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Cabaret Biarritz de José C. Vales
En la primavera de 1938 el escritor Georges Miet inicia una investigación sobre los misteriosos hechos que tuvieron lugar en el verano de 1925, en Biarritz, a fin de componer una novela para damas, según el encargo de su jefe, Philippe Fourac (gran amante de los libros, que no de la literatura). Miet recoge toda una serie de entrevistas y escucha con paciencia las voces de todos aquellos que tuvieron alguna relación con el trágico suceso del ahogamiento de la hermosa Aitzane Palefroi, la aprendiza de la librería Operclaritz, y las posteriores muertes que se sucedieron en la localidad. En ese verano de 1925, Biarritz había recuperado el lujo y la sensualidad tras la Gran Guerra y era el destino vacacional de los personajes más glamurosos de Europa; el champán corría con desenfreno, las flappers iluminaban con sus risas los rincones más pecaminosos de la noche y el exotismo, la elegancia y el vicio se paseaban exuberantes por los palacios y villas desde el faro hasta la Côte des Basques. Vilko y Galet, periodista y fotógrafo, respectivamente, y la hermosa y vibrante Beatrix se implicarán hasta la últimas consecuencias en la investigación del misterio de Aitzane en vista de la pasividad de las autoridades pertinentes.
«Toda la libreta está llena de romanticismo amoroso, pero muy elegantemente dicho, porque el señor Vilko era bastante escritor y se ponía muy retórico cuando le entraban aquellos romanticismos ¿Quiere ver la libreta? Espere, señor escritor, que ahora la traigo (…). También solía decir una frase muy filosófica que yo apunté…, aunque entenderla… no la entiendo. Mire. Lea: «El presente es innecesario«.«

Divertida, misteriosa, exquisita, tentadora, Cabaret Biarritz es una extraordinaria invitación al lector para que salga a jugar. José C. Vales, galardonado con el Premio Nadal 2015 por esta novela, se convierte en el ingenioso maestro de ceremonias de un libro dotado del humor imprescindible que siempre tiene la buena literatura.
Cabaretz Biarritz ofrece un rompecabezas al lector, en el que solo él tiene todas las piezas de esta historia aportadas por cada uno de los testimonios a los que entrevista Georges Miet: un rentier «escasamente proclive al enojo» o a cualquier otro interés vital, un joyero llamado Midas que apostilla en latín, un periodista obsesionado con sacarle provecho a los muertos, una artista que pinta hasta cuadradas las olas del mar y que está convencida de que «Solo Dios y sus representantes en esta Tierra -los sacerdotes y los periodistas- pueden juzgar a los demás con implacable rigor, pues -como se sabe- ellos jamás cometen errores«, un apocalíptico director de hemeroteca y presidente de la sociedad literaria de Biarritz que pregona a voz en grito que «los escritores son la desdicha de la sociedad» y por eso les llama cariñosamente «escoria de pollos muertos«…
Y pese a las mentiras, imaginaciones, y falsas suposiciones de todos estos testigos, es el lector (y Georges Miet, recolector de las entrevistas y apuntador en la sombra) quien siempre tiene la visión de conjunto, incluso una composición más acertada de la que pueden hacerse los tres protagonistas investigadores del caso: un periodista fatalmente enamorado (acusado de vanguardista por su creencia en la existencia de los microbios, la vitamina D y la radio), un fotógrafo aturdido por la belleza de las cocotes, y una hermosa fugitiva con un mechón de pelo infernal capaz de disfrutar de la vida a la velocidad de un cabriolet Vauxhall 23.60 del año 22. Todo ello en el incomparable marco de los elegantes días y las voluptuosas noches de Biarritz, en aquellos veranos de Moët de los (más) locos años veinte
José C. Vales trabaja con acierto y cuidado los registros de cada uno de estos testigos recogidos por su escritor Miet, desplegando un vistoso abanico de voces, una narración coral de desiguales narradores, cada uno de ellos con su particular deje, psicología y expresión. Pero el juego no está solo en este despliegue de entrevistador y entrevistados a modo de rompecabezas para el lector sino que el juego empieza en el mismo momento en el que se llega a la primera página del libro, desde la introducción de Eliazar Marcos Inxausti hasta los pies de página de un editor encantador que le ahorra al lector los párrafos referentes a las costumbres amorosas de los carteros de Biarritz, o de un traductor algo rebelde y malhumorado a la hora de ponerse de acuerdo con dicho editor o lidiar con ciertas expresiones francesas («Naturalmente, como traductor, sé que la expresión «découvrir le pot aux roses» es descubrir el secreto, y soy consciente de que tal vez debería haberla traducido como «descubrir el pastel», pero (…). en cualquier caso, si al lector no le gusta, puede borrarla y escribir encima la que más le convenga.«), sin pasar por alto alguna de la bibliografía que se menciona o las desventuras literarias del mismísimo Georges Miet.
Y como no solo de juego, misterio y humor del bueno vive el lector, Cabaret Biarritz es una novela de magnífica y elegante prosa, impecablemente escrita por un autor que ya demostró con creces lo extraordinario de su buen hacer literario en su libro anterior, El pensionado de Neuwelke.
Lector, como diría el mismísimo José C. Vales, it’s Friday, do not forget to play. Imprescindible.
También te gustará: El pensionado de Neuwelke
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Filetes de lenguado de Gerald Durrell
Gerald y Larry Durrell están en Corfú tomando unos tragos de retsina en la casa familiar cuando Gerald le pide a su hermano mayor consejo sobre el título de su nuevo libro. En un juego de palabras que hace referencia a su Spirit of place, Larry le desafía a titularlo Fillets of plaice (Filetes de lenguado) y Gerald recoge el guante. Este es el título de cinco relatos autobiográficos sobre diferentes momentos de la siempre sorprendente vida de Gerald Durrell y su familia y amigos. Un crucero para celebrar el cumpleaños de mamá que acaba en problemas con los nativos y un naufragio estrafalario; los amigos más excéntricos en el Londres de principios del siglo XX, siempre rodeados de una fauna peculiar y soldaditos de plomo pintados a mano; la desastrosa visita del supervisor colonial en Mamfe, África, entre crías de ardillas y puercoespines ahumados; una clínica de reposo con poco reposo por prescripción facultativa; y la locura encantadora de Úrsula, terror del diccionario británico y de los directores de orquesta del Royal Pavilion.
«-Podemos partir de la suposición -dijo McGrade- de que moriremos probablemente después de comer el puercoespín ahumado, así que no merece tener en consideración los otros dos platos.
-No, no -dijo Martin, tomándole al pie de la letra-, tenemos que encontrar algo para después.
– Un velatorio -dijo McGrade-, no hay nada como un buen velatorio irlandés para levantarle el ánimo a todo el mundo.«

Gerald Durrell (1925-1995) fue un destacado zoólogo, naturalista y biólogo que dedicó toda su vida a la conservación de las especies amenazadas y fue un incansable viajero. Durrell no solo puso las bases de lo que sería el origen de los zoológicos contemporáneos (hábitat adecuado, puesta en libertad de las especies recuperadas siempre que fuese posible, que los animales no estuviesen solos en sus hábitats, etc.) sino que además fue un estupendo escritor de relatos cortos y de novelas autobiográficas llenas de humor, sensibilidad y encanto a toneladas. Entre sus escritos más conocidos destaca la trilogía que dedicó a relatar su infancia y adolescencia en Corfú, junto a su madre y a todos sus hermanos, en donde nació su pasión por la zoología: Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses. Hermano menor de Lawrence (Larry) Durrell, Gerald destinaba las ganancias de la publicación de sus novelas y relatos a financiar sus numerosas expediciones científicas y la creación de un zoo respetuoso con las especies que albergase.
«-No parecen muy felices en este pueblo -observó Max.
-¿Y qué esperabas de estos malditos extranjeros? -dijo Donald-. Si estuviéramos en Inglaterra, sería otra cosa.
-Sí -dijo Larry sarcástico-, estaríamos bailando con ellos la danza de Morris hasta el amanecer.«
Filetes de lenguado se compone de cinco relatos, cinco piezas que Gerald Durrell agrupa bajo ese título y que tienen en común un magnífico sentido del humor y la voz entrañable del autor, que relata sus experiencia con animales y humanos (evidentemente son estos últimos los más exóticos de estas páginas) durante diferentes momentos de su vida. Divertidos, originales, personalísimos y estupendamente narrados, estos relatos constituyen una excelente oportunidad de conocer al naturalista y escritor, y dejan al lector con unas ganas tremendas de asomarse a Mi familia y otros animales. Sencillamente deliciosos.
Lector, no dejes pasar esta oportunidad de conocer a los peculiares Durrell y reírte un buen rato con el singular Gerald y su colección de animales y humanos en extinción.
También te gustará: Trilogía de Corfú; El antropólogo inocente; Todas las criaturas grandes y pequeñas; Ven y dime cómo vives
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Filetes de lenguado
Aracne y La muerte viene a cenar, de Ana Bolox
Aracne: En el Londres de 1946, la guerra ha dado paso a una intensa actividad de espionaje internacional, escenario de la próxima Guerra Fría, y el sentimiento anti-comunista de Norteamérica empieza a extender sus tentáculos por Europa. Lord Craddock se reúne, de urgencia y extraoficialmente, con su amigo Arthur Dwight, subdirector del MI5: unos importantes y secretos papeles, claves para Gran Bretaña, han sido robados de la caja fuerte de su domicilio particular. Las sospechas caen sobre el novio tzeldavo de Laura, la sorprendente hija de Craddock. Dwight cree que para llevar una investigación con cierta discreción es mejor dejar el asunto en manos del detective del Yard, Charles Carter, héroe de guerra y antiguo asistente suyo. Pero la investigación de Carter va a conllevar más de una sorpresa… incluso para el lector.
La muerte viene a cenar: El recién ascendido inspector Charles Carter, todavía confuso por la ausencia de algunas piezas claves del rompecabezas de Aracne, recibe un nuevo caso de asesinato: el famoso escritor Thomas Allerton aparece muerto en su casa tras una cena de celebración por la próxima publicación de su nueva novela. La muerte de Allerton, al que por fin parecía sonreírle la vida después de varios años de mala suerte, no tiene sentido. Pero la investigación de Carter pronto tropieza con una variable imposible de controlar; la bellísima Kate West, directora de la agencia Looper de mecanógrafas y detective aficionada, irrumpe en la vida del inspector para volverla muchísimo más interesante.
«-Estoy de acuerdo, Boris, pero aunque esa yegua fuera un potranco cojo y ciego, no apostaría contigo ni medio penique. (…)
-Estamos en el Reform Club ¿Qué mejor lugar que este para hacer apuestas?
-Si me permites la impertinencia, querido Boris, tú no eres Phileas Fogg.
-Y, en realidad, medio penique debe de constituir la mitad de su fortuna -bromeó otro de los caballeros.«

Aracne y La muerte viene a cenar son los dos primeros casos del detective (ascendido a inspector) del Yard, Charles Carter, que junto a la perspicaz y algo testaruda Kate West son los protagonistas de la prometedora saga Carter & West. Héroe de guerra, ex-asistente del MI5, Carter es un excelente investigador acusado varias veces de ser «un hombre demasiado bueno» por dos mujeres terriblemente hermosas e inteligentes. Joven, listo y con buena predisposición a fijarse en los detalles de los interrogatorios de los testigos, Carter tropieza en estas dos historias con dos enigmas pero solo soluciona satisfactoriamente uno de ellos. Dicho esto, el lector no debe preocuparse porque Ana Bolox, la cordial autora, tiene a bien confiar la trama a un narrador omnisciente que le hará partícipe de todas las piezas del rompecabezas sin por ello subestimar su inteligencia.
Con una prosa elegante, de cuidadísimo y (muchas veces) exquisito léxico, Ana Bolox se traslada al Londres de 1946 para escribir historias policíacas y de misterio con un innegable toque clásico y británico pero también con mucha clase y mayor encanto. Diálogos ingeniosos, réplicas llenas de humor y de sarcasmo, personajes carismáticos, perfecta ambientación londinense (no solo por el contexto histórico o el espíritu de la isla, sino también en la recreación de las calles, los negocios, las convenciones sociales, etc. de la época) y misterios de espionaje y asesinatos, además de la cuidada prosa antes mencionada, son algunos de los puntos fuertes del inicio de esta estupenda saga.
Lector, si eres habitual de la literatura británica y echas de menos las novelas clásicas policíacas con un puntito de ingenioso sentido del humor, te encantará conocer a Carter y a West. La química y el tira-y-afloja que promete esta pareja protagonista es un valor añadido que te gustará.
Nota: Atención en Aracne al encantador guiño de Ana Bolox a una de las mejores películas de cine negro del siglo pasado, Laura (1944) dirigida por Otto Preminger y protagonizada por Gene Tierney y Dana Andrews (¿no sería un magnífico Charles Carter?).
Nota (II): Por si el lector se lo estaba preguntando, sí, sí que hay referencia a la gran Agatha Christie. Pero también a Alfred Hitchcock, capaz de colarle al censor «el beso más largo dado jamás en una pantalla de cine hasta la fecha» (¿adivinas la película? Pista: año 1946).
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Suave es la noche de Francis Scott Fitzgerald
Rosemary Hoyt, una jovencísima actriz de cine norteamericana cuya fama va en ascenso imparable, llega con su madre a la Riviera francesa para pasar unas breves vacaciones. En la playa del hotel donde se aloja conoce al matrimonio Diver, Dick y Nicole, dos guapos compatriotas suyos que destacan del resto de los turistas por su elegancia y su gracia. Rosemary cae rendidamente enamorada del doctor Dick Diver, prendida del halo de glamour y diversión que rodea a la pareja allá por donde pasan. Cuando tiempo después, Rosemary y Dick vuelven a coincidir en París, embriagados por el champán y la diversión de los años veinte del siglo XX, algo cambia en la percepción del médico que, por primera vez, se plantea enturbiar la imagen de perfecto héroe y caballero honorable que siempre ha intentado forjarse de si mismo.
«En aquel momento, los Diver representaban en apariencia el estadio más perfecto de la evolución de una determinada clase, y por eso la mayoría de la gente parecía deslucida a su lado.«

Leí Suave es la noche hace algunos años, en un intento por reconciliarme con el autor de El gran Gatsby, y tenía buen recuerdo del libro. Seguramente porque, al leerlo de nuevo, me he dado cuenta de que mis recuerdos se aferraban felices a la primera parte del libro; una primera parte brillante y luminosa, divertida, mordaz, descubridora. Una novelización, una ficción, basada en la experiencia del matrimonio Fitzgerald en sus años locos (esos locos años 20 del siglo XX) en París.
«A mí me gusta Francia, donde todo el mundo se cree que es Napoleón. Aquí (en Roma) todo el mundo se cree que es Jesucristo.»
En esa primera parte, Fitzgerald descubre ante el lector, al seductor matrimonio Diver, una especie evolucionada que contrasta con sus compatriotas americanos de tourneé por Europa.
«De los contactos que McKisco había tenido con gente de la alta sociedad norteamericana se le habían quedado grabados su esnobismo indeciso y desmañado, su complacencia en su propia ignorancia y su grosería deliberada (…).«
Fitzgerald carga las tintas contra los americanos ricos que viajan por Europa en esos años felices, justo cuando el recuerdo de la Primera Guerra Mundial transitaba del dolor al romanticismo, y justo antes de que siquiera se anunciase la crisis del 27 y el auge de los totalitarismos que desembocarían en la Segunda Guerra Mundial. El autor, a su vez americano de viaje por Europa, critica a la clase alta norteamericana por su estupidez y su incapacidad de relajarse y entender el París de esa época. Entre sorbos de champán y fiestas surrealistas, entre música absurda y charleston, los mejores personajes de Suave es la noche pasean sus trágicos destinos: Abe North, un músico genial en horas bajas, empeñado en destripar a un camarero para ver de qué está hecho por dentro, o capaz de perder un barco con destino a su país por no perderse la última publicación de una novela por entregas; o Tommy Barban, un soldado enfermo de romanticismo con un amor imposible y siempre en busca de una batalla en la que morir luchando.
En esta primera parte, entre humor y sátira, entre comentarios brillantes y diálogos ingeniosos (que el lector no pase por alto la cena del capítulo VII o el duelo con pistolas del capítulo X), Fitzgerald vuelve la mirada a las mujeres de su entorno.
«Las tres mujeres que había en la mesa eran perfectos ejemplos del enorme flujo de la vida norteamericana. Nicole era nieta de un capitalista (…), Mary North era hija de un empapelador y descendiente del presidente Tyler. Rosemary pertenecía a la clase media y su madre la había lanzado a las cumbres inexploradas de Hollywood.«
Desde la inestable y rica Nicole, con una fortuna heredada de un padre selfmade, a la que no da importancia, hasta la acomplejada y dependiente del éxito de su marido, Mary North; pasando por Rosemary, de quien su madre dice que a la hora de enamorarse es libre como un chico porque es ella quién gana su propio dinero: «Has sido educada para trabajar, no para casarte.»
Una primera parte, en fin, genial y brillante, que el lector disfrutará sin condiciones. Lástima que la segunda parte, el flasback sobre la juventud de Dick y Nicole y sus inicios como pareja, no siga a la altura y altere el ritmo narrativo de la historia para aportar menos de lo que debería. Y una tercera parte algo repetitiva, deslucida respecto al brillante arranque de la historia, y con unos personajes protagonistas, el matrimonio Diver, insoportablemente planos y sin evolución ninguna, en mi opinión. Sin embargo, la prosa de Fitzgerald, su ingenio, su particularísima manera de contar y describir («Era un compendio de todas las mujeres que habían amado a Lord Byron«) y sus curiosos y acrobáticos saltos narrativos (atención a las continuas elipsis temporales que dotan de un peculiar ritmo y dinamismo a la narración) son de por sí razones para que Suave es la noche sea una aventura literaria que merece la pena explorar.
Lector, una novela para adentrarse curioso en una época de champán, Chanel nº16 y luz parisina en el matrimonio de Francis S. y Zelda Fitzgerald. Su primera parte y sus personajes secundarios bien merecen la pena, así como sus escenas más geniales y divertidas.
Si te apetece escuchar algo de la encantadora banda sonora vintage que acompaña a los personajes de esta novela, aquí te dejo alguna de las canciones que aparecen:
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Matemos al tío, de Rohan O’Grady
El barco que llega del continente, deja a unos pasajeros inusuales en la costa de una islita remota del Canadá británico: Barnaby Gaunt, un niño de diez años encantadoramente travieso, y Christie MacNab, una niña de ciudad acostumbrada a vivir con muy poco. Para el sargento Coulter, el único hijo de la isla que volvió con vida de la Segunda Guerra Mundial, son una auténtica pesadilla. Los niños, sueltos todo el verano por la pacífica isla, son un torbellino de problemas, desastres (no todos intencionados) y travesuras. Sin embargo, para las viejas familias de la localidad, la visita infantil resulta toda una bendición para sus aburridísimas vidas. Las cosas se complican cuando Barnaby le confiesa a su amiga Christie que su tío desea matarlo para quedarse con su cuantiosa herencia paterna y Christie le promete que le ayudará a evitarlo… matando primero ellos al malvado tío. El sargento Coulter, trágicamente enamorado, preocupado por el regreso de un puma al que le falta una oreja, suspicaz ante el excéntrico tío de Barnaby y golpeado por la ignominia de dos estatuas etruscas falsas, tendrá que desentrañar la madeja del caso más misterioso y peliagudo de su carrera mientras evita que dos niños algo siniestros acaben por robarle el corazón.
«-Perdone, señor -dijo- ¿Sabe de algo que disuelva el chicle? Pero que no disuelva a un perro…
El primer oficial y el sobrecargo intercambiaron miradas.
-¿Ellos otra vez? -preguntó el primer oficial.
-Sí, señor. Uno de los border collie de la bodega. Tiene el bozal pegado al morro. Pensaron que le apetecería una bolita de chicle, los muy cabroncetes.»

La imagen de la cubierta y del interior es de Edward Gorey, y ha sido recuperada por Impedimenta de la edición original de 1963 de Let’s kill uncle
Rohan O’Grady es el seudónimo de la escritora canadiense June Skinner (Vancouver, 1922) y publicó Matemos al tío, considerada una de las obras góticas más relevantes del siglo XX, en 1963. Sin duda, una verdadera joya de la literatura del siglo pasado que encanta al lector por su humor, sus personajes y su narración tan inquietante como divertida.
O’Grady narra con soltura y muchísimo sentido del humor (inglés) las peripecias de dos niños con un aplastante sentido común y una inocencia maquiavélica que volverá loco al inefable sargento Coulter. El escenario de una isla sin jóvenes (todos muertos en la guerra), con un cementerio invadido por los hierbajos, un bosque habitado por un puma deprimido con mucha personalidad y una playa mortal, es perfecto para esta historia de planes homicidas y personajes inolvidables. Tal y como apunta la siempre estupenda Editorial Impedimenta en su contraportada, «Matemos al tío es una lectura deliciosamente perversa. Oscura y mortalmente ingeniosa.» Una novela que se disfruta con una sonrisa en los labios y los dedos impacientes por girar las páginas y descubrir el misterio que esconden todos los protagonistas de esta islita canadiense. Un libro para disfrutar, disfrutar y disfrutar.
«In an idyllic, peaceful island setting
two charming children on summer holiday
conspire to execute the perfect murder
-and get away with it.«
two charming children on summer holiday
conspire to execute the perfect murder
-and get away with it.«
Lector, cuando termines esta novela lo único en lo que podrás pensar es en lo agradecido que sientes con Rohan O’Grady por haberla escrito. Encantadoramente escalofriante.
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Etiquetado feelgood, Libros excéntricos, Literatura británica, Novelas adorables
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