La vida de Louise Arner Boyd. Aventuras árticas de una millonaria americana, de Joanna Kafarowski

El 29 de julio de 1926, Louise Arner Boyd partía rumbo hacia el Polo Norte en el barco expedicionario Hobby. Desde Tromsø (Noruega) en dirección norte, hacia la Tierra de Francisco José, el objetivo a cumplir era un viaje científico de seis semanas en el que Louise Arner iría al cargo de la fotografía y la intendencia a bordo. Escogió a Francis J. de Gispert como capitán del barco, al mando de la tripulación, y llevó como invitados a sus amigos españoles, los condes de Ribadabia. Aunque era el primer viaje ártico planeado, organizado y financiado por una mujer y, encima americana, el San Francisco Chronicle tituló la noticia como “Mujer de San Francisco en la caza del Ártico: Louise A. Boyd participa en viaje polar dirigido por ingeniero español“, artículo que la irritó bastante teniendo en cuenta su hazaña. Rica, inteligente, curiosa, aventurera, apasionada de los avances científicos, los viajes y la tecnología, Louise Arner organizó y financió hasta siete expediciones árticas entre 1926 y 1955. A lo largo de su vida estableció una respetuosa amistad y colaboración con prestigiosos científicos de su época, como Isaiah Bowman (Sociedad Geológica Americana) o Alice Eastwood (Academia de las Ciencias de California), que le reconocieron el valor y la valentía de sus investigaciones y exploraciones polares durante la primera década del siglo XX.

Miembro de la alta sociedad. Filántropa. Geógrafa. Fotógrafa. Científica. Exploradora. Durante su vida, Louise Arner Boyd (1887-18972) fue todo esto. Al final, debería ser recordada como una original americana, una intrépida mujer aventurera que superó las barreras sociales impuestas a las mujeres de su categoría y de su tiempo, y que desafió el significado de ser “un explorador polar“. Louise persiguió sin temor el implacable deseo de penetrar lo más profundo posible en el círculo polar y descubrir sus secretos. Sus siete expediciones y la información científica que fue generada como resultado deberían asegurar que la importancia de Louise Arner Boyd es elevada al nivel de la de otros exploradores polares del siglo XX.

Ediciones Casiopea
Colección: Biografía
350 páginas
Fecha de publicación: diciembre 2018
ISBN: 9788494848-61

La doctora Joanna Kafarowski es miembro de la Royal Geographical Society, de la Sociedad Geográfica Estadounidense y de la Society of Woman Geographers; su biografía sobre Louise Arner Boyd es la primera reivindicación oficial de esta destacada exploradora ártica, cuyas contribuciones en la investigación sobre el terreno del Polo Norte fueron valiosísimas para geógrafos, botánicos, cartógrafos y paleoclimatólogos, entre otros científicos. La vida de esta exploradora americana resulta, como poco, curiosa, apasionante en el contexto de la primera mitad del siglo XX, cuando todavía quedaban rincones del planeta vírgenes de cualquier pisada humana.

Kafarowski narra la biografía de Arner Boyd bien sustentada por una meticulosa investigación y con la habilidad de crear cierto suspense en el lector. La narración viene bien acompañada por fotografías y documentos gráficos históricos, así como por fragmentos de la correspondencia de la protagonista, que contextualizan magníficamente las expediciones y experiencias de una pionera del Polo Norte. No solo fue apasionante la vida de Louise Arner Boyd sino que, además, Joanna Kafarowski, ha sabido reflejar con mucho acierto la personalidad de su biografiada de tal manera que la aproximación a sus emociones resulta vívida y cercana. Por todo ello, esta es una lectura amena, interesante y muy recomendada para los espíritus curiosos y románticos que anhelan saber más de aquellos tiempos en los que no estaba cartografiada la totalidad del planeta.

Por la última frase del párrafo anterior ya podéis deducir que me ha encantado esta biografía. No conocía a la señora Arner Boyd y sus periplos por los hielos del norte me ha cautivado, excepto cuando se ponía en plan cazadora de osos (hay alguna foto repugnante al respecto, aunque debe ser contextualizada en su época, por supuesto, hagamos de tripas corazón de historiadora). Mientras la leía, pensaba en Las huellas de la vida de Tracy Chevalier, esa genial novelización de la vida de otra pionera, Mary Anning, descubridora y restauradora de los primeros esqueletos de ictiosaurio, plesiosaurio y pterosaurio, así como descubridora de los belemnites y de la importancia de los coprolitos. Pese a que las teorías y los descubrimientos de Anning fueron decisivos para el trabajo de los científicos de su época (Cuvier, Buckland, Agassiz, Lyell, Conybeare…), y abrió el camino para teorías posteriores tan decisivas como las de Charles Darwin, jamás se la aceptó en la London Geological Society (tenía que esperar sentada en los escalones de la entrada al edificio a que los hombres evaluaran sus aportaciones). Sin embargo, a diferencia de la primera despreciada y marginada paleontóloga (y cazadora de fósiles) de la Historia, a Louise Arner se la aceptó progresivamente en los círculos académicos y se la reconoció (con honores, medallas, premios y toponimia) por sus logros científicos. Quizás, la diferencia entre Mary y Louise es que la segunda realizó sus gestas científicas en la primera mitad del siglo XX en lugar de a mediados del XIX, lo que pondría cierta esperanza en el progreso de la civilización. O en que Mary Anning, además de mujer, no era precisamente ni millonaria ni americana ni guapa (adiós entonces a cualquier esperanza de civilización y progreso).

Lector, para exploradores del ártico en busca de Amundsen.

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