Novelas
Publicadas
Archivo del Autor: Monica
Eleanor Oliphant está perfectamente, de Gail Honeyman
Eleanor vive sola en un pequeño piso de Glasgow, con un mobiliario de segunda mano, una planta y un puf verde con forma de rana. Trabaja en una agencia de publicidad, en el departamento de contabilidad y pasa los fines de semana con la ayuda de los crucigramas del periódico y dos botellas de vodka. La mayor parte del tiempo, no comprende a las personas ni al mundo que la rodea. Sabe que no es capaz de integrarse en sociedad porque es mala actriz y no soporta fingir lo que no es. Intransigente, rigurosa, maniática, Eleanor es tan singular y extraña que causa desconcierto a su paso. Hasta que su rutinaria soledad, lastrada por el horror y la pena de su misterioso pasado, se ve interrumpida por la buena voluntad de otro ser humano: Raymond, el nuevo informático de la oficina, que, inesperadamente y contra todo pronóstico, va a convertirse en su primer amigo.
«Si alguien te pregunta cómo estás, en teoría tienes que decir sin más «bien». No esperan que digas que anoche te quedaste dormida llorando porque llevabas dos días seguidos sin hablar con otra persona. «Bien» es lo que se espera de ti (…). Hoy en día la soledad es el nuevo cáncer: algo vergonzoso, bochornoso, que tú misma te infringes si bien de un modo poco claro. Algo temible e incurable, tan espantoso que no te atreves a mencionar; la gente no quiere oir la palabra en voz alta, por miedo a verse también infectada, o a tentar a la suerte y que caiga sobre ellos un horror similar.«

Eleanor Oliphant está perfectamente es la primera novela de Gail Honeyman, se ha traducido a 27 idiomas y se ha ganado la admiración de la crítica especializada con este singular personaje, que muchos comparan a Ignatius Reilly o al Ove de Fredrick Backman. Comparaciones y elogios aparte, la fuerza de Eleanor Oliphant, su entidad como personaje literario singular y complejo, y la arrolladora prosa de Gail Honeyman, convierten esta novela en una de las mejores publicaciones del año.
La clave es Eleanor, pues todo gira a su alrededor. Una mujer en la treintena, tan sola que pasa días enteros sin hablar con nadie, tan sola que las únicas personas que la tocan son profesionales de la sanidad, tan sola que incluso ha olvidado las convenciones sociales más simples. Para que os hagáis una idea, imaginad a un Sheldon Cooper sin amigos y con el trauma de una infancia terrorífica (una madre malvada, maltrato, un montón de casas de acogidas y orfanatos). Eleanor es gruñona, recalcitrante, intransigente, antipática y criticona, una persona rarísima que Gail Honeyman va descifrando despacio con la complicidad del lector que, sin apenas darse de cuenta de cómo ni por qué, acaba queriéndola. Porque Eleanor es, sobre todo, un personaje conmovedor por su fuerza y su fragilidad, por considerarse una persona con suerte por haber sobrevivido al horror, por pensar que es afortunada por haber salido adelante; por ser capaz de reconocer y sentir amor pese a todo el tejido cicatrizado de su corazón.
Eleanor Oliphant está perfectamente es una novela de personaje pero también un thriller emocional, una tragicomedia y una profunda reflexión sobre la soledad en la sociedad occidental contemporánea. Es de esos libros que te mantienen pendiente de sus páginas de principio a fin, que no dan tregua, que enamoran y envuelven y que se echan de menos cuando se terminan. Se echa de menos a Eleanor. Un debut literario notablemente brillante.
Lector, una novela que te emocionará, te conmoverá y te sorprenderá. No la dejes pasar, es de lo mejor que he leído este año, palabrita.
También te gustará: La conjura de los necios; El devorador de libros; Las mil y una historias de A.J. Fikry
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Eleanor Oliphant está perfectamente (para Kindle)
Eleanor Oliphant está perfectamente (en papel)
Publicado en Blog
18 comentarios
Siempre hemos vivido en el castillo, de Shirley Jackson
Mary Katherine Blackwood tiene dieciocho años y vive en la mansión familiar, a las afueras de un pequeño pueblo estadounidense, junto a su hermana mayor, Constance, y a su tío, Julian. No le queda más familia desde que todos fallecieran en fatídicas circunstancias, pero a Mary Katherine le sobra y le basta para ser feliz, disfrutando de su libertad en los bosques, en el río, entre las ruinas del antiguo templete, corriendo descalza con su gato Jonas. Solo empañan su dicha las obligatorias visitas, dos veces por semana, al pueblo para comprar comestibles; hace tiempo que las hermanas cerraron al público el camino particular que conduce a la mansión Blackwood y no desean reanudar el contacto con sus odiosos y malvados vecinos. Sin embargo, forastero inesperado va a romper la excéntrica armonia de los tres supervivientes, incomodado sus pequeñas rutinas y el equilibrio de su inquietante felicidad en estado semi-salvaje.
«Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance y Ricardo Plantagenet, y la amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto.«

Esta novela, un clásico de la literatura de terror, me la recomendó hace años Zazou, una lectora voraz y exquisita con una especial debilidad por el gótico sureño. Cuando tiempo después me encontré la reseña en la casa literaria de Jan Arimany (Trotalibros), recordé que la seguía teniendo pendiente. Pero hasta este verano no he tenido oportunidad de leerla, y ya os avanzo que tanto Zazou como Jan tenían toda la razón al recomendarla como una lectura imprescindible para los amantes del género y, para el resto de lectores, también.
Shirley Jackson (San Francisco 1916 – Bennington 1965), autora de La maldición de Hill House, La lotería, The bird’s nest, entre otras, además de Siempre hemos vivido en el castillo, es uno de los referentes principales de escritores de terror como Stephen King o Richard Matheson. La influencia de Jackson en King es inconfundible en cuanto empiezas a leer el primer capítulo de Siempre hemos vivido en el castillo y te encuentras con esa atmósfera opresiva del pequeño pueblo sureño habitado por miradas maliciosas y situaciones inquietantes y llenas de maldad, de la maldad humana más cerril y primigenia, del odio del paleto ignorante y fanático. ¿No os hace pensar en esos pueblecitos inventados de Maine, de las novelas de Stephen King?
Siempre hemos vivido en el castillo está narrada en primera persona por su protagonista, Mary Katherine Blackwood, Merricat, quien cuenta cómo se siente odiada por los habitantes del pueblecito en contraste con la felicidad que le procura su aislamiento en la mansión. A través de su voz, el lector comprende que algo extraño ocurre con Merricat y su familia, que algo no está bien, desde el principio. Es la maestría de Shirley Jackson dando voz a su protagonista la clave de esta historia de miedo que resulta fascinante desde su primer párrafo hasta su opresivo (in crescendo) desenlace. Los peculiares personajes de la historia proyectan su pasado en la clausurada mansión Blackwood, que se conserva inquietantemente igual que el último día en el que toda la familia estuvo reunida bajo su techo. Esa sensación opresiva de aislamiento y cautividad acompaña al lector durante toda la historia y contribuye, como magnífico telón de fondo, a intensificar la atmosfera de miedo y suspense de este clásico de la literatura. No espere el lector, ningún elemento sobrenatural en esta novela sino la incertidumbre y el horror de la maldad humana (a veces producto del apasionamiento del momento, otras, calculada y mezquina como la naturaleza del primo Blackwood) y la desconcertante inocencia de su narradora.
Lector, un clásico soberbio con el que pasar un magnífico mal rato porque así son los maestros del terror. Ah, y sin gore ni toques paranormales, más difícil todavía.
También te gustará: Frankenstein; Los sioux; La nueva madre
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
Siempre hemos vivido en el castillo
Publicado en Blog
23 comentarios
Las tres muertes de Fermín Salvochea, de Jesús Cañadas
Cádiz, 1907. Sebastián, Pani y Candela están entusiasmados con la llegada del circo de los horrores a su ciudad. No es que no tengan suficiente horror en sus jóvenes vidas —Juaíco, el padre de Sebastián, es un alcohólico que se juega los escasos ingresos de la familia a las cartas, el de Pani es un brutal maltratador y Candela vive en un hospicio, sujeta a las aberraciones del padre Abel y la crueldad de las monjas— sino que la fantasía de lo sobrenatural es una buena vía de escape cuando la realidad está poblada de monstruos. Una noche, la vuelta a casa de un Juaíco destrozado por la noticia de la muerte de Fermín Salvochea, el legendario alcalde republicano de la ciudad, desvelará el origen de un mal que todavía vive en las entrañas de Cádiz. Dispuestos a resolver el terrorífico misterio de 1873 y los actuales extraños asesinatos relacionados con él, Sebastián y sus amigos arriesgarán la vida y la cordura hasta reducir a una infantil anécdota la llegada del circo.
«A su paso quedaba el silencio.
En algún momento empezó a llover. A todo el mundo le pareció apropiado y eso no le gustó al cielo. El chaparrón arreció en un santiamén. Algunos salieron corriendo a cubrirse. El viento aullaba. Los portadores del ataúd dudaron. Fue en ese momento cuando el alcalde Martínez de Pinillos decidió que se guarecería dentro del Ayuntamiento hasta que pasase el temporal. «Esta es su casa y aquí se va a quedar», eso fue lo que dijo. Así lo recogerían los libros de historia, y así lo recordaría el pueblo.«

Dice Antonio Torrubia, El Librero del Mal, que Las tres muertes de Fermín Salvochea es «un tour de force a caballo entre los Goonies y Penny Dreadful«. No me parece desacertada la comparación, pero la nueva novela de Jesús Cañadas no es fácil de etiquetar en un solo género pues se mueve entre la aventura más tenebrosa, la truculencia del thriller, el terror, el suspense y el costumbrismo de un victoriano Cádiz (si es que eso existe, históricamente hablando). Y si con esto no he picado tu curiosidad, te invito a leer la sinopsis de Roca editorial, mucho más acertada que mi personal delirio post-lector y verás cómo apetece salir corriendo a la librería más cercana.
Las tres muertes de Fermín Salvochea es una novela con la que vas a pasar un buen mal rato, o un mal buen rato, o como se diga, porque no sé a vosotros pero a mí ese talento tenebroso que tiene Jesús Cañadas para describir las escenas más lúgubres, terroríficas e inquietantes, en el Cádiz de finales del siglo XIX me da escalofríos. El autor toma la figura histórica de Fermín Salvochea, con gafitas ahumadas incluidas, y le da una vuelta de tuerca (o dos o tres) hasta convertirlo en un Van Helsing steampunk, y no solo le queda genial como protagonista de leyenda sino que además parece del todo coherente con ese Cádiz excéntrico y oscuro de los burdeles, las timbas, las cuevas de María Moco, los tesoros piratas al eco de la Gloriosa y el contraste social de sus barrios.
A mí me ha encantado dejarme arrastrar por el ritmo endiablado —nunca mejor dicho— de esta aventura. Es imposible no conmoverse con Sebastián, Pani y Candela como protagonistas de la investigación del misterio, esos niños a punto de dejar de serlo, verdaderos héroes de una historia en la que la brutalidad, la maldad y el deseo de destrucción que se ejerce sobre ellos no procede solo de monstruos sobrenaturales sino de los seres (in)humanos que deberían protegerles.
Lector, esta es la mejor novela que he leído de Jesús Cañadas hasta la fecha y te la recomiendo muchísimo por entretenida, por fascinante, por tenebrosa y porque da miedo. Perfecta para los adictos al creepy victoriano y a los que piensan que no solo en Noche de Difuntos apetece un buen thriller sobrenatural.
Nota para Jesús Cañadas: que gracias por esta historia pero, sobre todo, gracias por el glosario de términos gaditanos, que no ni na que hacía falta.
También te gustará: Los nombres muertos
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en el siguiente enlace:
Publicado en Blog
12 comentarios
Celeste 65, de José C. Vales
A Linton Blint no le va demasiado bien en la vida. Su terapeuta de freudianos labios cree que arrastra el trauma infantil de haber recogido los pedacitos de su madre y su hermana cuando una bomba alemana cayó sobre la casa de sus padres cuando era pequeño. El maltrato al que le someten su esposa Laurie y la tía Mildred y el desgraciado accidente de las polillas en Oxford tampoco ayudan a cultivar su autoestima. Quizás Linton padezca de una apatía vital insoportable y no sepa nada del mundo más allá de sus estudios entomológicos, pero incluso el más gris de los seres humanos tiene un instante de rebeldía. Obligado a huir de Inglaterra por las circunstancias, Linton se hospedará en el lujoso Hotel Negresco, a mediados de los años sesenta, destino veraniego preferido de famosos, ricos y poderosos. Junto a la hermosa Celeste, sobrina de un anticuario que la ha enviado a Niza para hacerse con un misterioso mapa planetario, el despistadísimo Linton terminará siendo el inesperado protagonista de un sinfín de líos de espionaje propios de la Guerra Fría y de otros ajustes de cuentas más personales.
«Los grandes lectores son personas muy molestas —era cosa sabida, según el librero—, porque tienen manías, prejuicios, obsesiones y chifladuras relacionadas con el papel, el tipo de letra, las ilustraciones, las erratas o la encuadernación. Son complicaciones intelectuales que afectan a todos los aficionados a los libros, por lo que dicen; mi amigo Doug, que había pasado su vida entre libros y mujeres exóticas, siempre me aseguró que todos los grandes lectores suelen sufrir alguna perturbación más o menos dañina…»

José C. Vales es uno de mis escritores contemporáneos preferidos, los que habitualmente venís a tomar el té en Serendipia ya lo sabéis, así que no será ninguna sorpresa si os digo que me lo he pasado en grande con la lectura de Celeste 65. El autor de Cabaret Biarritz vuelve a poner su excelente prosa al servicio de su divertidísima y sarcástica narración, esta vez, para entretenernos con las aventuras de un apocado entomólogo inglés en Niza con el telón de la Guerra Fría y las bellezas de mediados de los años sesenta del siglo pasado bailando al son de una música que también hizo Historia. Y aunque las épocas no podían ser más distintas, los escenarios vuelven a padecer de un decadente lujo nostálgico, pues si en Cabaret Biarritz el lector se hospedó con Beatrix en el Hotel du Palais, en Celeste 65 disfrutará de su hospedaje gemelo, el Hotel Negresco.
Divertida, tocada de un genial humor inglés y en ocasiones tan alocada como delirante, Celeste 65 es una gran demostración de que la buena literatura no tiene que versar obligatoriamente sobre dramas y desgracias existenciales. También desde el sentido del humor y desde la sátira los escritores abordan la condición humana y crean excelentes ficciones de gran valor literario ¡y perspectiva histórica! En Celeste 65 el lector encontrará una novela fabulosa con entrañables referencias librescas (Gervase Fen, Tobias Smollett, el romanticismo de finales del XVIII y sus acólitos ionizados…), simpáticos guiños a los lectores del señor Vales (¡Beatrix Villequeau y Neuwelke!), cameos glamurosos, una música que cambió el mundo, y unas escenas al más puro estilo de los hermanos Coen y que son el alma de la novela.
Y como además de lectora recalcitrante soy historiadora, me perdonareis una de mis citas preferidas de la novela:
«(…) que la Historia Natural de Plinio o los siete libros de Historia de Herodoto eran más divertidos —¡definitivamente!— que la mayoría de las novelas (…), que Schliemann era un aficionado y que ningún arqueólogo de verdad habría vestido a su mujer con las joyas troyanas (…).«
Solo un filólogo con el encanto de José C. Vales podría haber escrito frases como esta.
Lector, si sufriste en el Hotel du Palais, ahora toca pasárselo en grande en el Hotel Negresco.
También te gustará: El pensionado de Neuwelke; Cabaret Biarritz
Nota: soy incapaz de escribir correctamente el alias del querido Linton, lo siento.
Nota (II): y mira que agradecí el alias porque, no sé a vosotros, pero a mí el nombre de Linton me hace pensar en el sin-sustancia de Cumbres borrascosas.
Si quieres hacerte con un ejemplar haz clic en los siguientes enlaces:
Publicado en Blog
Etiquetado encanto libresco, humor literario, Libros excéntricos, Novelas adorables
Deja un comentario

