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Cartas de una pionera, de Elinore Pruitt Stewart

En 1862 Estados Unidos aprobó la Homesteading, la ley que regularizaba la colonización de las míticas tierras del oeste norteamericano: 160 acres de tierra a toda persona que así lo solicitase a condición de unos 15 dólares y que construyese allí una casa y la convirtiese en su vivienda habitual durante, al menos, cinco años. «Si el solicitante era una mujer, se le requería que fuese mayor de 21 años, soltera, viuda, divorciada o cabeza de familia«. Desde principios del siglo XX, los nativos americanos han sido recluidos en reservas y centenares de personas cambian los sueldos de miseria de las grandes ciudades americanas por la libertad y la oportunidad de convertirse en hacendados en el hermoso y todavía salvaje Oeste (entre 1898 y 1917 se colonizó más tierra que en las tres décadas anteriores). Y ese es el caso de Elinore Pruitt, una mujer que desencantada de su trabajo y su vida decide convertirse en colona y cambiar la ciudad por los increíbles paisajes de montañas y pinos de Wyoming. No en vano, Elinore sostiene que la solución a la pobreza es la colonización. Cartas de una pionera recoge la excepcional correspondencia de Elinore con su anterior patrona, las largas y encantadoras cartas —llenas de aventura, de belleza y de aventura— en las que explica su nueva vida de colona, exploradora y pionera feliz entre 1909 y 1913.
«Cuando leí lo mal que lo pasan los pobres de Denver me entraron ganas de animarles a todos a que salgan de allí y registren la propiedad de alguna tierra. Me entusiasma ver cómo las mujeres se animan a la vida de la hacienda. En realidad es menos fatigoso cultivar mucho para satisfacer a una gran familia que trabajar lavando, con la satisfacción añadida de saber que no vas a perder el empleo si te preocupas por mantenerlo.«

La correspondencia de Elinore Pruitt Stewart fue publicada por primera vez en 1913 por la revista Atlantic Monthly, hasta que casi un año después, la Houghton Mifflin Co. recopiló todas las cartas y las publicó en un solo volumen (Letters from a woman homesteader) encantada por la buena acogida que habían tenido entre el público norteamericano. La presente edición en castellano es de Hoja de Lata editorial (2013) y la traducción es de Rosana Herrero Martín.

Elinore no solo es una mujer excepcionalmente valiente, fuerte y con un sentido fantástico de la aventura, y con una capacidad incansable de explorar el mundo, sino que además tiene un especial don para escribir sus vivencias de una manera tan encantadora y divertida que atrapa al lector desde las primeras frases. Estas cartas, biográficas, auténticas como la vida de los hacendados en esas tierras apenas holladas por el hombre, ofrecen un testimonio único —y muchas veces insólito— de la aventura de los primeros colonos pero también de un paisaje y una filosofía de vida que forjaron a generaciones posteriores. Y aunque Elinore es una mujer sin estudios superiores nosotros sabemos el secreto de su estupenda redacción epistolar: lee, lee y lee, mucho y bueno.
«Tengo mi casa en mitad de las montañas azules, mis niños bien educados, mi esposo limpio y honesto, mis lindas y generosas vacas lecheras, mi jardín (…). Hay montones de pollos, pavos y cerdos que está a mi cuidado. Tengo unos cuantos caballos viejos, lentos y nobles, y una vieja carreta. Puedo subir a los críos y en cualquier momento ir a donde me apetezca. Tengo los mejores vecinos, los más amables, y tengo también mis queridos amigos ausentes ¿Entiende por qué soy tan feliz?«
El resultado es un libro autobiográfico y epistolar de una mujer extraordinaria en un marco histórico y geográfico único. Las cartas describen momentos tan especiales como las primeras excursiones de Elinore con su hija, sus pasitos como casamentera, las navidades con los nuevos amigos, el divertido pique con Clyde para bautizar a los carneros recién nacidos o una terrorífica noche a merced de dos cuatreros buscados por la ley y con precio sobre sus respectivas cabezas. Con ternura, con simpatía y con un buen humor invencible, las vivencias de esta pionera bien se merecen esta estupenda edición.
Lector, te parecerá estar acampado alrededor de la hoguera, con un cielo estrellado sobre tu cabeza y las montañas de Wyoming al fondo mientras escuchas las historias de Elinore.
Este libro llegó a mí gracias a la estupenda recomendación de Cazando Estrellas.
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Cartas de una pionera

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Aquí hay veneno, de Georgette Heyer

El detestable señor Gregory Matthews comparte la mansión Poplars con su hermana soltera Harriet, una loca del ahorro compulsivo, su coqueta e hipocondríaca cuñada Zoe y los dos hijos de esta, Stella y Guy. Todos en la casa (y fuera de ella) tienen sobrados motivos para tenerle cierta inquina: Zoe —que piensa que heredará la mansión— y Guy están en contra de sus planes para enviar a este último (un desastre andante) a Brasil para que se convierta en un hombre de provecho; Stella no consigue convencerle de que apruebe sus planes de boda con el doctor Fielding; Harriet le tiene por un derrochador; su otra hermana, Gertrude, que vive a unas calles de distancia, es tan insoportable como él mismo; y su sobrino preferido, el odioso Randall Matthews, se ha convertido en su heredero pese a las discusiones que mantiene con él y justo cuando se rumorea sobre sus problemas financieros. Cuando Gregory Matthews aparece muerto en su propia cama con evidentes síntomas de haber sido asesinado, el inspector Hannasyde de Scotland Yard lo va a tener muy difícil para reducir la lista de sospechosos con tantas personas alrededor con excelentes motivos para desear la muerte del patriarca.
«—¡Ah, ya veo! —exclamó Giles y sonrió—. Usted querría que se descubriera el cadáver in situ, con una carta incriminatoria en la papelera, un vaso con restos de veneno en la mesita de noche, y todo protegido bajo llave hasta que llegara usted.
Hannasyde rio a regañadientes.
Bueno, reconocerá que la investigación sería mucho más fácil

Georgette Heyer (Londres, 1902 – 1974) empezó a escribir para entretener a su hermano mientras se recuperaba de una larga enfermedad y fue su padre quién la animó a publicar. Desde que en 1921 publicó La polilla negra, Heyer se convirtió en una escritora de bestsellers llegando a ser el sustento de toda su familia tras la muerte de su padre. La autora solía recrear casi todas sus novelas en la Regencia, una época en la que se dio cierto relajamiento de las costumbres entre las clases altas, sobre todo si se comparaba con la rigidez de la época victoriana posterior. Sin embargo, no es el caso de Aquí hay veneno, una entretenidísima novela policíaca en el Londres de los años treinta del siglo XX.
Divertida y con una excelente dosificación del misterio y de la investigación policial, Aquí hay veneno plantea el asesinato de Gregory Matthews, un señor tan antipático que hasta el propio lector acabará por tenerle simpatía a todos sus posibles asesinos (que no son precisamente pocos). ¿Por qué recomiendo esta novela? Pues por sus divertidísimos diálogos (y advierto al lector de que el 90% de la novela es dialogada, de hecho podría ser perfectamente una obra de teatro), los simpatiquísimos hilos argumentales secundarios, el ingenio de Georgette Heyer a la hora de construir sus estupendos personajes, el discreto encanto del inspector Hannasyde y, sobre todo, porque es una lectura amable y entretenida que viene muy bien tenerla a mano en un parentésis de lecturas más sesudas o en un repentino ataque de odio hacia la humanidad en general.
«Guárdate las explicaciones hasta que te hayas quitado ese sombrero y empolvado la nariz.
No voy a quitármelo. Sólo me quedaré unos minutos.
Te quedes un minuto o una hora, me niego a sentarme y tener que mirar esa discordante atrocidad.«
Lector, divertida, entretenida y sin odiosas descripciones. Recomiendo tenerla a mano para casos de urgencia.
Decidí leer esta novela por la buena recomendación de Carmen en Carmen y amig@s.
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Aquí hay veneno (para kindle)
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El entierro de mi tío, de Venance Konan

El tío Kouadjo ha muerto de un ataque de ira, nada sorprendente para sus vecinos de la pequeña aldea baoulé (pueblo de la Costa de Marfil que vive en el centro del país) en la que ha pasado toda su vida. Puede que Kouadjo fuese el peor cazador del pueblo pero era el más excelente de sus camorristas: siempre dispuesto a dar una buena tunda a quien le provocase, siempre preparado para discutir o insultar a quienes según él lo mereciesen. A su muerte, sus sobrinos vuelven a la aldea para organizar el entierro y rendirle honores pero nada es tan sencillo como parece. La lluvia que convierte en barrizales los caminos, las antiguas rencillas entre archienemigos, un asunto de adulterio o un sacerdote algo aprensivo son apenas una pequeña muestra de las dificultades a las que tendrán que enfrentarse los sobrinos del tío Kouadjo para dedicarle un último homenaje.
«Apilamos un montón de telas kita de gran valor, las pesadas pulseras de oro de mi tío y su fusil. Aquí, hacemos así las cosas. Enterramos a los hombres con todas sus pertenencias. Con lo cual, todas las riquezas que produce nuestra sociedad se sepultan bajo tierra junto a los muertos mientras que los vivos siguen viviendo en la miseria.«

Editorial: 2709 books
ISBN: 978-84-941711-1-6
Formato: epub
Traducción de Alejandra Guarinos Viñals
Fecha de publicación: diciembre 2013
PVP: 2,00 €
Venance Konan (Costa de Marfil, 1958) estudió Derecho en la Universidad de Niza pero en cuanto regresó a su país se dedicó a ejercer su verdadera vocación, el periodismo. Konan ha ganado varios premios en periodismo de investigación y en narrativa, género en el que se ha iniciado con gran éxito desde 2003 con Les prisonniers de la haine. La editorial 2709 books publica en castellano Robert y los catapila, En nombre del partido, La guerra de las religiones, La gata de Maryse, además de El entierro de mi tío.
El entierro de mi tío es un relato simpatiquísimo sobre un excéntrico marfileño que hace la vida imposible a sus allegados incluso después de muerto. Venance Konan narra con soltura y naturalidad las costumbres del pueblo baoulé siempre desde una perspectiva entrañable y cercana (son sus raíces) pero también con un divertido guiño al lector europeo ajeno a su cultura. No solo se disfruta por el carisma de sus personajes —el tío Kouadjo, su archienemigo Kouakou Ba, Théogène y sus hermanos, y otros— sino también por el contraste costumbrista africano y por la gracia y sutilidad del autor a la hora de tirar con bala.
De frases cortas y concisas, lenguaje muy directo y léxico rico, la prosa de Venance Konan destaca por su concisión y su luminosidad. Como buen periodista, su mensaje llega claro y sin ambigüedades al lector pero su rumor de fondo siempre es cálido, optimista (pese a la crítica implícita) y tocado por un fresco sentido del humor.
Lector, una lectura divertida y distinta que te dejará con ganas de más Venance Konan.
Nota (I): Atención a la convivencia entre las religiones y fetiches tradicionales de los baoulé y el cristianismo colonial; no tiene desperdicio.
Nota (II): El pequeño glosario de términos marfileños, africanos y/o baoulé al final del libro resulta un gran acierto para la ambientación cultural del lector.
Nota (III): Si tienes un momento, pasa a conocer 2709 books, una pequeña editorial digital con mucho encanto que tiene detalles tan cucos como personalizar el ebook de cada lector con un ex libris.
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Por no mencionar al perro, de Connie Willis

El historiador Ned Henry ha sobrepasado con creces los cuatro saltos temporales por mes que decretan los médicos en la red por culpa de la búsqueda del tocón del pájaro del obispo. Faltan apenas quince días para la inauguración de la reconstrucción de la catedral de Coventry y Lady Schrapnell, la mecenas que financia y supervisa, sigue obsesionada con encontrar esa horrible obra de arte victoriana que se perdió en los incendios de los bombardeos de la Luftwaffe sobre Gran Bretaña en 1940. Cuando Henry regresa a la actualidad, el año 2057, los médicos le diagnostican vértigo transtemporal agudo y le recetan dos semanas de intenso descanso. El exhausto historiador sabe que no podrá descansar a menos que se escape del delirio de Lady Schrapnell así que corre al laboratorio central de saltos temporales y le pide ayuda al director, el señor Dunworthy. Dunworthy, alarmado por la cantidad de saltos de Henry y viendo su lamentable estado, decide enviarlo a la época victoriana para que pueda descansar. Pero justo en esos momentos, aparece la agente Verity con un problema de trasferencia y el señor Dunworthy decide matar dos pájaros de un tiro: mandar a Henry al 7 de junio de 1889, a Oxford, para que descanse en la Inglaterra victoriana y de paso solucione la pequeña trasgresión de Verity. La cuestión es que Ned Henry, por culpa de su vértigo transtemporal, no entiende el alcance de su sencilla misión y aparece en medio de la apacible campiña inglesa de finales del siglo XIX sin tener ni idea de lo que se espera de él.
«-Es del siglo veinte -dijo ella-. Lo que significa que está fuera de su área. No puedo autorizar su marcha sin preparación.
-Bien -el señor Dunworthy se volvió hacia mí-. Darwin, Disraeli, la cuestión india, Alicia en el país de las maravillas, Turner, Tennyson, Tres hombres en una barca, miriñaques, croquet…
-Limpiaplumas – dije yo.
-Limpiaplumas, tenacillas para el pelo, tapetes de ganchillo, el príncipe Alberto, chaqués, represión sexual, Ruskin, Fagin, Elizabeth Barrett Browning, Dante Gabriel Rosetti, George Bernard Shaw, Gladstone, Galsworthy, el renacer gótico, Gilbert y Sullivan, tenis sobre hierba y sombrillas. Ya está -le dijo al serafín-. Está preparado.«

 

A veces, cuando cierras un libro que has terminado de leer vives varios días más dentro de su universo, codeándote con sus personajes, reviviendo diálogos y situaciones. Incluso sientes nostalgia de pasar sus páginas, de seguir inmersa en su genial aventura, y te cuesta empezar una nueva lectura porque ¿cómo vas a querer dejar atrás a Ned Henry y a Verity, a la insufrible Tossie y al enamoradizo Terence, al perfectísimo Baine, al temperamental Cyril, al despistado profesor Peddick, a Princesa Arjumand o al increíble Finch/Jeeves? Por no mencionar al perro, de Connie Willis es ese tipo de libro.
Genial, divertido, con una trama original y unos personajes extraordinarios, Por no mencionar al perro es una novela que me parece del todo imprescindible para aquellos que saben disfrutar de Wodehouse, Stella Gibbons, Jerome K. Jerome, Edmund Crispin, E.F. Benson, D.E. Stevenson, Arnold Bennett, etc. Y es que esta estupenda novela de Connie Willis no solo es un simpatiquísimo homenaje a Tres hombres en una barca de Jerome sino que recoge con gran acierto y encantadores guiños la mejor tradición literaria inglesa de la sátira, la ironía y el humor.
Desde las referencias al Jeeves de Wodehouse, o a La Piedra lunar de Wilkie Collins, hasta las constantes menciones de autores y obras de la Inglaterra de los siglos XIX y XX, pasando por las bromas a costa de la huída de Elizabeth Barrett Browning o a las ocupaciones de Charles Dodgson, y hasta la aparición estelar en el Támesis de los protagonistas de Tres hombres en una barca (novela a la que Por no mencionar al perro debe su título, su inspiración, su espíritu y su divertidísimo homenaje), entre otros muchísimos más detalles, Willis ofrece al lector un constante juego metaliterario en diálogos desternillantes o comparaciones divertidísimas que se ganan la complicidad del lector desde las primeras páginas. Una gata llamada Princesa Arjumand, una matrona victoriana afecta al espiritismo que crítica a Arthur Conan Doyle, un duro enfrentamiento entre teorías históricas (Overforce vs Peddick), un joven que habla con citas de Tennyson, un secretario del siglo XXI que siempre ha querido ser como Jeeves… Las páginas de esta estupenda novela de humor están llenas de personajes extraordinarios y situaciones cómicas marcadas por dos constantes debidas al destino: la búsqueda de una obra de arte horrible (y por ello indestructible)
«-Las cosas horribles no se destruyen nunca -continuó ella-. Era una ley. La estación de St. Pancras no resultó afectada por el Blitz. Ni el Albert Memorial. Y esto sí que es horrible.«
y salvaguardar el continuum histórico propiciando que la bella pero tonta Tossie (¡Por todos los dioses! ¿qué nombre es Tossie?) conozca a su marido, un señor del que los historiadores solo saben que su apellido empieza por «C».
«-¿Quién es ese señor Chips o Chesterton o Coleridge con quien se supone que va a casarse?»
 
«-Y si encuentra a alguien llamado Chaucer o Churchill, envíelo a Muchings End.»
No importa si el lector adivina quién es ese futuro marido antes de la mitad de la novela, Por no mencionar al perro es tan divertida, interesante, simpática, original y genial que no podrá dejar de seguir leyendo con idéntico entusiasmo.
Lector, hacía tiempo que no me divertía tanto con una novela.
Nota: Esta reseña es de esas que siempre tenemos la sensación de que se nos quedan cortas y cojas. Me ha gustado tanto este libro, y quiero recomendároslo por tantas cosas, que seguro que podría haberlo hecho muchísimo mejor pero me ha podido el entusiasmo. Disculpa lector, ¡pero que gustazo encontrarse de vez en cuando con lecturas como esta!
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Por no mencionar al perro

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Ex-libris. Confesiones de una lectora, de Anne Fadiman

En diecisiete artículos recogidos en este delicioso libro, Anne Fadiman escribe desde una perspectiva muy personal sobre la pasión de cualquier lector recalcitrante: los libros. Lo difícil que resultó integrar dos extensas bibliotecas en una cuando se casó con su marido, George Howe Colt, también lector incansable; las manías de sus padres y hermanos con la exactitud de las grafías y su fiebre correctora en cualquier circunstancia; la extraña manía de grandes escritores por el plagio cuando no lo necesitaban y la injusticia del robo de las experiencias de su madre; los recuerdos de infancia construyendo castillos con los tomos paternos de Trollope y la manía bibliófila de sus propios hijos; Ex-libris. Confesiones de una lectora recoge la maravillosa y excéntrica relación de Anne Fadiman con los libros, una relación única que cada lector vive a su propia manera, y recoge un sin fin de anécdotas literarias curiosas (Gladstone, Walter Scott, George Orwell, Rudyard Kipling, Coleridge, Keats…) y casi desconocidas que dejan la sonrisa en los labios y mucha dulzura (lectora) en el corazón. El título original, Ex-libris. Confessions of a common reader, hace referencia y homenaje al The common reader de Virginia Woolf.
«Un día, mientras Sir Walter Scott estaba de caza, le vino a la cabeza una frase que había estado intentando componer durante toda la mañana. Antes de que se le escapase, disparó a un cuervo, le arrancó una pluma, le limó la punta, la mojó en la sangre del pájaro y cazó la frase.«

Esta es la edición que tengo en mis manos, de Eumo editorial (Grup 62), en catalán. Alba editorial tiene edición en castellano.

Anne Fadiman nació en Connecitut y se educó en Harvard, desde los 17 años sabía que quería ser escritora. Es hija de Clifton Fadiman, un reconocido hombre de letras en Estados Unidos, y de Annalee Jacoby, corresponsal del Time en lejano Oriente durante la II Guerra Mundial. Maniática correctora, lectora de rarezas, enamorada de los libros sobre el Polo Norte y sus expediciones, amante de las librerías de viejo, feliz de anotar en los márgenes de sus obras preferidas, Anne Fadiman abre la puerta de su casa, de su biblioteca y de su familia al lector para compartir con él unas estupendas horas de conversación sobre una pasión común: los libros.

«Los exploradores con éxito no me acaban de interesar (…). Claro que no te interesan -dice George-, eres una romántica ¿Qué hay de romántico en un tío que quiere ir a algún sitio y llega?«
Y es que Anne Fadiman, por mucho que coma en la cama mientras lee o confiese su debilidad por los catálogos postales, es una romántica empedernida que uno imagina con ojos brillantes al hablar de Keats, de Coleridge o de Wordworth, y felizmente empolvada por entre los pasillos con olor a papel viejo de las librerías de segunda mano. Ex-libris. Confesiones de una lectora es un libro para disfrutar página a página, que encantará a cualquier lector porque, como bien dice su autora, eso es lo que anhela el corazón de cualquier buen lector «libros que hablen de libros».
Lector:  lo único malo de este libro es que echas terriblemente de menos a todos los Fadiman cuando lo terminas.
Nota: Me gustaría destacar la extraordinaria labor de la traductora de esta edición (Eumo Editorial, Col. Capsa de Pandora (Universitat de Vic) Marzo, 2000), que he tenido el gusto de disfrutar, Carlota Torrents. Sus notas al final del libro, la traducción de los títulos que menciona Fadiman y sus anotaciones sobre juegos de palabras y menciones literarias son estupendas y hechas con el respeto que se merece la inteligencia de cualquier lector.
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