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Mapp y Lucía, de E.F. Benson
Se acerca el verano y la inconsolable Emmeline Lucas, Lucía para los amigos, cree que ya ha llegado la hora de finalizar su largo período de luto por la muerte de su marido, el querido Pepino, y empezar a mostrar cierto interés por la vida. No tiene nada que ver que el desfile conmemorativo de la Reina Isabel en Riselhome esté siendo organizado por su vecina Daisy, por supuesto, ni que todo vaya a resultar un tremendo desastre como todo lo que ocurre al margen de las dotes artísticas de Lucía. Seguida de su inseparable amigo Georgie, Lucía decide alquilar una casa en el pintoresco pueblecito de Tilling para pasar el verano y cambiar de aires. La adorable casa será Mallards, el hogar de la señorita Elizabeth Mapp, que regenta con aires dictatoriales la vida cultural de Tilling (y a sus habitantes a poco que estos se descuiden). El choque entre las dos reinas de las intrigas y miserias sociales será inevitable, y Lucía y Mapp no tardaran en enzarzarse en complicadas maniobras de inteligencia militar para resultar victoriosas absolutistas en el liderazgo de la pequeña comunidad. Pero solo una de ellas puede ser la verdadera reina y Tilling asistirá asombrado el verano más interesante de su historia.
«—Así pues, tendremos que rechazar la invitación de nuestra querida Lucía —concluyó Elizabeth con aire de hondo pesar—. Estuvo encantadora, ¿no crees?, la otra noche. Y cuántos movimientos de Mozart todos seguidos. Empezaba a pensar que Mozart debió de descubrir en algún momento el secreto del movimiento perpetuo, y que tendríamos que quedarnos allí clavados en la silla hasta el día del Juicio Final.«

Edward Frederic Benson (1867-1940) publicó por vez primera Mapp y Lucía en 1931. Fue a lo largo de la década de los años veinte y treinta del siglo pasado cuando escribió y publicó toda la serie de novelas dedicada a los pintorescos personajes de Lucía Lucas y Elizabeth Mapp, unas ediciones curiosas en un momento en el que la literatura británica había dejado muy atrás los halos victorianos a raíz de la profunda fractura de la Gran Guerra y los felices años veinte posteriores. Señala José C. Vales (traductor de las novelas de Benson en Impedimenta) en la introducción de Mapp y Lucía que resulta sorprendente que E.F. Benson recibiese una buena acogida por parte del público y de la crítica con unas novelas en las que apenas ocurre nada y «donde no parece haber más que cotilleos, rencores, sarcasmos y malicias«, tan alejadas de la literatura de entreguerras del momento (las mejores obras de Virginia Woolf, D.H. Lawrence o James Joyce). De ahí que el señor Vales tilde cariñosamente a E.F. Benson de sufrir «cierta nostalgia eduardiana» con su serie sobre Lucía y compañía.
Mapp y Lucía es una novela de humor, como las anteriores de esta misma serie, con el atractivo añadido de que Benson une en las mismas páginas, como un inminente choque de trenes, a sus dos protagonistas más brillantes. Ambas malvadas conspiradoras, hipócritas, mentirosillas y sin otra ocupación que mangonear a los demás, se enfrentan en estas páginas para diversión del lector. Probablemente esta sea la novela de E. F. Benson más divertida que ha publicado Impedimenta hasta la fecha, no solo por las situaciones, los diálogos y el grado de «retorcidos» planes sociales de sus dos protagonistas, sino también por la soltura, la falta de contención y complejos (en lo que a escritura se refiere), y el mejor ritmo en la prosa del autor. En comparación con la primera novela de la serie, Reina Lucía (1920), Mapp y Lucía goza de una sucesión de anécdotas mucho más dinámica, una mejor continuidad entre capítulos, una trama más divertida y, sobre todo, expresiones, guiños y una narración muchísimo más fluida, como si Benson se fuese sintiendo cada vez más seguro de sí mismo como escritor, menos críptico y contenido, más relajado a la hora de reírse de sus personajes y de compartir con el lector.
Lector, esta es una de las mejores y más divertidas novelas de la serie de Lucía & Mapp, y aunque no vaya acompañada por una invitación de «po-di-mu«, no deberías perdértela.
También te gustará: Reina Lucía; La señorita Mapp
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Etiquetado humor literario, Literatura británica, Novelas adorables
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Inglaterra, su Inglaterra de A.G. MacDonell
“—La última vez que estuve vinculado a un batallón inglés fue hace cosa de un mes. Era un batallón de Worcestershire o Gloucestershire o de por ahí. El coronel llevaba un monóculo y se pasaba el día sentado en una trinchera bien profunda leyendo el Tatler. Hablaba como si él mismo fuera el Tatler, lo sabía todo acerca de lady Diana Manners, de los duques y de Gladys Cooper. Estuvimos seis días en el frente y estuvo preocupado todo tiempo excepto en una ocasión, cuando él mismo subió caminando con un bastón hasta un emplazamiento de ametralladoras Bosche y se le rindieron cincuenta y ocho. (…)
—¿Por qué los ingleses siempre se ríen cuando se menciona Aberdeen?
—¡Sabe Dios por qué! —contestó Davies— ¿Por qué tienen a un galés como Primer Ministro y a un escocés como Comandante en Jefe y a otro como Primer Lord del Mar del Almirantazgo, y creen que es gracioso?”
—¡Sabe Dios por qué! —contestó Davies— ¿Por qué tienen a un galés como Primer Ministro y a un escocés como Comandante en Jefe y a otro como Primer Lord del Mar del Almirantazgo, y creen que es gracioso?”

A.G. MacDonell fue galardonado con el premio James Tait Black Memorial 1933 con esta divertidísima novela sobre el excéntrico espíritu de la nación inglesa. A través de las siempre inocentes observaciones de Donald Cameron, un joven escocés que aspira a convertirse en periodista y escritor, se despliega toda una serie de situaciones satíricas y rocambolescas de las que el lector solo puede extraer una conclusión: los ingleses son incomprensibles.
“Tengo la impresión de que todas sus extravagancias, rarezas e incongruencias parten del hecho de que, en el fondo, básicamente, son una nación de poetas. Eso sí, se pondrán pálidos de ira si se lo dices.”
Un partido de críquet desternillante, un surrealista fin de semana en el campo por culpa de las “recomendaciones” de un amigo para ganarse el respeto de los mayordomos ingleses (atención al estupendo guiño al Jeeves de P.G. Wodehouse), o un mes como secretario de un diplomático en la Asamblea de Naciones Unidas donde aprende sobre el arte de no posicionarse jamás de los ingleses, esencia de su política (todos sus discursos son iguales: “Entrega por parte de los Estados libres de la Commonwealth británica a los ideales de la Alianza, nación de amantes de la paz, todos deben cooperar, maravilloso trabajo de la Alianza, elogios al Secretariado, economía en los gastos de la Alianza, unas palabras acerca de Woodrow Wilson y un homenaje a los franceses”).
Una novela brillante y divertida para seguir sin comprender a una nación que durante el siglo pasado controlaba todos los puertos estratégicos del mundo y que podía reírse de absolutamente todo excepto del espíritu de equipo del críquet y de Lord Nelson.
Lector, una estupenda sátira para los afectos al humor más inglés. Lectura de cabecera para la Tea&Sympathy Society.
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Etiquetado feelgood, humor literario, Libros excéntricos, Literatura británica, Novelas adorables
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Luna de verano de P.G. Wodehouse
En la espantosa mansión Walsingford Hall, residencia de sir Buckstone Abbott, su tranquila esposa y su encantadora hija Jane, este verano está lleno de molestos huéspedes de pago. Sin embargo, sir Abbott los necesita pues está totalmente arruinado. Su querida Jane en cambio, tiene emocionantes planes para ese verano pues ha alquilado la barcaza a su prometido, Adrian Peake, a quien quiere presentar a su padre pese a que él no tiene dónde caerse muerto. Sin embargo, la joven no sabe que Peake ya se ha prometido con la princesa Dwornitzchek, madrastra de Theodore y Joe Vanringham. Theodore pena su mal de amores por la secretaria de sir Abbott en la mismísima Wlasingford Hall, a la que llega su hermano Joe, perdidamente enamorado durante una visita a Londres de la joven Jane. Y por si todo no fuese suficiente lío, aparece el hermano de la señora Abbott, con extraños planes para Theodore que podrían poner en peligro las intenciones de la princesa Dwornitzchek de comprar la horrible mansión y procurarles una pequeña fortuna.
«Aún no ha visto usted lo mucho que valgo. Pero todo se andará. Reconozco que un hombre sensato no debería hacer lo que yo hice al proponerle bruscamente que nos casáramos cuando solo hacía veinte minutos que nos conocíamos. Realmente, fue absurdo. Debí haber esperado siquiera una hora… ¿Me perdona?«
Joe está locamente enamorado de Jane, que está prometida a Adrian, quién es un infame parásito a punto de casarse con la insoportable madrastra de Joe. Buck está enamoradísimo de Nena, que resulta que tiene un hermano sorpresa, que anda en busca de Tubby por culpa de su amor por miss Whitaker. Un enredo genial y divertidísimo, al más puro estilo del mejor Wodehouse, en la no tan pacífica campiña inglesa de entreguerras. Luna de verano es una novela que se lee casi de un tirón por su trama llena de intriga y giros rocambolescos pero sobre todo porque el lector se olvida de todo lo feo de este mundo y se dedica simplemente a pasarlo en grande con Buck y los Vanringham.
Ingenioso, sardónico, tremendamente inglés, P.G. Wodehouse, considerado como uno de los grandes autores de comedia de mediados del siglo XX, se pone romántico en Luna de verano para deleitar al lector con una trepidante historia de múltiples equívocos, damas confusas, sires atormentados y encantadores norteamericanos de diálogos enternecedoramente disparatados. Con un ritmo sostenido, su característica prosa, unos personajes excéntricos y la consecución de un clímax final apoteósico, Wodehouse es el remedio infalible contra el aburrimiento literario.
Lector, humor inglés de cinco estrellas para olvidarse del frío invernal que hace fuera de las páginas de un buen libro.
«Usted mira a la multitud, elige al más alto y fuerte de los que la compongan, se acerca a él, lo contempla desdeñosamente, y le pregunta si es un caballero o no«.
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Los millones de Brewster, de George Barr McCutcheon
Durante la noche en la que el joven Monty Brewster está celebrando con sus amigos (el club de los retoños de los más ricos de la ciudad de Nueva York) su 25 cumpleaños, recibe recado de que su abuelo acaba de morir dejándole en herencia un millón de dólares. Monty está más que feliz por despedirse de su modesto empleo en el banco de la familia y dedicarse a vivir cómodamente, pero el destino tiene otros planes para él. Al día siguiente de recibir su herencia, un bufete de abogados se pone en contacto con él para notificarle que su tío Sedgwich acaba de morir dejándole una fortuna de unos siete millones de dólares. Sin embargo, el excéntrico tío Sedgwich odiaba al abuelo de Monty y las cláusulas de su testamento son bastante peculiares: si Monty quiere heredar los siete millones de su fortuna deberá deshacerse del millón de su abuelo en el plazo de un año; no podrá disponer de ninguna propiedad una vez vencido ese plazo y deberá dilapidar el dinero con cierta moderación y bajo unas estrictas restricciones morales. El joven Brewster decide aceptar el desafío póstumo de su tío y se lanza a deshacerse de su fortuna a contrarreloj. Pero pronto se dará cuenta de que no resulta tan sencillo hacer desaparecer un millón de dólares sin ganarse la burla de sus conocidos, el sarcasmo de los empresarios y banqueros, la acerada crítica de las crónicas de alta sociedad, el desprecio de otros y la profunda preocupación de sus verdaderos amigos.
«Me parece bien que tenga la inteligencia de cambiar un mísero millón por esta otra suma, y le admiro por ello; pero me parece que olvida usted las condiciones establecidas en el testamento de su tío (…) ¿Se da cuenta de que no le será fácil gastarse un millón de dólares sin infringirlas de un modo u otro, perdiendo así las dos fortunas.«

George Barr McCutcheon publicó Los millones de Brewster en 1902 bajo seudónimo para ganarle cien dólares a su editor: se había apostado con él que el nombre del autor no era decisivo en la popularidad de una novela (por aquel entonces, el autor ya era conocido por su saga de Graustark). Pero con autor famoso o sin él Los millones de Brewster tuvo su merecida acogida por el público, que supo apreciarla y disfrutarla como la ingeniosa y divertida comedia que es.
La historia de cómo Brewster debe dilapidar un millón de dólares en un año (es un neoyorquino de familia rica en los años veinte del siglo XX) plantea algunas cuestiones en las que a primera vista el lector no había pensado: la burla de las personas que le rodean (¿cómo puede ser tan inepto en los negocios?), la crítica (¿cómo puede ser tan despilfarrador?), el desprecio (¿cómo puede ser tan tonto como para no pensar en su futuro? ¿Así respeta la memoria de su abuelo?), la incomprensión de sus amigos más queridos, que sufren por su salud y su obsesión despilfarradora, o el descubrimiento de algunas verdades (¿Le quieren por quién es o por su dinero?¿Le querrían igualmente si fuese pobre?). Pero sobre todo, esta carrera de Brewster en pos de la bancarrota es una demostración de quién es él en realidad. George Barr McCutcheon construye a un héroe valiente, sincero, fuerte y demuestra al lector que la valía de su personaje no tiene por qué basarse en el espíritu puritano y estadounidense tradicional de self-made man (el éxito a través del esfuerzo y el trabajo) sino que también es posible por el proceso contrario, el de perder todo el dinero/éxito.
Divertida, entrañable, ingeniosa y muy inteligente, esta estupenda comedia plantea cuestiones y situaciones que encantarán al lector. Impredecible y llena de humor, recuerda muchas veces ese estilo encantador de las películas de Ernst Lubitch o, entre otras, a El millonario de Ronald Neame (protagonizada por Gregory Peck y basada en un relato de Mark Twain).
Lector, no podrás dejar de leer hasta el final intrigadísimo por cómo será capaz Brewster de salir victorioso de semejante aventura.
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Pero… ¿quién mató a Harry? de Jack Trevor Story
Una hermosa mañana de verano, en la no tan apacible campiña inglesa (desde que la especulación constructora del señor Mark Douglas puso los cimientos de la urbanización Sparrowswick Heath), aparece el cadáver del pobre Harry. Abie, el hijo de cuatro años de la hermosa Jennifer, es el primero en toparse con el muerto, entre los helechos. Mientras esquiva las balas del nuevo capitán Albert Wiles, inexperto cazador con escopeta, va a avisar a su madre del hallazgo. No sin antes tropezarse con un conejo muerto y un nidito de amor clandestino. Jennifer no parece demasiado sorprendida por el hallazgo de su pequeño, pero más excepcional serán todavía las reacciones de sus vecinos porque, en el fondo de sus corazones, todos están convencidos de ser los autores de semejante crimen ¿Por qué?
«-¡Capitán Wiles!- exclamó la mujer.
El capitán soltó los tobillos del muerto y se cuadró.
-Sí, señora- dijo él.
La mujer miró al cadáver. Después miró la escopeta del capitán (…) y dijo:
-¿Qué, de caza? (…)
-Sí -dijo-. Un pequeño accidente. Está muerto.
Recelosa y con un poco de asco, la mujer tocó el cadáver con la punta del pie.
-Sí, ya veo -dijo.«

En el exuberante bosque que rodea la urbanización de Sparrowswick Heath nadie parece inmutarse por la presencia del cadáver de un desconocido excepto el atribulado capitán Wiles, que se cree culpable por accidente. Un vagabundo en busca de unas buenas botas, un artista generoso y a punto de enamorarse irremediablemente, un casanova sin remedio con las esposas de los demás, una hermosa viuda decepcionada con el amor, una simpática solterona dispuesta a darle una segunda oportunidad a los hombres… Los vecinos de Sparrowswick son excéntricos y lunáticos pero no se cortan ni un pelo a la hora de enterrar y desenterrar cadáveres según las circunstancias lo requiera.
Pero… ¿quién mató a Harry? es una pequeña muestra del mejor humor británico de mediados del siglo XX. Divertida, sardónica, salpimentada con humor negro, y bebiendo directamente de la esencia de Sueño de una noche de verano de William Shakespeare, es una novela llena de ingenio y de situaciones imposibles que harán reír al lector. Jack Trevor Story, en su inconfundible estilo mordaz, recrea la desventura de un cadáver en una comunidad cerrada y peculiarísima, mientras que entre palas, entierros y «desentierros», surgen amores, intrigas y reconciliaciones. Publicada en 1949, fue llevada al cine por Alfred Hitchcock.
Lector, te gustará especialmente si eres un incondicional de la impecable flema británica.
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