Novelas
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Mi maravillosa librería, de Petra Hartlieb
Petra y su marido Oliver tienen una cómoda vida: trabajos que les gustan, cafés a media tarde, unos hijos felices, una buena casa en Hamburgo, amigos, un poco de dinero para imprevistos, vacaciones… Hasta que un día surge la oportunidad de pujar por una pequeña librería en Viena que acaba de cerrar sus puertas. Petra es periodista y no se ha desvinculado nunca de escritores y poetas, y Oliver trabaja en una gran editorial; ninguno de los dos es del todo ajeno al mundo de los libros pero jamás antes habían sido libreros. Tras muchas dudas y cálculos, toman prestado un dinero que no tienen y hacen una oferta por la pequeña librería. Su sorpresa será mayúscula cuando sea aceptada y se hagan realidad sus planes librescos. A partir de entonces, su ordenada vida se va al garete y un torbellino de cambios —que pasa por vivir en casa de unos amigos durante meses, olvidarse de cocinar o de las vacaciones, mudarse de país o hacer turnos para dormir— desemboca en una historia de amor, lágrimas y agotamiento por mantener abierta y con buena salud su pequeña y maravillosa librería vienesa.
«Jamás he sacado a Oliver de una reunión, ni siquiera cuando me puse de parto; entonces esperé con calma a que me llamara él.
—Tienes que venir inmediatamente. Hemos conseguido la librería. ¡Mierda, tenemos una librería!«

Petra Hartlieb y su marido tienen una pequeña librería de barrio en Viena que con los años y toneladas de pasión, cariño y trabajo han convertido en casi legendaria librería. Ella es vienesa, como su negocio, él alemán, y sutilezas culturales aparte ambos se enamoran del oficio de librero y de todos y cada uno de los clientes que pasan a diario por su pequeña tienda. En Mi maravillosa librería Petra explica cómo puso en marcha el negocio (obras, prestamos, reformas, logística, mudanzas, pedidos, clientes…) y lo agotador que resultó para toda la familia. Poner en marcha un negocio contra todos los pronósticos de la actualidad editorial y librera se revela en estas páginas como una aventura de proporciones hercúleas. Petra no solo se enfrenta con valentía a las reformas de su tienda o al nuevo sistema informático para registrar pedidos y facturas, sino que además pone en marcha campañas publicitarias, alerta sobre las amenazas «amazonicas» o disfruta con la charla de todas las personas que se pasan a comprar un libro o a traer comida o a limpiar de nieve la marquesina o…
Mi maravillosa librería se lee con placer, curiosidad y una sonrisa en los labios por la gracia que tiene Petra Hartlieb para relatar sus aventuras de aquella época en la que puso en pie su pequeño y romántico negocio. Pero en estas páginas no solo descubrirá el lector la historia de una librería (con el atractivo añadido de que todos los lectores hemos soñado alguna vez con trabajar en una igual a la de Petra) sino que también encontrará reconfortantes muestras de amistad, de solidaridad, de humor, de esperanza librera, y de la misma vida. A veces, montas una librería y la vida te da una lección inesperada: tú, que nunca le pides nada a nadie, te encuentras con un montón de amigos y conocidos que te presta su tiempo, su dinero, su casa, su conocimiento y su ayuda sin que tú se lo hayas solicitado y sin pedir nada a cambio por ello, simplemente porque pueden echarte una mano. Y esto, lector, aunque parezca ficción, no lo es en absoluto; el problema es que pocas veces ocupa la portada de los medios de comunicación.
«Los propietarios de las pequeñas librerías podrían haberles demostrado de antemano, con unos simples cálculos, que uno no puede hacerse rico con los libros (muchas de las pequeñas empresas familiares lo saben desde hace generaciones). La diferencia entre nosotros y los grandes es banal y un poco cursi: nosotros vivimos nuestro sueño, y haciéndolo pretendemos financiar más o menos nuestra vida; ellos quieren obtener beneficios, y que éstos sean cada año mayores.«
Atención a las argumentaciones sobre las amenazas reales de las librerías en el siglo XXI, las puyas humorísticas a la «alemanidad» de Oliver, y a escenas tan hermosas como la de los niños bajando de noche, en calcetines, a buscar un libro entre los estantes.
Lector, una lectura muy agradable de no ficción.
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Cartas de una pionera, de Elinore Pruitt Stewart
En 1862 Estados Unidos aprobó la Homesteading, la ley que regularizaba la colonización de las míticas tierras del oeste norteamericano: 160 acres de tierra a toda persona que así lo solicitase a condición de unos 15 dólares y que construyese allí una casa y la convirtiese en su vivienda habitual durante, al menos, cinco años. «Si el solicitante era una mujer, se le requería que fuese mayor de 21 años, soltera, viuda, divorciada o cabeza de familia«. Desde principios del siglo XX, los nativos americanos han sido recluidos en reservas y centenares de personas cambian los sueldos de miseria de las grandes ciudades americanas por la libertad y la oportunidad de convertirse en hacendados en el hermoso y todavía salvaje Oeste (entre 1898 y 1917 se colonizó más tierra que en las tres décadas anteriores). Y ese es el caso de Elinore Pruitt, una mujer que desencantada de su trabajo y su vida decide convertirse en colona y cambiar la ciudad por los increíbles paisajes de montañas y pinos de Wyoming. No en vano, Elinore sostiene que la solución a la pobreza es la colonización. Cartas de una pionera recoge la excepcional correspondencia de Elinore con su anterior patrona, las largas y encantadoras cartas —llenas de aventura, de belleza y de aventura— en las que explica su nueva vida de colona, exploradora y pionera feliz entre 1909 y 1913.
«Cuando leí lo mal que lo pasan los pobres de Denver me entraron ganas de animarles a todos a que salgan de allí y registren la propiedad de alguna tierra. Me entusiasma ver cómo las mujeres se animan a la vida de la hacienda. En realidad es menos fatigoso cultivar mucho para satisfacer a una gran familia que trabajar lavando, con la satisfacción añadida de saber que no vas a perder el empleo si te preocupas por mantenerlo.«

La correspondencia de Elinore Pruitt Stewart fue publicada por primera vez en 1913 por la revista Atlantic Monthly, hasta que casi un año después, la Houghton Mifflin Co. recopiló todas las cartas y las publicó en un solo volumen (Letters from a woman homesteader) encantada por la buena acogida que habían tenido entre el público norteamericano. La presente edición en castellano es de Hoja de Lata editorial (2013) y la traducción es de Rosana Herrero Martín.
Elinore no solo es una mujer excepcionalmente valiente, fuerte y con un sentido fantástico de la aventura, y con una capacidad incansable de explorar el mundo, sino que además tiene un especial don para escribir sus vivencias de una manera tan encantadora y divertida que atrapa al lector desde las primeras frases. Estas cartas, biográficas, auténticas como la vida de los hacendados en esas tierras apenas holladas por el hombre, ofrecen un testimonio único —y muchas veces insólito— de la aventura de los primeros colonos pero también de un paisaje y una filosofía de vida que forjaron a generaciones posteriores. Y aunque Elinore es una mujer sin estudios superiores nosotros sabemos el secreto de su estupenda redacción epistolar: lee, lee y lee, mucho y bueno.
«Tengo mi casa en mitad de las montañas azules, mis niños bien educados, mi esposo limpio y honesto, mis lindas y generosas vacas lecheras, mi jardín (…). Hay montones de pollos, pavos y cerdos que está a mi cuidado. Tengo unos cuantos caballos viejos, lentos y nobles, y una vieja carreta. Puedo subir a los críos y en cualquier momento ir a donde me apetezca. Tengo los mejores vecinos, los más amables, y tengo también mis queridos amigos ausentes ¿Entiende por qué soy tan feliz?«
El resultado es un libro autobiográfico y epistolar de una mujer extraordinaria en un marco histórico y geográfico único. Las cartas describen momentos tan especiales como las primeras excursiones de Elinore con su hija, sus pasitos como casamentera, las navidades con los nuevos amigos, el divertido pique con Clyde para bautizar a los carneros recién nacidos o una terrorífica noche a merced de dos cuatreros buscados por la ley y con precio sobre sus respectivas cabezas. Con ternura, con simpatía y con un buen humor invencible, las vivencias de esta pionera bien se merecen esta estupenda edición.
Lector, te parecerá estar acampado alrededor de la hoguera, con un cielo estrellado sobre tu cabeza y las montañas de Wyoming al fondo mientras escuchas las historias de Elinore.
Este libro llegó a mí gracias a la estupenda recomendación de Cazando Estrellas.
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La señorita Pym dispone, de Josephine Tey
La señorita Lucy Pym se convierte inesperadamente en una celebridad literaria inglesa cuando su ensayo sobre psicología popular —escrito como protesta por las tonterías que se ha cansado de leer en los manuales de los supuestos expertos en el tema— se convierte en un best seller. Algo cansada por sus múltiples compromisos derivados de su inesperado éxito editorial acepta encantada la invitación de su amiga de la infancia, Henrietta Hodge, para pasar unos días en la escuela de educación física para señoritas de la que es orgullosa directora. Lucy en seguida se acomoda al agradable aunque intenso ritmo de la escuela apenas unos días antes de los exámenes finales y no tarda en caer rendida a los pies —convenientemente enfundados en zapatillas de ballet— de las encantadoras alumnas. La señorita Pym aprovecha para analizar sus caracteres y ejercitar sus dotes psicológicas, pero en seguida se gana el cariño de las chicas y se sorprende alargando su estancias unos días más, hasta el fin de las clases… hasta que una poco acertada decisión de Henrietta agita los ánimos y pone al descubierto que la vida en el internado no es tan idílica como parece y que el comportamiento de muchas de las alumnas es, como mínimo, ciertamente inquietante.
«Y quizá se debiera al hecho ineludible de que cualquier psicóloga que se precie no se permite juguetear con conceptos tan pasados de moda como puedan ser las premoniciones, pero aquella noche no pareció escuchar la voz del pequeño diablillo bienintencionado que le susurraba en sus ya adormecidos oídos: «Márchate, Lucy. Vete mientras todo va bien. Márchate de aquí.«»

La señorita Pym dispone es una entretenida novela de suspense psicológico que transcurre en un, aparentemente, encantador internado para señoritas situado en plena campiña inglesa en los años cuarenta del siglo XX. Sin embargo, no espere el lector profundas reflexiones y análisis sobre el carácter de los protagonistas porque la señorita Pym, a través de cuyos ojos vemos a los personajes, está bastante verde en eso de calar las verdaderas intenciones de sus congéneres. Seguramente todo sea culpa de su bienintencionada inocencia porque hasta que Bollito de Nuez (mejor no preguntes, lector) no le apunta varios datos inquietantes, ella no ve más que chicas encantadoras por todas partes. Vamos que otro gallo les cantaría a las niñas del internado si fuese Gervase Fer quien destapase el pastel.
Josephine Tey (Inverness 1896 – Londres 1952) escribió fundamentalmente novela policíaca y de misterio, género este último en el que se podría encasillar La señorita Pym dispone. Sin embargo, esta estupenda novela no es un thriller negro al uso, o un gran e insondable misterio por resolver, sino que más bien se trata de un entretenido rompecabezas con muchas tazas de té en la campiña inglesa y jóvenes bellezas poniendo a prueba la cordura de la pobre Lucy; donde destaca sobre todo la habilidad de Tey para reflejar atmósferas y sinergias sociales soterradas, tensión y verdades que se callan o se disimulan. Y aunque probablemente el lector resuelva el misterio antes que nuestra atolondrada señorita Pym, el más que agradable encanto de esta lectura (british charming a raudales) está más que garantizado.
Lector, una simpática investigadora con un puzle bastante original que resolver.Escogí esta lectura tras descubrirla en la estupenda reseña de Rustis y Mustis leen Y no os perdáis tampoco la reseña que acaba de publicar un blog al que me quiero mudar a vivir porque allí nunca hace frío, Las inquilinas de Netherfield
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El gran misterio de Bow, de Israel Zangwill
La señora Drabdump, la viuda fatalista que regenta la casa de huéspedes de Glover Street, en el barrio londinense de Bow, se levanta tarde una mañana de niebla. Solo se ha retrasado unos treinta minutos de su horario habitual pero sube las escaleras hasta el cuarto del señor Constant cargada de malos presagios. Y quizás por la niebla o quizás por la fatal intuición, el señor Constant no se despierta. De hecho, el pobre señor Constant, un buen hombre entregado a las causas más nobles de la lucha obrera de finales del siglo XIX, no se despertará nunca más con niebla o sin ella. La señora Drabdump se apresura a llamar a su vecino, el detective jubilado Grodman, quien dará parte a Scotland Yard en cuanto compruebe que, efectivamente, Constant está muerto en su cama. El problema es que la habitación del difunto se hallaba cerrada por dentro y que el enorme tajo de su garganta no indica que haya sido precisamente un suicidio.
«-Bueno, ¿qué ha estado haciendo todo este tiempo?
-¿Por qué lo pregunta? ¿Qué debería haber estado haciendo?
-¡Cómo iba yo a saber lo que había sido de usted! Pensé que se trataba de otro asesinato.
-¿Qué? -el vaso de Denzil se hizo añicos contra el suelo-. ¿Qué quiere decir?
(…)
-¿Qué quiero decir? ¡Solo que no habría estado mal si le hubieran asesinado!
-Sin duda tiene usted unas ideas horribles.
-Sí, pero ciertamente prácticas -replicó la señora Crowl, que no había vivido tantos años con Peter en vano-. Y si no le han asesinado, ¿a qué se ha dedicado entonces?«

El sentido del humor y la visión tragicómica de las obras de Israel Zangwill (Londres, 1864 – Midhurst, 1926) caracterizan a este autor con originalidad e ingenio incluso cuando aborda novela policíaca. Si bien El gran misterio de Bow se presenta como «Una de las soluciones más brillantes al juego del cuento policial» (según cita Jorge Luis Borges), lo cierto es que el lector va disfrutar tanto o más de sus divertidísimos diálogos y de la ironía, el cariño y la sátira con la que Zagnwill describe a sus personajes.
«Al igual que los reyes y los editores, los detectives son difíciles de abordar (a menos que sea usted un criminal, en cuyo caso no verá jamás ninguno).«
«Hay tres razones por las cuales los hombres de genio tienen el pelo largo. Una de ellas es que se olvidan de que les está creciendo. La segunda es que les gusta. La tercera es que resulta más barato, de modo que lo llevan así por la misma razón por la que no cambian de sombrero.«
Una viuda nacida para ser viuda, dos inspectores de policía que se odian cordialmente, un poeta de melena desastrada y sin blanca a quien las criadas del barrio de Bow exprimen misteriosamente y sin compasión, dos líderes laboristas enfrentados, la aparición estelar del mismísimo primer ministro William E. Gladstone (minimizado precisamente por los dos líderes obreros) y una bella heroína desaparecida son algunos de los simpatiquísimos y carismáticos personajes que intervienen en este misterio de «asesinato a puerta cerrada».
Lector, para pasártelo en grande con el sentido del humor del ingenioso señor Zangwill. Ah, bueno, sí, y también para comprobar si eres capaz de resolver el asesinato antes de que el autor te cuente la solución.
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