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Nobles y rebeldes de Jessica Mitford

Cuando a los 38 años de edad, Jessica Mitford regresa a la casa de sus padres, tras diecinueve años de ausencia, se ve inmersa en los recuerdos de su infancia. En aquella casa se había sentido atrapada la mayor parte del tiempo, siempre anhelante de salir a un mundo en pleno proceso de cambio. Pese a que sus padres no le procuraron una educación convencional (creían que no merecía la pena que las mujeres estudiasen), su curiosidad y sus ansias de libertad pronto la hacen decantarse por las teorías socialistas y la llevan a devorar toda la literatura al respecto. Cuando conoce a su primo Esmond Romilly, uno de los sobrinos más díscolos y activistas del mismísimo Winston Churchill, Jessica queda totalmente deslumbrada por su aura de aventurero idealista y su contagiosa pasión por las causas justas.

«Y ya me dirán a cuántas familias son capaces de recordar con una hija que escribiera una brillantísima novela de juventud satirizando el fascismo (Nancy); otra que tuviera a Josef Goebbels de padrino de boda (Diana); otra que intentara suicidarse por amor al Führer (Unity Valkyrie); y otra más que planeara seriamente llegar hasta el Führer para descerrajarle un tiro (Jessica).»

Jessica Mitford (1917-1996), la sexta de siete hijos del barón David Freeman-Mitford, llegó a ser una reconocida periodista y activista social autodidacta. Con una biografía inesperada (por sus orígenes) que la llevó desde las brigadas internacionales de la guerra civil española hasta la lucha por los derechos civiles en primera línea, pasando por su firme y continuada oposición al régimen nazi y su exploración del partido comunista norteamericano, Jessica no fue ni mucho menos la más original de todas las hermanas Mitford.

«-Siempre que veo las palabras «la hija de un noble» en un titular -comentó mi madre con cierta tristeza-, sé que va a tratarse de una de vosotras, hijas mías.«Con una familia semejante, el lector no puede menos que reconocer que intrigar y divertir con un libro autobiográfico como Nobles y rebeldes tampoco tiene demasiado mérito. Es decir, la prosa de Jessica es ingeniosa, satírica y punzante pero hay que reconocer que muy mal tiene que contarse la historia para que la encantadora excentricidad y locura de estas Mitford no deleitase al lector. Dicho esto, Nobles y rebeldes es una lectura en clave de humor, pero también de profunda crítica social (y también autocrítica), de la Inglaterra de mediados de siglo y de la vida de la autora, siempre observadora y consciente del momento histórico de profundo cambio político-social que le tocó vivir.

Personalmente, me quedo con la prosa de Nancy Mitford, mucho más certera, elegante, inteligente y satírica. Cierto que Jessica hace gala de un estupendo sentido del humor británico y se aleja de cualquier tentación autocompasiva (su vida no fue precisamente fácil y hay que admirar su grado de compromiso con sus ideales) pero le falta algo de la mala leche de Nancy, de ese saber dar en la diana justo en el meollo de las cosas, y de su talento literario (en mi opinión, Nancy es la escritora de la familia). Como anteriormente había leído A la caza del amor, ya conocía de antemano la infancia y la originalidad de los Mitford en su casa familiar y sobre la educación de sus hijas, pero pese a esa ausencia de sorpresa ante la sátira paterna y la disparidad entre las hermanas, Nobles y rebeldes me ha arrancado más de una sonrisa en ese sentido, además de mi más sincera admiración.

Lector, un libro perfecto para acercarse a la original familia Mitford y, en concreto, conocer a Jessica, una incansable activista por los derechos civiles con una escala de valores morales muy alejadas de la clase social y estamento noble en el que se nació y creció.

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Trilogía de Corfú de Gerald Durrell

En 1935, la familia Durrell, harta del aburridísimo clima inglés, se traslada a la isla de Corfú para disfrutar de los beneficios del sol, del paisaje y de la amabilidad de sus gentes. Mamá Durrell, a la cabeza de la expedición, acostumbrada a acampar en la India desde que era pequeña, se hace sin problemas con una villa y se dedica a explorar nuevas recetas culinarias con los ricos alimentos autóctonos. El hermano mayor, el escritor Lawrence Durrell, se instala con la esperanza de poder escribir en paz entre visita y visita de docenas de sus peculiares amigos. Leslie, fanático de las armas de fuego, aumenta con paciencia su colección y disfruta feliz de la temporada de caza. Margo, la única hermana, va en busca de sol, romance y una solución para su terrible acné. Gerry, el más pequeño de todos con sus once años, encuentra en Corfú un paraíso para sus incansables estudios de zoología. Y es precisamente Gerry el narrador de las aventuras de esta singular y excéntrica familia, profundamente británica, en medio de una isla griega durante los años treinta del siglo XX. Las soluciones para todo del inefable Spiro, la sabiduría y las divertidas anécdotas de Teodoro, las invenciones aventureras de Kralefsky, la galería de personajes imposibles que visitan la villa de los Durrell a todas horas, o los avatares de los habitantes del zoo en miniatura que Gerry va creando a su alrededor son algunos de los mejores ingredientes que contribuirán a hacer inolvidable una estancia de cinco años en Corfú.
«-Tengo entendido que son ustedes tan amantes de los animales como yo -dijo la señora Vadrudakis con sonrisa bondadosa.
-Ya lo creo -dijo mamá-. Tenemos muchos. Verdaderamente es pasión por los animales lo que hay en esta casa, ¿sabe usted?
Dirigió una sonrisa nerviosa a la señora Vadrudakis, y en aquel instante cayó un gorrión muerto en la mermelada de fresa.
(…) Mamá se lo quedó mirando como hipnotizada; por fin se humedeció los labios y sonrió a la señora Vadrudakis, que se había quedado con la taza en el aire y una expresión de horror en el semblante.
-Un gorrión -señaló mamá débilmente-. Eh…, esto…, parece que están muriendo muchos este año.
En ese momento salía de la casa Leslie con la carabina en la mano.
-¿Hemos tumbado bastantes? -preguntó.«

La llamada trilogía de Corfú está compuesta por tres libros escritos por Gerald Durrell: Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. Escritos y publicados durante la segunda mitad del siglo XX, Durrell destinaba las ganancias de sus libros para sus expediciones, su zoo y su fundación para la conservación de la fauna (Durrell Wildlife Consevation Trusts). Aunque el escritor talentoso de la familia siempre fue su hermano Lawrence Durrell, es imposible que el lector no caiga rendido ante el sentido del humor, el encanto, la ternura y el ingenio con el que Gerald sabe dotar todas sus historias.
Las tres novelas de la trilogía de Corfú compendian los recuerdos de infancia del escritor, concretamente de cuando toda su familia estuvo viviendo en la isla durante unos cinco años. Los retratos de cada uno de los Durrell, de los campesinos corfiotas y de los distintos protagonistas amigos de la familia, siempre desde el punto de vista de un Gerry de once años, son absolutamente geniales. Si se añade una familia curiosamente original, un entorno paradisiaco y la invitación a la aventura que representa para un apasionado de los animales encontrarse en medio de una fauna desconocida, el resultado es una narración luminosa, apasionada y tremendamente divertida que constituye un auténtico placer para el lector.
«Dudo que este libro hubiese sido posible sin la colaboración y el entusiasmo de las siguientes personas, cosa que menciono para que no caigan las culpas sobre parte inocente. Mi sincero agradecimiento, pues, para: (…) Mi esposa, cuyas sonoras carcajadas al leer el manuscrito tanto me halagaron, aunque después confesase que lo que le hacía gracia era mi ortografía.«
Un humor profundamente británico, una narración desenfadada, unos recuerdos coloridos, inocentes, felices, y la pluma desinhibida del autor, hacen de estas tres novelas una lectura agradable, distinta y muy divertida. La descripción de los hermosos paisajes, marítimos y terrestres, de la isla de Corfú en los años treinta pone un contrapunto perfecto a las anécdotas y problemas de convivencia (con el zoo de Gerry) de los Durrell. Tres libros para sentirse feliz, sin duda.
Lector, una reserva natural deliciosamente encantadora en donde personas y animales constituyen los recuerdos de infancia más divertidos de la literatura.
Nota: Puede que al lector del siglo XXI le sorprenda la poca delicadeza que algunas veces demuestra el autor cuando era niño a la hora de asaltar el nido de algunas especies y llevarse a los polluelos. En su descarga señalaré que en los años treinta (y con solo once años) ni Gerald Durrell ni el mundo occidental habían establecido las bases de un respetuoso estudio de los animales. El pequeño Gerry lo compensó salvando a centenares de animales de los cazadores corfiotas.
 «Aquello era una especie de pabellón de hospital, porque por entonces tenía yo seis gorriones recuperándose de las lesiones sufridas al quedar atrapados en ratoneras puestas por los niños campesinos, cuatro mirlos y un zorzal que se habían enganchado en anzuelos con cebo puestos en los olivares, y media docena de aves surtidas, que iban desde un charrán hasta una urraca, convalecientes de los efectos de perdigonadas.«
Y ya de adulto, su zoológico y su fundación fueron pioneros en establecer que solo podían estar en cautividad aquellas especies en peligro de extinción, y que ningún ejemplar debería estar solo sino rodeado exclusivamente por su fauna autóctona.
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Filetes de lenguado de Gerald Durrell

Gerald y Larry Durrell están en Corfú tomando unos tragos de retsina en la casa familiar cuando Gerald le pide a su hermano mayor consejo sobre el título de su nuevo libro. En un juego de palabras que hace referencia a su Spirit of place, Larry le desafía a titularlo Fillets of plaice (Filetes de lenguado) y Gerald recoge el guante. Este es el título de cinco relatos autobiográficos sobre diferentes momentos de la siempre sorprendente vida de Gerald Durrell y su familia y amigos. Un crucero para celebrar el cumpleaños de mamá que acaba en problemas con los nativos y un naufragio estrafalario; los amigos más excéntricos en el Londres de principios del siglo XX, siempre rodeados de una fauna peculiar y soldaditos de plomo pintados a mano; la desastrosa visita del supervisor colonial en Mamfe, África, entre crías de ardillas y puercoespines ahumados; una clínica de reposo con poco reposo por prescripción facultativa; y la locura encantadora de Úrsula, terror del diccionario británico y de los directores de orquesta del Royal Pavilion. 
«-Podemos partir de la suposición -dijo McGrade- de que moriremos probablemente después de comer el puercoespín ahumado, así que no merece tener en consideración los otros dos platos.
-No, no -dijo Martin, tomándole al pie de la letra-, tenemos que encontrar algo para después.

– Un velatorio -dijo McGrade-, no hay nada como un buen velatorio irlandés para levantarle el ánimo a todo el mundo.«

Gerald Durrell (1925-1995) fue un destacado zoólogo, naturalista y biólogo que dedicó toda su vida a la conservación de las especies amenazadas y fue un incansable viajero. Durrell no solo puso las bases de lo que sería el origen de los zoológicos contemporáneos (hábitat adecuado, puesta en libertad de las especies recuperadas siempre que fuese posible, que los animales no estuviesen solos en sus hábitats, etc.) sino que además fue un estupendo escritor de relatos cortos y de novelas autobiográficas llenas de humor, sensibilidad y encanto a toneladas. Entre sus escritos más conocidos destaca la trilogía que dedicó a relatar su infancia y adolescencia en Corfú, junto a su madre y a todos sus hermanos, en donde nació su pasión por la zoología: Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. Hermano menor de Lawrence (Larry) Durrell, Gerald destinaba las ganancias de la publicación de sus novelas y relatos a financiar sus numerosas expediciones científicas y la creación de un zoo respetuoso con las especies que albergase.
«-No parecen muy felices en este pueblo -observó Max.

-¿Y qué esperabas de estos malditos extranjeros? -dijo Donald-. Si estuviéramos en Inglaterra, sería otra cosa.

-Sí -dijo Larry sarcástico-, estaríamos bailando con ellos la danza de Morris hasta el amanecer.«
Filetes de lenguado se compone de cinco relatos, cinco piezas que Gerald Durrell agrupa bajo ese título y que tienen en común un magnífico sentido del humor y la voz entrañable del autor, que relata sus experiencia con animales y humanos (evidentemente son estos últimos los más exóticos de estas páginas) durante diferentes momentos de su vida. Divertidos, originales, personalísimos y estupendamente narrados, estos relatos constituyen una excelente oportunidad de conocer al naturalista y escritor, y dejan al lector con unas ganas tremendas de asomarse a Mi familia y otros animales. Sencillamente deliciosos.
Lector, no dejes pasar esta oportunidad de conocer a los peculiares Durrell y reírte un buen rato con el singular Gerald y su colección de animales y humanos en extinción.
También te gustará: Trilogía de CorfúEl antropólogo inocente; Todas las criaturas grandes y pequeñas; Ven y dime cómo vives

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Diario de una dama de provincias de E.M. Delafield

La dama de provincias vive en un pueblecito inglés con su marido Robert, sus dos encantadores hijos, Robin y Vicky, un servicio doméstico algo reacio y excéntrico, y unos bulbos de jacinto que se niegan a florecer debidamente pese a seguir las instrucciones del centro de jardinería. Desbordada por sus múltiples obligaciones domésticas y maternales, perseguida por la vida social de su entorno, acosada por las amenazantes notas del banco sobre sus descubiertos, siempre en guardia contra la odiosa Lady Boxe, la dama de provincias es capaz de encontrar tiempo y presupuesto para escaparse de vez en cuando a la jubilosa Londres o al siempre chic sur de Francia con su amiga Rose, con quién olvida momentáneamente el estrés de sus vicisitudes.
«Después de cenar me mezclo entre los asistentes y me encuentro con un conocido cuyo nombre he olvidado, pero que tiene relación con la literatura. Le pregunto si ha publicado algo últimamente. Dice que él no escribe obras para publicarlas y nunca lo hará. Se me pasa por la cabeza que sería muy conveniente que muchos otros adoptaran semejante actitud.«

Diario de una dama de provincias nació como una columna periódica que la revista Time and Tide publicaba semanalmente. E.M. Delafield (1890-1943) la escribió como una especie de autoparodia de su propia situación actual (una madre de clase media en un entorno de provincias), pero también como un estupendo diario satírico sobre las clases altas y medias de la Inglaterra rural de 1930.

Con un estupendo tono aparentemente ligero y resignado a su suerte de mujer desbordada por los acontecimientos, a veces irónico, otras jocoso, la mayoría de veces incrédulo, la protagonista desgrana en forma de entradas de diario su día a día en la bucólica campiña. Dicen algunos lectores que si la dama de provincias hubiese vivido en nuestros días, habría llevado un blog. Y, en cierto modo, no cuesta demasiado imaginarlo. Delafield escribe, con mucha personalidad y encanto, sobre niños felices, esnobs literarios, engreídas ladies, institutrices enloquecidas o maridos que se quedan dormidos tras las páginas del Times; un regalo para la sonrisa del lector.
Lector, un magnífico diario que convierte en humor los gestos más cotidianos de una dama tan ingeniosa como normal.
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Diario de una dama de provincias (para Kindle)
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El antropólogo inocente de Nigel Barley

En 1978, el doctor en antropología británico Nigel Barley decidió que le había llegado el momento de hacer trabajo de campo y se fue a Camerún a estudiar una diminuta tribu de costumbres propias: los dowayos. Vencido por la burocracia africana, dispuesto a alejarse de la influencia de las misiones religiosas blancas y sin la menor idea de cómo hacerse entender, el doctor Barley se instala por fin en la aldea más remota de los dowayos de la montaña. Pero pronto descubre que el romanticismo del antropólogo o las magníficas teorías de Malinowsky poco tienen que ver con el día a día en una aldea en la que un europeo jamás sería capaz de encontrar ni un solo referente cultural común.
«Los dowayos se dividen en dos sectores, los de montaña y los de planicie. Todas las personas con las que había hablado me instaban a vivir entre los dowayos de la planicie. Eran menos bárbaros, tenían provisiones y la mayoría hablaban francés (…). Los dowayos de montaña eran salvajes y difíciles, no me contarían nada, adoraban al diablo. Con esta información, el antropólogo solo puede hacer una elección: opté por los dowayos de montaña.«

El antropólogo inocente es un relato desenfadado y con mucho sentido del humor de las vivencias del doctor Nigel Barley entre el pueblo dowayo del África occidental. Aunque no lo parezca, por su amenidad y su punto de vista socarrón, se trata de un estudio antropológico. Aunque como Barley escribe con tanta soltura y gracia sobre su experiencia, cuando publicó en Gran Bretaña fue elegido como «uno de los libros más divertidos del año«, según la crítica inglesa. Sin artificios ni imposturas, Barley se ríe de las mitificaciones del trabajo de campo y cuestiona las diferentes corrientes en el pensamiento antropológico: ni todos son «buenos salvajes», ni todas sus ceremonias tienen sentido, ni toda su civilización es primitiva.
«Solo cuando estaban enfermos los dowayos me daban pena y me parecía que su manera de vivir era inferior a la nuestra. A parte de eso, gozaban de libertad, se consideraban ricos, tenían acceso fácil a sus principales formas de gratificación sensual con la cerveza y las mujeres, y se respetaban a sí mismos. En cambio, cuando se ponían enfermos, morían sin ninguna necesidad en la agonía y el terror.«
Barley se desliga de enjuiciamientos europeístas y afirma que la dowayo es una civilización como otra cualquiera. Aunque sí es cierto que, entre risas y exageraciones, el autor confirma uno por uno todos los tópicos africanos de finales de los años 70: absurda burocracia, delirante mezcolanza de tradiciones y modernidad, imperialismo y racismo, etc. En realidad, la gracia de esta lectura es que se trata de una mirada divertida, ingeniosa e informal,  pero muy certera, sobre un pedacito del que sigue siendo uno de los continentes más heterogéneos y sorprendentes desde el punto de vista eurocentrista que nos toca.
Lector, para exploradores curiosos: de cómo el doctor Barley sobrevivió al aburrimiento, a la enfermedad, al desastre y a la hostilidad de la sociedad dowayo (y volvió para contarlo).
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El antropólogo inocente

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