si esta me gustaría tanto, tanto dolor y desgarro… y eso que si hay un trozo que se desarrolla en las Tierras Altas… no sé, lo tengo que pensar.
    Un besazo

  2. Hola, Mónica:
    Me ha picado la curiosidad y puede ser una buena opción para volver a probar la prosa de la autora. Le echaré un vistazo.
    Un beso y feliz semana lectora.

  3. Rosa Berros dijo:

    Anotado queda. Qué pinta más interesante. De Mary Shelley solo he leído Frankenstein y me pareció una maravilla, sobre todo teniendo en cuenta que no se parece nada a las adaptaciones que se han hecho (salvo en «Frankenstein de Mary Shelley» que le hace bastante justicia). Me gustará volver sobre la autora.
    Un beso.

  4. Hola, pues no conocía esta novela, es cierto que de la autora me quedé en Frankestein. Me la llevo apuntada, me encanta descubrir clásicos de los que no haya oído hablar. Un abrazo.

  5. Margari dijo:

    No conocía esta obra de la autora. Y me has dejado con muchísima curiosidad.
    Besotes!!!

  6. Norah Bennett dijo:

    Qué buena pinta. La verdad es que con Frankenstein partió la pana, debe ser difícil seguir después aunque igual ella no era muy consciente de la repercusión, supongo. Me ha llamado mucho la atención desde que la vi en las novedades de Nórdica y esperaba reseñas. Ahora mismo no me viene muy bien tanto drama y tragedia. Es por eso que mi actual lectura es tan rara, Piranesi de una tal Susane Clark. Necesito aire fresco.
    Pero Mathilda se viene.
    Besos

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