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Ex-libris. Confesiones de una lectora, de Anne Fadiman
En diecisiete artículos recogidos en este delicioso libro, Anne Fadiman escribe desde una perspectiva muy personal sobre la pasión de cualquier lector recalcitrante: los libros. Lo difícil que resultó integrar dos extensas bibliotecas en una cuando se casó con su marido, George Howe Colt, también lector incansable; las manías de sus padres y hermanos con la exactitud de las grafías y su fiebre correctora en cualquier circunstancia; la extraña manía de grandes escritores por el plagio cuando no lo necesitaban y la injusticia del robo de las experiencias de su madre; los recuerdos de infancia construyendo castillos con los tomos paternos de Trollope y la manía bibliófila de sus propios hijos; Ex-libris. Confesiones de una lectora recoge la maravillosa y excéntrica relación de Anne Fadiman con los libros, una relación única que cada lector vive a su propia manera, y recoge un sin fin de anécdotas literarias curiosas (Gladstone, Walter Scott, George Orwell, Rudyard Kipling, Coleridge, Keats…) y casi desconocidas que dejan la sonrisa en los labios y mucha dulzura (lectora) en el corazón. El título original, Ex-libris. Confessions of a common reader, hace referencia y homenaje al The common reader de Virginia Woolf.
«Un día, mientras Sir Walter Scott estaba de caza, le vino a la cabeza una frase que había estado intentando componer durante toda la mañana. Antes de que se le escapase, disparó a un cuervo, le arrancó una pluma, le limó la punta, la mojó en la sangre del pájaro y cazó la frase.«

Esta es la edición que tengo en mis manos, de Eumo editorial (Grup 62), en catalán. Alba editorial tiene edición en castellano.
Anne Fadiman nació en Connecitut y se educó en Harvard, desde los 17 años sabía que quería ser escritora. Es hija de Clifton Fadiman, un reconocido hombre de letras en Estados Unidos, y de Annalee Jacoby, corresponsal del Time en lejano Oriente durante la II Guerra Mundial. Maniática correctora, lectora de rarezas, enamorada de los libros sobre el Polo Norte y sus expediciones, amante de las librerías de viejo, feliz de anotar en los márgenes de sus obras preferidas, Anne Fadiman abre la puerta de su casa, de su biblioteca y de su familia al lector para compartir con él unas estupendas horas de conversación sobre una pasión común: los libros.
«Los exploradores con éxito no me acaban de interesar (…). Claro que no te interesan -dice George-, eres una romántica ¿Qué hay de romántico en un tío que quiere ir a algún sitio y llega?«
Y es que Anne Fadiman, por mucho que coma en la cama mientras lee o confiese su debilidad por los catálogos postales, es una romántica empedernida que uno imagina con ojos brillantes al hablar de Keats, de Coleridge o de Wordworth, y felizmente empolvada por entre los pasillos con olor a papel viejo de las librerías de segunda mano. Ex-libris. Confesiones de una lectora es un libro para disfrutar página a página, que encantará a cualquier lector porque, como bien dice su autora, eso es lo que anhela el corazón de cualquier buen lector «libros que hablen de libros».
Lector: lo único malo de este libro es que echas terriblemente de menos a todos los Fadiman cuando lo terminas.
Nota: Me gustaría destacar la extraordinaria labor de la traductora de esta edición (Eumo Editorial, Col. Capsa de Pandora (Universitat de Vic) Marzo, 2000), que he tenido el gusto de disfrutar, Carlota Torrents. Sus notas al final del libro, la traducción de los títulos que menciona Fadiman y sus anotaciones sobre juegos de palabras y menciones literarias son estupendas y hechas con el respeto que se merece la inteligencia de cualquier lector.
Tierno bárbaro, de Bohumil Hrabal
Bohumil Hrabal (Moravia 1914 – Praga 1997) recuerda el tiempo en el que vivió junto a su vecino, el pintor y poeta Vladimír Boudník, un hombre genial y extravagantemente exagerado que comprendía la vida de una manera tan propia que resultaba difícil convivir con él. Eran tiempos de juventud en Brno, de caer borrachos de cerveza y conversación, de descubrimiento de las vanguardias artísticas de los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Era tiempo de compartir copitas de licor de Boudník, de acabar arrestados por el ejército acusados de espías mientras pintaban paisajes muertos en el bosque. Tiempo de comprensión, de humor negro, de encontrar respuestas, pero sobre todo tiempo compartido con uno de sus mejores amigos, Boudník, quien se suicidó en diciembre de 1968, al poco de que los tanques soviéticos ocuparan las calles de Praga.
«Nietzche se preguntó dónde estaban los bárbaros del siglo veinte… ¡Vladimír! ¡Claro, eso es! ¡Vladimír! Un bárbaro del siglo veinte que navega por las aguas frías del arte y las aguas calientes de la ciencia, como dijo Dalí. Vladimír…«

Señala la contraportada de la edición de Galaxia Gutenberg de Tierno Bárbaro que Bohumil Hrabal escribió este pequeño libro en 1973, cuando su obra todavía estaba prohibida en Checoslovaquia por el gobierno que había puesto en el poder el régimen soviético tras acabar con la Primavera de Praga a fuerza de tanques. Hrabal tenía casi sesenta años, vivía solo en su casa en el bosque de Kersko y estaba invalidado por los comunistas para ejercer ningún tipo de empleo. Se entiende entonces la pátina de nostalgia y ternura con la que el autor checo vuelve atrás la mirada y rememora sus años jóvenes junto al excéntrico y enloquecido Vladimír Boudník.
«Con leche desnatada hacía nata, con hollín de carbón brillantes, con un gorrión el ave Fénix, a un tullido lo convertía en un corredor de carreras, siempre que había poco de algo echaba su talento para demostrar que omnia ubique y que en lo mínimo está el máximo, que cada punto en el mundo es el centro del jardín del paraíso, mientras que los jardines colgantes se convierten despacio en ruinas y polvo y en ese polvo se contiene toda la belleza, en una pizca de tierra todo empieza de nuevo…«
Tierno bárbaro es un hermoso homenaje a Boudník pero también el retrato tamizado por la luz de la nostalgia de unos años en los que la intelectualidad exploraba nuevas fórmulas de pensamiento y arte fluía a placer por sus primeras vanguardias europeas. Y como telón de fondo de las correrías de Hrabal y Boudník, de los retratos costumbristas originalmente contados, las tensiones políticas y militares de Checoslovaquia y la Unión Soviética de aquella mitad del siglo XX. Rituales de amistad, desequilibrios mentales, retrato de un pueblo, Tierno bárbaro es un recuerdo personalísimo, con la prosa a borbotones de Hrabal, con su peculiar don de tornar increíble y fantástica incluso la rutina y el cansancio, de una amistad que precisaba de sus propios rituales y de un tiempo de incertidumbre que podría haber tenido cualquiera de los desenlaces posibles (e imposibles) en la malograda Primavera de Praga.
Lector, perfecto para iniciarse en el personalísimo estilo narrativo, lírico y evocador, de Bohumil Hrabal.
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La casa de una escritora en Gales, de Jan Morris
Jan Morris, periodista, historiadora, poeta y escritora, abre su casa en Gales para el lector curioso que quiera visitarla. Jan ha viajado por todo el mundo y vivido en más de dos docenas de ciudades repartidas por todo el mundo, incluidas El Cairo y Hong Kong justo antes de dejar ser colonia británica, pero solo en Gales, su país de nacimiento y de corazón, tiene su verdadero hogar. Durante generaciones, los Morris han sido propietarios del hermoso y señorial Plas Morys, pero ahora que los hijos y los nietos han crecido, Jan ha preferido vender la casa grande y acondicionar los hermosos establos como su vivienda, la de su compañera Elizabeth y la de su gato Ibsen: Trefan Morys. La nueva casa, constuida y restaurada a placer de sus habitantes, es un fiel reflejo de la escritora pero también de Gales, de su cultura, su lengua, sus gentes; un refugio para Jan y también un lugar donde ejercer gustosamente la cálida hospitalidad galesa con amigos y viajeros ocasionales (como nosotros, lectores curiosos).
«El dinero no compraría los dones de la edad, virtud y experiencia que la impregnan, el encanto de los bosques de Trefan, la cruel belleza del Cwm Pennant. Ningún magnate podría tampoco trasladar las piedras de la casa una por una a ningún otro lugar de la tierra (…) porque mi casa encaja hasta tal punto en el medio donde está enclavada, tiene sus profundas raíces tan clavadas no solo en la tierra en donde se levanta sino hasta en el concepto mismo de Gales, que de encontrarse en otro sitio, cualquiera que fuese, perdería su carisma.«
Jan Morris no puede hablarnos de su casa sin antes explicarnos algunas cosas sobre el complicado carácter galés y las hermosas tierras galesas (geografía, flora y fauna) en las que está escondido este hogar de duendes y hadas. Y aunque en los primeros capítulos la casa no parece más que una excusa, un punto de partida para repasar con sencillez y mucho sentido del humor la Historia del país de Gales y su peculiar naturaleza, la cultura, la lengua y la idiosincrasia de sus gentes, lo cierto es que el lector cae rendido desde las primeras frases por la habilidad de esta escritora para describir lo complicado con una luminosidad y un encanto que muchos historiadores quisieran. Incluso se atreve con la necesidad de la política (hace falta poder político para garantizar la integridad cultural de un país) con una claridad que desarma. En los más hermosos parajes verdes, perdida a orillas de un bosque, Jan Morris tiene su refugió galés, la casa de la que está profundamente enamorada porque no es más que la esencia de su país, de su cultura, de su poesía.
La autora explica con paciencia y divertidas anécdotas que el galés es la lengua literaria más antigua (una lengua que tiene magia), que la pátina celta de toda la cultura galesa les convierte en personas de enorme imaginación y que la cocina de la casa es la misma esencia de la cultura galesa. Esto último se debe a que el corazón de cualquier casa galesa es la cocina: allí se recibe a los invitados, se les da de comer, se les ofrece té, se les hace entrar en calor junto al fuego de leña; se leen poemas a la luz de su lumbre, se discute, se come en familia, se comparte. Por eso es la cocina galesa el mismísimo corazón palpitante de Gales, fuente de los mejores recuerdos de cualquier galés adulto porque allí transcurrió su infancia más feliz y allí siguen celebrándose los encuentros más agradables con amigos y seres queridos.
«Pero yo vivo en un Gales que me pertenece, un Gales que llevo en el pensamiento, poblado de recuerdos, impregnado de melancolía. Y es en ese Gales, ese Gales imperecedero, donde prospera mi casa.«
Y por si todo esto no fuese suficiente, Jan Morris también habla sobre sus libros, su biblioteca, sus manías a la hora de comprar y ordenar los volúmenes, los ejemplares más raros… Los hermosos bosques de Gales, el arrullo de la voz de las leyendas mágicas celtas, los peculiares libros de una simpatiquísima y excéntrica escritora ¿podría ser más tentador este agradable librito?
Con un ritmo narrativo que enamora, unas anécdotas y una manera de contar llena de humor y de ternura, Jan Morris hace gala de su prosa más bella y apasionada para contarnos de qué está hecha su alma celta. Sus raíces galesas, como su casa, han resultado al cabo de los años lo suficientemente poderosas como hacerla volver a su país y disfrutar de un refugio que, en este delicioso libro, abre con generosidad y hospitalidad galesa a todos los lectores que tengan el buen acierto de abrirlo.
Lector, cuando estés cansado, siéntate un rato junto a la chimenea y deja que esta escritora galesa te cuente con su hermosa voz de druida celta.
Nota: Atención al divertidísimo paralelismo que hace la autora entre galeses y pueblos semitas (páginas 20 y 21), amparada en la cabezonería de sus compatriotas y su encantadora singularidad.
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Los libros son tímidos, de Giulia Alberico
«El tío Rodolfo leía historias de las que emanaba un olor a clavo de clavel mezclado con una infusión que tenía un nombre precioso: kardadé. Las historias que leía Rosinella olían a manzanas porque la estancia de la buhardilla donde me las contaba estaba llena de pequeñas manzanas verdes. Las historias que me contaba mi madre olían a frío: estábamos en el país de la nieve y siempre era invierno, o casi.«
Incluso antes de aprender a leer, la pequeña Giulia ya vivía de las historias. Desde pequeña, los libros la han acompañado siempre, de pueblo en pueblo, de la escuela a instituto, a la universidad, a la vida académica, durante todo el camino. Autores e historias se suceden y marcan la memoria de una niña, de una adolescente, de una mujer, que emprende una delicada educación sensorial, incluso moral, desde las páginas que la acompañan.

Para nuestra suerte, lector, Giulia Alberico no tenía un blog en donde reflexionar sobre sus lecturas. Por eso, en Los libros son tímidos, Alberico se eleva por encima de esa reseña individual para contarnos una línea temporal de vida que resulta inseparable de sus lecturas. La autora crece, comprende, descubre y conforma su visión de la vida, incluso su escala moral, acompañada de sus lecturas. Y digo acompañada porque no es exactamente que aprenda de los libros sino que vive con ellos, ella y sus libros se complementan. Y así, por ejemplo, reflexiona sobre la violencia de género o de raza a partir de su lectura pero también de su experiencia.
«Nunca los he prestado, me gustaba poseerlos. Los libros son tímidos, pensaba, quieren estar sólo con quien los ha elegido, no les gustan las manos extrañas.«
Y no voy a contar más, lector, porque Los libros son tímidos es casi un suspiro (breve, agradable y fuente de alivio) y no deberías leer esta reseña sino comprobar por ti mismo si en realidad Giulia Alberico tiene algo que compartir contigo.
Destaco también, los acertados anexos bibliográficos (obligatorio leer la nota de los traductores) de la edición de Editorial Periférica, toda una guía fácil para seguir las lecturas que menciona la autora a lo largo del libro.
Lector, nadie escribió de manera tan hermosa la bibliografía de su vida.
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Este libro llegó a mis manos gracias a la acertadísima recomendación de Mientras Leo ¡Gracias!
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Los libros son tímidos
Prohibido leer a Lewis Carroll de Diego Arboleda, ilustraciones de Raúl Sagospe
El 10 de abril de 1932, una marquesa, un conde y dos barones acudieron en tropel a visitar a Eugéne Chignon con L’Herald des Arcs, un periódico de provincias francés, con la intención de que la joven leyese un pequeño anuncio que aparecía entre sus páginas:
«Prestigioso matrimonio en Manhattan, Nueva York, precisa urgentemente institutriz francesa para su única hija. Se requiere buenas referencias, sin duda, buena educación y, muy importante, imprescindible: CAPACIDAD PARA MENTIR (tanto en inglés como en francés).«
Y es que los encantadores habitantes del pueblecito francés en donde nació y creció Eugene le tienen mucho cariño, pero hace tiempo que la descartaron como institutriz para sus hijos por su terrible tendencia a causar accidentes (especialmente con el té y la porcelana). La joven pelirroja no está muy segura de poder mentir pero decide que Nueva York es una estupenda oportunidad para ella y se embarca rumbo al nuevo mundo tras haber recibido una oferta en firme del prestigioso matrimonio (las buenas referencias francesas han llovido sobre Manhattan). La aventura de Eugene comienza en el barco que la lleva hasta Nueva York y se pone realmente interesante cuando conoce a su alumna, Alice, una maravillosa niña de diez años capaz de recrear el increíble mundo de Lewis Carroll.

Prohibido leer a Lewis Carroll es una estupenda historia de aventuras fuertemente marcada por las influencias literarias de L. Carroll y J.M. Barrie (con acento inglés incluido). Divertidísima, original e ingeniosa, la increíble aventura de Eugéne Chignon, institutriz, desastriz y disimulatriz a tiempo completo, es una lectura recomendable para todos aquellos que disfrutan con lo inesperado y los detalles más excéntricos de las buenas historias. La imaginación de Diego Arboleda, su encanto para construir personajes, y las simpáticas ilustraciones de Raúl Sagospe hacen de esta lectura una experiencia llena de ternura y felicidad.
Un tío escalador de fachadas aquejado de un hambre insaciable desde que fue rescatado del desierto chino, un padre angustiado porque ya casi nadie es capaz de distinguir entre excelencia y magnificiencia, un explorador atípico obsesionado con un huevo de aepyornis, Alice Lidell y Peter Davies, son algunos de los extraordinarios personajes que pueblan las páginas de este viaje literario que recupera sin problemas el encanto de los cuentos más divertidos de principios del siglo XX. Sin duda, una lectura para disfrutar con una sonrisa en los labios y la certeza del descubrimiento de una pequeña joya multicolor.
Lector, ponte el salacot, refresca todo lo que sabes de Alicia y Peter Pan, y ven a explorar las selvas del Manhattan excéntrico y romántico de principios del siglo XX de la mano de la desastriz más encantadora del viejo continente.
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