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Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu

Un padre y su hija, de orígenes británicos, viven en su castillo de Estiria, no demasiado lejos de las ruinas de Karnstein, un lugar maldito y desolado. Ajenos a la leyenda tenebrosa del pasado, pasan sus días entre agradables paseos y veladas. Hasta que una tarde, un extraño carruaje sufre un accidente cerca del castillo y una dama misteriosa les pide un favor: se halla en un viaje urgente de vida o muerte y necesita que acojan a su joven hija Carmilla hasta su regreso. Llevados por su buen corazón y su generosa hospitalidad, padre e hija acogen a la recién llegada de buen grado y la hospedan en su hogar. Las dos jóvenes de inmediato sienten una profunda atracción recíproca. Fascinada por la belleza y el misterio de Carmilla, su anfitriona confiesa haberla conocido doce años atrás, en un sueño muy extraño. Pero cuando la inquietante enfermedad que aqueja a las muchachas de la región llega hasta el castillo, todo parece precipitarse en un torbellino de sospechas y antiguas leyendas resucitadas.

«Su dulce mejilla ardía contra la mía.
—Querida, querida mía —murmuró—, vivo en ti, y tú morirías por mí; te amo tanto…«

Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873) fue un escritor dublinés de novelas y relatos de misterio. Sus cuentos de fantasmas están considerados como las primeras historias de terror modernas. Uno de sus relatos más conocidos es Carmilla, que Le Fanu publicó por vez primera en 1871 y está considerada como el clásico de la literatura de terror que estableció el arquetipo original de vampiro femenino. Publicada veintiséis años antes de que Drácula, de Bram Stoker, Carmilla recoge las leyendas moravas de los upir (vampiros) y se atreve a plantear un amor lésbico marcado por la muerte y el intenso deseo de sangre. Carmilla, al igual que la condesa Báthory, siente debilidad por la sangre de las jóvenes doncellas más hermosas y su amor se tiñe de muerte.

Leí esta novela corta durante la noche del 31 de octubre con mis amigos Marisa, Cristina, Laura, Begoña, Jan y Adol, y nos lo pasamos en grande. No es un relato que provoque miedo, pero la ambientación es estupenda y alguna escena pone los pelos de punta. Si bien es cierto que desde el principio al lector se le dan las pistas necesarias para que entienda la naturaleza de Carmilla y su relación con Laura, el juego de seducción y entendido como una necesidad vital de la vampiro resulta muy bien planteado por Le Fanu. No importa lo mucho que sepas sobre Carmilla o la literatura de vampiros, esta es una novela corta que se disfruta por el suspense, por la originalidad —fue pionera en su época— y por ambientación gótica y casi onírica.

Lector, un clásico para disfrutar en tres horitas.

También te gustará: El vampiro; Frankenstein; Los archivos de Van Helsing; La historiadora

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El libro de los hechizos de lo perdido y lo encontrado, de Moïra Fowley-Doyle

Olive se despierta junto a la hoguera apagada de la fiesta de la noche anterior. Ha perdido un zapato, la chaqueta, su pulsera preferida, un pasador de pelo y a Rose, su mejor amiga. Pero lo que más asusta es que no recuerda cómo ha sucedido. Cuando vuelve al instituto, se da cuenta de que todos los chicos que estuvieron en la fiesta perdieron algo, aunque Rose se empeñe en asegurar que a ella no le sucedió nada. Laurel, Holly y Ash lanzaron un hechizo para encontrar sus diarios perdidos, pero obviaron ofrecer un sacrificio a cambio y ahora deben estar dispuestas a aceptar las terribles consecuencias. Hazel, Rowan e Ivy ocupan una casa en Oak Road a la espera de recibir noticias de sus padres, mientras luchan contra sus propios demonios, que no parecen estar dispuestos a perderse. Olive, Rose, Laurel, Holly, Ash, Hazel, Rowan, Ivy… cada árbol, cada arbusto, tiene un papel que desempeñar en este terrible conjuro que parece haber afectado al pueblo, al bosque y a algo que estaba perdido y no debería haber sido llamado de vuelta.

«Pero ten cuidado con lo que pactas: cada cosa perdida requiere un sacrificio. Una nueva pérdida por cada cosa encontrada que haya sido invocada.«

Moïra Fowley-Doyle es una joven escritora dublinesa a la que conocía por todas las buenas reseñas que leí de su novela La temporada de los accidentes. Cuando vi que tenía un libro posterior con el maravilloso título de El libro de los hechizos de lo perdido y lo encontrado me lo compré. Ahora ya sabéis mi oscuro secreto: no solo compro libros por sus portadas bonitas, por sus sinopsis excéntricas o porque tengan la palabra bosque en el título, también lo hago si el título es tan molón como Moriré besando a Simon Snow o El libro de los hechizos de lo perdido y lo encontrado.

Me ha gustado la novela de Moïra Fowley-Doyle, sobre todo por lo bien que va tejiendo la urdimbre de los hilos entrecruzados de su trama. La autora maneja una cantidad importante de personajes protagonistas, aunque solo le da voz narradora a tres de ellas: Olive, Laurel y Hazel. A través de estas tres narraciones comprendemos su situación y sus relaciones con el resto de personajes, y son ellas el motor de una historia que crece en suspense a medida que pasamos sus páginas. Aunque los personajes no me han parecido especialmente reseñables, son creíbles y están todos al servicio del misterio sobrenatural (el hechizo) que constituye el mayor atractivo del título. Sin embargo, el detalle que ha terminado de enamorarme es la pericia de la autora para caminar por la línea finísima que separa la alegoría de lo sobrenatural, y cómo se mezclan y se confunden las realidades de los personajes con el recuerdo, el anhelo y el miedo hasta que el lector no está seguro de si se trata de magia o de una bellísima metáfora sobre todo lo que hemos perdido alguna vez. Una excelente novela young adult que resulta muy entretenida y curiosa para los lectores adultos por su originalidad sobrenatural y lo bien que domina la autora los tiempos y los hilos de la trama. La pena es que la traducción deja mucho que desear.

Lector, cuidado con lo que deseas porque no todo lo perdido debe volver.

También te gustará: El jardín de los hechizos; El libro de los hechizos; Las furias

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Los Inklings y El segundo Hobbit

Los jueves por la tarde, en las habitaciones del Magadalen de C. S. Lewis y su hermano Warnie, se reúnen los Inklings. La moqueta está festoneada de pequeñas quemaduras porque Lewis no cree en los ceniceros, las butacas y los sofás son viejos y raídos pero muy cómodos, nadie recuerda su color original, las estanterías desvencijadas no contienen más que ediciones baratas o de segunda mano. Ni uno solo de los títulos es obra del anfitrión, pues suele regalar o tirar todos los ejemplares de sus libros que encuentra a su paso. Solo El hobbit y Beowulf ocupan un lugar de honor.

Robert Harvard, el médico de Lewis y Tolkien, a quien hace tiempo han apodado como Inútil Curandero —Lewis es Jack y Tolkien es Tollers—, llega el primero. Es más joven que Lewis y está esperando a que lo llamen a filas como oficial médico, por eso disfruta tanto de las reuniones de los jueves, porque sabe que para él acabarán pronto. Warnie se encarga de las bebidas, pero a menudo topa con la restricción de cerveza que sufre Oxford en tiempos de guerra. Incluso el pub que suelen frecuentar, The Eagle and Child —aunque ellos lo llaman The Bird and Baby—, cuelga de vez en cuando en la puerta «No hay cerveza».

J. R. R. Tolkien, C. S. Lewis y su hermano Warnie, Robert Harvard, Charles Williams

Esta noche están de suerte, tienen cerveza y algo de ron, aunque Warnie empieza la velada preparando el té. Como si captasen el cálido aroma de la prometedora infusión en la oscuridad otoñal y lluviosa, Lewis y Tolkien son los siguientes en llegar. Han cenado en el claustro de la Universidad, saben que no serán llamados a filas y que permanecerán en Oxford mientras dure la guerra, pero Tolkien, a sus casi cincuenta años, forma parte del cuerpo civil, y Lewis es voluntario de la milicia local. Cada quince días, pasan la vigilia de guardia para dar la alarma en caso de bombardeo aéreo o patrullan por el campus con un rifle al hombro; Francia se ha rendido, pero ellos no. Christopher Tolkien ha sido movilizado y, en el próximo correo postal, su padre le escribirá sobre la reunión semanal de los Inklings.

Charles William, poeta, novelista y crítico, llega un poco tarde. La semana pasada terminaron de leer su borrador de All Hallows’ Eve y todos están impacientes por escuchar un nuevo capítulo de El señor de los Anillos de Tollers. Por alguna razón, Tolkien se resiste a llamar la historia que está escribiendo por su propio título —para él sigue siendo El segundo Hobbit— y los Inklings se han acostumbrado a referirse al manuscrito como El nuevo Hobbit. Neville Coghill, cuya traducción de Los cuentos de Canterbury está siendo adaptada para un serial radiofónico de la BBC, ha dejado recado de que no asistirá ese día. Es profesor en el Exeter College y un par de veces al mes el Primer Ministro Winston Churchill lo requiere en Londres para traducir algún documento de alto secreto. Sin embargo, esta noche son sus obligaciones como director teatral las que lo tienen secuestrado: pronto estrenará La tempestad con la Oxford University Dramatic Society. A Coghill le pesa perderse las reuniones de los Inklings, sabe que en ninguna otra compañía se siente como en casa.

El Gran Tom, la torre del campanario de Oxford, toca las nueve y Tolkien empieza a leer con soltura el capítulo en el que la Compañía del Anillo llega a las puertas de Moria. A veces se interrumpe por los borrones y las múltiples correcciones del texto escrito a mano, y duda en voz alta sobre si Gandalf debe pronunciar mellyn o meldir para abrir las puertas élficas.

«Te has dado cuenta de que el suave tamborileo de pies es Gollum siguiéndoles» le dice Tollers a Jack.

«Sí, eso está claro. Pero, ¿por qué no te extiendes más en la escena de la cosa con tentáculos saliendo del agua? Parece poco trabajada, solo dices que atrapa a Frodo.»

«¿Qué es eso de la reina y los gatos?» los interrumpe Warnie

«El poni Bill está más seguro de encontrar el camino a casa en una noche oscura que los gatos de la reina Berúthiel» le aclara Inútil Curandero.

«No sé quién es Berúthiel» se lamenta Warnie echando más leña en la estufa y repartiendo el ron en vasos disparejos.

«La esposa del rey Pelargir.»

«¿Pelargir? No recuerdo eso.»

«No podrías. Todavía no he escrito esa parte.»

Una vez, John Wain, poeta y novelista británico, que visitaba a los Inklings de vez en cuando, dijo de ellos que eran un círculo de instigadores incendiarios que se reunían para dirigir toda la corriente literaria contemporánea. A lo que C. S. Lewis, sorprendido por la exageración, contestó: «No somos un aquelarre y el señor Wain ha confundido la amistad con las alianzas conspiratorias». Los Inklings no eran incendiarios, ni siquiera puede etiquetárselos de corriente literaria o de influencia, pues ninguno de ellos le debía al otro parte alguna de su pensamiento crucial. «Mi deuda con Lewis no fue su influencia —dijo Tolkien en una ocasión— sino su entusiasmo». Todos los autores que pasaron por esas reuniones ya habían escrito sus obras más importantes cuando llegaron allí. Pero, entonces, ¿fueron los Inklings algo más que un club de amigos que se encontraban para compartir sus borradores y beber cerveza?

En 1927, Tolkien fundó el club de los Coalbiters, una oportunidad para reunirse con Lewis y otros colegas del departamento de Lengua y Literatura antiguas con la pasión común de la mitología nórdica; bebían cerveza y  traducían del islandés las sagas literarias de esta índole. Ese fue el núcleo de escritores y pensadores que más tarde se convirtió en los Inklings: Hugo Dyson, Neville Coghill, Charles Williams, Owen Bardfield, Charles Wren, Colin Hardie, Warnie y C.S. Lewis, Tolkien… Los jueves por la noche se reunían en las habitaciones del Magdalene de Lewis y se leían los unos a los otros sus últimos poemas, sus relatos, los capítulos de El señor de los anillos

Los Inklings no fueron una corriente literaria, ni siquiera sus respectivas obras recibieron la influencia de sus compañeros, pero constituyeron uno de los grupos literarios más extraordinarios de la década de los años 40 y 50 del siglo XX, y contribuyeron a cambiar y a desarrollar los estudios de Anglosajón y Literatura británica en Oxford con un criterio tan brillante que ha llegado hasta nuestros días.

Nota: la recreación de la escena de un jueves con los Inklings está basada en la magnífica reconstrucción histórica de Humphrey Carpenter en Los Inklings (Homo Legens, 2009)

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En el bosque oscuro, de Dale Bailey

Desde la infancia, Charles Hayden ha estado obsesionado con el cuento clásico de terror victoriano de Caedmon Hollow, En el bosque oscuro. Siempre pensó que su matrimonio con Erin, la última descendiente viva de Hollow, fue una especie de predestinación marcada por ese libro inquietante y mágico. Un año después de que un fatal accidente destrozase la vida y el matrimonio de los Hayden, Charles y Erin reciben noticia de que son los herederos de la casa Hollow y de su misterioso bosque circundante. Dispuestos a empezar de nuevo, acceden a mudarse a la mansión e integrarse en el pequeño pueblecito de Yorkshire al que pertenece la extensa finca del bosque de Eorl. Mientras una espiral destructiva de alcohol y antidepresivos arrastra a Erin, Charles se sumerge en una obsesiva investigación sobre Caedmon Hollow y su propiedad, convencido de que las visiones terroríficas que rondan a su esposa y a él mismo desaparecerán en cuanto consiga exorcizar el oscuro pasado de la casa y su bosque.

«La imagen resultaba inhóspita a pesar de que era una mañana soleada del mes de abril, y Charles pensó distraídamente en las hermanas Brontë, enfermas de tuberculosis y con un sentimiento de extrañeza, atrapadas por las fantasías provocadas por la mera desesperación que causaba ese paisaje implacable, la casa del párroco en el remoto Haworth y cementerio aledaño, sobrepoblado de muertos.«

«Todas las historias son historias de fantasmas» reflexiona Dale Bailey, ganador de los premios Shirley Jackson e International Horror Guild y nominado a los Nebula y Bram Stoker. Y un buen ejemplo de ello, por partida doble, es En el bosque oscuro, una novela inquietante y oscura que fue publicada por vez primera en febrero de 2019 y que Minotauro nos trae en castellano, muy acertadamente, en vísperas de Halloween.

«No siempre se encuentra lo que se pierde. A veces el bosque te engulle.«

En el bosque oscuro es una novela de suspense sobrenatural que recoge bien la tradición gótica victoriana y cuyo punto fuerte es su excelente ambientación. La prosa de Dale Bailey es correcta, quizás un poco vacilante en los diálogos, con tendencia a tornarse espléndida en las escenas del bosque de Eorl. La historia metaliteraria —el hilo conductor es la novela de Caedmon Hollow, un autor ficticio que Bailey sitúa a mediados del siglo XIX en Yorkshire— constituye el atractivo hilo conductor de un misterio inquietante y bien tramado con el terrible drama de fondo de la desgracia vital del matrimonio protagonista. Es precisamente ese último ingrediente, el de la descomposición de los Hayden, el que puede resultar algo repetitivo aunque la brevedad del libro (260 páginas) y el interés de la trama de investigación sobre Hollow y los sacrificios rituales del bosque mantienen muy bien el suspense y la tensión hasta las escenas finales.

Me ha parecido una novela entretenida, con una ambientación gótica excelente y el encanto de ir cazando las innumerables referencias culturales y literarias con las que Dale Bailey encuentra la complicidad de sus lectores: la leyenda de Herne el Cazador, la mitología sobre Cernunnos, Shakespeare, Poe, Dante, Chaucer, las hermanas Brontë, de Quincey, Whashington Irving… Me ha gustado mucho ese protagonismo tan bien remarcado del bosque, profundamente enraizado en el folclore europeo más oscuro, así como los personajes secundarios del pueblo y cómo Bailey se inspira en los clásicos del género para enriquecer una trama y una narración que descansan sobre todo en el recuerdo de los terrores literarios de su lector.

Lector, perfecta para acompañar a alguno de los clásicos del terror del siglo XIX en la noche de ánimas.

También te gustará: El castillo de Windsor; La bruja de Ravensworth; Siempre hemos vivido en el castillo; El vampiro; La nueva madre; Frankenstein

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La librería a la que fuimos cuando no se podía ir de librerías

Hoy sale a librerías La librería del señor Livingstone. Sin vosotros nunca habría sido posible, GRACIAS por acompañarme siempre. Todavía nos queda camino.

La librería del señor Livingstone (en papel)
La librería del señor Livingstone (en digital)

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