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Un lugar afortunado de Loredana Limone

Fue por pura casualidad que César, ilustre abogado y marido abandonado, acabase comprando a precio de ganga aquella diminuta vivienda de dos pisos en Borgo Propizio, un pueblecito medieval de escasos habitantes, aunque con castillo y fantasma propios. El mismo inmueble que su hija Belinda, con ganas de nuevos horizontes lejos de cualquier oficina, ha decidido convertir en su propio negocio: una lechería y pastelería. Lugar que estaba restaurando el artista de las reformas Ruggiero, quién había encontrado un zapato de doble suela emparedado en la futura tienda con un mapa del tesoro y una misteriosa sortija en su interior, pero que en cambio había perdido la cenefa de vaquitas diseñada por la caprichosa Belinda. Y en estos pensamientos andaba el buen Ruggiero al salir del local casi terminado, cuando atropella a la hermosa Mariolina, hermana inseparable de Marietta. El amor surge entre Ruggiero y Mariolina; Marietta no quiere quedarse sola con su colección de biquinis de ganchillo; Belinda no sabe qué nombre ponerle a su lechería; y el misterio del fantasma, el zapato emparedado, el mapa y la sortija van a dar muchos quebraderos de cabeza al bueno de César. Solo las hermosas calles empedradas de Borgo Propizio serán testigo de los días extraordinarios que cambiarán para siempre la rutina adormilada de sus cotillas habitantes.
«El local se encontraba en el centro de un pequeño pueblo un poco decadente y románticamente melancólico, en una de las colinas del interior. Medía cuarenta metros cuadrados, con un escaparate grande y otro más pequeño, como una ventana, en un lado. Era una superficie diáfana, sin recovecos, aunque, curiosamente, uno de los lados terminaba en punta.«

Mariolina acaba de encontrar el amor por vez primera, Belinda ha terminado con él y Claudia se ha reencontrado con el suyo, el de toda una vida. Y, sin embargo, Un lugar afortunado no es una novela romántica. Un lugar afortunado es una novela divertida, una historia entrañable, hilvanada con delicadeza por las cosas más sencillas -las mejores- que ocurren desde que en Borgo Propizio la hija de un abogado algo perdido ha decidido abrir su lechería, a despecho de fantasmas y castillos en ruinas. Sus personajes, incluso los más mayores, están llenos de vida, de una vitalidad que desborda el papel; incluso Belinda, la más joven de todos con sus 28 años, reconoce que solo en Borgo Propizio ha empezado a vivir de veras. Y es que Loredana Limone apenas puede contener el entusiasmo de sus páginas cada vez que grita a los lectores lo deprisa que pasa la vida, lo importante que es vivirla a fondo, apurar los momentos perfectos que nos ofrece.
Es cierto que esta novela no sería ni la mitad de interesante si no fuera por la peculiar prosa de su autora. El estilo de Loredana Limone es, sencillamente, juguetón, tremendamente sincopado. Con una gramática impecable y un sorprendente uso -que no abuso- de las oraciones subordinadas, la autora narra con una agilidad y un encanto que difícilmente puede encontrarse en otros autores contemporáneos. Los personajes, que se caracterizan rápidamente a los ojos del lector a través de sus más sinceros pensamientos, están bien construidos y se desenvuelven llenos de vitalidad a lo largo de la trama. En esta historia no importa la belleza de sus protagonistas, ni su edad, ni su estatus social, porque todos brillan por derecho propio, por estar rebosantes de pasión.
Llena de equívocos y pequeñas coincidencias, a la manera más entrañable, alocada y divertida de las comedias de Vittorio de Sica, Un lugar afortunado es una historia para disfrutar con una sonrisa en los labios y un rinconcito preparado para tomarse un vasito de leche con vainilla en compañía de las Mariolinas y las Mariettas, las Letizias y las Ornellas, las Doras y las Claudias de ese pueblecito medieval, profundamente italiano, capaz de convertir los pequeños detalles de la vida en algo extraordinario.
Lector, una lectura profundamente agradable por su original y colorida prosa, y por la arrebatadora fuerza y alegría de todos sus personajes. Italiana de principio a fin, perfecta para quienes disfrutaron, por ejemplo, con Bienvenidos al sur o con La gran seducción.

Muchísimas gracias a Alevosía por el envío del ejemplar y enhorabuena por la edición de esta agradable y divertida novela.

También te gustará: Alice; Mr. Rosenblum sueña en inglés; L’auberge. Un hostal en los Pirineos

Esta reseña ha sido publicada originalmente en el blog Momentos de Silencio Compartido como colaboración en la iniciativa de Equipo de Redactores.

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Os dejo la página del FAN CLUB de la novela y de esta encantadora autora.

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Con lo puesto de Alan Bennett

Una noche, al volver de una poco satisfactoria representación de Così fan tutte en el Covent Garden, el matrimonio Ransome descubre que su casa ha sido desvalijada. Los ladrones se lo han llevado absolutamente todo: cortinas (barras y anillas incluidas), moquetas, muebles y su contenido, cocina (también el asado que estaba en el horno)… Todo, hasta el papel higiénico de raro color azul miosota de la señora Ransome. Atónitos ante semejante robo, este anodino matrimonio de mediana edad y clase social, reacciona de manera dispar: la señora Ransome empieza a encontrarle el lado positivo a no tener nada en casa y poder salir libremente a comprar muebles improvisados y cómodos; el señor Ransome, abogado, pone en marcha la maquinaria de compensación del seguro de hogar pero también sueña con una nueva cadena de música en la que deleitarse con un buen Mozart ¿Es posible empezar de nuevo en un hogar completamente vacío? ¿Serán capaces los Ransome de aprovechar la oportunidad de una vida sin lastres?
«-Doy por descontado que querrán asesoramiento -dijo el agente.
-¿Cómo dice?
-Que venga alguien a cogerles de la mano -dijo el sargento mirando por la ventana -. El agente Patridge cree que eso es importante.
-Todos somos humanos- dijo el agente.
-Soy abogado -dijo el Sr. Ransome.
-Bueno -dijo el sargento-, quizás su señora podría intentarlo. Nos gusta contentar a Patridge.«

Con un punto de partida original y de carcajada, Alan Bennett reflexiona sobre las luces y las sombras de un matrimonio tan corriente como la taza de té de las cinco de la tarde. Un robo de proporciones absurdas y la reacción inesperada de las víctimas constituye la breve historia de Con lo puesto, una novela corta que cuenta con el ingenio de su autor para deleitar con sus divertidos diálogos, sus cómicas situaciones y sus inesperados desenlaces. La primera mitad del libro brilla precisamente por esos dones, especialmente durante la visita de inspección de los policías, el robo en si (con misterio incluido), la primera vez que la señora Ransome entra en la tienda pakistaní del barrio o cuando recibe la visita de la psicóloga de la policía para tratar el trauma de la víctima desvalijada. Sin embargo, inexplicablemente, la historia va perdiendo energías e ingenio a medida que va avanzando y lo que tan prometedoramente comenzaba, acaba con un poquito de decepción para el lector bien acostumbrado a un crescendo.
De todas formas, Con lo puesto es una novela divertida que reflexiona desde la sátira sobre el conformismo y el anquilosamiento de las relaciones, pero también un estupendo experimento sobre una pareja llevaba al límite de lo absurdo en su vida cotidiana: ¿Los Ransome son así por todo lo que les rodea o son precisamente sus posesiones y su rutina cotidiana las que los han convertido en lo que son? La prosa incisiva de Alan Bennett, sus frases cortas y brillantes, sus planteamientos ingeniosos y el azaroso destino que reserva a sus personajes son los mejores ingredientes de esta divertida y original comedia.
Lector, un libro inteligente y divertido que se lee en un suspiro y con una sonrisa. Un planteamiento original, una explicación inesperada y un final impredecible.
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Las huellas de la vida de Tracy Chevalier

Principios del siglo XIX, Londres. Elizabeth es la mayor de las tres hermanas solteras Philpot. Cuando su único hermano se casa, parece evidente que las tres mujeres no son bienvenidas en la casa de su cuñada así que dejan su Londres natal para establecerse en Lyme, un pueblecito costero donde sus 150 libras anuales dan para vivir con cierta comodidad. Elizabeth pronto se siente feliz y realizada en Lyme, donde da rienda suelta a su mayor afición: la recolección de fósiles y su estudio. Y es justo allí, recogiendo ejemplares en la playa, cuando tropieza con Mary Anning, una muchacha de baja extracción social que vive de la venta de fósiles y parece tener un don especial para encontrar los ejemplares más extraordinarios. Ambas mujeres iniciaran una amistad marcada por su amor a la ciencia y al descubrimiento en una época en donde las féminas tenían prohibida la entrada a las sociedades científicas. Pero cuando Anning empiece a desenterrar los primeros dinosaurios y a poner patas arriba la concepción religiosa del mundo y sus criaturas, no sólo despertará la codicia y del mundo académico sino que se verá relegada y vilipendiada por su género y su clase social.
«-En ese caso, ¿cómo es que los esqueletos de los animales fueron a parar dentro de las rocas y se convirtieron en fósiles? Si Dios ya había creado las rocas antes que los animales, ¿cómo es que hay cuerpos en las rocas? (…)
-Dios colocó los fósiles en el momento de hacer las rocas para poner a prueba nuestra fe (…). Y es evidente que ahora mismo está poniendo a prueba la suya, señorita Philpot.«

 

Portada de la editorial La Magrana, de la edición en catalán que he leído. En mi opinión, el título de la traducción al catalán, Criatures extraordinàries, es mucho más acertado que el de la edición en castellano. El título original en inglés es Remarkable Creatures, haciendo referencia tanto a las extraordinarias protagonistas como a las criaturas que ambas descubrieron en los acantilados de Lyme.
Mary Anning (Lyme Regis 1799-1847) fue la descubridora y restauradora de los primeros esqueletos de ictiosaurio, plesiosaurio y pterosaurio, así como descubridora de los belemnites y de la importancia de los coprolitos. Paleontóloga, coleccionista y comerciante de fósiles, pese a su extraordinaria labor y decisivas aportaciones en las teorías de la época sobre la evolución de las especies, su extinción y la concepción del mundo, nunca fue reconocida por la comunidad científica de su época por su género y su extracción social y religiosa. Elizabeth Philpot (Londres 1780-1857) fue paleontóloga y cazadora de fósiles. Su amplia y novedosa colección de peces fósiles y belemnites fue decisiva para los estudios y descubrimientos de científicos de la talla de Louis Agassiz o William Buckland. Aunque actualmente su colección de fósiles está en el Museo de la Universidad de Oxford, Elizabeth nunca fue admitida en la Sociedad Geológica de Gran Bretaña.
Como ya hizo en La joven de la perla, Tracy Chevalier entrelaza hábilmente realidad histórica con ficción para novelar los increíbles descubrimientos de Mary Anning y Elizabeth Philpot en un siglo en el que la religión y las convenciones sociales chocaban irremediablemente con los hallazgos de los primeros dinosaurios fósiles. Con una prosa evocadora, delicada, exquisita, y una estupenda narración a dos voces muy bien diferenciadas (las dos protagonistas se alternan en primera persona), Chevalier recrea una historia especial y única que engancha al lector desde esa primera frase de Anning: «Los rayos me han tocado toda la vida. Pero sólo una vez fue de verdad.«

 

Dibujo de plesiosaurio encontrado por Mary Anning en 1823

Las huellas de la vida es una novela que se disfruta por los apasionantes hechos que marcaron las vidas de sus dos excepcionales protagonistas pero también por el desfile, a lo largo de sus páginas, de algunos de los más insignes científicos e investigadores de la época: Cuvier, Buckland, Agassiz, Lyell, Conybeare … que la autora sabe describir con maestría e integrar de manera creíble en la condensada acción descubridora de las paleontólogas.  La brutal discriminación y marginación de Anning por su género y su clase, la relación entre las dos cazadoras de fósiles, o el interesante debate que se establece con los hombres de iglesia cuando se especula sobre la extinción y la evolución de las especies, son algunas de las mejores bazas de una novela que bien merece la pena leerse. Imprescindible para los amantes de la paleontología y de las buenas recreaciones históricas.

Lector, una hermosa novela que reivindica con justicia y buen hacer las figuras de dos mujeres que abrieron y despejaron el camino de Charles Darwin, y que ni siquiera tuvieron una mención en la Historia hasta mucho después de su muerte.
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El 19 de marzo y el 2 de mayo de Benito Pérez Galdós

En marzo de 1808, Gabriel tiene 17 años y trabaja como cajista en el diario de Madrid. Los domingos se escapa a Aranjuez para visitar a Inés, que vive con su tío don Celestino en su nueva parroquia. Pero su agradable rutina de galanteos se ve inoportunamente interrumpida cuando los hermanos Requejo, esta y este, aparecen en casa de don Celestino y deciden llevarse a Inés con ellos a Madrid para que viva como una reina. Los jóvenes no se hacen ilusiones, la catadura roñosa y ladina de los Requejo es evidente, pero el buen Celestino cede pensando que es para bien el que su sobrina vaya a la ciudad a vivir con todas las comodidades. Gabriel no está dispuesto a separarse de su adorada Inés, así que la seguirá de cerca pero las calles de la ciudad no están en calma y las circunstancias del momento los arrastrarán a ambos inevitablemente. Las tropas francesas ya han llegado a Madrid, el malestar contra los reyes y Godoy se consolida, algunos se engañan con las intenciones de Carlos IV y otros tienen puestas las esperanzas en el hijo, el futuro Fernando VII. Pero ni unos ni otros darán la cara por el país ni por sus ciudadanos, y un pueblo solo, abandonado a su suerte, tomará una de las decisiones más dramáticas de su Historia. Y es que Gabriel vivirá en primera persona el Motín de Aranjuez del 19 de marzo y el posterior levantamiento popular, y sus terribles repercusiones, del 1 y el 2 de mayo.

Tercer Episodio Nacional y quizás uno de los más emotivos, con final de infarto incluido. Pero si en Trafalgar Benito Pérez Galdós narraba con pulso firme y sin mojigatería la heroicidad singular de personajes como Churruca, Gravina o Nelson, esta vez esa heroicidad recae sobre el pueblo llano. Y es precisamente esa circunstancia la que marca la pauta dramática de toda la novela y se desvela como un nuevo mérito literario del maestro: la habilidad con la que traslada el protagonismo de una masa enfurecida a un pueblo apasionadamente patriota que defiende la tierra que pisa. Galdós vuelve a sorprender al lector con una estupenda narración de los hechos históricos y una estupenda crónica de acontecimientos tan tumultuosos, caóticos y dramáticos, que resultarían complicados de plasmar si no fuese por una mano tan competente como la suya.
Y es que si el autor condena a la masa enfurecida que asalta el palacio de Godoy, pese a las pocas simpatías que le tiene al personaje («Era aquella la primera vez que veía al pueblo haciendo justicia por si mismo, y desde entonces le aborrezco como juez«), lo cierto es que después la redime cuando se enfrenta, apenas armada, al ejército más legendario del mundo en aquellos momentos, a los héroes de las pirámides y de Jena. Un pueblo mal gobernado capaz de hacer lo mejor y lo peor cuando actúa como un todo. 
Además de la pericia de Galdós para narrar con emoción y ritmo acontecimientos tumultuosos y batallas épicas (pocos autores son capaces de dar semejante tensión y vivacidad a esas escenas) en este Episodio Nacional vuelve a destacar su buen sentido del humor; un contrapunto a la tensión dramática de los acontecimientos que el lector agradece por el ingenio y la sonrisa. La visita a Godoy de don Celestino y Gabriel, para leerle un poema en latín el primero y en busca de una colocación el segundo, es divertidísima. O las continuas puyas del autor a los Requejo y los retratos que de ellos hace, así como del habla del pueblo bajo haciendo su propia regulición (insuperables los zamacucos y los tragones de la señora Ambrosia) son notas de humor que se contraponen a la tristeza general de una monarquía inútil y mezquina, un pueblo que siempre sufre las peores consecuencias o la decadencia y la pérdida del ideal de aquella Revolución Francesa de la liberté, égalité, fraternité que un día tuvieron por noble bandera las tropas bonapartistas que lucharon contra el absolutismo europeo (qué tristeza y qué horror acabar fusilando a ciudadanos inocentes y desarmados, qué desgracia acabar siendo tan tirano como aquellos a los que has combatido en el pasado en el nombre de la libertad y la justicia). 
Lector, «sabido es que la fortuna suele ser la más traidora de las diosas con aquellos mismos que favoreció demasiado, y no hay que fiarse mucho de esta ruin cortesana.» ¿Todavía no te has decidido a leer a Galdós? 
También te gustará: Trafalgar; La corte de Carlos IV
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La princesa Tarakanova, de G.P. Danilevsky

En mayo de 1775, a bordo de la fragata Águila del Norte, en pleno océano Atlántico y a punto de naufragar, el teniente Pablo Konzov, oficial de la marina de su alteza la emperatriz Catalina II, escribe febrilmente sobre su vida para que quede constancia de los importantes hechos históricos de los que fue testigo en primera persona. El joven Konzov, terriblemente despechado por un amor truncado, se enrola en el ejército de Catalina II en busca de la muerte, pero el destino tiene otros planes muy distintos para él. Después de salvarse milagrosamente de una prisión turca, Konzov conoce a una misteriosa princesa que dice ser hija legítima de la emperatriz Isabel y, por tanto, heredera al trono de Rusia por derecho propio. Y aunque el joven teniente en seguida cae presa de las dudas sobre la veracidad de su historia, no puede mostrarse indiferente ante la, así llamada, princesa Tarakanova, quién le pide ayuda para llegar hasta el mismísimo conde Orlov, el héroe de Tchemen y preferido de la zarina Catalina, para plantearle la legitimidad de su caso. En un momento histórico y político en el que los intereses de algunas naciones europeas y asiáticas pasan por la desestabilización del régimen zarista, y el pueblo ruso sufre bajo el absolutismo de Catalina, ¿quién es la Tarakanova? ¿Realmente es la heredera legítima o sólo una maniobra de ataque contra Catalina II? ¿Podría traer la esperanza o tan sólo la guerra y la desolación? ¿Es posible que las dudas se apoderen incluso de la mismísima zarina?

Pese a que Grigori Petrovich Danilevsky (1829-1890) se licenció en derecho y pasó la mayor parte de su vida entre los engranajes de la burocracia de su Rusia natal, siempre estuvo muy interesado en el estudio de la Historia de su inmenso país y, más concretamente, en los episodios más misteriosos y anecdóticos de la misma. Cuando en Rusia se puso de moda la literatura más realista y la novela histórica fue adquiriendo popularidad, Danilevsky decidió publicar en forma de novela alguna de sus investigaciones históricas más curiosas. Ese es el caso de La princesa Tarakanova, una figura histórica controvertida, siempre misteriosa entre las luces y las sombras de la sospecha y la veracidad.
Aunque La princesa Tarakanova es una novela de tintes históricos resulta evidente que todavía fue escrita en un momento en el que el romanticismo, aunque de capa caída, seguía todavía arraigado en la literatura rusa de la época. Ingredientes como un héroe despechado por amor en busca de la muerte, una hermosa princesa de orígenes inciertos necesitada de ayuda, amores apasionados y traiciones, tempestades y mensajes dentro de una botella, misterios, etc. son propios de la literatura inscrita en el movimiento romántico originado a finales del siglo XVIII en Europa y que tiñó buena parte de la primera mitad del siglo XIX en el continente. Sin embargo, esas pinceladas de romanticismo decadentista de la novela de Danilevsky nunca caen en un sentimentalismo exagerado sino que salpican con cierto encanto el testimonio del joven e impresionable teniente Konzov.

La princesa Tarakanova es una novela que se lee con curiosidad histórica pero también con el deleite que conlleva encontrarse con la sencilla y hermosa prosa de Danilevsky (sorprendentemente delicada para pertenecer a un burócrata de carrera). Una trama que mantiene el interés y el suspense, unos bien retratados y ubicados personajes históricos, una sólida documentación e investigación de soporte y la estupenda resolución de los hechos, son algunos de los atractivos de esta novela. Y aunque Danilevsky no entra a detallar los intereses políticos de algunos países por desestabilizar el régimen absolutista de Catalina II, o en las revueltas populares rusas de la época en tiempos tan duros para los campesinos, ni analiza en profundidad la legitimidad de los orígenes de la princesa Tarakanova, lo cierto es que sabe propiciar que el lector comprenda con facilidad el escenario de la época y se haga sus propias preguntas sobre los hechos y los personajes. Al fin y al cabo no se trata de un documento de investigación histórica (no tiene por qué esclarecer la legitimidad o no de la princesa) sino de una estupenda novela sobre un misterio histórico de la época de los zares.Atención lectores a la edición dÉpoca editorial, acertadamente revisada y con un posfacio estupendo para asomarse a la época histórica que trata La princesa Tarakanova.

Lector, descubre el modesto encanto de leer al injustamente olvidado Danilevsky de la mano de la controvertida y misteriosa princesa Tarakanova.
Enhorabuena a dÉpoca editorial por recuperar con tanto mimo y delicadeza a los clásicos más especiales. Y muchas gracias por el envío del ejemplar y de los maravillosos marcapáginas.

También te gustará: Ana Bolena y la pastelera real; La gardenia blanca de Shanghái; El diamante de la reinaEsta reseña ha sido publicada originalmente en el blog Momentos de Silencio Compartido como colaboración en la iniciativa de Equipo de Redactores.

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La princesa Tarakanova

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